Facebook Twitter Google +1     Admin

BUITRES

20220806170008-buitres-muerte-de-un-ternero-ruben-lapuente.jpg

Los buitres, Rubén, son carroñeros, no comen animales vivos. Pero ahora escasean las reses muertas que era su manduca. Dejábamos los cadáveres en el campo para su alimento, pero, ya sabes, está sanidad, y es ahora un camión quien los recoge, y, o son incinerados, o van a los escasos muladares dispuestos. Pero a esos cenadores no llega la suficiente carne como para alimentar a tanto buitre pandillero. Y ahí están, sobrevolando el monte, que todos los días la gazuza les aprieta. Ayer, Rubén, aquí en Salamanca, se comieron vivos a una débil vaca y a su ternero prematuramente nacido, como en Lérida, como en Castellón, como en Zamora… Veía las cuencas vacías del becerro y se me caía el alma. Como esto siga así, tendremos una desgracia humana. Que estos carroñeros, en proceso de reconvertirse en alados homicidas, ataquen a personas indefensas como ancianos y niños en el campo, no creo que tarde mucho en llegar, tiempo al tiempo…

Y mientras me iban picoteando sus palabras, en el teatro de mi cabeza levantaban el sangriento telón, salía el espanto a escena…

 (Se rezagaba monte arriba el animal. Buscaba un aparte, un recodo, un remanso a su pudor de hembra preñada. Y muy débil se tendió en el pasto.

Una bandada de buitres lo adivinó enseguida, y sobre su grávido vientre, empezaron a tejer, en su lenta y fingida danza, un rosario de sangrienta corona.

El ternero salió prematuro, como un niño por la gatera, culebreando, con la cabeza entre los patas, y tan mojado de cálida oscuridad que, así, echado sobre el pasto, parecía el papel de celofán, no sé si de envolver al bebé de una estrella…

Pero la vaca, acostada, no podía lamerlo. Tan débil, no lo alcanzaba. Erguía la cabeza. La volvía. Empujaba con el cuello. Tiraba de sí…

Y de ver cómo su morral de calostros se quedaba tan sólo a un palmo infinito del hocico de su cría, todo el corazón como un papel entre las manos se le arrugaba,  y su mugido tan roto de angustia, sólo daba un aliento a presa fácil, a rapiña, a despojo…

 Alrededor. Ya en tierra. Apiñados. En comuna. El corro de buitres enfatizaba con las alas:

Si ya nos cierran los muladares, neguémonos camaradas a pasar tanta hambre, deberíamos acortar los tiempos, dejar de ser carroñeros. Hacernos antes verdugos, como esos matarifes que desde las claraboyas de los mataderos (oh, qué bien huele la muerte), les vemos, sin piedad, colgarles boca abajo de un garfio, buscándoles la yugular con un cuchillo, que así, qué listos, recogen en un caldero hasta la última golosa gota de su sangre…”

Y cobardes se lanzaron primero a por lo más indefenso, a por lo más tierno, a por las mullidas cuencas de los ojos del inocente ternero,  como si, así, al cegarlo antes, les hiciera más impunes, más sanguinarios, más sádicos…

Y mientras el mugido de violín roto de la madre, era más enorme que el dolor, hería hasta la muerte, el pobre becerro miraba desde las tinieblas, el infinito horror de haber nacido...)

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado el 30/07/2022 en el diario La Rioja

06/08/2022 17:00 rubenlapuente #. POEMAS ESCÉNICOS( 20 ) No hay comentarios. Comentar.

LA SAL DE LA VIDA

20220710165751-la-sal-de-la-vida.jpg

Lo descubrí de casualidad, que uno ya no gasta vista de lince. La fachada de mi casa es de cuarcita, ruda piedra, como todas, pero que al cortarla el disco del cantero o del albañil destapa unos paisajes de cielos íntimos bellísimos: como si la novia del tiempo pintara en la piedra con besos de carmín de ocres de desiertos, o de oscura sangre de hierro…

A veces pienso, que después de contemplar los tatuajes de la Naturaleza, cualquier parecido lienzo humano posterior, es redundancia, copia mala.

 Yo estaba a un palmo de esa sajada piedra, colocando unos amarres de alambre para guiar a mi enredadera, cuando vi pequeñas concavidades en el cemento que une las piedras, como si algo o alguien lo hubiera agujereado, pequeños cubiles por doquier (la belleza es distancia, costura si te das de bruces con ella).

Estuve algunos días atento, echando un ojo a la fachada, y nada ocurría. Pensé que sería porque estaba yo ahí de pasmarote, visible centinela espanta misterios, y que debería mejor esconderme para descubrirlo, o, a lo mejor, el hecho ocurría de noche, o a primera hora de la mañana…

Así que empecé primero bajando al jardín, a esa hora en la que el madrugador sol comienza a hacerse las uñas en la coqueta de la pared. Y de pronto, ¡voilá!, ahí los tenía, verticales, con su piqueta lamiendo el muro. Eran alados alpinistas con piolets en sus patitas de alambre. Puros pájaros, casi picapedreros, lugareños de esta hoguera verde de la sierra riojana.

¡Claro! ¡Acabáramos!  Vienen a desayunar el rocío salado que rezuma la pared. Untan su rebanada de pan de esa oculta mermelada en salmuera…

Claro. Es la sal. Todos los animales la buscan donde sea: la lamen en las piedras, se lengüetean unos a otros la piel, hasta salen a la carretera en invierno a bebérsela: la que sembramos a voleo en el blanco trigal de la nieve, o la que suben en bloques los ganaderos al monte…

Sí, la sal, y también en nosotros, que venimos del mar, que encalló nuestro moisés y dimos un valiente salto de esbozo de anfibio al embeleso en tierra del primer amanecer, el que todavía hoy nos hace hincar las rodillas de tanta belleza y misterio, y tan sólo nos llevamos un estanque de lágrimas de nuestro océano, para sentarnos a llorar eternamente la pena de ver morir, o la alegría de ver nacer…

Sí, y una pizca de sal en cualquier cháchara, entre las sílabas de las palabras, y otra diaria en la cocina, con ojillos abiertos de salero en el salobreño mantel de la mesa…

Me acerqué a hurtadillas para verlos mejor, y siempre el miedo, la desconfianza: quizá nuestra torpe inteligencia con la Naturaleza no les ha debido dar nunca mucho sosiego…

Y antes de que apuren su tazón de salitre en la pared, cruzo, con una palmada, con mi regañina, esa linde roja que nos trazan siempre…

¡Y a volar!

