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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

LOS "HIJOS" DE MARTA ARJONA

LOS "HIJOS" DE MARTA ARJONA

 

En mi mano un jabón sólido

de los que hace Marta

para lavarse la cabeza

a la manera

de como lo hacía

aquella lavandera de antaño

que restregaba  

que sacudía la ropa en el río  

sacándola el cansancio

llenándola

otra vez

de sol

y a la que

por un momento

las manos

le brillaban en la espuma

 

Marta se pone

el delantal

y parece

como si fuera a hacerte

unas magdalenas

pero lo que

en realidad amasa  

es una harina

que hace con arcilla roja

empapada en aceites:

hoy de palmarrosa

con el de cedro del atlas

y el de lavanda

que así la nieve

del fondo de tu maraña de pelo

se derrite

poco a poco

que así

ya no van sintiendo

cada uno de tus cabellos

esa pequeña

punzada

de aguja de dolor

que te hace dispararte

a ciegas

con todas las uñas

 

Y todo le viene por leer

en el reverso

de los botes de cosmética

ese elenco de actores

de nombres tan macabros

que le hicieron sospechar

que de su vientre

nunca saldría

esa necesaria comunión

de las cosas diarias

con uno mismo

 

Y así

le nace este jabón virgen

que bajo la ducha

al restregarte con él

la cabeza

te parece

que es la misma Marta

aquella lavandera

que ahora

en vez de ropa cansada

se lleva tus cabellos 

a lavarlos al río

y a la que  por unos segundos

le brillan las manos

en la espuma

         ©Rubén Lapuente

 

Marta Arjona cosmética

UN GATO MEDIO MONTÉS

UN GATO MEDIO MONTÉS

 

Últimamente

mi terraza

parece un degolladero

Un gato

medio montés

de esos que

renacen

de una bolsa cerrada de plástico

que tiran al río

aprovechando

que el murete de piedra

es del mismo color gris

que el de la piel

de su tabardo

cada amanecer

se calza  ahí 

las alforjas de bandolero

desenvaina 

el relámpago de su navaja

Este sábado

limpiando

un reguero de sangre

barriendo negras

plumas de pájaros  

me decía yo

que como le cogiera 

le iba a arrancar sus

veinticuatro

vibrisas

de cuajo

y de una en una

 

Yo estaba por dejarle

el balcón entreabierto

con una lata

de Whiscas

de señuelo

que se me había pasado

por la cabeza el tener

por entre mis piernas

de mascota

ese largo ocho de su alma salvaje

con esa tersura

de su lomo

tejido

uniendo mechones

de lana de oveja

de los que se enredan

en las púas

de las alambradas de la montaña

Dejarle mi edredón

a cambio

de oír

su ronroneo virgen

Sacarlo a pasear por mi tejado

para verlo entrar  luego

por la claraboya del desván

borracho de licor de besos de plata

que destila la luna

 

Pero ayer

muy temprano

sobre el alféizar del murete

al verlo

por primera vez

al mantenerme

unos largos segundos la mirada:

ese arrogante uno azabache

de sus ojos

Yo tras el cristal

Me reveló cómo debería uno

ganarse  la vida:

que no le fuese nada fácil

a nadie

Y pensé en mi hijo

y en tantos otros

que han tenido que irse

obligados

tan demasiado lejos…

Pero mira por donde

ahora están aprendiendo a Ser  

Y al final  seguro

que orgullosos de conocerse

pero hasta

la punta misma

de la raíz

de sus pestañas

Volverán sin miedo

Como este gato medio montés

que por mí

va a seguir toda la vida

desplumando pájaros

                  ©Rubén Lapuente

                     (El Rasillo de Cameros)

                       La habitación del hijo

 

EL LIBRO DE LOS DINOSAURIOS

EL LIBRO DE LOS DINOSAURIOS

 

Hoy me ha cogido de mi biblioteca

un libro animado

De esos llenos de desplegables:

