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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

LA FALLERA

LA FALLERA

Mira

Ya toda la ciudad

se ha ceñido a la cintura

su reguero de pólvora

Mira qué ríos de olor

de chocolate con buñuelos

como dorados peces alados

bajan por todas las calles

Oh  Mira  Ya empieza todo a arder

Y ahí  Ahí  ¿La ves ahí?  

Sí   Ésa  La fallera

¿La ves emocionarse?

Parece como si la hoguera fuera

en la plaza de su pecho

Como si se le quemara

el alma gemela de cartón

Y cómo sabe desaparecer

en la muchedumbre

Qué fácil para ella

Seguro que de niña

podía dormirse también

con el estruendo

de una traca del barrio

Plácidos sueños de triquitraque

entre llamas

la acariciarán siempre

¿Que si lo entiendo?

Esta madrugada de ceniza

le costará quitarse el espolín

de arco iris de oro y plata

Doblando muy despacio

el tisú del corazón desnudo  

con su luz de brocado apagándose

la veo…

Pero  mira

¿No son esas lágrimas

en llamas la mejor cremá?

Y uno que tiene que  esconderse

o mirar antes de reojo

o rememorar removiendo

en las frías cenizas…

¡Oh maldito pudor

que te corta las lágrimas!

Pero mira ¡Mira!

Oh qué belleza

¿Las ves?

¿Las ves rodar a mares?

       ©Rubén Lapuente

 

A VISTA DE PÁJARO

A VISTA DE PÁJARO

Arcas

De sangre caliente de corza en la nieve llena las arcas esta serranía.

 

Decibelios

Sería insoportable si nos oyéramos los corazones en el silencio.

 

 Golondrinas

¡Pero quién da cuerda a este vertiginoso carrusel de tijeras negras girando atadas a las campanas lentas de la torre!

 

Mortal

Si no existiera la muerte nadie escribiría.

 

Niebla

Tamos de plata de melancolía tengo entre los dedos de tirar hoy del jersey de la niebla.

 

Pájaro

Ese pájaro

vuelve y vuelve,

aunque ya nadie

le deje un puñito

de trigo

No sabe que

ahora

viven otros

bajo las tejas

Tampoco él

es el mismo

Pero la sangre

aún le recuerda

un viejo  brillo

de espigas

en mi mano…

 

Soledad

Hay lugares aquí en los que la soledad se perfila los labios.

 

Tejas

De subirme tanto al tejado a barrerlo de la tormenta de los pinos me voy aprendiendo las caras de la tejas.

 

Valiente

Ahora que sé que viviendo sólo arriesgo la vida, a nada temo.

 

Viento

Oh que acierto que aquí el viento sea invisible. 

 

Vocación 

Como un ave rapaz  

vuela bajando

su redonda carne

de luna llena

de agosto

Acecha

a unos muchachos

que nadan

en la noche

Que no saben

de conjunciones

de planetas

Que han de dejar

de esconderse

mañana

Sobre sus espaldas

deja caer

su cendal de rocío

de azares de plata

que lentamente

les entra en las venas

como un silbido

oscuro

de una boca

enterrada

En el embarcadero

del embalse

la luna llena de agosto

reverbera

sobre la piel mojada

de unos jóvenes

que han dejado

de ser

inmortales

                 ©Rubén Lapuente

              (El Rasillo de Cameros)

foto :El Rasillo

 

SOLAMENTE TU MANO

SOLAMENTE TU MANO

 

Solamente tu mano,

tenerla como un sapito que duerme así contento…

                                         J. Cortázar

 

Mira  

al tiempo que vuelan

sobre los párpados

esas chiribitas

que espolvorea

la luz de la mesilla

al apagarla …

ya me da la mano

Y no pierde ni un segundo

No creo que sea

para regalarme

el tesoro mejor de su sueño

que antes no me la daba

Se aprieta a algo

que ha perdido

Quizás sea porque

valiente

le ha dado la espalda

a esa gragea que subía

a su campanario

a descolgarle

el badajo de la noche…

Y  mira  

ahora tengo

algo sencillo

y cálido

y hermoso:

