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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

LA HABITACIÓN DEL HIJO

LA HABITACIÓN DEL HIJO

Son miradas

que nos hacen callar

Que lo dicen todo

Un día tenía que ser:

Las alas del hijo

Su vuelo alto y lejano

 

Por la puerta entreabierta

de su habitación

qué zarpazo

del silencio profundo

Cómo rasguña por dentro

esa franja de luz

Cuánta vida parada

en esa vislumbre fugaz

 

Se nos olvidaba

que ese trozo tuyo y mío

era nuestro dulce huésped:

vagabundo de su porvenir

 

Y ahora

nos acostumbraremos

a no oler su perfume 

de muchacho bueno

A no oír su voz templada

nunca por encima de un grito

¿Echaremos de menos

la sabiduría de su sencillez?

¿Y mis torpes manos

se apañaran sin las suyas?

 

He llenado dos copas

de ese dulce vino de orgullo

que achica además

la ausencia

Y contigo mujer

que te veo ahora

ordenando 

en su armario

la ropa que no se ha llevado

brindamos con miradas

que nos hacen

callar

                           ©Rubén Lapuente

 a mi hijo Rubén

LA ESPALDA DE CINTIA

LA ESPALDA DE CINTIA

Me llama chalado

plúmbeo

Y es porque le pido

que me deje un rato

presagiando

leyendo

su  espalda

preñadita de lunares

 

¡Acaba pronto zíngaro!

 

Es el atlas de su dorso

¡Qué enjambre de ocelos!

¡Qué baldío esfuerzo parece

por llegar a ser ala!

¡Qué igual reflejo

que el de esas noches

de tizones

encendidos!

 

Si tuviera memoria

de su rastro

le borraría

toda su pizarra rosa

y desde su yerma piel

comenzaría dibujando

su primera sombra

e iría uniéndolas

una tras otra

hasta la última

casi nacida

¿de ayer?

 

¡Y qué jeroglíficos para hacer cábalas!

¡Qué maraña para solazarse!

¡Qué maleza para sentirse tibio!

¡Qué codicioso mapa con mil cruces!

¡Qué sencillo tropezarse con un tesoro!

 

¿Acabas ya zíngaro?

 

Sólo le he pedido la espalda un rato

para hacerle un poema

Cintia amor de otro

que no sé si le pedirá

ver las madrugadas

en su espalda desnuda

                            ©Rubén Lapuente

Foto: la espalda de Cintia

CENTRO DE DÍA

CENTRO DE DÍA

Creías que tu vida ya sólo sería

una cabeza somnolienta

sujeta a una butaca

a su trocito de cielo

al ruido de fondo de un televisor

 

No notabas que la soledad

iba haciendo bien su trabajo

desordenando los recuerdos

criando sombras

replegándote

 

Ya son muchos años -dices-

para encararte con los tuyos

con lo nuevo desconocido

Y mañana ya viene el autobús

“Al otro rincón del olvido”

dices que te lleva

 

Y entras medrosa

Aturdida

Con ganas de desaparecer

Pero poco a poco

comienzas a revivir

miradas

de tu mismo tiempo

Palabras que te suenan

como si te las dijeras tu

“¿Cuál es tu nombre?

Mira  ven

Tenemos un patio con sol

del recreo de la escuela

Una fuente como la de los leones de la Alhambra 

Un huerto en altares de madera

para que no se venza tu espalda

Un campanario con badajo

de jilgueros que no calla

Y mecedoras con fieles pulgares

que no se cansan nunca de acariciarte

¿Sabes jugar a los naipes?

¿Y a la petanca?

¿Has jugado al bingo?

Sólo dan caramelos si ganas

pero de los buenos

de licores

¿Sabes que hay baile?

Y siempre están ellas

las de uniforme

que no te dejan

dormir en los recuerdos

Que como vengas  malherido

te alientan

hasta que alcances

con la punta de los dedos

el abismo de un tenedor

o hasta que cruces el desierto de una baldosa

Ven mira…”

 

Y al caer la tarde

el autobús

te devuelve a la puerta de tu casa

Y sobre la cama dejas caer tu ancianidad

con su nuevo sueño viajando solo

hacia mañana :

El empeño por destacar

La revancha de la derrota en el juego

La dulce mirada mate que has de devolver…

 

Y a primera hora

esperas con alegría al pequeño autobús

Y al verlo llegar por la calle

disimuladamente

(¿Verdad Manoli?)

te perfilas los labios

como si la vida empezara otra vez

                                                 ©Rubén Lapuente

Foto Viviana y Manoli

en el Centro de día Gonzalo de Berceo en Logroño

EL IMÁN

EL IMÁN

Las cosas no son lo que parecen

Mira este imán

Sus días

de cuando yo sólo era un bicho

entre las piedras

El pequeño mágico planeta

de silenciosos hilos invisibles

 que por debajo de la mesa

mudaba  las tachuelas

en eléctricos  peces

Surcaba entre los pliegues del mantel

barcazas de latas de la cena

 Y de limaduras

como soldados traidores

formaba

en un tris

un ejército fiel

    

Las cosas no son lo que parecen

Mira este imán

Su entraña

¡Cómo me lleva al gesto de mi madre

de acomodarse la falda!

