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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

RISAS

RISAS

Le digo que me enseñe la sonrisa

que quiero verle la alegría.

Y mira que me desarma

si le alcanza a la mirada…

me deja callada la mía.

 

Lo que daría por subir con ella

o ser ella misma.

Y que no se le acabara nunca

esa veta del alma.

 

Le hace más bella,

si bucea en aguas profundas,

y la llama,

aún somnolienta.

Risa sin que yo la espere.

Mitad de la risa por entre la rendija

de la puerta de su alcoba

y desnuda.

Risa antes de hundirme en su boca.

Y si me remolonea

voy a provocársela con la mía.

Que corra, que se desboque,

y me salpique

el renuevo del corazón

que me regala.

 

Risa del náufrago salvado.

Del soldado de vuelta a casa.

Risa bajo los trapecios de la carpa.

Risas de mi hijo

como una boca de naranja abierta.

 

Luego se pierde.

Nace del brocal, mecánica,

disciplinada,

o es un gesto torcido

tamizada por el miedo

a la muerte o a la vida, no sé…

 

…Te das cuenta al verte

reflejado en el barniz de las cosas

y ya no es la misma,

no es la misma.

 

                              ©Rubén Lapuente

LÁGRIMAS

LÁGRIMAS

Sin la luna

la tierra sería

una peonza vertiginosa,

el viento te arrancaría

de ti mismo.

Si no desviara

el eje de la tierra

no habría estaciones

ni naturaleza, ni vida.

 

Si el sol estuviera más cerca

serías arena fina.

Si más lejos

helada sangre en el hielo.

 

La luna y el sol nos mecen

como tu lo harías

columpiando a tu hijo.

 

Si quieres busca un orfebre.

Un sastre con el metro amarillo.

Puedes pensar que todo es un accidente.

Que no ha nacido el universo

para que nosotros existiéramos

o que no tendría sentido

si no estuviéramos de pasajeros.

Piensa lo que quieras.

Pero es inútil que preguntes el por qué.

No hay respuesta.

Pregúntate en cambio

si sabrías dónde está el camino

de vuelta al viejo valle.

Si serías uno de esos pioneros

de los de polvo y carruaje

a la conquista de un fracaso.

Si vivirías en una cabaña de estrellas.

Si derramarías por fin las lágrimas

que te guardaste para empezar a vivir

más despacio.

 

Has abierto el balcón

en la tregua de la película.

Te has quedado absorto

mirando la soleada luna llena:

(“Ser el vaivén en mis brazos de la tierra enferma”)

Ahora ya no piensas lo que quieras.

Vuelves, acabada la cinta,

y no preguntas a nadie   

su final.

Finges un bostezo,

y les haces creer que te vas

a dormir a la cama…

                                     ©Rubén Lapuente

DESPERTAR

DESPERTAR

el azar quiso que fuera en San Valentín

Hoy me he despertado de la vida.

Sin ninguna llama sobre la cabeza.

Como debería sentirse un árbol

si escuchara su madera.

He sembrado de cereales

la mesa de la cocina.

He dibujado un corazón

como una vez uno en la arena.

Y me lo he desayunado con mimo

que luego vendrá el bostezo

atónito de mi princesa,

que la silueta que le he dejado,

es para ella.

 

Y al trabajo voy

con  unos versos en la cabeza:

“Creo en mí porque algún día seré

todas las cosas que amo”.

Y como hay tan poco lirismo en los libros

de contabilidad que encuaderno,

le he agregado una hoja

con el preámbulo de Cernuda.

Y con mucho engrudo de aroma.

 

Luego me vuelve a llamar

la operadora de Orange:

Que navegue con ellos,

que me embarque en su veloz crucero.

Yo le digo que sí, que me cambio,

pero sólo,

(la chantajeo un poco),

si me deja diez mensajes

en mi cuaderno de versos.

 

He entrado en el bar como todos los días.

Pero hoy con parsimonia.

No me interesa cómo está el mundo.

Y eso que el periódico me saluda.

Me he sentado en el taburete de la barra.

Le he dado cien vueltas al café

con la cucharilla.

Y al verme en el espejo, frente a mí,

(creo que era yo),

me he sonreído como nunca.

 

Y a la tarde,

me ha enviado un mensaje la princesa:

“No he desecho todavía la silueta del corazón,                   

le faltan dos nombres

atravesados por una flecha.

No tardes.”

 

Hoy me he despertado de la vida.

 

                                  ©Rubén Lapuente

 

SU ESPALDA

SU ESPALDA

Hoy se ha dormido del otro lado.

Madrugada de su espalda desnuda.

De cada noche que tuve su cuerpo,

recuerdo uno distinto,

pero no de su espalda,

que detrás suyo oculta

que no la conozco.

 

Su relieve me lo daba mis manos,

que la leve luz me desnuda ahora.

El atlas que lo tengo

constelado de lunares

que no había visto.

Y los cuento.

Y los apreso.

 

Espalda sajada por el cauce

de suaves meandros

rubio trigal de mi infancia 

con la sombra de la luz,

arriba ya de todas la dunas

abriéndole el envés de la piel.

Y ahora la tengo de luna llena.

Y mía.

Su pizarra rosada

que me escribe los versos

que olvidaré si se despierta.

 

(¡Quieta…!)

Si se mueve ahora

se romperá la magia.

(¡Quieta…!)

