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ODA A SU CUELLO

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Como a su boca

como a sus ojos

como a su pecho

Verlo así también

como retazo solo:

Como leño de madera preciosa

o como veleta

de apretado ramo

de juncos de río

Verlo largo e inquieto

como el de esa gacela

cuando le trae el viento

olor a pólvora

Y siempre

a punto de crecer

Siempre de puntillas

Levando su luz de álamo

o el desaire

de diadema a sus cabellos…

Y en esa pasarela

camino del magín

o de vuelta

arrollados

en niebla de sueños

pongo la palma de mi mano

de ajorca

un segundo 

ahí la paro

como si mis dedos

tocaran el rumor virgen de un río

 

Verlo como vira

en el sigilo

o en algún murmullo

o levísimo en el presagio

Verlo con sus ojos en la nuca

dándome su mejor perfil

o llevándome besos en escorzo

rezagado yo

amante

a su espalda asomado…

 

Y  al ladeármelo

se lo ofrece

al rayo de luna

de mi boca:

Ese relámpago

que chapotea en el fondo

del pozo de su piel…

Que le deja un reguero

de saliva de plata:

una herida de placer

abierta en su cuello

 

Rubén lapuente Berriatúa

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12/03/2020 20:57 rubenlapuente #. MIS ODAS( 22 ) No hay comentarios. Comentar.

LA ERMITA

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No le bastaba a mi mujer con cerrar los ojos. Tenía que ir a ese claro del bosque donde se levanta la ermita de Lomos de Orio. Sentarse en uno de sus fríos bancos de madera. Mirar de frente a su inquilina. Hablarla bajito. Tenía que decirle en persona lo de la sombra en el pecho. Y subió rauda a la ermita.

Yo sabía que en la corriente de su sangre, navega la carreta de sus días de cielos azules y el tambaleo bellísimo del paso en andas de todo un pueblo.

Y cómo no nombrarla, cómo no recurrir a ella, cómo, si aquí te empuja, si aquí punza en tu espalda el respeto a la memoria de tantos siglos: si es la fe de nuestros mayores.

Y le pidió lo imposible, que está ahí, para que, egoísta, eches mano de su hechizo. Para que te abra su regazo, quedo y silencioso, de cálida carne de preciosa madera.

Y le regaló tarros de ungüento de madre para la congoja, brazos en jarras para los embates de esa alimaña ciega que es el cáncer y ganas de vivir envenenada.

Y si vas tú, incrédulo progreso, déjate llevar, que la sencillez es el espejo de la belleza. Y por qué no subes a pedirle a esa hermosa boticaria de fábula de letanías, o a ese algo eterno que nos empuja-no hace falta arrodillarse-que no te oigas nunca decirte: “Oh no puedo más y aquí me quedo”. Dile, o a ti mismo, dite: “Que aún estás en el camino…”

Y no le basta ahora con cerrar los ojos, ya deshojada la flor del miedo, la sombra del pecho quemada, la fuente de su sangre otra vez transparente. Hoy vuelve a subir hasta ese claro del bosque donde se levanta la ermita, a mirar de frente a su inquilina, a hablarla bajito, a darle las gracias.

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado el 9/02/2020 en el digital nueve cuatro uno de La Rioja

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10/02/2020 16:46 rubenlapuente #. RITOS(12) No hay comentarios. Comentar.

GUIOMAR, LA BARRENDERA

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Se llama Guiomar, y es la nueva barrendera de mi barrio. La que ves arrastrar en el parque Gallarza sus aperos en un carrito. La que sólo tiene ojos para el suelo.

Maldice las colillas, los chicles pegados, la piel de los plátanos. Le revienen los gargajos. Prohibiría las pipas con cáscara, los palillos de los helados, los alcorques de los árboles…

 ¡Y hasta estaría por la labor de fundar una inclusa de descarriadas bolsas huérfanas de manos!

Se agarra tal rebote al tropezarse en la calle con alguna "olvidada y delicada delicia canina", que en mañanas de asueto, temprano, anda por el parque de incógnito, disfrazada de detective, con ganas de pillar a alguno de esos chulos del barrio con perro: insolentes finolis con máster en hacerse el longuis, y con más morro que un pintor de arte abstracto.