Que por su salud y la de mi pellizcada casa, ahora seré la diaria sirena de su jornada glotona, y su médico de cabecera, que tanta gollería salada no debe ser muy recomendable ni para su tensión ni su colesterol, que nadie me negará que sus niveles son demasiado altos,  como que andan siempre por las nubes.

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado hoy 10/07/22 en el diarío La Rioja

10/07/2022 16:57 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

SIN PÁRPADOS

20220609154848-piromano-incendio-ruben-lapuente.jpg

El vivir dentro de esta hoguera verde que es la sierra de Cameros, y más después de ver quemarse el año pasado el monte Yerga, me hace pensar (temblar si me lo imagino cerrando los ojos), que, un día, por un descuido, o por una vileza, o provocado por la mente enferma de un pirómano, puede llegar a ser esto un verdadero infierno.

Echo un leño al hogar de mi casa, y mi mirada busca algo escondido que anide en el pecho de estas llamas, que, así, descabelladas en su cárcel de ladrillo y piedra, claro que fascinan, pero por desgracia, hay  a alguien, que ese bello fulgor se le vuelve vidrioso en los ojos: se le mal atraviesa en el corazón.

Quizá todo surja de la llama de un fósforo que un día prende la manecita inocente de un niño, y al aventarla, mágicamente, le hace clavar sus ojos en ese baile púrpura, o quizá ya venga todo empaquetado en el maldito azar del abrasado ramaje de la sangre, en su ADN, no lo sé. 

Hablo primero de un pirómano, de un magnetismo, de una cabeza en llamas, de un ludópata del fuego, de un enfermo que ha mirado siempre con luz de barrena la lumbre, que no conjura, que no negocia con las brasas, que sale al monte iluminado por la voz de un dios de centella, prendiendo, bajo unas ramas sedientas, un rebujo de periódicos. Y que no huye del lugar del crimen, sino que se sube a la platea del más alto cerro a contemplar la hazaña de ver cómo salta su fogata de rama en rama, de copa en copa... Y espera allí, el ulular de las sirenas, las espadas de agua, los calderos alados… ¡Su velada con música del crepitar de las llamas!

 Hay otro que no está enfermo, es un incendiario, es ese asesino de la tea que compra y vende fuego, que cuando el viento cálido arrecia y amarillea el estío, cuando bajo los pies le restalla la rama, sale tranquilo y canalla al monte como si fuese a la rutina del trabajo. Ese sicario que vuelve luego a un paisaje de pavesas y, sobre su execrable hazaña, sobre el verde dolor de los demás, miserable, orina.

 Pero antes de que el descuido de un fuego mal apagado, o el de una colilla volando desde un coche, antes de que la ruindad del traficante de fuego o del pirómano, tan difícil de prevenir, se vuelvan alas de muerte, me quedo, me agarro siempre a esa primera voz de alarma de unos verdes ojos. Altos ojos que velan. Ojos que no pueden dormirse. Que no pueden dejar de mirar. Oh, qué difícil estar alerta en la soledad de una torre bajo el sol y las estrellas (en Mojón Alto de Villoslada, ve y sube a ese faro de nuestro mar verde y comprendas).

Tener que llegar a ser el primero en ver una llama, su color, el primero en avisar, raudo, nervioso...

Cuando miro la belleza de este bosque nuestro, veo también a esos forestales, impagables, colgados de las altas torres como peces navegando los cielos, y como ellos, sin párpados, que tienen que mantener siempre los ojos abiertos.

Son una mirada verde en el tiempo. Una mirada que acompañamos cada vez que entornan los ojos, como para que vean, más claro en la lejanía, esa temblorosa y asesina primera trenza de humo y oro y miedo.

 ©Rubén Lapuente Berriatúa

Publicado en el diario La Rioja el 4/6/2022

    El futbolín o el hijo de la guerra en https://rubenlapuente.blogspot.com/

09/06/2022 15:48 rubenlapuente #. ALGO MÁS QUE NATURALEZA ( 22 ) No hay comentarios. Comentar.

DESAHUCIO

20220502154747-deshaucio.jpg

Hoy, después de unos años, me ha visto por la calle. Iba sola. Me ha reconocido con mascarilla y todo. He dudado hasta que se ha bajado la suya hasta la barbilla “¿No sabes quién soy?”

En esta historia ella me parecía la más débil, pero ahí está, aguantó la embestida, la peor, cuando el puñetazo de la vida creía yo que no la dejaría nunca más levantarse.

Recuerdo las últimas madrugadas con el ascensor para arriba, para abajo. Las ventanas abiertas sólo para poder respirar dentro. El eco del último portazo. Los alambres del patio sin sus pinzas de colores. Y la indiferencia mía (maldito trajín de la vida) cuando la crisis financiera dejaba tantas paredes sin memoria. Recuerdo que sólo fui una cobarde mirada entre visillos a una furgoneta de mudanzas en la calle.

Al irme, le di un abrazo, y me vino rabioso aquel otro, el que olvidé cuando yo tan sólo estaba al otro lado de la pared…

 

“¿Garantía?  Hijo, sólo tenemos esta casa. Aunque con tal de verte salir adelante. Es un buen producto. Con maquinaria moderna, fieles trabajadores, una buena imagen, el éxito lo tienes asegurado. Hasta yo podría ser el Presidente de Honor. A mis años, sólo a figurar, ¿eh?, no te vayas a creer…Y le daría el aire a ese viejo traje del armario. Claro que te avalaríamos, hijo. Con tal de verte salir adelante.

 

¿El producto? ¿Te lo copiaron? ¿Más barato? ¿La mitad de la mitad?  ¿Tanto? ¿Pero quién? ¿Un desaprensivo? ¿De aquí? .Claro, entiendo, compra la mercancía en una tienda, y luego son esas espigas de Oriente las que hacen el trabajo sucio, esas que huelen a esclavitud.

Pero, entonces, ¿si el dinero está en algo que no se mueve, no habrá liquidez, no, hijo? ¿Y los plazos? ¿Los intereses? Habla con el banco, un aplazamiento… ¿Qué no te lo dieron? Pero si no nos dijiste nunca nada. Ah, claro, por mamá. Oh, Dios mío ¿Entonces? ¿La casa?   ¡Ah!  Firmamos hace días una carta, sí, pero bueno, a mis años, ni quise acabar de entenderla. Casi ni la leí. Cómo iba a sospechar algo. Creía sería un puro formulismo… ¿Entonces? Pero, ¿cómo se lo dices a mamá? Oh, no, no, no te preocupes, ya lo hago yo. Siempre hay una manera de suavizar las cosas, aunque son demasiados recuerdos para ella, y abandonarlos así, tan de golpe…  

¿Y ahora? ¿Qué vamos a hacer? Podríamos irnos los tres, a un apartamento pequeño, sin gastos. Apoyarnos. Mi pensión, ya sabes, es tan…Ah, que te vas de la ciudad. Claro, lo entiendo, hijo. Empezar otra vez de cero: otro lugar, otra gente, sin ataduras. Aún eres joven. Seguro que encuentras algo. Ya nos llamarás. Lo malo es tu madre. No, no te preocupes, ya te he dicho que se lo diré todo yo. Siempre hay otra manera de contar las cosas. Aunque para ella son demasiadas vivencias para abandonarlas así tras un portazo, y tú, aunque la conoces bien, tú no sabes lo que puede ser el espanto en sus ojos…

Pero haz tu vida, hijo, haz tu vida. Ya nos apañaremos como sea.

