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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

DESERTORES

DESERTORES

 

Si digo que

eran imanes de seda

acierto

Hoy regresan

Me han hecho una señal

casi invisible

secreta…

Guardianes

de una madriguera

a cal y canto sellada…

Hoy desertan

Habrán dejado ya

una correa

desatada en el páramo:

Ése de balas de paja rodando

Y en donde silba el viento

de la herida memoria…

Hoy regresan

Si digo que fueron

ascuas de estrella

en el rocío de un trébol

sobre mi pecho

acierto

Son los que

se suben al templete

de la plazuela

con revuelos de falda

bajo lunas de romería

Los que te acorralan  

y te maniatan

y te arrojan

a un barranco

de caderas

sobre la colcha aún dormida …

Subirán ahora

 por desmontes

salvando viejos caminos de espinos

hacia sus altas cuencas

ciegas

a encenderlas

con teas de jade

traídas de las arenas de un rio

de aguas lavadas

de su  memoria…

 

Hoy regresan…

Desertores

Y esos ya nunca

vuelven  la cabeza!

                           ©Rubén Lapuente

ISABEL Y JOSÉ

ISABEL Y JOSÉ

 

Fue cuando la habitaba el dolor

que Isa y José venían a casa un rato a verla

Creo que eran los jueves 

Él trabajaba la madera

La vestía  de bella piel desnuda

La hacía flor  

La nacía

Le veías en las manos

el hilo de su casa en Matute

que se la hizo él solo

con piedra y talados pinos

negros de su amada Soria

De muchacho

entró en una carpintería

Y de hombre ya maduro

ha tenido que salir 

malherido por ese falso corazón

de avaro ladrillo hueco

y sin ni una viruta de oro

de madera en el pelo

 

Venían a la tarde

Y sabiendo de su miedo

de su futuro temblando

de su paro que se agotaba

ni  les veías un rictus de incertidumbre

Sólo hacían que por entre

los labios de ella

asomara sonriente 

los dientes del cansancio

 

Ahora han cogido en arriendo

una tienda de su barrio

Y ayer

tirando del carro de la compra

nos presentamos allí

Y pusieron el grito en el cielo:

Que cómo veníamos

Que no estábamos  obligados

Que no era nuestra barriada

Que veníamos de muy lejos

Que no teníamos que hacerlo

 

Quizás ya no se acuerden

de cuando la habitaba el dolor

e iban a casa un rato a verla

Este perfume de huerta

no es el mío- nos dice José – al irnos

Nosotros sí que sabemos

que será todas la semanas

creo que los jueves

el nuestro

                    ©Rubén Lapuente

a Isabel y José

UN DÍA EN LA VIDA

UN DÍA EN LA VIDA

Antes de que suene

el soniquete del despertador

ya te has levantado  

vivaz

falto de sueño

Al entrar

le das los buenos días

a la chica de la tienda

la que parece que con sus manos

te ha horneado

hasta el trigo de la luz  

del aire

de la oficina

en la trastienda

Y que tan profundo

respiras

 

Y ya te sumerges

en  la rentabilidad

de las obleas de miel

o en el de las tizas de regaliz  

Y piensas cambiar de sitio

los besos de azúcar

Y los corazones de princesa

ponerlos en la entrada

Y te llega mezclado

el olor del pan de bogavante

con el de sol de maíz

junto a ese de cristal

tan crujiente

que parece hecho

con harina

de espejo

deshilachado

 

Y vas recibiendo

a mercaderes

que te vuelcan su alforja

de mil y una gollerías

sobre tu mesa

Tantas

que al final de la mañana

parece

que vas a dar

un festín

en la oficina

 

De vez en cuando

mientras haces las cuentas

estallas en la boca

una macadamia

o un puñadito de arándanos

o de jengibre

y siempre con un par de avellanas

con las que haces

malabares

al salir del trabajo

 

Y ahora que subes por las escaleras

los noventa peldaños

llegas a casa

acompañado

de un nuevo

fiel amigo

que no calla

que parece como si ya  fuera  tuyo

y tiene el mismo ladrido

de lebrel en corazón

que el de aquel niño

que se apretaba la mano

en el pecho

para que no se le saliese

 

