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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

LA BELLEZA

LA BELLEZA

 

Fue desde la platea

de mojón alto

Como siempre

el niño sol  

guiaba esa tramoya

del rayar

del nuevo día

Su manecita

de alfarero

matizaba la luz

en el barrillo

de su último

sueño

y a cada una

de las mellizas

dunas

de agujas

muy suave

les iba cambiando

la claridad

en el rostro

 

Enseguida

encerró

a todo el bosque

en un ánfora

verde

 

Y nada más

Sólo un par de lágrimas

Y que luego me fui

con la estela

de esta belleza

la que me salva a mí

de la vida

a desayunar

          ©Rubén Lapuente

LOS NIÑOS DE LA GUERRA

LOS NIÑOS DE LA GUERRA

 

Al lado de un perfume

De un emblema

De unas agujas de oro

barriendo la esfera del tiempo.

Ahí,

la valla de la niña en el horror.

La nómada del miedo.

 

Como la marca

como el reloj

como el aroma

se te irá quedando grabada

pero como algo extraño.

Seguro que el camino

en zigzag de su gesto

poco a poco

te irá encogiendo algo

de muy adentro.

Y al no venderse

Cómo olvidarla.

 

Se apagará la fragancia.

El lema se te hará tedioso.

 El reloj será sólo la rutina

de su tic tac en la muñeca.

Pero allí,

en  las vallas,

en las marquesinas de las paradas

de los autobuses

en los diez segundos

del televisor  y sin palabras.

Allí,

la mirada que no se esconde.

La que rasga la placidez,

taladrándote

camino o a la vuelta del trabajo.

o en la cómoda butaca

a la noche

Ahí,

la cara de la niña en el horror.

La nómada del miedo.

 

Hasta que un día

alces la cabeza

del todo

ya sólo para sonreírla.

Para llevarla cerca de los labios

Y tatuarte en la piel esa mirada

Que es sagrada

Que no se vende

Que nunca olvides

          ©Rubén Lapuente

LA MANZANA DE CARLOS MARX

LA MANZANA DE CARLOS MARX

 

Cuando esta senda

de la vega del Iregua

se preña de manzanas

cómo no parar el coche  

y como un ladrón

colarse

por entre los espinosos

alambres

Es un rito mío de cada verano:

Miro a los lados

Cojo una cualquiera

La olfateo hondo

Y muerdo esa carne dulce

que es como un hilo virgen

de la oscura fuente

de la tierra

mojando

mi interior:

el más puro dormido

Y siempre pienso

mientras la saboreo

en que si realmente

fuéramos

sólo dos en este mundo

y éste el único

terruño del planeta

por llegar yo

un poquitito más tarde

ya sería el siervo

de esta gleba

Que la tierra fuera

del primero que la pisara

del que se apresurara

a alambrarla

es echarle mucho rostro

¡Y todo está ya tan bendecido

por ese listo fariseo Leviatán o Estado

saca cuartos!

¡Y que ahora ni te dejen

asomar el gaznate

por éste u otro bello predio!

Quizás suene imbécil plantearlo

pero el hombre es el único animal

que le pone nombre y apellidos

a la tierra

¿La tierra no debería ser de la tierra?

De repente oigo un grito

Y a lo lejos me ladran un par de lebreles

Cualquiera le explica

a mi terrateniente

que se acerca

que estoy en una íntima

ceremonia  mía de estío

y no digamos

si a los chuchos

les suelto lo de mi tesis  

tipo Newton

del influjo

de la manzana ajena “in situ”

sobre el pensamiento

de Carlos Marx

 

Y… ¡Joder! ¡Rubén ¡ ¡Corre!

¡Pon  pies en polvorosa!

             ©Rubén Lapuente

AROMA ERRANTE

AROMA ERRANTE

 

En esta noche de julio

de añorada tormenta

Yo en el zaguán de mi casa

la piel me rezuma

como empañado cristal

y atrapa cada aroma errante

que despierta

que se pierde tras la lluvia

Y lo respiro

Y lo encelo

Y lo llamo por su nombre:

Éste es de salvia mojada

De espiga malva de lavanda huele ése

Este aire pavonado de flores de sol

es del coral de mis santolinas

Perfume de oscura miel de flor de brezo

me llega de debajo de los pinos

Olores de luz

de oro viejo de damasquina

vienen del arriate

Y éste último leve beso

es de una joven

rosa cansada de nacer

en mi pobre ribazo de arcilla…

 

Del balcón de la casa

hasta el zaguán

me baja luego un olor distinto

Es una ola de aroma

como si se le rompiera

la bolsita de almizcle

a la sombra de un corazón desnudo

anclado a la tierra

que se pierde también

tras la añorada lluvia

Y que reconozco

Y que respiro hondo

Y que lo llamo por su nombre:

Que te vaya bonito

aroma errante…

 

Amor mío

               ©Rubén Lapuente

                (El Rasillo de Cameros)

LA TERRAZA DEL IBIZA

LA TERRAZA DEL IBIZA

 

Al pasar por la terraza del bar Ibiza

bajo los soportales

aún extraño no oír mi nombre

invitándome a su velador

a este territorio que fue suyo

eterno portal de su solaz

Y avivo el paso

Nos pasa a los que nos exprime lo sensible

Y tarde aprendimos que el cariño

no venía ya en la corriente

de nuestra misma sangre

Mirando la ausencia de unas sillas

(él también era esas sillas)

una niebla afilada de tristeza 

me acompaña hasta cruzar

la linde de su zaguán

y sólo al sobrepasarla

ladeo un poco la cabeza

para que mi perfil roce el recuerdo

de quien fuera

novio de la muerte

del muchacho que escribía versos

("oh el verla sacarse el vestido

cruzando los brazos

de una sola vez

como si se desnudara la luz...")

del que vino a mi casa

torpe anciano niño

"¿Hay un sitio para mí?"