Un puente

como hecho

de latidos de mimbre

por donde pasa

en el silencio oscuro

su rumor

con su perfume granado

Y me sabe

como a savia tibia

como a fogata

en noche de luna ebria

de arena dorada

Ah  Y se está bien así

Yo dejo  arriba los ojos

para vernos

sobre la cama abierta

en una bella silueta

que me entretengo en recortarla

-Y  Oh  Sí  Lírico siempre-

con tiza de luz de noche blanca…

Y  yo  vernos así

sin moverme

ella dormida

como si de ello dependiera

la armonía de nuestro

pequeño mundo…

Pero antes no me la daba

Y no me regalará

el tesoro mejor de su sueño

pero mira lo que he ganado:

tenerla así

como si me cruzara un río en la noche

hacia el estuario de mi sueño

hacia verlo morir

                      ©Rubén Lapuente

 

PILI O LA LUZ DE TERCIOPELO

PILI O LA LUZ DE TERCIOPELO

 

Oh la alegría de unas

cajas  apiladas

en el arcén

de la carretera

Ya está la puerta

de hierro entreabierta

Ya está  Pili

Ya está en el zaguán

la sonrosada

reina de Lardero

sentada

en su trono

de butaca de plástico blanco

con su alfombra

de melocotones

a sus pies

y cada uno todavía

con la misma luz de terciopelo

que si colgaran

de la rama

 

Entramos

y una marea de carne

rosa granada

nos traspasa

Mientras se abraza con Carmen

yo recuerdo

cuando hace bien poco

venía solo

y la mentía:

No Pili hoy trabaja de tarde

No  hoy tiene un cursillo

No Pili  hoy…

Le enseño el libro

días de quimio y rosas

Y  oh hermoso trueque

me lo cambia

por dos cajas de melocotones

y un poema

 

Sobre el salpicadero

del coche

dejo  uno de esos planetas

de rojos rocíos

de cicatrices de ocasos

de tesoros de rubores perdidos

en mejillas de niña…

Camino Cameros Carmen

no aguanta más

la embriaguez

de su aroma de seda…

y  se lo devora

aún vivo

         ©Rubén Lapuente

          Lardero. La Rioja

 a Pili Vallejo

DÍAS DE QUIMIO Y ROSAS

DÍAS DE QUIMIO Y ROSAS

 

Es una casa de papel

en la que vive

una rosa enferma  

tirada en un diván

que de poco en poco

bebe en una copa

un licor de otoño

que la deshoja

Tiene

una ventana rota

por donde

si te asomas

le ves el corazón

Hay un centinela amante

tendido a su lado

que le escribe versos

pero que

no llega nunca

a leérselos

hasta el final

y que a la orilla

de su sueño inquieto

que el suyo roza

le ha dejado

las mismas manos

que la desnudan

en el amor

Hay un calendario

en la cocina

malherido de cruces

Y una peluca

sobre la cómoda

cómplice

de su silencioso naufragio

 

Y una trinchera con fango de rosas

 

Una casa de papel

con las paredes escritas

con una pluma mojada

en el río de mi corazón

del que nunca había bebido tanto

 

Una fogata

de cien gramos de papel

que ya arde fuera de mí

 

¡Y que ojalá no hubiera escrito!

                           ©Rubén Lapuente

A beneficio de la asociación contra el cáncer mi libro Días de quimio y rosas: el cáncer de mama visto por el que anda al otro lado de la cama, en este caso, yo, que te acerco a mi camino de espinas y esperanzas rosas de esta enfermedad que tan maleadas muchachas devuelve. Si lo quieres mándame un correo: rubenlapuente@gmail.com

