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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

EL GUIÑO

EL GUIÑO

 

De abrazarnos

tanto mar

salimos del agua

como curados

en salmuera

De tumbados

en su lecho de duna

tatuados

de su  calcomanía

de arena dorada

Y tan empapados de sol

que mirábamos

como desde dentro

de la hoguera de miel

de un topacio

Nos acercamos

al corro del paseo

A la que leía la buenaventura

A la mantera del destino

La empujé       

bromeando  

hacia la pitonisa

la que tomó rauda sus manos

la que echó una mirada

profunda

al vuelo sesgado

de una gaviota

Al adivinarle

el nombre de aquel rucio

que tiraba del  carro

de sus días azules

de sus noches de pavesas

se le pusieron los ojos

redondos

como peces

como platos

sin parpados…

Le adivinó la esquirla

de cristal de una ola

rasgando su vela

Y que si ahora era

juguete del dolor

la línea de la vida

de su mano era larga

como el tren de luz

de un cometa errante

“Oh  espera”

Miró a la gaviota sobre las jarcias

Echó una carta sobre su esperanza

“Te vendrá  de tapadillo

una brisa a envolverte

Muy pronto  

Te cogerá

desprevenida 

en una argucia de la luz

en un escorzo tuyo bellísimo

No   No    No hay milagros

Es cansancio del dolor

de pinchar en hueso

Es tu mascaron de proa en el mar

de las tormentas

de la vida que tiene

los brazos en jarras

que es una escollera 

 Si   mujer   de trenzar  tú el dolor…”

 

Al irnos   

De espaldas volví la cabeza 

de perfil

Que me viera…

                                  ©Rubén Lapuente 

 

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