Desde el primer recuerdo

en el que mis ojos asomándose

por el cráter del volcán de arena de la calle

subían por el andamio  

al ballet de su paleta de albañil

a la terraza de este bar

en el que se sujetaba

el dolor último

con la palma de la mano

a la sirena de ambulancia

acercándose y alejándose

como las alas de un alarido

hasta la dureza

de verle morir tan lentamente…

Nos pasa a los que nos exprime lo sensible

y tarde aprendimos  que el cariño

no venía ya mezclado

en la corriente de nuestra misma sangre

Que arrastras siempre lo que no has sabido querer

¡Con lo poco que pesa una carreta de abrazos!

Por  eso avivo el paso

 Algún día me sentaré en esa terraza

territorio suyo

de vuelta de mí

a conversar primero con mis lágrimas

                 ©Rubén Lapuente

LAS MUERTAS DE JUÁREZ

LAS MUERTAS DE JUÁREZ

 

El Ateneo Riojano se ha unido a la iniciativa de Escritores por ciudad Juárez y ha organizado una lectura solidaria de poemas y textos el día 1 de septiembre, este poema es mi contribución

 

Siempre es una  joven

pobre y bella

maquiladora rezagada

por una calle de arena sin luna

Se llama Esmeralda o Laura

o Jessica  o Yazmin o…

Son cientos de ellas

con la cena fría sobre la mesa

Y tú o yo

que todas son

nuestras hijas o hermanas

esperándolas

empezamos a imaginárnoslas

¡Dios mío!

arrebatadas

sintiéndolas en su escalofrío

al oírles atadas murmurar su muerte

Con el horror

encima de sus tiernos cuerpos

pero el horror del espanto gozando

de su miedo desnudo

Cercenándolas

atrozmente

mientras las ultiman

Y como un neumático viejo

como el rebujo de un paquete

de cigarrillos

las tiran

a los arenales del valle

 

Y es así como se despierta en Ciudad Juárez

desde hace más de veinte años

Y como nadie te llama

vas a la morgue a preguntar

por unos huesos que han aparecido

por la prensa

y si hay suerte

al cabo de una asquerosa espera infinita

sales con un despojo dudoso

y con una palmada de pobrecito

en la espalda

 

Y ya no dudas

de que la policía cierra los ojos

de que las pesquisas

son aviones de papel

dando la vuelta

a una mesa con destellos

de espuelas

de que hay un entramado

abyecto

sin fisuras

intocable de impunidad

Y tú o yo

que todas son nuestras hijas

o hermanas

trocando sangre de pobre en rabia

recalentamos aún la cena

todas las noches

      ©Rubén Lapuente

Foto: cada clavo es una mujer muerta o desaparecida

Mujeres de Juárez

Bajo Juárez

Las muertas de Juárez

SU CUERPO

SU CUERPO

Oh cuerpo

que ya vas solo

sin tu rodela

Cansado retoño de estío

Desnudo otra vez al viejo viento

Un año entero

en mis brazos

ofreciéndote

en altares blancos

y te me han devuelto

casi ahogado

casi quemado

Oh cuerpo

que te doy ahora

ungüento

bajo la axila

cercando tus últimas llamas

Que vas por detrás

de su cabeza

y de su corazón

 trastabillando

Que te miro ahora

fuera de ella

Que no eres ella

Que no te mueve ella

Que no la obedeces

Ciego de algo

Pero que tendré que aprender

 a amarte

    ©Rubén Lapuente

REGALO DE BODAS

REGALO DE BODAS

 

De una trenza

de su celaje de hebras

como una roseta

de guirnaldas

empieza

la bruma

de su belleza

Desde la platea

de la oficina

sentado en mi butaca

mientras

impaciente

espero  oír

un maullido tras la puerta

mientras tecleo

en el ordenador

bagatelas

la recreo

dentro

de su cuento

de amor de princesa

enjaezándola

con esa venda

de tocado

bajo la barbilla

con arracadas

que titubean

a la vez

voces

de plata

atando

a la lanza

de su amante

su pañuelo

de seda

o asomada

a la ventana

con sus dos largas trenzas

de escalera

a la alcoba

de su piel

de luz de rosicler

 que bebe

del surtidor

del alba

Hasta que

un maullido tras la puerta

me despierta…

 

Mientras ya cuchichea con su gata

“Que ya me hurga

en el corazón”

me dice

Teresa

que se desposa

             ©Rubén Lapuente

Para Teresa y su gata Bolita, mi regalo de bodas