 ¡Con tal de verte salir adelante!”

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el diario La Rioja 9/04/2022

02/05/2022 15:47 rubenlapuente #. POEMAS ESCÉNICOS( 20 ) No hay comentarios. Comentar.

NIÑERO EN PARO

20220402102956-bichos-ruben-lapuente.jpg

Venga, vecinita. Déjamelo. Que sólo es para esta tarde de sábado. Que no sabes las ganas que tengo de mandar a este amuermado adulto mío a la esquina, a ver si llueve.

Que llevo una eternidad sin una mano de blancura. Sin un incordio inocente. Sin esa pequeña patria del candor que es un niño.

¡Eh, venga, vecinita! Que ya ni me acuerdo de los míos. Que llegaba herido de oficina a casa, tarde ya al último compás de sus breves pies. Que ya no me suena esa música de corteza de pan saliendo del hatillo de sus huesos abrazados.

Que quiero sufrir un bombardeo de su lengua de trapo. Que me lleve de la mano por los rincones de sus madrigueras despertando la jerga de las cosas. Que me enseñe el lenguaje de los pájaros. Cómo se avienta a los bichos. Cómo de una pelusa saca un cabello de oro perdido de su pelo.

Que tengo un teatrillo de marionetas apolillado de emociones. Que quiero verle sentado en el suelo con las piernas cruzadas, oyendo sus inocentes gritos acallando las añagazas de la bruja Ciriaca o del Ogro Dienteslargos, alertando de emboscadas al despistado héroe Gorgorito, o a su eterna novia Rosalinda.

Verme ese día como viviendo en una viñeta de dibujos animados. Venga, vecinita. Déjamelo. Que le voy a regalar el asombro de la magia de este patán, aprendiz de faquir hambriento de cuchillos de cocina, que de perfil parece que me los meriendo. Y derramando harina de maíz a falta de polvo de estrellas, le encontraré un doblón de chocolate en el cofre de su pelo, y una piedra azul detrás de las orejas, con poderes, le diré, si la aprieta fuerte en el puño.

Y como los sábados sé que tiene en el Ángel dulce barra libre, en un abracadabra, volcaré sobre su cabeza el confite infinito del secreto de mi sombrero puntiagudo.

Y al atardecer quiero ver su silueta de cachorro ciego contra la pared, contando atropelladamente, jugando a buscarnos a tientas…

Y si me dejas dormirle, después de surfear en las olas de las sábanas, y sentirle enroscarse en las ramas de mi cuerpo como la más bella y larga cola de ardilla, como sé que me pedirá, sin respiro, cuento tras cuento, tan agotador, le contaré sólo dos, pero el segundo sin su final, que sólo lo sabrá, le diré, si se duerme en un periquete, y me deja entreabierta la puerta del sueño…

Venga, vecinita. Que mi casa es un desierto sin siroco. Que la vida es alboroto, ruido. Ahora que todavía es luz y olor de pan de madrugada, déjamelo. Si ya sé que soy un pesado egoísta, pero, ¿qué quieres? Si tu niño me devuelve la primera niñez, la que no sé si viví, la que no recuerdo…

 ¡Ah!, vecinita, que sepas que tengo guardado un ¡ale hop! para ti, poca cosa, sólo te saca una sonrisa, pero tan larga como una serpentina, como la que nos salía de niño, de la nada, sin llamarla. Dura poco, pero esta no la olvidas…

Entonces, qué, vecinita, ¿me lo vas a dejar?

-¡Oh, claro que sí!

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el diario la Rioja el 5/02/2022

mi otro blog http://rubenlapuente.blogspot.com/

02/04/2022 10:29 rubenlapuente #. NIÑEZ ( 21 ) No hay comentarios. Comentar.

SOLO QUINCE METROS

20220316143232-carta-diego-acoso-escolar-suicidio-ruben-lapuente.jpg

La casa donde un niño se arroja al vacío duele tanto, que se cierra. Y  es por esa angustia de tocar el desorden de una habitación, de atreverse a borrar en la pizarra su último dibujo, o su monigote, o de leer en su cuaderno el postrero renglón, oscuro y torcido. La casa se cierra a cal y canto por no añadir más tristeza a la infinita tristeza.

Se llamaba Diego. Antes de nacer, su madre tuvo cuatro abortos. Era un niño inmensamente deseado. No le sientes con fulanito le decía a la profesora. “Son cosas de críos, no tiene importancia”. “Pero, es que ahora no quiere nunca estar solo. Es que me dice que no quiere ir al  colegio. Pero si ha dejado el futbol. Si no le saco de ese silencio. Algo pasa, algo le pasa”

Cuando Diego de once años escribía su última carta… “papá, mamá, espero que algún día podáis odiarme un poquito menos…” Las siluetas de las hienas con mochila asomaban ya por la plazuela de su corazón. Poco a poco le fueron llenando de arena la garganta, y mudas de miedo, no le subían las palabras. Cuatro meses estuvo afónico y nadie menos él sabía la causa, o a lo mejor alguien la sabía, y había que preservar al colegio de habladurías, quizá se instaló la ley muda como un velado aviso a navegantes, quizá el prestigio de la escuela está por encima de cosas de críos, o de desequilibrados y sensibleros niños.    

Pero un pupitre rosa de la clase, aunque demasiado tarde, dibujó, secretamente, las viñetas de la afonía del acoso, de la cacería:

 

Era la sirena del recreo el aullido de los depredadores. Algún aterrador preludio había en el roce buscado al atravesar el pequeño pasillo infinito que daba a las aulas. En el patio, en los vestuarios, rodeándole, le asestaban tan cortas y certeras y afiladas cuchilladas con el puñal de sus soeces palabras, que le iban haciendo un siete en el suave terciopelo del corazón: “soso, empollón de mierda, maricón, andas raro…” Y cómo te proteges, cómo si tu guardaespaldas aún es Lucho, el muñeco amarillo de los Lunnis, cómo se planta cara a pequeños grandes monstruos si no te deja el miedo ni silbar, cómo si hasta en el cielo de la noche de sus sueños, las estrellas no eran deseos, sino asteriscos que le llevaban a ese escalofrío diario de las turbias palabras.

