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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

SÍNDROME DEL TÚNEL CARPIANO

SÍNDROME DEL TÚNEL CARPIANO

De los malabares

con una tijera

y un peine

en el espejo

vive

Yo me recreo viéndola:

Me levanta olas de cada greña

Les corta su pizca rebelde

Sabe por dónde se traza mi crencha

A qué altura se suicida el flequillo

Cuándo mi melena ya vagabundea

 

Y todo mientras

a mi espalda

una cálida brisa femenina  

del fondo de su ser

no sé cómo

me envuelve

no sé cómo se me clava

tan hondo

 

Luego  busca

en los ojos míos del espejo

su oficio

mi asenso fiel

y furtiva

oh

deja caer

como muerta

la mano de la tijera

agitándola

como si viviera

otra vida

 

“Me cruje como hojarasca”

me dice en voz baja

 

Ahora está herida

Tiene la muñeca abierta

La dueña me dice

que “padece

síndrome del túnel carpiano

una secuela natural

de los gajes de este oficio”

¡Qué farisea!

Si sabrá

que todo viene

de horas de más sin trueque

sin tregua

De la ansiedad

de que

tras la puerta

se le oyera

el quebrar de sus ramas

 

Ahora al pasar

miro por la luna del escaparate

si ha vuelto

Y si la busco

no es como mujer

como deseo

sino sólo

por esa única cálida brisa

femenina

de oro

una vez al mes

                             ©Rubén Lapuente

Foto : La mujer que me corta el pelo

IN CRESCENDO

IN CRESCENDO

Arrastrabas

un cilindro de madera

engastado con cegadoras

llaves de plata.

Y parecía sostenerte

abrazado a tu niñez.

 

Con su tímido sonido

huías al fondo de la casa

y atrancabas la puerta

como la de una ciudadela

para que no nos llegara

el estridente arpegio

de un aprendiz sonrojado.

 

Pero, poco a poco,

fuiste quitando cerrojos,

dilatando el largo listón de luz,

acercándonos lentamente

los colores del sonido.

Y el ámbito de la casa

se fue poblando de escalas,

adagios, sonatas, fantasías…

El aire espeso de olas de notas,

vivía, vive con nosotros.

         

Y ya, qué importa

que el haz del tiempo

te mire y lo sigas,

que nos dejes con su lejana

espalda dibujada.        

Si rezuman las cosas melodías.

Si tenemos grabado en el tuétano

la partitura de tu vida.

                     Si ya somos

náufragos felices en el aire

eterno de tu música.

                               ©Rubén Lapuente

     Foto:  mi hijo Abel

ARRUGAS

ARRUGAS

Voy a romper los espejos

Los que te enmiendan

Los que perturban esa piel

que se cansa de tanta tersura

de ser de luz

 

No me digas que quieres

limpiarte de penumbras

¿Cómo vas a deshebrar

lo que ha tejido la entraña?

Si son sus banderas

¿Y si te cambia ese gesto

ese esplendor único

que permanece en uno

que se nos adelanta siempre

como un perfume?

¿A quién mirarían?

Si al final sólo te amarán

por una manera de ser

 ¡Oh!

¿Quieres amargo consuelo?

¡Si esa piel de naranja

se me hace tan tersa

como la de una dulce manzana!

¡Si a ese leve velamen del cuello

le basta con un pañuelo

de seda encendido!

¿Que ahora se desmaya  tu pecho?

¿No lo toman mis manos

orgulloso?

¿Cuántas arrugas tuyas

las he labrado yo?

 

Voy a romper los espejos

Los que te enmiendan

Los que te perturban

Los que te hacen soñar

con turgencias de oropel

con frías lancetas sin memoria

 

Ven asómate

Mira el sol en su declive

En su viejo ocaso tan limpio

¿Por qué no puede ser el nuestro

igual de bello?