El de dinosaurios que se levantan

y saltan tras abrir la cubierta de cartón

Y frente a esos enormes viejos

amos de carne de papel de la tierra

emergiendo del fondo del libro

vamos viendo fascinados

en cada doble página

cómo cobran vida

Y más al ir leyendo esas historias

de huesos y huellas en las rocas

de nadie ahora vivo

o el de su misteriosa desaparición

 

Es mi vecino de casi cuatro años

que si le regalo mi tiempo

de un rato infinito e íntimo cuando pasa

lo hago a cambio de cobrarme

esa estela de aroma de yerba

de niñez recién cortada que tiene

o a cambio de ponerme

debajo de la lluvia de oro de su risa

Y es que cuando la vida para uno

empieza a ser ya una cuenta atrás

menos mal que viene

este pequeño “Dino” de relevo

que me deja  paladeando

esa huella del asombro de la inocencia  

en esta piedra mía del corazón…

fósil que nadie descubrirá mañana

                 ©Rubén Lapuente

LA NAUSEA

LA NAUSEA

 

Estás boca arriba en la yerba

y en un tris  sin pensarlo  ya te has subido

a la grupa de esa nube

al lomo de una que parece un pez puro del cielo

y que te lleva a recorrer la tierra

ésa que de pronto alguien desde dentro tuyo

se la imagina como una pizarra azul

y en donde todo lo que se mueve

deja una estela de tiza tras de si

sí   que desde el cielo

fueran rayas de tiza rastro de la existencia

caminos de vida de tiza

la única huella al ir pasando

tú solo ves eso

líneas que van y retornan

que avanzan que bailan…

ese blanco roto de ovillo de años

lo vas viendo enmarañarse...

cada historia

la tuya también

es un garabato de yeso

y sólo desde el cielo se ve así

lo ves tú así

rayas como estelas avanzando

de casa  a la fábrica  al bar  al sueño

se entrecruzan  se confunden

unas lentas otras tendidas  inmóviles algunas

rematadas ya por un cabo de quietud…

y tú a la espalda de una nube

de la que aún no sabes

que va encinta de olvido

o de oscuridad de sueño

o de aguaceros

hasta que su lluvia borra las rayas sin vida

las que ya nunca se moverán las borra

en ceniza de tiza las diluye…

y tras la tormenta

otra vez las líneas

que vienen  que vuelven  que avanzan

que bailan…

la tuya también garabato

parado ahora boca arriba en la yerba…

 

y te viene la nausea

                            ©Rubén Lapuente

EL FUTBOLÍN

EL FUTBOLÍN

Por el camino de cabras

de la escalera de caracol

lo he subido a la buhardilla

A mi refugio

Yo nunca he querido

crecer muy deprisa

que

¿sabes?

así envejeces mucho más rápido

y entonces seguro

te mueres más joven

¿no?

Y por eso me lo he comprado

Para creerme que se alarga mi vida

Para que la muerte

se vuelva perezosa

Se entretenga

con este clamor que viene

tan puro del pasado

 

Algunos no entienden

que hace ahí

“Cómprate mejor un sofá de flores”

me dice el hortera

o el gracioso de turno

Pero otros lo rozan con los dedos

Esos son de los míos

Tiene un perfume oculto

que no todos lo captan

como de tiza azul de billar

como de césped de madera

con su sonido de fondo

de garito

que evoca la memoria

de cuando entrabas

en la boca de la vida

de cuando estrenabas

tímida flor de carne

 

de la temblorosa

 

Y es como el de los bares

“Tráigamelo desmontado

que por ahí sólo suben las cabras”

le dije al de Don Futbolín

Y no es para montar

timbas con los amigos

Ni  para recobrar

nada de nada de nada…

Ya te lo he dicho:

Sólo es para envejecer más despacio

 

Los sábados  a la noche

juego una partida

conmigo mismo

Y contigo también

si pasas por El Rasillo

Tú que quizás me entiendas

Ah!   Pero yo me pido al Madrid   eh?

