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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

EL CUBIL DEL SUEÑO

EL CUBIL DEL SUEÑO

En el cubil de mi sueño

pulsan una luz a medianoche

Despierto adentro

temeroso de la verdad

diurna mía

a esta claridad más auténtica

 

Tres horas más de vida

atado al lecho del desvelo

viendo la sombría

fragilidad de la vida

el poso tiznado

que me aflora ahora

de los hombres

esa postura

esa silueta al trasluz

de mi mujer

desconocida

que me engulle

en su remolino de vértigo

mi mañana desmañado

en mi peor desnudo :

el del deterioro:

el anticipo que le doy de algazara

a la muerte

 

Tres horas más de vida

esperando a que el ojillo

de la persiana se abra

con la algarabía del día

que todo lo posterga

                            ©Rubén Lapuente

FIDELIDAD

FIDELIDAD

Por la avenida me cruzo con ella

camino del  trabajo

Voy con el cuerpo

que finge despertarse cada mañana

Y no es la mejor manera

de atender la dulzura de unos ojos

 

Al principio sólo era un perfume intenso

Luego la brisa que movía

se me fue acercando

como la de aquel temblor

adolescente

Y caminábamos despacio

para que durara algo más

nuestra diaria coincidencia

 

Las miradas se hicieron cada vez

más cercanas   más cómplices

más sostenidas

Me ladeaba para no rozarla

para ser sutil y amable

 

Hasta luego -me dijo ayer

Adiós -a media voz y a destiempo le dije

Y nos volvimos a la vez

para darnos la mejor sonrisa

 

Hoy sabía que era la mañana

del encuentro   de las preguntas

de la cita en un bar

de las mentiras quizá

Ahora está ella bajando por el bulevar

Adelantándose al tiempo

Buscando mi silueta en la lejanía

Oyéndose el timbal enajenado del pecho

 

Pero hoy he cambiado de trayecto

He tomado una calle paralela a la avenida

Mientras la veo fugaz

rebasarme por una esquina

me imagino

camino del trabajo

que hay ahora alguien

que descorre unas cortinas

que abre un balcón de par en par

y que recogiendo mi ropa sobre la cama

tal vez   por un momento

aspire su olor

            ©Rubén Lapuente

LA VENDIMIA

LA VENDIMIA

¿De dónde mana esta dulzura?

Y esta acuarela

de otoño en las vides

que me arrodilla

cómo se apresa?       

¿De qué puerto zarpa

este galeón de mosto

varado bajo las cepas?

¿Qué artesano en sombra talla

estos racimos de uva?

      

Envidio a esta naturaleza

que se asoma tan bella

tan minuciosa

sin error

¿Por qué nadie de nosotros

es dueño de la suya?

Si tiro del hilo

de mis sentimientos

de mi belleza

¿Por qué se me revela distinta

cada día?

¿Por qué me enseña

inevitable

ese fondo de mi ser

que yo no quiero?

 

Hoy es la vendimia

Llevo el milagro de mi viñedo

al pequeño lagar

Piso la uva

Hundo mis pies en cada perla negra

que estalla

Y gasto toda su belleza

como la mía

que sube ahora a mis ojos

ebria de vino de vida

 

                   ©Rubén Lapuente

                   Alberite(La Rioja)

a Marian Olarte bella como un racimo de uva

LA SILLA

LA SILLA

Hay cosas que crecen

todos los días

que se hacen

de la medida de un gigante

que se apropiaron de alguien

que tomaron su forma

y que al quedar

huérfanas de su hueco

aciagas

se  desfiguran

como esta silla

sostén de cansancios

de vida anclada

en torno a un velador

Le veo ahora

ese alabeado

en la celosía de tallos

del asiento

que le da zozobra

y me rasguña el estómago

me desasosiega

La cambié de sitio

a una habitación vacía

pero su oscuro fardel

de inquieta ausencia

lo llenaba todo

 

Una noche en secreto

la bajé a la calle

la abandoné cubierta

junto al contenedor

de la basura

Creía irme ya libre

cuando tras mi espalda

un silencio a desamparo

clamando

me atravesó

                    ©Rubén Lapuente

UNA HISTORIA DE NUBES

UNA HISTORIA DE NUBES

Esta inquietud mía

Esta ráfaga de pureza

que me tiende sobre ella

desde la glorieta de su frente

a los ocho breves valles de sus pies

Debajo de mí

no sabe lo que busco

Somos sólo una historia de nubes

Sólo una memoria de sábanas

Con los brazos en cruz

le arrebato las manos

entrelazándolas con fuerza

a las mías

Y lentamente

ruedo mi rostro

de un lado al otro del suyo

La hablo  se azara:

Cuéntame tu vida como sé la mía

como si fuera la niebla

y yo la orilla del río

 

Se afloja el ramal que le puso el tiempo

Me abre la ventana

que da a la ensenada de su patio oscuro

y me lleva a las lágrimas tras la puerta

al jirón de aquella promesa

al orgullo que le agranda el olvido

al camino en zigzag que era el bueno

Luego bajamos al barranco

donde guarda su tesoro

y me lo señala

Y escarbo allí hasta dónde

no hay nada ni nadie detrás:

su piedra desnuda intacta

de dónde nace la mirada

el deseo   lo insondable

el milagro en flor

la inocencia tierna

 

Y al salir de su cuerpo

colmado

la veo distinta  transparente

desarmada  más dulce

inacabable

 

Ahora somos una historia de nubes

que se reflejan

Una memoria de sábanas eternas

      

       ©Rubén Lapuente

LA BATIDA

LA BATIDA

Soy el ciervo

Errante

Orgulloso

Oigo la corneta

que espolea la rabia

Que me trae el fulgor

de sus dentelladas

Me rezago

Con ceño de soldado

soy mi propia carnada

 

La turba de canes

hambrienta

me acorrala

Con mis astas

volteo ladridos

horado hocicos

Mis pezuñas

cocean tarascadas

En un descuido

me desgarran la piel:

Jarcias de mi carne oscura

se retuercen

en la tierra

vivas

Desde el risco

me lanzo

como un suicida

al  agua

Velero del río

tras mi traza de sangre

saltan peces

que me sueñan

 

Soy el ciervo

desmogado

descarnado

sin belleza ya

Digno

de no ser laurel

de venablo

Esperando en mi yacija

agonizante…

 

¡Que sea sólo el bosque

quien devore mi muerte!

 

                               ©Rubén Lapuente

LA FLOR DE LA HIGUERA

LA FLOR DE LA HIGUERA

Lo que me duele lo hago rápido

Lo miro todo de soslayo

Y doy la temida última vuelta

de cerradura a la casa de mis padres

Yo quería salir de prisa

de ese silencio insoportable

pero sobre la tapia del patio

al volverme

se asomaba la dulzura de mi infancia

     ¡Ay!  ¡Mi higuera!

Aquella noche de San Juan

subida yo a sus ramas

Quien arrancara su flor

que nacía y moría

eterna en un instante

sería por siempre feliz

Leyenda que me creía

a pies juntillas

¡Ay!  Esa noche

en la espesura

bajo ese olor grave

asfixiante

me moría de inquietud

Y al encenderse las hogueras

se prendió la higuera

de fugaces luciérnagas

Aparecía y desaparecía

en cada brote

la oculta flor efímera

Pero no me dio tiempo

a atraparla en mi puñito de luz

¡Ay!  ¡Mi higuera!

 

Entré otra vez en la casa

Ahora si oía respirar a alguien

Y como aquella noche de San Juan

me subí a su enramada

a su profunda dulzura

Le arranqué una rama

joven y luminosa

de la copa

La vida es un simple esqueje- pensé-

como yo soy el trozo

que tanto buscaba de mis padres

      

Y me fui alejando

empuñando otra vez

los sueños.

                ©Rubén Lapuente

 

a mi mujer y a su dulce higuera centinela de su casa cerrada

en comentarios hay otro final del poema

EL HUÉSPED

EL HUÉSPED

No me preguntéis

quién es

ni de dónde viene

Algunas veces coincide conmigo

Me aborda

como un corsario

en alta mar

Y me pinta una sonrisa

de rueda de luna

Y me hace tararear

baladas no escritas

 

Si me viene

su ráfaga de la calle

la aguja del reloj

apresura la sirena

Y con un brazo en mi hombro

se toma conmigo

un par de cervezas

 

 cuándo me habita

por la manera

de cómo me mira ella

de insinuárseme en una rendija

flechada

sabiendo que se le cumple

aquel sueño de niña

 

Algunas veces coincide conmigo

en la tristeza

Y me lleva hasta el balcón

que abre la vida

Y me enseña a vivir

allí con la muerte

asomada a los cristales

perezosa

 

Me gustaría

que se quedara

siempre conmigo

pero hay muchos días que no le agrado

Y recela

Y espera a que haga

una seña

cuando esté

de buenas

                  ©Rubén Lapuente