Y comes frugal

que no sea

el estómago quien  

de la tarde de un sueño de versos

te la llene

de tamo de paja

o de hojarasca

que la poesía

bebe mejor del  hambre

Y escribes esto

 

Y a media noche

echas la jábega  del sueño

sobre el lomo de plata

del mar del día

que te deja

cada vez

un poco más huérfano

al irse para siempre

Y ya de madrugada

te despiertas a deshora

y hasta que suene el soniquete

vas pasando revista

por tus habitaciones

en silencio

donde en una sabes

vive ese pequeño dolor

que espera

que lleva

escondido dentro de ti

más de mil años

                       ©Rubén Lapuente

Foto Leyre en el ángel de Gran Via

CAMPANADAS EN IGEA

CAMPANADAS EN IGEA

 

Como imaginarse

que uno

de recolocar

en los tejados de las iglesias

los nidos de cigüeña

pudiera vivir

Y encima yo

que calzo un cuarenta y seis

y que mal voy

por estas estrechas

cornisas

intentando

que no se me vaya demasiado

el reojo

al abismo…

Les busco un enclave más seguro

en un durmiente

o en una viga maestra

o los llevo a un recodo

que allí

no asomen

el peligro

por los aleros…

Y me tengo que dar prisa

que ya hay un olor

a rosquillas anisadas

por toda La Rioja…

Que ya regresan por San Blas

Y mira que son buenos albañiles

estos cigüeños

Que es el macho quien

se adelanta unos días

y empieza

ya a hacer en su enramado nido

de amor de siempre

sus chapuzas :

teje de lecho

una alfombra de retales

de musgo  de tierra de yerba

de barro  de periódicos…

Y no se quejarán

del trato tan mirado que reciben

Vienen del cinturón del hambre

Del largo sahel africano  

Parecería un chiste si dijera

que llegan sin papeles

en el pico

Pero del mismo sitio

vienen los otros

Los que no tienen alas

y se estampan

en una empalizada de cuchillas

o cruzan el estrecho

en el mismo madero

de su cadáver:

Ventajas de no ser humano en África

Pero que culpan tendrán

las protegidas cigüeñas…

Este tejado

de la iglesia mudéjar de Igea

es el último que me queda

Y mira que me gusta

su pináculo

¿Y el campanario?

Si estuviera aquí  Andrea

se quedaría a oírlas

Son las de pueblo  

Las de siempre

Las que su larga voz

se ata a la alegría de los días azules…

Y ahora tiene gracia

que al estar embarazada

me llame cigüeño

Y eso que hace bien poco

 la hice llorar a mares

Le dije que no sabía si la quería

Y es que uno anda

todavía aferrado

a su entraña

a su tormenta interior

a esta incertidumbre

de vagar de trabajo en trabajo

precario…

Hasta que descubres

a una mujer que es un bálsamo

que cuando la veo venir

es como si se me acercara una

higuera de otoño

Y  abraza

como si se lo hubiera enseñado

el viento…

 

Andrea  Andrea  ¿Sabes dónde estoy?

Ya  Ya  En Igea

Pero ahora estoy en el campanario

Están tocando las campanas

¿Las oyes  Andrea?

¿Sí?  ¿Las oyes?

¿Sabes quién las toca?

Las toco yo  Andrea

¡Que las toco yo!

¿Las oyes? ¿Me oyes?

¿Sí?

Andrea   ¡Que las toco para ti!

Sólo para ti Andrea

¿Me oyes?

¡¡Sólo para  ti!!

                  ©Rubén Lapuente

 

Para Andrea que me lo contó emocionada

Y para Víctor su cigüeño campanero enamorado

Foto Iglesia de Igea. La Rioja

LA NIÑA DEL ASCENSOR

LA NIÑA DEL ASCENSOR

 

Desde ese

“¡Corre corre querubín

que te merienda!”

hasta este esquivo silencio

envuelto  en ese ruido

de violín con cuerdas de polea

de siempre

sólo hay tiempo rosa niña

trepadora rosa del  jardín           

del ascensor

sólo tiempo

tiempo

que ahora se vuelve

hacia mí

 

Citados en este andén

del tren de los cielos

El azar

(¿en cuántos años?)