                    ©Rubén Lapuente

FLOR SOLITARIA

FLOR SOLITARIA

Mira esa flor solitaria

La que nace

del sufrimiento

Parece una mano insurrecta

La ves como la flor

del fusil

de un partisano

Como triunfal bandera

entre las piedras

Valiente

Acosada  Sola

Mártir

de un sueño cumplido

Y sabes

que te dice

que la vida no es fácil

Oh dilo siempre

Y más a quien nazca

en cuna de oro

Dilo siempre:

La vida no es fácil

Y quizás fascinado

la cortes

delicadamente

o puede que la envidies

por florecer

en el miedo

y bajo la suela

del zapato

le apagues la luz

para pisarte

a ti mismo

          ©Rubén Lapuente

PIRATAS DEL BALCÓN

PIRATAS DEL BALCÓN

 

Del mar

sólo recuerdan bien

su saliva de plata en la arena  

que fueron los reyes

de la orilla

Ahora les basta

con llenar de agua

el barreño

del balcón

para imaginarse

en un

plis plas

todo el piélago

del mundo

Yo

de mi pobre astillero

he botado un par de barcos piratas

de cartón

para sus niñas

manos

timoneras

para la marea de la tarde

Y cada uno

va

y  juega

a su modo

El uno  

a lo del abordaje

a arramblar con el oro de las Indias

de una galeón  

español

El otro

dibuja

de mascarón de proa

una sirena

que ha leído

en una fábula  de marineros

que su belleza

desbrava la tempestad

y arrodilla la galerna

 

Y si uno atisba

una isla desde la cofa

donde enterrar

un tesoro

El otro

también gaviero

del palo mayor

pero aprendiz de poeta

hace como que

varea el haya de otoño del cielo

siguiendo  luego

en el agua

el  reguero

de la lluvia

de las hojas amarillas

que caen

de las estrellas

 

Los dos

sobre la pasarela

son piratas de guiños

de alfanje al sol

bajo la que

una banda de tiburones

chasquean

sus afilados dientes

reclamando

la  dulce merienda…

 

Luego a la noche

de tan cansados

dejan que el corazón

sea quien les lea

el libro de cuentos

que se vuelve sobre el pecho…

 

Y que yo  ya dormidos    les cierro

                 ©Rubén Lapuente

ANDREA

ANDREA

 

Es  Andrea

una de las chicas de el ángel

Hasta hace bien poco aparcaba su bicicleta

en la trastienda

que como la había carenado

del color de la novia

del viento

atada a una farola o a un árbol

de la calle

cualquier brisa loca de nada

se la habría robado

 

Y antes de ponerse

el uniforme amarillo

reparte sin más

los abrazos que quieras

Y te cuenta lo que quizás tú te guardes

por creerlo íntimo:

Que si su chico le dobló sólo para ella

las campanas de la iglesia de Igea

Que la suerte le ha regalado

un huerto urbano

Y que si ha plantado tantas escarolas

es porque de lejos le alegra ver

esa fila de soldaditos

de color verde con el del oro  

Que no pega ojo

por un perro del barrio

que no hay manera de acercarle

de tan tundido

ni un mendrugo de pan

Y mientras te lo cuenta

te crees que desayuna  

cucharaditas de cielo

por lo transparente

por lo de no correr nunca los visillos

  

Había ya aparcado

nueve meses la bicicleta

Que tenía un secreto en el vientre

Un atracón de vida

Y  la felicidad la medía en centímetros

Que sacaba cada día delante de nosotros

el metro amarillo de modista

para cerciorarse del todo

de que ese milagro

crecía y crecía

 

El martes

sobre la mesa de la oficina

me dejaron un parte médico de baja

Y  al leerlo fue

como si me asomara

a un oscuro pozo  

por donde se perdía

para siempre

ese saquito de viento helado …

 

Me dolerá buscarle los ojos cuando vuelva

Oh Andrea que no estás sola

Que también lo hemos perdido nosotros

                     ©Rubén Lapuente