 Diego era de sensible como si el viento al cruzar por entre los rosales, sangrara. Vulnerable como una manzana desnuda. Inocente como un ternero viajando feliz rumbo matarife. Bello y tímido como un corzo hambriento bajando a ramonear contenedores. Y tan dulce como esos certeros besos de madre volando desde la ventana.

 Cuando escribía…”no hay otra manera para no ir al colegio…” la silueta de las hienas con mochila ya abandonaban la plaza en llamas de su corazón.

Y cuando rubricó la nota, sin zapatillas, corrió y corrió hacia la ventana abierta del patio interior, sólo eran quince metros hacia el olvido, sólo quince metros hacia nunca más sufrir. 

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el diario La Rioja 12/03/2022

 mi otro blog https://rubenlapuente.blogspot.com/

16/03/2022 14:32 rubenlapuente #. DOLOR ( 21 ) No hay comentarios. Comentar.

GOLONDRINAS, ORONETAS

20220211155734-fachada-de-mi-casa-golondrinas-ruben-lapuente-berratua.jpg

Si envejecer es ver cómo se van alejando las cosas de uno, estoy de enhorabuena, porque a mí todavía me llaman, tiran melosas de mi manga, hacen que siempre vuelva la cabeza. Puede ser un centro de flores secas, una acuarela, un biscuit, un baúl de mundo…, o las pequeñas cosas que heredé de mis padres. Y que todas con el tiempo peinen pátina, maduren su historia, y lleguen a ser como trocitos de uno.

Y siempre falta algo que poner, o que cambiar. Ahí, hay un hueco. Ahí, cabe un detalle. Eso de toparse cada día con la faz de la nada en una pared, o en un rincón de la casa, esa trillada frase de la modernidad en el diseño, lo de que menos es más, lo de quitar en vez de añadir, a mí me llevaría al bostezo. ¿Pero no somos sólo memoria, recuerdos?

Ayer, mirando la fachada de mi casa de El Rasillo, tan enredada entre pinos, la vi pueril, sin una anécdota, sin merecerse una larga mirada. ¿Y qué pondría? ¿Cosas para alimentar el espíritu? ¿Poesía? Oh, sí, eso, le falta poesía, le falta gratitud, hospitalidad. ¿Y por qué no esas tijeras del cielo, esas golondrinas que les basta una esquina, un ángulo, un rinconcito para saludar a la nueva mañana?

 Si fuera marinero, de los puros, de los que se casan con el mar, seguiría esa ceremonia suya de tatuarse una golondrina cada cinco mil millas marinas, o mejor, tantas como veces regresara al puerto del noray donde tuviera amarrados los besos.

Pero sólo soy un grumete subido a la cesta de la gavia del pino mayor, de este océano verde de Cameros, y ya no avisto tantas anunciando la primavera, que no todas vuelven a colgar sus nidos en los balcones. Andan tan desaparecidos sus gorjeos, sus vuelos circenses, su carrusel de campanadas perdidas, y todo por esa manera nuestra de enredar, cambiando el paisaje, abandonando la agricultura, o nuestros pueblos, que las tienen medio exiliadas, confundidas.

Y mientras regresan las mortales, en la fachada de mi casa, como un señuelo, como un trampantojo, he colocado una bandada de ellas, pero de cerámica, “oronetas”  se llaman en el musical idioma valenciano. Un siglo llevan volando quietas por las casas levantinas. Faltaba poesía en la faz de mi casa. Ahí las tengo, dispersas, elegantes, simpáticas, humildes, intentando alcanzar los inalcanzables aleros del cielo. La verdad es que a lo mejor se animan en marzo las de verdad, y se emplazan bajo la larga cornisa de mi tejado, junto a ese anzuelo de la colonia de las que hermosean mi casa, y trisan silenciosos brillos al sol…

Dicen que traen felicidad, fidelidad, buena suerte. Yo las veo desde la calle y algo pasa, algo como un revuelo se me mueve dentro, como si estuvieran dando cuerda al tiovivo de aquel campanario de la infancia, y eso que son de cerámica. No te digo nada cuando vuelvan  las de Bécquer, las que traen siempre en un temblor del ala, la primavera de un cerezo.

 ©Rubén Lapuente Berriatúa

 Publicado en el diario La Rioja 22/01/2022

UN OKUPA EN MI CASA

20220130162600-un-buho-en-mi-casa.jpg

Vino bohemio de noche. Vino con su hermoso abrigo de plumas leonadas. Y con toda la miel del otoño en los ojos. Desde mi tejado, por la chimenea, se lanzó tan osado, tan ave magna. Nunca lo entenderé ¿Creería ver desde la altura, entre las aún cálidas cenizas de mi hogar, los tizones ojos de un mirlo? ¿O fue que esa noche, huyendo de la cellisca, creyó que esa marea de ascua tibia subiendo hasta envolverle, era por fin su edén perdido? ¿O quizá me vio el otro día deshollinando, metiendo la escoba y la cabeza por esa boca negra, dicharachero, al compás del Chim, Chim, Cheree de Mary Poppins? Nadie podrá saberlo ¿Y por qué tan audaz? Pero si debió bajar abismándose. Si ni nosotros mismos nos atreveríamos en la vida a atravesar un túnel oscuro.

Y aterrizó en el planeta cerrado de mi casa de El Rasillo. Y lo siento por su angustia. Claro que el grifo no goteaba. Ni sabía que la ganzúa de su pico abría la alacena. Allí tenía un tabal de sardinas en arenque, una perdiz escabechada de calendario, y una tableta de chocolate negro para calmarse y resistir y darme tiempo a volver…

Cuando abrí la puerta de mi casa, pensé en los ladrones, al ver en el suelo el jarrón chino hecho añicos, destripados los pájaros bordados de la colcha, y la lámpara del techo indecorosamente condecorada.

Y cómo siento no haberle dejado sólo la profunda noche dentro. Y cómo me duele su angustia de que no pudiera traspasar como la luz el cristal, sin herirse, sin caerse, una y otra y otra vez, contumaz.

Y al pie del ventanal, cayó, ahí cayó, boca abajo, ahí muerto. Y mientras me acercaba, ese atado de plumas me iba recordando el ulular de su agonía…

Y sin cayado miedoso. Sin puntera de zapato. Con mi misma mano desnuda, como si fuera el cadáver de un hombre, le di la vuelta, y entonces, el cuello se le desenroscó, como un tiovivo giró la cabeza ¡Oh, era un hermoso búho real!

