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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

CANCIONES AL VOLANTE

CANCIONES AL VOLANTE

¿Desahogo?

llámalo como quieras

pero aquí no se baja la ventanilla

ni se asoma desafiante el codo

y esa vitrina del estrépito

quizá de lo chabacano

se desnuda sólo por detrás del biombo

 

debe conducir el que no sueña

esa silueta de cartón absorta

siguiendo la carretera

como sobre el raíl un tranvía

 

el otro

el que se desvía del asfalto

el que reproduce el disco

y convoca las nubes

debe poner la misma pasión

que cuando fue un rebelde

 

puede que sea un hijo del rock

del bolero  del flamenco

del tango  de la copla

del hip hop

eso da lo mismo

lo obligado es que cante

siempre como un lunático

desafinando

como un viejo pernio de pueblo

 

y si se le cruza un coche

una fugaz mirada conocida

que tenga ensayado

lo bien que solapa

el aullar

un torpe bostezo

 

así hasta que se despierte

el títere del volante

dentro del tenor desgañitado

así hasta que se quede yerma la entraña

y por el espejo retrovisor

vea que son otros ojos

los que miran y sonríen

antes de hacerlos suyos

 

                     ©Rubén Lapuente

me gusta desafinar con ésta canción en el coche :

                                standby

FARE WELL

FARE WELL

Ha empezado resuelto.

Me dice que lo tiene decidido.

Que se cansa de mirar bajo el puente

un río que no le lleva.

Que sólo tiene una cita diaria

con la incertidumbre.

Que se acuerda de mis palabras:

sólo quien madura adolescente

saborea cada gota de juventud.

Que no hay veredas en estas calles.

Ni alcohol en los bares que no emborrache.

Que se estraga en esta noria sin belleza.

Que él no trata de huir.

Que se persigue por cada vericueto que destapa.

Que le han oído tocar en el Conservatorio.

Que si querría unirse a un grupo, de gira,

cruzar el charco, un largo viaje, ser el río.

Y ha acabado más resuelto.

Que no se me ocurra decirle nada a mamá

hasta que sólo sea un punto de luz

en el horizonte del océano.

Que esa me lanza la soga al corazón.

Y que nos llamará más a menudo

en cuanto menos nos necesite.

Luego me ha enseñado en sus zapatillas,

vertida, la tapia pintada de la calle:

adioses de sus amigos:

Dream, wild, zen. no faces,

help, dog, music, wind…

Le he pedido el rotulador

y en las dos suelas de goma

como alas de graffiti  en cada huella

le he escrito en inglés

una frase que le faltaba:

” fare well”

(“Que te vaya bien”)

 

©Rubén Lapuente

                              

    Orquesta Sinfónica de La Rioja               

    Réquien de Mozart

    Clarinete Abel Lapuente

 

EL TIEMPO AMARILLO

EL TIEMPO AMARILLO

algún día se pondrá el tiempo amarillo

sobre mi fotografía (M. Hernández)

 

Cuando se que nadie

va a llamar a mi puerta.

Cuando cada recodo de la casa

me ofrece su intimidad.

Cuando se que ella lejana

se empapa de su niñez

en el cálido vientre  

de la misma eterna dehesa.

Cuando puedo ya abandonarme…

Giro la llave

del cajón de mi armario

y entro a vaciarme

en el tiempo amarillo.

Ahí tengo

momentos que al mirarlos

regresan a su origen

y retoman su andadura

hasta que se vuelven a quedar

en la estampa quietos.

Ahí tengo

la medalla que ella besaba tanto,

sus últimas palabras escritas

sobre la hoja rasgada de un periódico,

la alianza segada por un legado

y los poemas que le escribí

cuando me lo pidió el corazón

y que me atrevo a leer ahora

entornando antes el ventanal

por si me derrumbo

y llego tarde al fondo de la almohada.

Luego lo guardo todo,

cierro la gaveta, escondo la llave,

y llamo con la presteza

de un niño perdido:

-¿Cómo está mi princesa?

-Mejor que tú, no creo,

ahí sólo, sin que nadie te moleste.

-(El silencio necesita bullicio

para saborearlo luego;

sin ti la soledad es un desorden,

se ajetrea y se me cobija en lo débil)

-¿Eh…? ¿Te callas?

-No, sabes que te echo mucho de menos.

-¿Quieres que regrese antes?

-No. Disfruta.

Sáciate de todo…

(Es su tiempo amarillo)

 

©Rubén Lapuente

PIERCING

PIERCING

                          a  Sonya Sedano un ángel con piercing

“Tengo miedo  ¿y qué?

¡Como si me inmolara

todos los días!

Y ni soy violenta,

ni amiga de Lucifer,

ni mis sones son metálicos.

Es tan trivial el cuerpo,

sin una leyenda,

sin un aderezo en su entraña,

sin prolongárselo.

Un simple zarcillo

y el miedo se amansa.

Y será el destello

en el cielo de mi boca.

El náufrago sol plateado

en las olas de mi lengua.

Y de esa cuenta de acero

haré mi juguete,

la pradera de mis nervios,

el talismán que alzará

del todo mi cabeza.

Y se la enseñaré a él,

a hurtadillas,

entre los dientes,

como si descubriera

con asombro

la perla del deseo

amarrada conmigo

a su desnudo hechizo.

 

He sacado la lengua alguna vez

y sólo para burlarme,

menos ahora,

que la aguja, en dos segundos…

             ¡ay!

Asoma ya

                          del otro lado”

                                               ©Rubén Lapuente

SOLDADOS DE LA EDAD DORADA

SOLDADOS DE LA EDAD DORADA

                amarlo todo para comprenderlo todo (Guyau)

Hay una guerra

que la tiene siempre conquistada el tiempo.