Pero lo que le gusta de verdad es recoger las hojas del otoño, los primeros pétalos de abril en alas del viento, los aviones de papel cuadriculado bajando del cielo de los balcones del barrio.

Y en Mayo, juega a cazar al vuelo la bohemia bandada de pelusas de los chopos del Ebro, que tiene en la corteza de uno su nombre escrito dentro de un corazón atravesado por una flecha...

Le agradaría pasar por las calles, pero como las dejó ayer, refregadas, relucientes. Y hacer como que barre el polvo de oro del primer rayito de sol entrando, o recoger, de mentirijillas, bajo los bancos de madera, esos fugaces besos furtivos que el rubor de las miradas cercanas no da tiempo a saborear, y se abandonan recién nacidos, o raspar y raspar las aceras con un cepillo, hasta dar con el dorado escondite de la pátina del tiempo…

Pero la ciudad es tan fértil, que da una cosecha diaria de inmundicia, de barreduras, de hartazgo. Y a primera hora, siempre piensa en dejar el escobillón, la pala, el basurero con ruedas, y colgar su uniforme de luciérnaga. Pero basta que se levante un viento en la calle, que su rimero de hojas amarillas revolotee, que corra detrás de todas, y a la vez de ninguna, que casi las tiente en el aire, para que al pararse y darse cuenta de que no son ni mariposas, se pregunte, si no será que, a lo mejor, sólo ha nacido para barrendera.

                              Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el digiatl nueve cuatro uno de La Rioja el 24/01/2020

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26/01/2020 10:13 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

LA ALMOHADA DEL CORAZÓN

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Parece que es una almohada. Tiene la forma de un corazón. Coincidió que la primera que hicieron  en la Asociación del Cáncer de la Rioja se la llevaron  a mi mujer, al hospital, cuando ese arquero ciego le clavó en el pecho una flecha en curare embebida...

Yo creía que era una de esas cervicales para mitigar ese duro jergón que ponen para el acompañante en el Hospital San Pedro. Pero no, me equivocaba. No era para mí. Es mágica porque sirve para todas las mujeres, de talla única, a la medida de cualquier axila. Y es para cuando abran los ojos postradas en una cama y  empiece la herida a respirar la escarcha del miedo...

 Es como aquella tirita de madre que de niño se bebía la olita de sangre, el hervor de la rozadura.

 Ahora es la almohada suave para la cabeza de niebla del dolor. Y en la calle Lardero, en la Asociación del Cáncer, tienen el taller. Allí, son las mismas malheridas mujeres, ya  reverdecidas, las que después de todo el sufrimiento, se citan, se arropan y cosen esa joya, ese corazón de almohada, con hilos de penumbra de aquellas mismas lágrimas rotas.

Allí, hilvanándolas,  quizá van olvidando sus días de vida envenenada, y ojalá no se lean en los ojos lo mismo, destierren esa pregunta : ¿Nadie nunca nos dirá que ya estamos limpias?

Yo tengo una que se ha ganado ser la reina, la guinda sobre la colcha de mi cama porque cuando mi sueño rozaba el sueño tembloroso de mi mujer, bajo su brazo, la veía como aquel blando peluche de la niñez  que asustaba el miedo de la oscuridad: la muleta de su corazón.

 Y ahí la tienen preparada para llevarla rauda, en mano, hasta la misma cama del hospital,  cuando ese mismo invisible arquero ciego hiera en el pecho a una nueva muchacha.

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el digital nueve cuatro uno de la Rioja el 08/01/2020

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08/01/2020 17:40 rubenlapuente #. LIBRO DÍAS DE QUIMIO Y ROSAS( 3 ) No hay comentarios. Comentar.

SÁBANAS DE LUZ

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Cada noche, en la cama, mis rodillas levantan una tienda de campaña de algodón: bóveda de otro planeta. Bajo ese cielo de sábanas de luz, mi hijo va trenzando su estrenada niñez entre mis piernas cansadas de hollar el día…

Le pone en guardia un lejano zumbido de aviones en mi boca, mientras, desde fuera, mi kamikaze mano enemiga vira hacia su soleada madriguera: una loca algarabía de aspavientos artilleros con ametralladora de risas.