Y no lo arrojé a la basura, lo envolví en un retal de arpillera y lo enterré en el jardín…

(¿Sabes? Yo tenía diez años y pájaros volando por la cocina. Tenía  mis hombros para darles besos de miga de pan y piquitos de lechuga. Tenía a Pinito del Oro en el trapecio de mis dedos. Y al anochecer, me regalaban un bis de trinos, creyendo que la luz de la bombilla era otra vez el sol de la mañana. Y tenía a mi madre, que iba por detrás con un trapo, recogiendo las plumas, restregando las heces…

Y cuando caía alguno a plomo del nido de la pared, caía a ese agujero mío sin fondo del sueño… Una tarde se fueron todos volando por la ventana (la abriste aposta, verdad mamá), a esa escuela del sol, de la lluvia, del viento, a graduarse en indigencia. Y con ellos, yo también abandoné el paraíso, para irme a ese oficio de vivir, a ese mal invento, a esa batalla inútil con uno mismo)

...Encima de la fosa puse unas piedras, para esas alimañas que huelen y desentierran la muerte.

©Rubén Lapuente Berriatúa

Publicado en el diario La Rioja 29/12/21 

30/01/2022 16:26 rubenlapuente #. ALGO MÁS QUE NATURALEZA ( 22 ) No hay comentarios. Comentar.

LÁPIZ, PAPEL Y BOMBAS

20211230134828-guerra-civil-ninos-dibujos-madrid.jpg

Hace unos años me acerqué a la exposición “Lápiz, papel y bombas”. Mostraba los dibujos sobre la guerra civil de aquellos niños que, huyendo de los bombardeos, fueron evacuados hasta ese refugio seguro de las colonias escolares. Allí, separados de sus familias, probaron a que plasmaran sobre un papel, con lápices de colores, esa morralla suya de adentro. Fue la terapia de baldear del pozo sagrado desde donde mira un niño, esa ciega alimaña de la guerra, que la vieran luego, pintarrajeada, retorcerse, como esa lenta agonía de un pez fuera del agua…  

Y me acordé de esos niños cuando al cruzar la puerta de la habitación de mi hijo (¿pero dónde se ha metido este muchacho?), te das de bruces con esa soledad sonora que se queda asaltándote a cualquier hora por la casa, que se ha ido a ganarse la vida en ancas de un ave errante…

Y a poco que soplara el viento del destierro, el velamen del balandro de mi mujer, empezaba a gemir como si cruzara el mismísimo cabo de Hornos. Veía hasta la leve curva trenzada del asiento de su silla, o el desahuciado bote de cacao al que no se atrevía ni a meter la cuchara.

Y como no hay un beso que eternamente se quede a vivir en la mejilla, ni un abrazo que al recordarlo aún se apretuje cálido en el pecho, piensas que si para esto se tienen hijos, para no verlos, para no abrazarlos. La tecnología nos acerca, pero los besos soplados son como mariposas soltadas mar adentro, y los abrazos virtuales no hacen sonar esa agradable música del crujir de las costillas.

Y como remate, la mujer te dice que cómo adivinar sus temores, sus pequeños secretos, cómo verle si desde una infranqueable pared de vidrio, no te deja de mirar: Síndrome del nido vacío lo llaman los psicólogos.

Hasta que te acuerdas de aquellos dibujos, y escribes en una hoja de papel esa melancolía, haces con ella un avión, y desde la ventana, cuando ya el avión se perdía por los tejados, con las tijeras de los dedos, cortamos los dos el hilo de esa tristeza…

 

“Son miradas que nos hacen callar, que lo dicen todo. Un día tenía que ser: Las alas del hijo, su vuelo alto y lejano. Por la puerta entreabierta de su habitación, qué zarpazo del silencio profundo,  

cómo rasguña por dentro esa desierta franja de luz. Cuánta vida parada en esa vislumbre fugaz.

Se nos olvidaba, mujer, que ese trozo tuyo y mío, era nuestro dulce huésped: vagabundo de su porvenir.

Y ahora nos acostumbraremos a no oler su perfume de muchacho bueno. A no oír su voz templada nunca por encima de un grito.

¿Echaremos de menos la sabiduría de su sencillez? ¿Y mis torpes manos se apañarán sin las suyas?

He llenado dos copas de ese dulce vino de orgullo, que achica además la larga ausencia. Y contigo mujer que te veo ahora ordenando en su armario la ropa que no se ha llevado, brindamos con miradas, que nos hacen callar”

Rubén Lapuente Berriatúa

Publicado en el diario La Rioja 11/12/2021

 

30/12/2021 13:48 rubenlapuente #. LO MÁS MÍO ( 23 ) No hay comentarios. Comentar.

SI LLEGAS A TIEMPO

20211128174702-aumenta-83-suicidio-en-mujeres.jpg

Si llegas a tiempo, si alrededor tuyo hay alguien, cercano, que mira desde dónde se alegra la muerte. Si cada vez más su atavío va tomando la hechura de su sudario, no le digas que la vida es bella. Dile primero, gracioso, si llegas a tiempo, que qué buenas vistas al vacío tiene…

 Que así se vuelva. Que así te mire.

 Quizá alguien suyo muy amado, cerró antes los ojos, y ya no soporte morir todos los días. O sea una adolescente enamorada, cuyos primeros labios amados, los vio infieles libar en el carmín de otra boca. O quizá sea alguien tan vulnerable como corona de arena del viento, o tenga tanto miedo a su miedo que no salga de casa, que le venga grande haber nacido. O quizá sea ese joven que todas las noches se acuesta con la incertidumbre, y se ovilla y ovilla como buscando en el sueño un olvidado vientre cálido...

 O sea ese crío, tan acosado por esa pandilla de alimañas con mochila, que el miedo sólo le haga gritar silencio, silencio roto…

 Y todos dejan un reguero de luz sombría por el camino. Demasiadas pistas nos dan para no darnos cuenta, para no acertar el fácil jeroglífico de sus miradas remotas, mas cuando en un sobresalto, te viene esa corazonada de que algo pavoroso va a suceder.

 Pero, enseguida, la vida, esa que nunca mira atrás, te golpea sin parar con su fusta en las ancas, y, así, ¿quién refrena, quién descabalga, quién se tiende al lado de un corazón que suena roto?

 Pero, si decides, samaritano, gastar, o quizás mejor ganar tu tiempo, e intentas recomponer el puzzle de tanto cascote desperdigado, no le digas que la vida es bella. Dile primero, gracioso, que si deja una nota, que sea con una buena caligrafía…

Que así se vuelva. Que así te mire.  

