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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

ANDREA LA CHILENA

ANDREA LA CHILENA

 

Se llama Andrea

La chilena

De la mano de mi hijo

vino a nuestra casa

a conocer La Rioja

Nostálgica

Sedienta

Loba en celo de su tierra lejana

No sabía que yo tenía

la luz

el paisaje

el perfume

la fuente suya

El trozo que le faltaba

Llévatelo le dije

Ya me lo devolverás

antes de que regreses

Lo abrazó como a una muñeca de trapo

Se lo llevo al corazón

como al cortar y oler tú una rosa

Bajo la luz apagada

de su mesilla

seguro que fue como una estrella

Se llama Andrea

La chilena

Y es sencilla como si partieras el pan

Bella como una manzana sonrojada

Como un mineral que centellea

mágica

 

Ayer volvió a nuestra casa

a despedirse

Un abrazo muy largo con Carmen…

Y bajo la glicinia

al hacerle yo una fotografía

de perfil

me dijo que su boca era indígena

como disculpándose

de que no quedara muy bien  

Dios mío

raíz quisiera yo tan pura para la mía

 

Andrea

marinera de ese largo navío chileno

ahora rumbo Puerto Montt

En mi mano

de pañuelo

agitaba yo el trozo que le faltaba:

Era un ramillete de hojas de papel

Era un libro de poemas

de Pablo Neruda

                    ©Rubén Lapuente

BALAS DE CORCHO

BALAS DE CORCHO

 

De vez en cuando

mi hijo me invita

a entrar en la guerra

a que tome las riendas

de una venganza

o las de una salvación

y  por detrás del arma

de este pulcro héroe virtual

que toma mi nombre

a quemarropa

 voy disparando

Me dicen

que le regalo violencia

que aliento

su larvada

fiereza

Que haga una pira

con todo esa

ponzoña bélica

Me lo dice

esa hermandad

bienhechora

que intenta guiar

su ventura

sus pasos

cuando

el simple

afilado dedo

de una mano desnuda

bastaría

para tirotear

todo lo que se asoma

se mueve

Le compro el guión

de lo que lee  

de lo que oye

de lo que ve

Y siempre

será el héroe

a este lado del mundo

Mi hijo juega

a restaurar la paz

manipulado  claro que si

pero como los de la otra bandería

que siempre serán

o han sido

el mal

el imperio del mal

¿Que le compro violencia?

Si no hubiera habido

sarracenos

Ni conquistadores sanguinarios

Ni piratas

Ni nazis

Ni delincuentes

Ni kamikazes

Ni mafia

Ni bin laden

Ni odio

Mi hijo tendría una paloma blanca

de mascota

por la casa

o la biografía

de todos los amaneceres

Reflejo de la vida

que nos toca somos

son los juguetes o deberían ser

Yo cuando en aquella película

los comanches

raptaron a la chica

o en otra viendo a todo el séptimo

de caballería

por los suelos

al pelirrojo Custer 

flechado como un San Sebastián

acabé con toda la tribu de la pluma

A Caballo Loco le colgué

del palo mayor del fuerte de madera

Y de nuestra guerra civil

que oía en la cocina

 tocada lenta en la curtida cicatriz

de la piel de mi padre

la lidié de niño

en la última calle de arena de Miranda

 alistado de soldadito

en unos de los dos bandos

echado a suerte

jugábamos a dispararnos

 con balas de corcho

hasta  formábamos

un pelotón

de fusilamiento

con una de esas balas

encasquillada:

era la de fogueo

Recuerdo

que mi verdugo de pupitre

me ponía

su oído frio

en mi pecho cerrado al aire

 Y yo me demoraba en la muerte

Sólo quería recordármelo

Y aún

se me escapa

media sonrisa

como si sin esos juguetes

yo no sería ahora

el mismo hombre

creo que bueno

 

Recordármelo

mientras

me dejo matar

    ©Rubén Lapuente

PIEL DE RONDALLA

PIEL DE RONDALLA

 

Oh secreta voz

Vergonzosa

Explícita

De aprendíz de rufián

o de dulce diablilla

Bajera

Presta

al tempo ardiente

del cuerpo

Cosida

En una noche

se entrega toda

Sale con su jácara

Con su jerga

de lupanar

de mirlo

de inocencia

Susurra al oído

rubores

Su arrobo

rasga

el sonrojo

más vivo

y sus tropelías

de mentira

abren los pliegues

del goce

a esa íntima

llaga secreta

o mudan en ariete

de piedra

lo que parecía

un tallo

de primavera

 

¡Oh rondalla bajo la piel!

¡Oh procaz voz secreta!

 

 ¡Oh noche de amor

entregada toda!

