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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

EL DUENDE DEL VINO

EL DUENDE DEL VINO

 

De un lagar

de ebrios sueños

de vino

sales

Mensajero

de savia

de miel de topacio

o de sangre

de terciopelo

Encarnado

en este caserío de metal

pareces

el duende del vino

de esta tierra mía

hecha

de mil retazos

de viñas

en una sola y hermosa

almazuela

 

Y qué alhajas

de tu reino subes

Qué piel de titanio

rosa pálido

Qué de oro de ámbar

de otoño espejeas

Qué canal de plata

para llegar

al estuario

de una copa

 

Sobre el paisaje

de mi infancia

quieto…

Galopa duende del vino

Zagal de acero

Ahí  flotando

pastorea

este rebaño de viñedos

Que no quiero verte

como una alquería

sino como corazón de los sentidos

Ir acercándome

a ese maretazo de aroma

como de mujer desnuda 

al dejarse caer

el vestido

hasta el abismo

de los pies

Y entrar en la bodega

sobrio

pero ya ebrio

de dulce vino de vida!

                 ©Rubén Lapuente

Foto: Bodegas Marqués de Riscal

Elciego .Rioja Alavesa

Obra de Frank Gehry

BICHOS

BICHOS

 

Puro y sin memoria

Hay una fiera

mugrienta en tu cuerpo

 

Capitán de los arrabales

de la cocina

Rastreador de cubiles

En un adarme

trizas

lo invisible

 

Tu ojo y tu reojo

sigue a todo

lo que se mueve

por el suelo

Cuanto más veloz sea

más avivas

a gatas

para cazarlo

 

Tu lenguaje

lo aprenden antes

los bichos

que los sabios mayores

 

Al ácaro

lo encuentras riéndose

del suspiro

del arma de tu madre

Al escarabajo

errante

le subes a la almena

de tu castillo

para enseñarle

el paisaje

Y a falta

de enemigo

le encierras

en la mazmorra

con miga de pan

de almohada

y puesta la llave

 

Todo

hasta que el grito

de tu madre

aplasta contra la suela

de su zapatilla

a tu amigo de viajes

 

Ahí empieza

a enturbiarse la pureza

Ahí nace la memoria

Y hacina

la primera gota

de cobarde

               ©Rubén Lapuente

CORZA HERIDA

CORZA HERIDA

 

Me enseñas tatuajes

De venado

Tatúame uno de  venado

Ése

 Ése de ciervo me gusta

¿Sabes? Es ése hombre

que me decía

que en sus sueños

me hacía corza

Oh

Si no fuera

una ráfaga de bosque

 Si no me abrazara

una tormenta

Si no estuviera limpio

de mentiras…

Ése

Ése de ciervo

Que aún oigo su voz de campana

Y que yo lo vea aquí

hermoso

en la falda de mi pecho

sobre un jergón de mi carne

de esa

de esa temblorosa

Pónmelo aquí

donde más

me retumban los latidos

del deseo

Aquí

Y que

a una andanada mía

errante

mágico ciervo animado

vaya por las peñas

de mis huesos 

y me huelle

entera

toda

entera

Que ramonee

en la maleza de mi pelo

que buena mata

de azabache

tiene

Que teche

mis senos

de soledad

con sus zarpas suaves

Que a una salva mía

se haga animado

Y baje al dedal del amor

el belfo

de su húmeda boca

Y hasta lleve la cuenta

en un ábaco

en la cabecera de la cama

de cada pálpito

suyo

de bronce

en mi llaga

la que gime en penumbra

 

Ése

Tatúame ése de ciervo

que así

será como si llevara

siempre dentro

sus últimas gotas recientes de vida

                     ©Rubén Lapuente

                          (Salamanca)

SOL DE LEÑA

SOL DE LEÑA

 

Un rescoldo

de este viejo sol de leña

que tan deprisa abandonamos

vuelve otra vez a prender

Afuera

parece que no pasa nada

pero la lluvia  

las primeras nieves

las hojas que aún sangran en la yerba

el pequeño dolor del frío

hacen que ella

deslumbrada

pase la mano

por el vaho del cristal

 

Sé que en esta enfermedad

nace una fuerza oculta

Y así ha sido con ella

Pero antes de que ese arquero ciego

le lanzara una flecha

en curare embebida

antes

era igual de débil

que como lo pudieras ser tú o  yo

 

En torno a este corazón de leña

sé que ya nunca seremos los mismos

Que esta  perenne flor del dolor

que le ha hecho mortal

necesitaría demasiados otoños de olvido

Y ya se nos agota el tiempo

 

¡Oh que nadie nunca le dirá estás curada!