Y luego, dile que se sale de ese pozo de tristeza; que nadie es un pedazo de carne con ojos; que si quiere encontrar la paz, no puede orillar la vida; que si es capaz de arrancarse y darte un solo hilillo de luz de sus tinieblas, tu mano siempre la tiene, ahí abierta, tendida...

 ¡Dios mío, si llegas a tiempo!

                                Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el diario La Rioja 27/11/2021

 

28/11/2021 17:47 rubenlapuente #. DOLOR ( 21 ) No hay comentarios. Comentar.

EN EL FONDO DEL SUEÑO ETERNO

20211023163237-ruben-lapuente-en-el-fondo-del-sueno.jpg

“No sé por qué le quiero tanto, Rubén, si me cita siempre en el fondo del sueño. Vuelan las luces de la mesilla sobre mis párpados cerrados, y ya él tira de un mechón de mi cabello, ya es el capitán de mis labios.

Y me llama luciérnaga de su penumbra; pequeña llama de amor puro; mullido pajar de bruma. Y entra en el cenador de mi cuerpo empapándolo todo como la mar en la arena de la orilla.

Y me ama como en una guerra al último panecillo blanco y duro.

Y de atizar tanto en el sueño el rescoldo de las caricias, con cresta de calentura, mojada del aroma de su sexo, sobresaltada, palpitando despierto.

 En el remolino de la taza del café del desayuno, abstraída, busco algún gesto igual en mi memoria, o en el viejo álbum de fotos persigo ese mismo fulgor que  quizá fuera antaño de algunos ojos, que ya he olvidado…

Y cada vez más ansiosa, un par de grageas impacientes, me adelanta cada noche en la ventana de mi alcoba, esa pálida luna que siempre vislumbro bajo el vaivén de su cuerpo…”-me decía.

 Somnolienta de deseo, preludio de esos largos bostezos, en el espejo retrovisor del coche, camino del pajar del sueño, apresuraría su aderezo de raudal de arrebol en los labios. Adelantaría a destiempo el regazo nocturno con un titubeo de pastillas bailando dudosas en la palma de su mano, porque con una congelada sonrisa de placer junto a su hilillo de sangre de carmín rojo, entre un amasijo de hierros, de su berlina azul la sacaron, muy, muy despacio, como si temieran al verla tan dulcemente dormida de muerte, que despertara de un sueño eterno…

No sé por qué le quiero tanto, Rubén, me decía, si me cita siempre en el fondo del sueño…

©Rubén Lapuente Berriatúa

http://rubenlapuente.blogspot.com/

23/10/2021 16:32 rubenlapuente #. SUEÑOS ( 15 ) No hay comentarios. Comentar.

SOLAMENTE TU MANO

20210926200402-el-viaje-por-tu-cuerpo-ruben-lapuente.jpg

Solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme, así contento… J. Cortázar

Mira  

al tiempo que vuelan

sobre los párpados

esas chiribitas

que espolvorea

la luz de la mesilla al apagarla…

Ya me da la mano

 

Y no pierde ni un segundo

No creo que sea

para regalarme

el tesoro mejor de su sueño

que antes no me la daba

Se aprieta a algo

que ha perdido

Quizás sea porque

valiente

le ha dado la espalda

a esa gragea

que subía a su campanario

a descolgarle

el badajo de la noche…

Y  mira  

ahora tengo

algo sencillo y cálido

y hermoso:

Un puente

como hecho

de latidos de mimbre

por donde pasa

en el silencio oscuro

su rumor

con su perfume más granado…

 

Y me sabe

como a savia tibia

como a fogata

en noche de luna ebria

de arena dorada…

Ah  Y se está bien así

Yo dejo arriba los ojos

para vernos

sobre la cama abierta

en una bella silueta

que me entretengo

en recortarla

con tiza de luz de noche blanca…

(Y  Oh  Sí   Sí  Lírico siempre)

Ella dormida y yo

sin moverme

como si de ello dependiera

la armonía de nuestro

pequeño mundo…

Pero antes no me la daba

Y no me regalará

el tesoro mejor de su sueño

pero mira lo que he ganado:

tenerla así

como un sapito que duerme…

como si me cruzara

un río en la noche

hacia el estuario de mi sueño

hacia verlo morir

©Rubén Lapuente Berriatúa

 

26/09/2021 20:04 rubenlapuente #. RITOS(12) No hay comentarios. Comentar.

AINA

20210825113609-aina-ruben-lapuente-berriatua.jpg

                para Rubén y Eli

Nadie entiende la vida.

Quizá sólo desde un milagro.

Mírala,

como todos

Aina empieza de cero.

Ahora ella no sabe 

qué es esto que la envuelve,

que la arropa,

que dulce la zarandea :

ella mueve sus bracitos

como aspas de un molinete

aún tarambana

como si espantara

las primeras luces oscuras.

 

Mírala.

La vida que nunca mira atrás,

es un calco,

un papel de seda,

la misma eterna calcomanía 

de una hoja  

que nace y se agota

y reverdece y…

Mírala.

Esta infancia primera

que no le dejará memoria

-que nadie recuerda la suya-

vívela con ella,

no te la pierdas,

es única.

Deja tu montón de papeles,

y corre, corre,

entra en esa muñeca

de dulce carne de preciosa lana…

Sí, ahora que mil veces

la vistes y desnudas

y bañas, y duermes

en el suave vaivén de los brazos,

tan frágil,

recuerda que fuimos

este mismo cálido panecillo 

de harina de rosa

y agua

de tiemblo de estrella…

 

Mírala,

el tiempo la hará crecer, trastear,

balbucear, unir silabas…

cuando te pida el álbum de su vida

y quiera saber,

desde su primera luz

cuéntale esta infancia  

que desde el asombro

estás reviviendo

que también es la tuya:

la misma

que no recuerdas.

Cuéntasela, entera, minuciosa,

de pe a pa,

mientras en el espejo

la peinas, la vas desenredando,  

muy suave,

esa rebelde melena de oro

que ya se le adivina …

 

Mírala,

ahí la tienes,

es un pedazo tuyo,

tu relevo,

es tu memoria

en el collar del corazón

de sus cuatro letras.

Y es esa dulce manecita

que se agarra a tu dedo

que crecerá y crecerá

hasta que pueda  

tomar la tuya,

cuando la vida,

esa que nunca mira atrás,

de un solo golpe,

te apee del camino.

         © Rubén Lapuente Berriatúa

http://rubenlapuente.blogspot.com/


¡AMPARO!