Y me acerco así casi sobre ella,

cerrándole la espalda…

que no se vuelva…

 

     ©Rubén Lapuente

ENFERMA MONOTONÍA

ENFERMA MONOTONÍA

la monotonía tiene una fiera 

dormida en mis piernas

y tan sólo por esos quince minutos de ida al trabajo

por ese mismo escenario en cada calle de mi trecho

por el horizonte que despunta a ras de suelo

por el atajo

camino

a un sudor seco que me anula

 

un día

mi paso olvidado

dio un giro brusco

y probó por otra calle mi encuentro

 

lo igual asomaba distinto

un detalle

el perfume de alguien al cruzarse

un rostro dulce en la penumbra

 

la monotonía tiene una fiera

dormida en mis piernas

y otra mañana

hastiado del mismo recorrido

media vuelta

y cambié el rumbo

 

y ya estaba en otra avenida

cada vez me alejaba más de mi lugar de brega

mi ritmo era más vivo

más frecuente el viraje

 

y madrugaba inquieto en la maleza de otra calle

los rodeos me dejaban en la silla rendido

y empecé a llegar cada vez con más demora

 

mis evasivas

como mi rostro

eran ya toda una condena

 

pero había más pasajes

más esquinas sin doblar

más aire y vida sin abrir

que llevarme

más

 

y puede que entre medio alguna vez

me ocurra algo

distinto

                                    ©Rubén Lapuente

PEQUEÑO PESCADOR FURTIVO

PEQUEÑO PESCADOR FURTIVO

Para el niño

los playmobil

son casi sordos.

Y sobre ellos 

balbucea

su arenga

mojada en saliva.

 

Luego

les acerca al oído.

Escucha sus señas.

Y asiente

sereno

con la cabeza.

 

Sólo para quien

le espía

todo es una fábula.

 

Le faltaba capitanear

al que dispara

en el agua

balas de burbujas.

 

Y ha dejado

un vaivén

en la pecera.

Y le ha llevado

al universo

de su alfombra.

 

Del pobre pez cree

que su barboteo

y sus coletazos

son como los de

un perro amigo.

Y le registra

bajo las escamas

el botón que lanza

chorros

de granadas.

 

Pero el pez

se desmaya

como una princesa.

Y el niño,

lo agita, lo agita…

 

Algo ha hecho de malo

cuando vuelve

a dejar  un vaivén

en calma

en la pecera.

 

©Rubén Lapuente

LA MIRADA MATE

LA MIRADA MATE

Si no eres niño,

cuesta asomarse al tiempo arrugado,

y casi vencido.

Ellos se inclinan hasta el roce,

se restriegan en el asperón de esa piel,

sin esfuerzo.

Podrían hasta jugar a perderse

en el laberinto de surcos del rostro.

Si no eres niño,

cuesta asomarse.

 

Y eso, que sólo le bastaría

conque al pasar movieras el aire,

que oliera quién eres.

 

Cuando respira hace ruido.

Cuando come salpica un poco.

Cuando habla,

suelta a veces alguna tontería

pero de las que no hieren.

¡Y cómo te carcajea!

Ponle siempre a la tarde en la tele

el diario de un encuentro.

Mejor si hay lágrimas,

las de cocodrilo le sirven lo mismo.

Bájale de la pantalla sus recuerdos:

Un poco de aquella música de juglaría.

Y te hará cien veces la zapateta.

Vístete de Rey como para el niño.

A esa edad se lo cree todo.

 

Y después a tus asuntos.

 

Si tienes que dejarle en una casa grande.

Acércate a verle un rato todos los días.

Mejor a la misma hora

para que no se duerma al mirar tanto la puerta.

Si se le cansa la cabeza y busca el hombro,

inclina la tuya para que te vea bien,

como aquel día, que perdido tú,

te descubrió sin demora sus ojos.

 

Un ratito largo con su mano en la tuya.

Que la caricia de la palma le dura toda la noche.

Un ratito largo…

 

Y después a tus asuntos.

                                 ©Rubén Lapuente

LOS DIBUJOS DE LOS NIÑOS SOBRE LA GUERRA

LOS DIBUJOS DE LOS NIÑOS SOBRE LA GUERRA

La guerra se queda grabada

en el estómago:

Cuando suena la sirena,

cuando bajas a trompicones

las escaleras del refugio,

cuando caen las bombas,

cuando te miente tu madre;

cuando la maleta enseña la prisa

y en el autobús, en el tren, en el barco,

vuelves la mirada hacía ningún lugar.

Cuando eres un niño.

 

Si de cuajo te arrancan

de la infancia

amarrada a su sol,

del estómago irradia otra guerra.

Rayadas que vuelven

como zumbidos de aviones en el cielo.

 

En las colonias

cada día es un impasse.

Maduran en vilo

desorientados en la severa

infancia nueva.

 

Pero hay que sacar algo de adentro:

La terapia del lápiz de grafito y de colores,

del dibujo en la lámina amarillenta:

 

 Yo he pintado un bombardeo en la cola de la leche.

Yo un edificio en llamas de mi calle.

Yo el día de mi evacuación corriendo al refugio.

Yo los camilleros con su ambulancia de cruz roja.

Yo un campamento de milicianos.

Yo a la gente  levantando el puño a los aviones.

Yo a mi padre cuando volvía a casa

y corría a abrazarle y a registrarle los bolsillos

Pintan lo que han visto.

Sin dobleces.

Garabatos 

que de los ojos

vuelan al papel:

Dibujos sobre la guerra.

 

Rayadas que se dormirán

bajo los colores.

                                                    ©Rubén Lapuente

los dibujos de los niños evacuados en la guerra civil

 

http://www.columbia.edu/cu/lweb/eresources/exhibitions/children/index_spanish.html