Aún así, mi mujer se ha alistado

como soldado de la edad dorada.

Y tan sólo quiere creer ganar una batalla perdida.

 

De madrugada,

está la primera levantando heridos,

y a los muy malheridos,

a esos que miran, a lo lejos, lo recóndito,

sólo les roza, al pasar, la mejilla.

 

Mi mujer es una buena soldado de la muerte.

Sabe que quien se apaga lentamente,

sólo desea que alguien le tome de la  mano,

y se ofrece a darle un último pequeño abrazo

si quien le vela son las cuatro frías paredes.

 

Algún domingo que trabaja

me acerco a pasear por sus galerías.

“¡Qué guapo es el marido de Carmen!”

me dice siempre una anciana.

“Y eso que no se ha operado de cataratas”, le digo.

Y nos reímos juntos.

 

Desde hace un tiempo

de iluminados ventanales

alguien escribe el porvenir con tinta

de un sudor oculto,

alguien, bien sabe,  que aquí no estiban un puerto,

que no son fardos de ninguna grupa,

que unos corazones cogidos con hilvanes

sólo piden ya una brizna de cariño,

y sigue haciendo números.

 

Cuando regrese a la noche

sobre la cama cruzada por el arco

de una espalda que estampa su diaria fatiga

me hablará de hartazgo, de galeras, de sindicatos,

de deserciones…

Y le pondré la mano en la boca…

Pero de  madrugada

estará la primera levantado heridos

y a los muy malheridos,

a esos que miran, a lo lejos, lo recóndito,

sólo les rozará, un momento, al pasar, la mejilla.

 

                                        ©Rubén Lapuente

PROFUNDA PIEL

PROFUNDA PIEL

Me gusta acercarme

abrazarte por detrás

que pierda tu cuello

la pureza

ofrecido a mi boca

que arrastra el sutil

tirante de tu vestido

rendida la cremallera

a la luz de tu espalda

y le ayudo a caer

de las caderas

al vértigo del rubor

en tus pies

 

me gusta volverte luego

por los hombros

manejada

colgada de mi cuello

entre mis brazos

como el último

tesoro de la tierra

y tenderte después

sobre lo que no se siente

bajo mi cuerpo

tenue  entregada

casi soñando

para llegar minucioso

a lo más profundo

a tu piel

creyendo

que todo es perpetuo

 

              ©Rubén Lapuente

 

lo más profundo del hombre es la piel (P.Valéry)

poema incluido en el libro De versos encendidos de la Editorial Hipalage

LOS CABELLOS DE MARÍA

LOS CABELLOS DE MARÍA

                               a María Bernal

¿De quién es esta fotografía?

Me la han tenido que sacar otros

o enviármela por error.

¿De quién son esos cabellos?       

Una melena para adivinar un rostro.

Para empezar a volverse.

¿Y si me la ha enviado ella adrede?

Querrá jugar al requiebro conmigo.

Quizá sepa que en mi sueño

hay una mujer de espaldas

desenredándose el pelo.

Querrá que me embeba

de cada hebra.

Que me haga menudo

para trepar por cada mecha.

Que le tire de cada bucle en llamas

para medirme el deseo.

Yo le llevaría la mano de la brisa,

su taller de orfebre

tejiéndole fugaces arabescos.

Y todo antes de volverse.

 

¿Pero de quién son esos cabellos?

“Son de  María, la que duerme en la dehesa”

        ¿María?  ¡María!

 ¡La que ha tomado el amarillo ardiente de la era!

 ¡La que campea por los pastizales del amor!

 ¡La que se baña desnuda bajo el sonrojo de las charcas!

 ¡La que en sombra de encina agita su melena de oro!

 

 ¡Son los de María!

 

¡Y antes de volverse!

 

                                      ©Rubén Lapuente

                                           (Vitigudino)

 

QUE NO SOY YO

QUE NO SOY YO

Estoy cansado

como después de un largo viaje,

como si se me hubiera hecho muralla

la tapia que de un brinco

saltaba de muchacho.

Necesitaría un gigante

zarandeándome los hombros

para remover este lago interior mío.

La vida es un estado de ánimo.

Y me siento como la otra media piedra

enterrada de estas calles.

Hoy me ha llamado el maestro del pueblo:

Que si puedo llevarles el telescopio.

He preparado una habitación de la escuela

como si fuera la boca de un lobo.

Apuntando al sol de mediodía

por el balcón entreabierto.

Ciegas con cinta todas las rendijas.

Y en ángulo he puesto una cartulina

como de pantalla de cine.

Hablándoles en la oscuridad sólo les he dicho

que el sol es como el quiosco de la música

de la plazuela de abajo,

todos bailamos a su alrededor, a su son,

sin darnos cuenta de que somos

añico suyo.

 

Yo creía que iba a ver caminar

un sol de bolsillo, turbio, arrugado,

receloso, como el mirado

en el fondo de una sucia charca.

Pero, de repente, apareció la curva

de un sol amarillo de fuego, vivísimo,

avanzando por el espacio negro

como un juego de magia verdadero.

¿Podemos tocarlo?

Estuvimos casi en silencio

hasta que el sol se arrojó

por los acantilados de la hoja.

Aplaudimos todos.

 

De vuelta, pisando las calles de piedra,

comencé, sin querer, a tararear una canción

que tenía olvidada, de Humet,

de cuando salvaba de un salto

el trecho del río…

       …que no soy yo…

       que aún no soy yo…

                           

         ©Rubén Lapuente

           Que no soy yo de humet