 

Ahora ella abre su herida  su cicatriz 

para que otras mujeres cierren

sus mismas heridas

mirándose en su espejo

subiéndose a su barricada

 

En torno a este viejo corazón de leña

un aire de terciopelo ardiente nos envuelve

como ayer

pero aún no nos reconoce

                     ©Rubén Lapuente

                      (El Rasillo de Cameros)

El MIEDO NO SUBE EN ASCENSOR

El MIEDO NO SUBE EN ASCENSOR

 

De un hilo de su aliento

parece

penderle la vida

tan frágil

con este silencio

vivo

Dormida

Hilo que me trae

en mi duermevela

siseo de alas

a la luz

de esta noche

ay

de mala tijera

y un cuchillo

de curvado

filo de luna

abriendo

en mi maleza

bulevar

a los dos heraldos

con guadaña :

Ah es esa cita inevitable

que tenemos:

Pétalo tuyo

quizás

de hinojos

Pétalo mío

quizás

en el lecho…

Pero mejor

yo antes

Si

Yo primero

Que es mucho más duro

ver

lentamente

lento

cerrarse unos ojos

que fueron

noches de verano

Pero

con el ascensor

tan sonoro

los sábados

amanece mucho antes:

Madruga

el barrendero

de la vigilia:

traqueteos de albores

de jóvenes vecinas

cremalleras

Trémulas gotas

de goce

resbalando

en los dedos

Todo vuela

por la caja

hasta la almohada

del  quinto

que escoran mi cuerpo

a una linde

cálida

y desnuda

que se lleva

a esa iguana que ronda los sueños

que no habla

que huye si amas

©Rubén Lapuente

BOUAZIZI O EL ÁRBOL DE JÚPITER

BOUAZIZI O EL ÁRBOL DE JÚPITER

 

Esta  cobriza melena

del  árbol de Júpiter

es una llamarada

íntima

sólo para mi

Yo quería otoño

Ver otoño

Un poco de carmín

en este perpetuo verde bosque

de pinos que me rodea

Y estos días se acelera

Se enciende

Se prende fuego

Luego serán sus hojas

como goterones

de sangre de vida

cayendo sobre la yerba:

Su esplendor en la muerte

antes de volver

a la soledad del viento

al olvido

 

Para ti será sólo

en un parque

o en el jardín de mi casa

si te acercas ahora

una pincelada carmesí

Lo compré en aquellos días

en los que

un joven tunecino

tirando de un carro

de fruta y verdura

no quiso nunca más

vivir de rodillas

que no sabrá nunca

que en su llamarada

quemaba también

el miedo de todos

encendiendo la mecha

de una eterna

primavera nueva

 

Y a este

joven árbol de Júpiter

como los chopos de mi ribera

llevan todos

nombres escritos

dentro de un corazón

en el  mármol de su corteza

no hubiera hecho falta

que le grabara

con la punta de mi navaja

las ocho letras de Bouazizi

que cada otoño

de mi vida

él sabe cómo recordármelo

                           ©Rubén Lapuente

AGUA NÁUFRAGA

AGUA NÁUFRAGA

 

Que su barreño

sea como una terma

Como caldas dorándola

Que mi mano

de amura

le tome la fiebre

al agua

Y qué voy a hacerle

si ella me lo pide

No lo harías tú igual

si luego su mirada

de telaraña

de oculta almadraba

te lleva

a esa tina

de agua

desnuda?

 

Mi sirena varada

que tira

del hilo suelto

de su falda

de espuma

y escamas

Oh atorada tijera abierta

Oh pozo de sus piernas

Y arremolinados

siento su carne

como si me hundiera

en la duna

de una espalda

que ahora

dulcemente

me besa

Oh tarde

de sábanas de agua

Hasta que

sus labios

me sepan a moras

Hasta que

sus yemas

carne de pasas

Hasta que

la voz

de sus dientes  

titiritando

me la haga más niña

 

Luego

vaciando la bañera

mi mano

achicando

el agua en fuga

la siento

como agua vestida

perdiéndose

entre las ramas de mis dedos

rozándome

como si fuera

agua náufraga

       ©Rubén Lapuente

LA COSTILLA DE ADAN

LA COSTILLA DE ADAN

 

Perdóname Adan

por contradecirte

por ser tan grosero

pero de una costilla

sólo se consigue

una sopa

un buen caldo de hueso quizás

si viviera mi abuela

claro

 

Detrás de esa gasa

dentro de ese tul

hay un maravilloso mago

que no hace trucos

que no ha escondido

el cincel

que tiene la paciencia

infinita del tiempo

su lentitud

su perseverancia

su tozudez

y  la ha tallado hasta dejarla

única

libre

bella es poco

Su carne

redonda

es como

un espejuelo hambriento

de alondra

de su hombre

es un tálamo

hasta en los trigales

de los asientos

de atrás

del coche

si apremia mucho

 

Tiene el talle

de un guijarro

lavado

por un río eterno

Y cuántos ensayos hizo

hasta forjarle

la sonrisa

Y yo no sé

en qué mercería del tiempo

compraría

ese carrete

de hilos

de luz

que ha urdido

esa trama de candil

que cuando

ella quiere

por el cielo de los ojos

prende

de deseo

 

Debería estar retirado

este escultor

desconocido  

ya millogenario

pero es que aún

no para de pasarle la pumita

por toda la piel

Y el último atavío

que le ha regalado

es ese golpe de cola

de caballo

de su melena

que lo hace

ya tan bien

como si se la desatase

el viento

 

Yo la miro

toda

como un prodigio

en la alegría de este viaje

incomprensible

cuando ayer mismo

sólo se subía

a este tiovivo

el silencio

cuando en los ocasos

ni había sienes

que juntar

ni nadie se bebía

en la cara del río

la plata

de los luceros

porque no había nadie

nadie

nadie

El sentirlo

como un milagro

Sin preguntarme nada más

Acercarme a ella

por detrás

Dejarle bajo

la seda

en la humedad de mis labios

el temblor

el temblor de la vida!

                   ©Rubén Lapuente