20210707163438-amparo-el-rasillo-ruben-lapuente-berriatua.jpg

Se llama, ¡Amparo!, con signo de exclamación, porque todos en El Rasillo de Cameros la llamamos desde la calle, gritamos su nombre a voces, que sabemos que siempre anda enredada, como sonámbula, dentro de su frondoso vergel.

Es Amparo: Perita en plantas, maestra del verdor, jardinera para todos.

Y sin decirle nada, como una sorpresa, le he dejado en el buzón de hierro de su puerta, una hoja doblada con unas líneas mías escritas. Enseguida me ha venido con la rosa de papel manuscrita en la mano, y un estanque anegado en los ojos…

“Me has dibujado, me siento así, soy así, oh qué regalo. Ya tiene palabras todo mi ser, que necesitaré leer, y muy a menudo, que un poema para una es la mejor receta, el mejor brebaje para no extraviarse, para no salirse nunca del camino…, gracias, gracias”   

 

“¡Llámala! Desde la calle. ¡Grita su nombre! Ella está dentro de un vergel. Siempre acaba oyéndote.

 ¡Espera! Que aquí, al paso de un aroma, la voz se entretiene, se embriaga, se pierde, se equivoca de oído…

 ¡Llámala otra vez! Estará tirando muy suave de una raíz. Cribando la tierra para ese tallo perezoso. Dejando   una gota de luz de diamante en cada hebra verde...

 Ayer me trajo en su regazo los primeros brotes de belleza: Una altea, un lilo, un laurel…

 Es Amparo. La que sabe lo que arraiga. La que tiene, saliendo de sus labios, esa nana de madre y sueño que   hechiza las plantas, o ese mimo, esa ternura que atesora en las manos, que doma lo verde…

 Ah, pero no, no…Deja, deja… No la llames ya más.

 Se habrá quedado dormida…

 ¿Sabes? Un día la llamó el dolor. Pero, ahora, de beber del oro de los días, se ha hecho de cristal, de agua   pura: transparente.

 Ayer me dijo que la vida es ver crecer lo que amas.

 Oh, déjala que siga trepando por esa eterna enredadera del sueño…”

 Rubén Lapuente Berriatúa

El Rasillo de Cameros

publicado en el diario La Rioja el 5/7/2021

07/07/2021 16:34 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

ABLACIÓN

20210507120218-ablacion-ruben-lapuente-berriatua.jpg

Yo no sabía lo que era la ablación, la ablación  cardiaca, pero al notar  que mi vecino y amigo del bosque había cambiado de costumbres, como ya no le veía con la bicicleta por los senderos de esta hoguera verde... ¿ A ti Luis te  pasa  algo, no?  y entonces…

 “De repente, Rubén, el corazón no sabe calmarse. No te habla bajito. Parece dentro del pecho un potro sin domar,  una campana con toque a rebato. Y da igual caminando, que soñando de madrugada, que feliz en un bar. De pronto se pone a saltar, a golpearte. Y pones la mano en el pecho, asustado, como cuando de niño te lo descubrió el resuello o el primer miedo, pero ahora no lo sientes como aquel limpio y vigoroso volteo de campanas, sino como uno de los últimos coletazos de un motor viejo.

 Y de pronto, el corazón detiene su locura, se olvida de vocear, te ignora, vuelve a su cotidiano murmullo. Y vives cada minuto con el acecho de su sombra, con el terror de su revuelta…

 Y el médico te habla de la ablación, que al oírlo te sorprende, te suena a otra cosa: “¿Pero, eso no es capar los genitales femeninos?”  Y no. Se sonríe. Te dice que también es entrar en las venas, subir por el río de la sangre con un bajel pirata que asalte ese amotinado camarote. Abordarlo, para quemarlo, para tacharlo: cegar esa sublevada habitación del pánico relampagueando en la roja oscuridad. Y con bozal de gañidos me han calibrado su brújula. Supongo que ya dejará de perder el norte, pero qué difícil, Rubén, volver a ser el mismo cuando la vida te asesta esta sonora puñalada. Difícil dejar de pensar en ese tambor cuando lo intuyes en el silencio de todas las noches, que ya tengo una cita ineludible con cada uno de sus latidos. Y sí, el tiempo te alcanza, empieza a existir para uno, y mucho más deprisa. Ahora me parece que todos los meses las hojas del calendario en la pared, son de otoño, son amarillas…

La vida es un viaje hacia el cansancio, pero habrá que aparcar el miedo, aprender de nuevo a vivir, ser el mismo, por lo menos de puertas a fuera, y procurar no dar mucho la lata a nadie con el sonsonete de mis goteras.

Ahora lo siento como un huésped, o mejor como un reo o demente que viste camisa de fuerza. Y  todas las noches le llevo, cálida, la palma de mi mano, y la redoblo con la otra, para que esté más arropado, como más tranquilo, y en esa postura, casi angelical, me duerme o le duermo, que ya no se quién cierra primero los ojos…

©Rubén Lapuente Berriatúa

http://rubenlapuente.blogspot.com/

07/05/2021 12:02 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

EL COMETA HALLEY

20210414164912-el-cometa-halley-86-ruben-lapuente-berriatua.jpg

Fue en el 86, en aquel cielo tan limpio de la sierra de Cameros y a simple vista. Varios meses siguiéndolo.  Quienes mirábamos  el cielo estrellado con frecuencia. Los que buscábamos planetas en la clara oscuridad, o carros o lebreles o arqueros en las constelaciones, lo ansiábamos. Cada 75 años vuelve y se ve como esa estampa de los Reyes Magos con el cometa  sobre sus cabezas. El anterior, en 1910,  la poca contaminación de las ciudades lo enseñaba tan claro  que ese escalofrió de plata endemoniado no cupo en la cabeza de aquella mentalidad, como si el fin del mundo llegara. Y las crónicas de la época en todo el mundo hablan de suicidios, de miedo, también de belleza, de asombro. Lo más son dos veces  verlo en una vida: si de niño lo viste,  de anciano quizás repitas. Yo al de 2062 ya no llego. Sí, un día volverá el cometa Halley y ya no estaremos aquí, es cierto. Pero nuestros descendientes,  mis hijos  sí estarán, y ojalá  los hijos de mis hijos, y darán gracias por haber hecho que puedan experimentar lo mismo que nosotros, muchos años atrás.  La vida, en sí misma, es el cuento de hadas más maravilloso que se pueda contar. Por eso he dejado escrito este poema  

 

Era de noche

En mi pequeño balcón

colgado

de esa dulce ladera

de trinos

En aquel abril

tan limpio de oscuridad

Magullado de números

de papeles  

de oficina

con mi luna redonda de cristal

de espía del cielo…

iba de rama en rama

de cada estrella…

 