                       ©Rubén Lapuente

CLARO DEL BOSQUE

CLARO DEL BOSQUE

Dime que te gusta

que me levante

temprano

con el primer rayar

de los versos

florecidos en el sueño

 

No me digas

que te despiertas

sola y helada

si de un sólo soplo

bajo las sábanas

prenderías 

el ascua

de mi carne viva

 

Dime que te gusta

que te traiga

el pan heñido

El que nace a la vez

que la luz

Y magullado

por mi boca

 

Dime que te gusta

verme con el torso

desnudo

a mediodía

sudado

de broza  de azada  de jardín

de sal de la tierra

en los labios

que me restallan

ante tu piel

de hembra

 

Dime que te gusta

ir conmigo

al atardecer

a ese claro del bosque

donde ante tu cuerpo

casi desnudo

se arrodilla

soberbia

la naturaleza

                    ©Rubén Lapuente

                   (El Rasillo de Cameros)

LA RUTA DE LA SONRISA

LA RUTA DE LA SONRISA

Hacia el sur de Marruecos

viaja en un convoy

la sonrisa

Donde se detiene

una hilera de chiquillos

espera y avanza

con la boca abierta

 

Se dejan hurgar:

Que entren las tenazas

el espejo

la turbina

la amalgama de plata

 

Que la mano sea ya

visera de los ojos

nunca más

tejado de la boca

 

Y estrenan cepillos

 

Y sonrisas

 

Y en la noche

ensueños

de una ruta inversa

amarga

                ©Rubén Lapuente

 La ruta de la sonrisa

PARRA VIRGEN

PARRA VIRGEN

Con las hojas ardiendo

virgen ebria de vino

sube mi enredadera

 

Por el muro de piedra

teje

una colcha

de soles

cansados

de su melancolía

 

Y ni se detiene

ni tiembla

en noches

de siluetas de lobos

que atraviesan la luna

 

Mientras aguardo

que tome mi ventana

sueño

que se me arrolla

que se me planta

en la boca

con el primer mosto

de su racimo de carne

de hembra

Ya lejos del vértigo

De lo eterno que la empuja

¡Ay si me bastaran

las sobras

de tanto abrazo

para quererla!

 

¡Corre granada colcha de guedejas!

Aunque no tengas más  fuego

en las mejillas

¡Corre!

¡Trenza brandales de viento

hasta mi alfeizar!

Antes que el acero del otoño

te enfríe los muslos

Antes que haces de rocío

te rompan las manos

¡Corre!

¡Yo sé cómo desnudarte la belleza!

Aquí entre las sábanas

te espero

Virgen parra

¡Mi amante enredadera!

                             ©Rubén Lapuente

        Foto :Parra Virgen

       ¿Alguien sabe de hechizos para volverla mujer?

ROPA TENDIDA

ROPA TENDIDA

Mira que tarda uno en encontrarse

en las pequeñas cosas

(¿sin importancia?)

Veces y veces

tendida mi ropa al poquito de sol

que cruza el patio

¡Y cómo no verme nunca

partido en los alambres!

¡Si parecen banderas de mi cuerpo!

 

Zarandeada

Despojada ropa de lo que rezuma mío

¡Y cómo no pararse a mirarla

en su recreo sin mí!:

En esa silueta fugaz…

¿No he sido yo?

En ese jirón del viento…

¿Así caería herido?

¡Qué señorial en la quietud de ese perfil!

 

Cómo apura en secreto

la última gota

de lo que dulcemente

me ha robado sin querer

(¿Se puede hacer belleza

de lo cotidiano?)

 

Y abro la ventana

y tiendo mis brazos

hacía lo más corriente

a lo inagotable

de la eterna pequeña

rueda de la vida

junto a otros brazos del piso de abajo

junto a otra cabeza

en el chirrido del tendedero

que nos descubre…

 

Y tiento

y recojo la ropa

como si de una sola pinza

pendiera el azar de mi vida

(¿Se puede sentir placer

de lo cotidiano?)

 

Y me visto

con la renacida pureza

de la ropa

con ese poco mágico

que también le lleva al corazón

una camisa limpia

                         ©Rubén Lapuente

MIS MANOS

MIS MANOS

Sólo son mis manos

Ésa que tomas curtida

no sabe de treguas

Aún débil ala niña la otra

Fíjate en los pliegues de los dedos

por el dorso

parecen nudos de árboles

viejas rodillas

Mira ahora que la extiendo

qué ramajes a punto de estallar

En pocos lugares

nos presentimos tanto

como en esa travesía angosta

en la que duele posar los ojos

¿Y mis uñas?

Sólo mi madre

me las ha recortado

desde el fondo de la ternura

De negras de tierra y rotas en pico

a la breve media luna limpia y besada

en cada una

¿Y las palmas?

Fíjate

en todo ese revoltijo de rayas

Allí se escriben los avatares

Los altibajos míos

Y si crees en los presagios

elige una línea o una cruz  o una cadena

y busca la misma en tu palma

 

Sólo son unas manos mujer

las que tomas por un tesoro

Las que después de amarte

gastadas

recuerdan

          ©Rubén Lapuente