TIRANOSAURIOS

TIRANOSAURIOS

Andaba siempre

por la casa

con sus bichos

Entrabas en su habitación

como a un parque

de atracciones

del jurásico

Una patrulla de reptiles  

velaba

su primera peonza

su bólido de cuerda

sus canicas

que ahora

reconvertidas

en huevos

incubaba una fiel maternal

tiranosauria

Hasta

en una cubitera

tenía a un triceratops  

haciéndole pasar

la edad del hielo

Y nada de saurios

con un hoyuelo en la barbilla

Los quería

bañados en azogue terrorífico

con  gordos golondrinos

de acné cavernario

Bien curtidos

en zurrar la badana

Ah  Y a punto

de descuajaringarse

las mandíbulas

 

Era su otra familia paralela

la de su planeta

bajito

al que llegaba

en un pestañeo

llevándose también

esa mueca de dolor

que yo veía que le

venía a veces

Esa espiga muerta

que brezaba

el viento de su sangre  

pero que nadie

por esos andurriales suyos

tan angostos

la alcanzaba

 

Y ahora que hago limpieza

de media vida

parecería que tanto bicharraco

fueran  sólo gramos

de escamas de goma

pero cruzando

esa batiente puerta

de claraboya

tendido sobre

una sonora camilla camino

del pavor

viéndole apretarse

a uno de estos tiranosaurios

que vuelan a la basura

sé  ahora  que hay cosas

que sólo pasan al principio de la vida

esas de un hilo de humo

de pureza sin memoria mañana

pero  que yo

ahí estaba  para atraparlas 

Que pueda verle ahora

que viene a nuestro estío

oh afortunado de mi

verlo también

también desde su olvido

                ©Rubén Lapuente

BARRIO SIN LUZ

BARRIO SIN LUZ

 

Paso por la acera

Y otra vez la verja bajada

La tienda de las lámparas en penumbra

El barrio como sin su lucero

Frente a la luna sucia

del escaparate

le llamo al móvil

Me dice que esa alimaña ciega

tiene memoria

que sabe el camino de regreso

que otra vez tiene

que fajarse con su sicario

que poner a lavar y planchar

cada semana

los mismos harapos

Mientras me habla

la mariposa de mi cabeza

vuela de un pupitre

a la flor de una estela de muchachas…

Le doy ánimos

y al colgar  de pronto

dentro de la tienda veo su sombra

subiendo al altillo

y como si me fuera a hacer daño el abrazo

como si  tuviera él ya demasiado

como si el dolor tuviera que verse

desde la barrera

o no sé yo por qué

retrocedo

y no le llamo en el cristal

             ©Rubén lapuente

APUNTES DE JUNIO

APUNTES DE JUNIO

 

Belleza

Si te acercas demasiado a la belleza te descubrirá su fino encaje respirando tiempo. Y ya nunca te será la misma. La belleza es sólo distancia.

 

Líricos bares

A veces creo que sólo vivo en los bares de los versos.

 

Lorca

Bajo un olivo hay un corazón lírico que aún hoy espera esa voz hueca  de una laya o de una pala al entrechocarse con unos huesos. Una esquirla de Federico para que no sea una leyenda que la tuerza el tiempo. Para que no sea una duda. Un desaparecido mañana. Un astrágalo dormido bajo su olivo. Para cerrar la herida. Para inclinar la frente hacia la tierra.

 

Melancolía

Si las hojas de los arboles no se cayeran en otoño, enfermaríamos de melancolía. Tendríamos que ir en esas noches doradas, a robarlas, como pájaros amarillos.

 

Nostalgia

No hay hospitales que curen la nostalgia del mar.

 

Rosa enferma

Impertérrito aguanté a esa abeja que se creía que mi oreja era una rosa enferma.

 

Señal

 ¿Sabes que hay pájaros que quieren que les sigas?

 

Tiempo

Soñé que la tierra se cansaba de dar vueltas. Y se paró, conmigo en la media mitad de luz. Y corrí a ese otro medio infinito de sombra de noche estrellada de la otra. Pero en ese medio miedo oscuro, angustiado,  busqué al otro medio infinito de añorada claridad… Y ya no supe cuándo fue ayer  cuándo será mañana. Iba y venía solo. ¡Yo que ahora era el tiempo en el siempre hoy!

               ©Rubén Lapuente