                   ©Rubén Lapuente

SOL DE MIMBRE

SOL DE MIMBRE

 

Olvido

ocúltame

Sólo un rato

Solo

Déjame tenderme

bajo un sol

de mimbre

que traigo colmado el cuerpo

cansado

de alfanje

Déjame echarme

sobre un lecho

de vareada

lana

de sueños

Un rato

por los aledaños

de la vida 

A las afueras

de la muerte

Olvidado

Entrando

en la paz

del fondo de las cosas

sencillas

Comiendo monotonías

como panes

Deja que me eche

bajo un sol

de mimbre

olvido

Solo

ocúltame

Que bajo

a mi lagar de luz:

Flor de soledad

Ramo purísimo de silencio

Un rato sólo olvido

Y saber de mí

         ©Rubén Lapuente

  Foto de Ronald Trujillo

ESTRIBO

ESTRIBO

 

Si ahora cierro los ojos

la pluma de su pie

su astil de niña

la espiga de su trenza

se suben

al estribo

enramado

de mis dedos

Y me deja

con la estela

del reborde

roído

de sus sandalias

arañando

la albarda

del muro

me deja

con la niñez

que era

albedrío

hallazgo

calle y sudor

que era

un garabato de tiza

de orina

en la pared

Ahora abro los ojos

y al estribo

enramado

de mis dedos

se sube

el eco

del portazo

que dio el dolor

la secuela sin rostro

la lenta sutura del tiempo

y me deja

con la estela

de sus sandalias

de plomo

arañando

los tres peldaños

del portal

           ©Rubén Lapuente

 

HOJAS DE ACANTO

HOJAS DE ACANTO

 

Hacía semanas Rubén

que la madera no cambiaba de nudo

Imagínate en el taller

todos

buscándonos

con la misma mirada

inquieta

asustada

Que en un encadenado

dominó de ladrillos

un soplo baste

para que el andamiaje de un país

se desplome tan rápido

cuesta digerirlo

Nadie vio la carcoma Rubén

Y cómo te apeas de la angustia

Cómo aguantas

de centinela

el apretado ahogo

de olor a silenciosa madera

de cada día  

de cada noche

esperando

sin cobrar

el cierre

Con el miedo

otra vez al porvenir

pero ahora con un trozo tuyo

subido a los hombros

y con esas paredes de la casa

que aún no son

del todo

tuyas

Y sólo sé tallar una flor

sólo unas hojas de acanto

Sólo escribo ripios en la madera

Ahora en el paro

me hace gracia que note

que la tierra se mueve

Me veo desde el cielo

mareado

dando vueltas

Es ese runrún del vértigo mío

al que acallo

con el aspirador

que paso

y paso

por la casa

o le engaño

demasiadas veces

con serrín

de rubia cerveza amiga

Y así salgo a la calle

casi sin esperanza

encontrándote hoy Rubén

Mañana iré a tomar medidas

Te tallaré en la cama

una flor

unas hojas de acanto:

mis “ripios” en la madera

             ©Rubén Lapuente

a  un trabajador de Alba Rubio

ANDREA

ANDREA

 

Andrea que son ya las nueve

Que no has subido la verja

Pero ¿qué te pasa?

¡Pero si ni has horneado el pan!

¡Que nos viene toda la marea del barrio Andrea!

No mujer  No me llores aquí

Pero ¿qué te pasa?

¿Qué? ¿Que no sabe si te quiere?

Andrea que esto es un negocio

Deja en otro sitio el desamor

¿Que no se te pasa?

Dile que si tiene que romperte el corazón

que te lo rompa ya

que deshoje de una vez

su margarita

Cómo vas a ser poca cosa Andrea

Que venga

Dile que se venga aquí

antes de tu hora

mucho antes si quiere

Que  viera en las cámaras

cómo buscan

esa joven mirada tuya

la que les hace empezar a quererte

o esa sonrisa eterna que tienes

que vende Andrea que vende

Que sintiera tu alegría

Tu fatiga de horas de pie

Tu firmeza con lo rapaz

Tu mano de niña hada

que no coge las cosas

sino que las acaricia Andrea

las acaricia

Lo que vales

Que en tu descanso

en la trastienda

le sonara el móvil a unos metros tuyos

enseguida lo tomaría seguro

para llevar en volandas

con su voz

tu cansancio

Que se enamore aquí

de la que no conoce

aquí

Que madure

aquí

Andrea

Ya me gustaría a mí tener tus años

para tirarte los tejos

La verja

Levanta la verja

Andrea  

Venga

Ésa no aún ésa no

La de tus lágrimas

primero

               ©Rubén Lapuente

PILAR LA PORTUGUESA

PILAR LA PORTUGUESA

 

Quizás

de disfrazar

la pobreza 

nacieran estas artes

Quizás

de una herida en la blusa

Y así

de un desgarrón

o de un siete

nacería

un lirio

o un gajo de luna

o un tallito de rosas

 

Con una aguja

y una hebra

Pilar la portuguesa

 hilandera

en las tardes

de Hervás

(Oh que no vienes

Que no vamos

Que no nos vemos)

de sorpresa

nos ha enviado

esta bellísima

escena de caza

 

En la pared

había un bodegón

con manzanas y naranjas

que no se pudrían

Sin historia

Ahora

está este lienzo

de cañamazo

donde la cazadora

que no se ve

es la que más se asoma

La que mira

y teje

y vierte

en la dulce

mueca del lebrel

todo el peso de la nostalgia

y de la ternura

que nos caza

La que

en la escopeta

de perchero

de su montera

y en sus tres

perdices

esperando

abatidas

en la palometa

del cerezo

el vinagre

y las especies

borda

el sosiego

en la tregua

de una tarde

de su vida

que el esbozo

del patrón

se copió de ella

 

Ella nos lo regala

y  lo firma

y aunque

no sé si sabe

que de nuestra casa

ya se había ganado  

todas las paredes

ahora una

ya es suya

eternamente

suya

          ©Rubén Lapuente

            A Pilar Gomes