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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2012.

CRISTO YACENTE

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Oh Cristo yacente

Subes por mi calle

tu bello dolor

de golpeada carne de madera

Y cómo la oreas

de claveles

de alas de requiebros

de goterones de lágrimas

en ese íntimo escalofrío

de la emoción

profunda

de un barrio

 

Al pararse el paso

el arrebato

de una mano

vuela

a taponarte

un instante sólo

la herida abierta

del costado

como si aún te manase

sangre limpia

 

Oh Cristo yacente

Qué importa

que no crea

que anduvieras en la mar

que del lodo

de tu saliva

dieras la luz

a unos ojos ciegos

que sacaras

de un cesto

el ágape

de una multitud

Qué importa

Subes por mi calle

la lírica parábola

de la pureza

de una vida en un cuerpo

que me estremece

como si te viera

en el regazo de mirra

de tu madre

muerto

y ensangrentado

                  ©Rubén Lapuente

MILAGRO

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Me fui a abrir la casa

cerrada por la prisa

Las sábanas lo cubrían todo

y al quitarlas era como

si descubriera  una parte mía

El sol le iba descosiendo las legañas

Pintándola de fuego

Le abría los poros

de la piel de muchacha de piedra rosa

La primavera entraba descalza

 

Y yo no hacía nada más que mirar

 

Me subí al tejado a quitarla

el aguacero de los pinos

pero me quedé mirando

cómo el embalse del valle tan bello

se iba bebiendo la niebla

La llamé para decirle que el sol

estaba dentro de la casa

Que todo estaba naciendo otra vez

Que sus plantas se frotaban

los ojos con los puños

como niñas al despertar

Que la vida no se cansa nunca de volver

más hermosa

¿Pero lo has puesto todo bonito?

Oh  Si  Si  Todo empieza a estar radiante…

 

Y yo no hacía nada más que mirar

                           ©Rubén Lapuente

                         (El Rasillo de Cameros)

Foto :mi glicinia despertando

MARTA Y SARA

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Marta y Sara

almidonadas de blancura

Marta

alocada y dulce

de piel tatuada

Fideo hermoso

me deja

que la llame

De bello

cabello

negro

ensortijado

De serena sonrisa limpia es Sara

 

“Hoy a la niña bonita”

nos dicen

como si el box quince

del hospital de día

fuera

su suite nupcial

En el minado ramaje

oscuro del brazo

le encuentran

a la primera

el claro estuario azul

de la última vena

Marta y Sara

con una mirada

con una palabra

con el simple envés

de una caricia

saben colarse

por el bisel del desasosiego

y bogar contigo

por las tardes

de plomo

Siempre atentas

al silbido

del ronco ruiseñor

A que cese el orvallo

de alfileres

en la sangre desnuda

 

Marta y Sara

en una hoja del álbum 

de las tardes de oro 

de nuestro corazón

vivirán

 

Con un beso soplado

desde la palma de la mano

les decimos

hasta siempre

mientras intranquilos

rostros nuevos llegan

que enseguida reconocemos

de haberlos visto

en el mismo espejo

nuestro

         ©Rubén Lapuente

LA MUCHACHA DE LA DEHESA

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La muchacha de la dehesa

Pastizal del alma

La que nace

vive y muere

en la misma casa

Joven

como una larga trenza

de luz del alba

Tiraba

de una maleta vieja

carretera arriba 

 

Al salir el autobús

se atrevió

a volver la cabeza

y desde su balcón

toda la niñez

con lágrimas en la cara 

la despedía

 

Llevaba en el tapiz

malva de la piel

rocío de luna en la yerba

De su pelo

colgaban

amentos de encina

por sus dieciocho

primaveras

Un vestido estampado

de marujas

de regatos de agua

le adivinaba

la cintura

de vasija en llamas

 

Y al llegar a la ciudad

extraviada la mirada

fijó en las pared

de la pensión

con chinchetas

una foto

de su atardecer

cuando la sinfín lejanía

empieza a soltarse

la cabellera de estrellas…

 

La muchacha de la dehesa

en el redil de la oficina

entre el graznido de las teclas

Oh era una dulce garza blanca!

 

                            ©Rubén Lapuente

 

Ojos de dehesa

EL RASILLO

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De lejos

pareces de juguete

De postal

de mentira

de bello

Como tallado

en el claro

de una esmeralda

de cerca

Alguien debió

despertarse

 en esta dulce ladera

de trinos

y al alba

apresurarse

en colocar

la primera piedra

en talar

los durmientes

del tejado

apilando la leña

al oír

la rondalla

fría del viento

azotándole

el  corazón

Quería vivir

con el ruiseñor

en la rama

con el aire puro del miedo

de una corza

como un marinero

subido

a la cesta

de la gavia

del mástil mayor

mirando

la caricia

de un océano

de agujas

verdes

que le ablandara la vida

 

Y el tiempo

te regaló

el cuenco del valle

de agua lenta

del rio

de espejo

para que

te vieran

el velamen rizado

de tu torso de piedra

en el agua

para pescar

el pez de los sueños

de cada ventana

o buscar

disparatado

cada campanada

de la torre de la iglesia

como si

también

doblasen

en cada gota

y para hacerte

romántico

bajándonos

en esa luna

de noche

sobre el embalse

a esa otra

sirena

de plata desnuda

que nos junta las sienes

que nos flecha

de besos

 

Te he subido

peldaño

a peldaño

hasta el balcón

que abre la vida

y allí

me tropecé

también

con la muerte

que

perezosa

me quitaba

el vaho

de los cristales

   ©Rubén Lapuente

 (El Rasillo de Cameros)

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