LA HABITACIÓN DEL HIJO
Son miradas
que nos hacen callar
Que lo dicen todo
Un día tenía que ser:
Las alas del hijo
Su vuelo alto y lejano
Por la puerta entreabierta
de su habitación
qué zarpazo
del silencio profundo
Cómo rasguña por dentro
esa franja de luz
Cuánta vida parada
en esa vislumbre fugaz
Se nos olvidaba
que ese trozo tuyo y mío
era nuestro dulce huésped:
vagabundo de su porvenir
Y ahora
nos acostumbraremos
a no oler su perfume
de muchacho bueno
A no oír su voz templada
nunca por encima de un grito
¿Echaremos de menos
la sabiduría de su sencillez?
¿Y mis torpes manos
se apañaran sin las suyas?
He llenado dos copas
de ese dulce vino de orgullo
que achica además
la ausencia
Y contigo mujer
que te veo ahora
ordenando
en su armario
la ropa que no se ha llevado
brindamos con miradas
que nos hacen
callar
©Rubén Lapuente
a mi hijo Rubén