 Luego, ya en su reino, en su guarida, cada uno menguado en la estatura de la zancada de su índice y corazón, sin zapatillas, a un terrorífico grito mío, huimos despavoridos por la empinada ladera de mi pierna, que en realidad, se lo digo aterrado, es la encrestada espalda de un terrible dragón que refunfuñando despierta.

 Al hundir sus dedos en la ratonera de mi ombligo, de pronto, todo mi vientre tirita“Pero, ¡corre, que es el cráter de un volcán, corre, que estalla, que nos coge la corriente, que como un huevo nos fríe su río de lava!”

 Y cruzamos, sin un rasguño, el bosque oscuro de mi pecho con dibujos de ojos de fieras que parpadean, con siniestras miradas de serpientes con unos de tiza en las pupilas, silbando, siseantes, ocultas entre la maraña de mi negra jungla rizada…

 Antes de alcanzar la combada ribera de luz de la sábana, paramos en el refugio del bolsillo alto de mi pijama, índice y corazón ya con ojos de gallo en las yemas, y me parlotea tranquilo en esa lengua virgen: gorjeo de luz del paladar niño, que me deslumbra…

 Y todo hasta que una voz cálida y firme de mujer, cada noche repetida, echa abajo nuestra cúpula celeste, hiriendo a mi hijo de sueño, despertándome a mí del reloj parado que es la niñez, y… ¡ay!  retornándome a este monótono planeta de siempre…

pero sólo hasta mañana.

                         Rubén Lapuente Berriatúa

publicado el 01/12/19 en el diario La Rioja. 

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06/12/2019 10:33 rubenlapuente #. NIÑEZ ( 21 ) No hay comentarios. Comentar.

OTOÑO EN CAMEROS

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“¿El otoño? Es algo más arriba. Sí. Sí. Por este mismo camino. Pare el coche antes de llegar a la ermita de Lomos de Orio. Por ahí, cerca de un acebo, tiene él su aldaba dorada. Ah, pero hoy no se moleste en llamar, que ha dejado la puerta entreabierta. Anda estos días tan atareado rociando todo de ámbar, subiendo tanta savia de topacio a las hojas, que de tanta ida y venida seguro que sólo sale a recibirle el vaivén de su mecedora. 

Pero no tenga vergüenza, entre y vístase con su ropaTome de su taquilla su buzo de tímido camaleón. Su pala y su escoba de abanico écheselas al hombro, que disfrazado así de jardinero del otoño, le será más fácil desaparecer en esta lenta y dulce y bella agonía amarilla ¿No ha venido a eso? 

Ahí dentro todo está muriéndose. Todo cae tan milagrosamente en su lugar exacto que ni necesita mover un dedo, tan sólo, por si acaso se cruza con él, disimule haciendo como que arrastra unas hojas que se han salido del camino, o haga como que llora por un ojo, que este cascarrabias de otoño vea que también arrima el hombro, que se implica en adecentar el ocaso de tanta belleza…

Y no se pierda el lento viaje de ninguna hoja. Todas, hágalas suyas. Caen sobredoradas sobre sus deseos o sobre sus sueños rotosDecore el cielo de los párpados de su alma con esa dorada estampa, más hermosa si  mañana la rescata su soledad o su melancolía o en esa tarde en una terraza donde la vida, extrañamente, coincide por fin con uno…

Ah, pero no se demore mucho en salir. No quiera anclar del todo el corazón a ese noray del muelle del otoño,que aquí, en la sierra de Cameros, la belleza en carne viva acelera ese pequeño temblor de estar vivo, enfermo de vida, en este rodar silencioso de los días con dioses que aún no han vuelto de comprar tabaco… ¿me entiende?