De pronto

sobre el alto

granero del agua

como una alada herida luminosa

como una cana melena

rota de viento

apareció el cometa

 

Ese trazo de tiza

atado a su radio

a su vida

Viajero de plata solo

que por primera vez veía

y por última

también

cuando regresara

a mojar su larga cola de lumbre

pero ya

sobre el seco río

del tuétano de mis huesos

me señalaba

lo que en realidad yo era:

tan sólo una breve

mirada en el tiempo…

 

Desde el zaguán

me subiste ese alboroto

de nido de gorriones

en la garganta

de asombro de chiquilla

al llamarme

al verlo…

 

Cada atardecer

de aquellos mágicos días

del año del cometa

jóvenes y enamorados

salíamos a robarlo del cielo

a bañarnos

en su indeleble fulgor

 

A tu vuelta

oh cometa viejo amigo

por entre los párpados

de otros ojos

nacidos de nuestro amor

nos asomaremos

©Rubén Lapuente Berriatúa

 

             Villoslada de Cameros (La Rioja)

             En el 2062 regresará su cola plateada

14/04/2021 16:49 rubenlapuente #. BREVES MOMENTOS ETERNOS( 23 ) No hay comentarios. Comentar.

MAR ADENTRO

20210318165501-mar-adentro-suicidio-marinero-ruben-lapuente.jpg

Uno muere cuando nadie le recuerda

Ya volvíamos al viejo puerto. El de la desafinada sonata de bocinas y gaviotas. El de la acicalada hilera de boquitas recién pintadas con  toda la fila de puntillas moviendo frenética, ya fin de cuarentena, las ardientes alas de las manos.

Semanas de tobogán de atunes bajando al vientre de salmuera del barco, preñándolo de recamadas luces heladas.

Un cercano compañero del babel de los ronquidos, haciéndome ese gesto de tijereta al acercarse dos dedos a la boca, abandonó la litera…Tenía esa sonrisa sin acabar de romperse. Esa mirada callada envuelta en lejanías.

Desde la cubierta, subiría una trenza de humo hacia la arboladura de las estrellas. Volaría sobre la popa su apurada última amarga colilla, antes de que sus botas hicieran de noray de su ropa bien doblada…

Una nota en un pósit azul asomaba por el bolsillo de su camisa…

Ya en el puerto, rota la fila de carmín, rodeándome de la cintura mi añorada rama de carne de tierra, caminando con el arrebol de sus mejillas, con paso rápido hacia un barbecho tálamo anclado en los besos de ayer, me buscó sobre las aguas, en un reflejo de luz de acero, el charol de su memoria, mientras en el bolsillo de mi chaqueta, mis dedos desleían una nota, amasaban una bolita de papel azul…

El mar quiere a sus hijos desnudos. El claro olvido habita mar adentro.

©Rubén Lapuente Berriatúa

mi nuevo blog http://rubenlapuente.blogspot.com/

18/03/2021 16:55 rubenlapuente #. BREVES MOMENTOS ETERNOS( 23 ) No hay comentarios. Comentar.

CAREO

20210220165213-ruben-lapuente-berriatua-todo-el-amor.jpg

Tú la cumbre

Yo el rebeco

Tú el rayar del día

Yo el rocío

Tú la rosa

Yo el rapaz del patio

Tú el botín del corazón

Yo el bandolero

Tú adiós de azahares

Yo trampero del viento

Tú la dehesa sin fin

Yo encina en tus ojos

Tú quien entorna las sábanas

Yo quien se cuela dentro

Tú pequeña lumbre de dolor

Yo ungüento de besos

Yo la ira de algún día

Tú la mano en mis labios

 

Yo soldado caído

Tú la lluvia en mi rostro

 

Yo hueco en el lecho

Tú la mano dentro

   

©Rubén Lapuente Berriatúa

 

20/02/2021 16:52 rubenlapuente #. LIBRO TODO EL AMOR No hay comentarios. Comentar.

PUREZA

20210112154601-corazon-nieve-en-el-agua-ruben-lapuente-berriatua.jpg

La nieve dibuja

un corazón sobre el agua,

bordea los labios de una hoja

verde y oculta

¿Sabes que la belleza

que nace eterna

sólo perdura un instante?

¿Estabas tú ahí, te diste cuenta?

¿Sobre esa pureza

pusiste toda la tuya,

te enredaste con ella,

o la mirabas sin verla?

¿Y si el brillo de aquellos ojos

era sólo para ti?

¿Y si el jadeo

que oías a oscuras,

era codicia de tu piel?

¿Y si aquel tembloroso

cuerpo entregado,

era el amor que buscabas?

 

La nieve dibuja un corazón

sobre el agua…

 

¿Y si lo salvaras?

¿Y si muriera en tu palma?

             

© Rubén Lapuente Berriatúa

              mi nuevo blog http://rubenlapuente.blogspot.com/

12/01/2021 15:46 rubenlapuente #. BREVES MOMENTOS ETERNOS( 23 ) No hay comentarios. Comentar.

BAILE DE SOMBRAS

20210109162422-ruben-lapuente-berriatua.-baile.jpg

Ha sido una canción.

Su chispazo en mi sangre

me ha soltado los pies,

me los ha calzado de un suave y melodioso

vuelo de hoja muerta.

Siempre hay un recodo

que no le enseñas

que no le entregas

Y el baile te arranca de tu plácido refugio

Y te obliga

Te detalla

Te desenmascara

Y la he cogido tan dulce de la cintura…

La pequeñez del espacio

nos hace girar en el remolino

de dos miradas

de dos sonrisas

Imposible escaparse del acecho

sin tregua

de una boca, de unos ojos.

De pronto,

ahí en la pared,

en nuestras sombras

(¿el envés de la apariencia?)

cómo se siente el peso

de esta larga andadura juntos,

el cansancio también del viejo latido

del eterno amor

Si se diera cuenta ahora ella

podría hasta sumergirse

en este rio mío oculto

reflejado en el espejo

tan claro del suyo

(Oh cómo se entrega esta mujer)

por el que me cuelo

hasta donde ya no puede haber nada más  

Alargo la melodía en mi garganta

en la última vuelta

que demoro con ella…

Y al pararnos

me fijo cómo dos sombras en la pared

(¿Por qué aún extrañas?)

se amalgaman.

                  ©Rubén Lapuente Berriatúa

  mi nuevo blog http://rubenlapuente.blogspot.com/

09/01/2021 16:24 rubenlapuente #. DE CORAZONES ( 20 ) No hay comentarios. Comentar.

Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris