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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

BREVES MOMENTOS ETERNOS( 23 )

LA COMETA

LA COMETA

 

La vida es sólo deseo

niño de la cometa

Una fábula que empieza

de una racha de viento

a tu espalda

y sigue hasta

esa mano torpe

que sujeta

a la carrera

en ese volantín  

la banderola

de los sueños

inalcanzables

 

Así es la vida

niño de la cometa:

camadas de deseos

que vamos hollando

uno detrás de otro

ante la mirada

paciente

de la muerte

fija en ese cordel

de la cometa

La que tira del corazón

La que tuvo su luz

de primavera

 

Y aún resplandece

                      ©Rubén Lapuente

TE EXAMINARÁN EN EL AMOR

TE EXAMINARÁN EN EL AMOR

 

Te examinarán en el amor

En el otoño de todo

Oh   Tan tarde ya para ti 

Andarás por ahí

como ensimismado

como cuando se garabatea

en una hoja de papel  

la vida

Y entonces  de pronto

alguien o algo

te preguntará

a tus espaldas

 memorias del corazón:

Si sólo pasaste por un cuerpo

como por una alameda

Si al amarlo recuerdas  

si era cada vez

uno distinto

Si te atreviste

a desnudarle cuando el dolor

le mudó la piel

Si al bailar con ella

vuestra canción herida de tiempo

te sonaba la música

con otro son  

en otro sitio…

 

Te examinarán en el amor

En el otoño de todo

No lo dudes

¿Y si descubres que quien

no se tendió  en un corazón

no ha vivido?

¡Oh!  Tan tarde ya para ti

 

¡¿Y si en el pequeño abismo 

de las manos

hundes el rostro?!

                        ©Rubén Lapuente

A la tarde te examinarán en el amor (San Juan de la Cruz)

SIN PÁRPADOS

SIN PÁRPADOS

De lejos parecían dos llamas

pintadas en el lecho de hielo picado

de la pescadería

Dos bateles engastados en escamas de rubíes

Dos cabrachos bellísimos al acercarme

Y con los ojos abiertos

Ya no me acordaba que los peces

no tienen párpados

Que no cierran los ojos nunca

Siempre alertas

(no pueden dejar de ver

lo que no les apetece ver)

¿Despiertos duermen?

Ojos siempre circulares aún bellos muertos

Los miro y me traen la ley del mar:

Comer y ser comido

Me traen

el cebo en el sedal

o la celada red

La cita en el cantil de la muerte

Me traen la vida

que nació en el agua

El  torpe salto de esbozo de anfibio

al primer embeleso de claro de luna

Me traen…

¿No vienen nuestras lágrimas

de un poquito de su mar?

Mientras la pescadera

me habla de la sopa bullabesa

del pastel de cabracho

mientras les saco una foto

a esos dos viajeros

de la noche oscura del agua

no puedo dejar de ver

lo que ya no me apetece ver

                                 ©Rubén Lapuente

MI MANO NIÑA

MI MANO NIÑA

Ahora habría podido llamarme

Oh el haber estado bebiendo

de la misma sangre en el mismo vientre

Llegaba del colegio

 y subido a mis libros

 tirando de la borda de mimbre

le veía los huesecillos

de pájaro al trasluz

Entre mantillas

azulada la piel

parecía

un zafiro

Una princesita añil

 

¿Cómo iba a saber yo que lo vivo

también deja de moverse?

Aquel frio calambre

que me dio su cuerpo

se me entrañó en la mano:

La única que recuerda

Pero no  no  no hay dolor

¿La olvidé quizás por mirar

 desde la angustia el trajín

de la vida que todo lo aleja

que todo lo agua?