¡Al valle donde se perdía el miedo!

 

 Y si lo sigo mirando

Me aúpa

hasta la triste orilla de mimbre

¡Ay de mi niña hermana ya olvidada!

¡Ay de la que nació

del azul del zafiro enfermo!

 

 Las cosas no son lo que parecen

 Mira este imán

 Ahí dentro están

 los días

 en los que

 alargaba el brazo

 y sobre la palma de la mano

 me abría su enigma

       ©Rubén Lapuente

FÓSILES

FÓSILES

Estas lajas de piedra

con toda su muerte encima

¡Qué pura escritura de un cuerpo!

¡Qué remotos instantes detenidos!

¡Qué seres sin tiempo para aderezar

su final!

 

Y qué esfuerzo luego

del silencio y el tiempo

por dejar en la piedra

ese leve viso rosa

Ese fino trazo

como salido del dulce lápiz

de una niña

o ese caparazón que asoma ahora

como la rabia de un puñetazo

atravesando la pared

 

¿Y  de nosotros?

Yacimiento de fósiles de olvido

de sueños muertos

¿Qué dirán

al cabo de otro enorme trecho

del cuchillo del tiempo?

 

¿Cómo nos encontrarán

si no hacemos ni el esfuerzo

por colmar un guijarro?

              ©Rubén Lapuente

 

Foto : algunos fósiles que me traje de las montañas del Atlas

            Instantes detenidos de hace 300 millones de años

PIRÓMANO

PIRÓMANO

¿Qué alienta en el pecho de una hoguera

que fascina y a veces enloquece?

¿Todo surge del fósforo que avienta un niño?

¿De la mágica llama que no se deshoja?

¿O ya viene en el maldito azar

del abrasado ramaje de la sangre?

 

Aquí no hablo de un incendiario

de ese asesino de la tea

que compra y vende fuego

que sale canalla al monte

cuando el viento cálido arrecia

cuando amarillea el estío

y bajo los pies  

le restalla la rama

Esa rapiña que vuelve

ya a un paisaje de pavesas

y miserable orina

 

Aquí hablo de un magnetismo

de una cabeza en llamas

de un ludópata del fuego

de un canalla enfermo

que ha mirado siempre

con luz de barrena la lumbre

que no conjura

que sale al monte

iluminado por una voz de fuego

que se sube al mirador del alto cerro

a contemplar

cómo salta su fogata

de copa en copa

Y espera allí

el ulular de las sirenas

las espadas de agua

los calderos alados:

Su velada con música

del crepitar de las llamas!

                             ©Rubén Lapuente

          Piromanía

 

LUCIÉRNAGA DE CARRETERA

LUCIÉRNAGA DE CARRETERA

Yo la llamo luciérnaga

de carretera

Es esa muchacha

con luz de lencería

rozando cristales

La loba

de su trocito de acera

de polígono

La que lleva una estera bajo el brazo

Y todo su decoro en una alforja

La que asoma

por las ventanillas

 su zoco de carne

regateada

 

Alquila el cuerpo

como tú la cabeza

o las manos

¡Y déjate aquí

 de meter moral

en la pobreza!:

suena a carcajada

 

La veo cruzar el descampado

hacia el bosquecillo

Y allí

dará cuerda

a su silla de jineta

o se volverá

como una dócil

boya en el agua

 

Su leyenda no me interesa

Me gustaría cruzar

alguna mirada con ella

Que pudiera ver

reflejada

en mis ojos

su dignidad

                ©Rubén Lapuente

Hetaira

NIÑO RAPAZ

NIÑO RAPAZ

En la trastienda

hay una ventana ciega

que te ve

niño rapaz.

Con la mano pura

enseñas

el regaliz de oro de Haribo

o la maroma de Fiesta

Con la sucia

llenas todos

tus recovecos

de golosinas

 

Y te vas con tu botín

por toda la avenida

con el palote

de pirata en la boca

niño rapaz

 

Y de zapateta en zapateta

 

A la platea

de la trastienda

han venido quienes

te dieron los genes

azucarados

Quienes te visten

te cobijan

te miman

para conocerte

en tus artes flamencas

del abanico

sobre las gominolas

Para asomarse

al túnel del granero

de la bocamanga

de tu camiseta

A la red mafiosa

de tus clandestinos

bolsillos de pega

Y para que al salir

a la avenida

con el palote

de pirata en la boca

niño rapaz

te lleven

de las orejas

en volandas

 

Y de pataleta en pataleta

                                    ©Rubén Lapuente

A los ojos guardianes de las dependientas de El Ángel de Logroño