Al pasar por la terraza del bar Ibiza
bajo los soportales
aún extraño no oír mi nombre
invitándome a su velador
a este territorio que fue suyo
eterno portal de su solaz
Y avivo el paso
Nos pasa a los que nos exprime lo sensible
Y tarde aprendimos que el cariño
no venía ya en la corriente
de nuestra misma sangre
Mirando la ausencia de unas sillas
(él también era esas sillas)
una niebla afilada de tristeza
me acompaña hasta cruzar
la linde de su zaguán
y sólo al sobrepasarla
ladeo un poco la cabeza
para que mi perfil roce el recuerdo
de quien fuera
novio de la muerte
del muchacho que escribía versos
("oh el verla sacarse el vestido
cruzando los brazos
de una sola vez
como si se desnudara la luz...")
del que vino a mi casa
torpe anciano niño
"¿Hay un sitio para mí?"
Desde el primer recuerdo
en el que mis ojos asomándose
por el cráter del volcán de arena de la calle
subían por el andamio
al ballet de su paleta de albañil
a la terraza de este bar
en el que se sujetaba
el dolor último
con la palma de la mano
a la sirena de ambulancia
acercándose y alejándose
como las alas de un alarido
hasta la dureza
de verle morir tan lentamente…
Nos pasa a los que nos exprime lo sensible
y tarde aprendimos que el cariño
no venía ya mezclado
en la corriente de nuestra misma sangre
Que arrastras siempre lo que no has sabido querer
¡Con lo poco que pesa una carreta de abrazos!
Por eso avivo el paso
Algún día me sentaré en esa terraza
territorio suyo
de vuelta de mí
a conversar primero con mis lágrimas
©Rubén Lapuente