nos ha regalado un puñado

de viajes  vecinita

rosa niña

Y cada vez eras una distinta

Conquistabas

una  veta roja nueva

más alta en la falsa madera

de la pared

Te veía crecer  en los espejos

rosa niña trepadora

y de esa manecita de pétalo

casi rozando

el botón de las alas del tercero

has pasado

a esta última ninfa

del ascensor  

de ahora

que sales al rellano

y el bocado de la puerta

(¡corre corre querubín

que te merienda!)

te parte en dos

la estela

ya de mariposa de amor

en la que te has convertido

que me deja dentro

el tiempo  

su crisálida

que se vuelve hacia mi

y que respiro

y mastico

             ©Rubén Lapuente

BELLA CIAO

BELLA CIAO

 

              del diario de un partisano

 

Te invadieron la sangre

Te encerraron la vida

dentro de la cruz

de una mirilla

Y huiste hacia

donde respirar

hacia bajo las estrellas

 

Hoy te ha venido ella

ladera arriba

con la faltriquera

llena de metralla

La miras

y sabes  que la vida

está dentro del pozo

de esos ojos

En el vaivén

de esa falda

colgada de la rama

Pero no has nacido para dormir

con bandos

del enemigo

para ver

cómo violan tu cuna

 

Adiós amor   ¡Adiós!

¿A qué más me sabrán

tus besos en la libertad?

 

Al mediodía

En una escaramuza

en el puente

el convoy saltó por los aires

Nunca la muerte

frente a tus ojos

tuvo en su regazo

tan bello ramillete

de gamadas  flores

 

Huías silbando el  “bella ciao”

subido en la bicicleta

Y te la vieron apoyada

contra una pared

de la casa de piedra rosa

Ella te cobijó

en un agujero del desván

Pero golpearon

a su puerta

La dijeron que mentía

Que apestaba a partisano

A sus besos

bajo las estrellas

 

En la oscuridad

oíste un sonido

como el de al caer

un fardo al suelo

Y te apretaste

con la mano

la boca

tan fuerte

que el aullido te salía

como el del corazón

de un violín

roto

como si parieras

un dolor

infinito

en silencio

en silencio

 

Adiós amor  adiós

¿A qué más me sabrán

tus besos en la libertad?

                     ©Rubén Lapuente

Bella Ciao

 

GEORGINA

GEORGINA

 

“Yo misma lo desconozco

No sabría decirte detrás

de que recoveco se agazapa

cuando se ausenta

Parece el perfume

de esa flor del interior

más hondo de una

Sólo necesita que mis diez  dedos

como  buzos

se sumerjan en el barro

para que se alborote

salga raudo de la nada

y doble la primera esquina

rumbo al alfar

derramando por mis dedos

su magín de fábulas

que le debe de contar

la fuente de su otro

sueño oculto

Es como un niño al encuentro

de sus juguetes

A veces creo que

sólo él es quien modela la arcilla

al pararme yo

un momento

a mirar en mis dedos

su soplo mágico

Me sorprende el ver

en los rasgos de las caras de barro

que me trae

como familiares

retazos de otras vidas

pero que nunca alcanzo

a recordarlas

Oh será simplemente el milagro de crear

Ahora que modulo

las llamas en el horno

sé que él se queda

en el candente corazón de la arcilla

porque me sale este niño

de tierra mirándome

y  me cuesta reconocerle del todo

como sólo mío”

                            ©Rubén Lapuente

              Foto escultura de Georgina Monné

EL ASTROLABIO

EL ASTROLABIO

 

Ahora era aquel muchacho

el del astrolabio tatuado en la muñeca

que espigaba estrellas de la mies

rubia del firmamento

Del ajimez partía su nave del sueño

a mil años luz de esa eterna  quijada

de achares siempre tundiendo cervices

Al amanecer se vestía con los arreos

traídos de su periplo armilar :                   

La nieve rosa de rubor

sobre los pómulos celestes

Un ramo puro de temblor de lucero

El secreto de la vida en un descuido

del olvido del sueño…

Iba como de puntillas por la vida

pero nadie notaba que no era de aquí

que venía de las afueras del tiempo

que daba siempre la hora equivocada

                          ©Rubén Lapuente