Si no la pienso se me morirá

Hoy habría podido llamarme

¿Por qué no dicharachera?:

Poetilla hermano si quieres

un halago mío en tu cuaderno

ve sacando la cartera

o culta: Oh qué poemas Rubén

he leído tan inquietantes de Silvia Plath…

 

 Ahora nos habría atrapado

toda la miel del ámbar del tiempo

En un estanque seriamos dos hojas

En una maroma dos rizadas hebras

 Oh pero no no  no hay dolor

Ahora  que crece en la palma de mi mano

 un día se me pondrá de pie

 ¿Eres tú?  Asomándose sonriendo

por sobre la orilla de mi sueño

                               ©Rubén Lapuente

De cómo iba tranquila la muerte

De cómo iba tranquila la muerte

E iba tranquila la muerte con su serón

de esparto al hombro; minuciosa

rasguñaba sutil la sombra de los cuerpos

al correr el sudario,

retornándolos a la oscura antesala

del antes del nacer, a las puertas

de aquel dulce vientre de terciopelo;

y no se le tenía temor

porque más allá del miedo no había nada;

dichosos de haber sido elegidos por el azar,

de poder haberle robado a la eternidad

ese transigido pequeño tesoro de la existencia:

se avenían a ser una mirada en el tiempo;

y ni existía la pesadumbre  

porque en lo que se subía un peldaño del día

y al tiempo que otro puñado de corazones

surcaba el fugitivo dédalo,

el ayer se borraba tan fácil

como si desempañaran el vidrio;

y nunca, nunca, nadie antes de morir

se sentía muerto:

seguían ocupados mientras se apagaban,

mientras esperaban que llegara tranquila

la muerte con su serón de esparto…

                                             ©Rubén Lapuente

BAILE DE SOMBRAS

BAILE DE SOMBRAS

Ha sido una canción

Su chispazo en mi sangre

me ha soltado los pies

me los ha calzado

de un suave vuelo

de hoja muerta

 

Siempre hay un recodo

que no le enseñas

que no le entregas

Y el baile

te arranca

de tu plácido refugio

Y te obliga

Te detalla

Te desenmascara

 

Y la he cogido

tan dulce de la cintura

 

La pequeñez del espacio

nos hace girar

en el remolino

de dos miradas

de dos sonrisas

Imposible escaparse

del acecho

sin tregua

de una boca

de unos ojos

 

De pronto ahí

en la pared

en nuestras sombras

 (¿el envés de la apariencia?)

cómo se siente el peso

de esta larga andadura juntos

El cansancio también

del viejo latido

del eterno amor

 

Si se diera cuenta ahora ella

 podría hasta sumergirse

 en este rio mío

oculto

reflejado en el espejo

tan claro del suyo

(Oh cómo se entrega esta mujer)

por el que me cuelo

hasta donde

ya no puede haber

nada más  

 

Alargo la melodía

en mi garganta

en la última vuelta

que demoro con ella…

 

Y al pararnos

me fijo

cómo dos sombras

en la pared

(¿por qué aún extrañas?)

se amalgaman

                              ©Rubén Lapuente

  

     Foto mi sombra y la de mi mujer

BELLO DOLOR

BELLO DOLOR

Lo estoy viendo nacer

Oh venero del dolor

Casida del llanto

 

Y me mira

Y se me acerca despacio

toda hecha bruma

 

¡Oh! ¡Qué marea!

¡Qué  alud!

¡Qué llaga tan clara!

 

¡Oh! ¡Qué temblor

de sus ojeras de mar

herida!

 

Qué importa

si de amor muerto

gime

¡Oh pulgares míos

descorriendo

sus lágrimas!

 

¡Si me ha elegido a mí

para arrancárselas!

 

Oh rota mujer

sin palabras

que no me conoce

 

En la almohada

de mi pecho

hundida

¡Qué bello dolor

me clava!

                 ©Rubén Lapuente

a A.M.

HORAS DE ORO

HORAS DE ORO

Viene de la profunda sima

del sentimiento

Desde un estante

o de la rendija del alba

en un cajón

Viene con viento de espigas

De tardes de esplendor en la piel

De naufragios bajo una lágrima

Viene con sus latidos

Y suena como rio

Como rápida vena de rio

Fresco y antiguo

Hoy de Mozart  

Mañana serán unos versos de Giannuzzi

o de los que guardo de mi padre

secretos   humildes:

“qué de días me esperan de amor…”

 

Son las horas de oro puro

 que se arrancaron

 

¿Y las tuyas?

¿A qué esperas?

                           ©Rubén Lapuente