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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.

DESAHUCIO

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¿Garantía?

Sólo tenemos esta casa.

Aunque tu madre…

con tal de verte salir adelante.

Es un buen producto.

Con maquinaria moderna,

fieles trabajadores,

una buena imagen…

el éxito lo tienes asegurado.

Hasta yo podría ser el Presidente de Honor,

          a mis años, sólo a figurar, claro.

Y le daría el aire a ese viejo traje del armario.

Yo te avalaría hijo,

con tal de verte salir adelante.

 

¿El producto? ¿De dónde?

¿Más barato? ¿La mitad de la mitad?

Estas espigas de Oriente,

tan tozudas,

nunca se duermen del todo,

siempre están cabeceando.

¿Entonces? ¿Para qué fabricar?

Y no habrá liquidez, no hijo.

Si el dinero está  en algo que no se mueve…

Envejecerá deprisa por dentro.

¿Y los plazos? ¿Los intereses?

Habla con el banco, un aplazamiento…

¿Ya te lo dieron? ¿Entonces?

¿Desahucio? ¿La casa?

¡Ah ¡  Firmé una carta ¡Sí!

Pero a mis años, no la acabé de entender

del todo, era tan farragosa.

¿Entonces? ¿Pero a tu madre…?

No, no te preocupes,

ya se lo digo yo.

Siempre hay una manera

de suavizar las cosas,

aunque son tantos años,

demasiados recuerdos.

¿Y ahora?

 Nos iremos contigo, no hijo?

de alquiler los tres,

nos ayudaremos,

mi pensión es tan …

¡Ah!  Que te vas de la ciudad.

Claro, lo entiendo.

Empezar de cero:

Otro lugar, otra gente, sin ataduras.

¡Con tal de verte salir adelante!

Ya nos llamarás, hijo, eres joven,

seguro que encuentras algo.

Lo malo es tu madre.

No sé la forma de…

Son tantos años...

Demasiados recuerdos!

 

                                Rubén Lapuente

CORRER, CORRER…

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Correr, correr…

Cansar el cuerpo.

Domarlo.

Perro que se entregue a mi voz,

a mi pensamiento.

Ir pisando

la cicatriz del bosque

entre los robles, las hayas, los pinos.

Sin tregua.

Correr, correr…

Ser la estremecida hojarasca.

El latido del ciervo.

El músculo tallado del frío.

El chasquido inesperado de la rama.

Ser el árbol del cuerpo.

 

Correr, correr…

Sentirme criatura del jadeo.  

Médula de mi pequeño universo.

Catenaria confinando lo ocioso:

Punto en el centro de la diana

que agujereo.

 

Y todo para tenderme.

Tan afilado ya para el sueño.

Cansado, muy cansado…

 

Aún sin fuerzas para llamarte.

                              

                                         Rubén Lapuente

                                         (El Rasillo de Cameros)

DEHESA

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Había sentido el aliento caliente

de su coche en la calle.

Me recibió colgando

sus brazos de mi cuello.

Radiante la sonrisa.

Rodeándome, abarcándome

con sus ojos.

 

Demasiada vehemencia, pensé,

para no sospechar de algo.

Se quedó enseguida

dormida en el sofá.

Su mano

pendía sobre el móvil,

caído en la alfombra.

 

Ahí estaban en la pantalla:

Las imágenes,

la hora, el minuto,

de esa mañana de huida.

Todo encajaba:

Un largo viaje de ida y vuelta,

para cinco minutos de esplendor.

 

Ni una foto de su calle de juegos.

 

Ni de su casa cerrada por la muerte.

 

Se detuvo sólo cinco minutos

para llenarse de dehesa:

 

Su bosque claro, sin espesura,

reino de su mirada lenta,

lejana, perdida entre charcas,

encinas ordenadas por la belleza

y animales que pacen tranquilos

como si la vida fuera eterna.

 

Todas las imágenes eran de su dehesa!

 

Y ahí, en el sofá,

dormida, fuerte, feliz,

sabe que no necesita de los sueños

si oye

              la llamada 

                                    de su tierra.

                      

                                             Rubén Lapuente

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