Cuando salga del bosque, que sea al atardecer, bajando hacia Villoslada, bajo ese vals de las hojas cayendo como pájaros amarillos, hile de soslayo los mil guiños de sol entre las hayas, por el estrecho camino, su berlina irá dejando, -usted no lo verá- , una larga estela fatigada de oro”

 Rubén Lapuente Berriatúa

Publicado en el diario La Rioja 23/10/2019 y en el digital nuevecuatrouno el 9/11/2019    mi nuevo blog http://rubenlapuente.blogspot.com/


09/11/2019 17:41 rubenlapuente #. ALGO MÁS QUE NATURALEZA ( 22 ) No hay comentarios. Comentar.

MALA COMPAÑÍA

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Todo empezó cuando comencé a quedarme sola, a sentirme sola, a notar que la soledad no se llevaba muy bien conmigo: como si yo estuviera en mala compañía. Y siempre era a esa hora de la tarde que declina cuando me alcanzaba el vértigo de su desolada tempestad: “Si ya nadie me recuerda, ¿no es como estar muerta?

Y me hacía caer en el pozo sin fondo de su sueño tembloroso… Y, o daba un volantazo a mi vida o esa terrible desazón diaria se me iría adueñando del timón de mi vieja barca.

¿Y qué podía hacer si a cierta edad una ya es invisible para los demás? ¿Cómo se fuga una de esa cárcel sin cerrojos? ¿Cómo se vuelve a las amigas si ya se habían quedado todas por el camino, o vivían sin ilusiones, sin fuerzas para enrolarse conmigo en el rodar de los días azules que aún nos quedaran? ¿Adoptar un animal? Lo pensé, pero eso sería como poner una venda a mi soledad. Que yo no quería acabar siendo un monólogo entre paredes, ni un reproche cariñoso en la calle. Que no conozco a ningún animal que te diga “te quiero”. Y además, no sabes si en realidad te miran desde el fondo de la nada…

Y yo que me conformaba con tan poco… Si lo que realmente necesitaba sólo era una mano con su palma y su dorso. Esa que me diera las caricias, los abrazos. ¿Eso era mucho pedir? Bueno, sí, demasiado, creo. ¿Quién iba a querer a este saco de sonoros huesos? ¿Quién a esta anciana de pelo violeta más arrugada que un rebujo de periódico?

 Y eso que sólo me bastaba con una sola mano. Pero bien sabía que no había nadie que te las prestara un ratito. Y entonces, me miré las mías, que parecen en sus pliegues, por el dorso, nudos de árboles, viejas rodillas, y con esos ramajes de tallados arroyos de nervios y venas a punto de estallar. Ya sé que en las manos parece que empieza mucho antes a medrar la muerte, que duele un poco posar los ojos en ellas, pero, aún, yo las tenía afiladas, sensibles, aún no me temblaban…

Y como esa bandada de dedos no vendría ni por asomo a hacer nido en mi cuenco vacío, pues, como hizo el mismísimo profeta Mahoma, me fui yo misma a abrazar la montaña, perdí la vergüenza. En realidad, perdón por decirlo, le eché muchos, muchos ovarios. Y me fui una mañana, al mediodía, al mercado de San Blas con un taburete, un cartel con un dibujo de dos manos entrelazadas y un megáfono, y como una vendedora, mejor diría yo como una charlatana o mercachifle de esas de antaño, me subí a la cima del escabel, tambaleándome, y empecé a pregonar mi mercancía:

 “Eh. Amigos. Acercaros. Venga. Venid. Que tengo para todos. Venga. Que no vengo mañana. Más barato que los frutos caídos de los árboles. Que los periódicos de ayer. Venga. Que regalo mis mágicas manos con su palma y su dorso. Las de las caricias que no tienes. Las que mañana serán el sostén de tu torpeza o la gasa limpia de tu llaga. Son manos de esas de andén o de puerto de las que se quedan siempre a lo lejos como una bandera al viento, esperándote… Sí, manos que se apresuran a cubrirte los hombros como una toquilla o a posarse en tu espalda sobre tu vieja tristeza. Manos que no te abandonan y que una noche correrán dulcemente la sábana blanca de tu último sueño… Venga. Que tengo para todos. Que no vengo mañana. Para el primero, y también para el último, que diga para mí”.

Y mientras hablaba, como si vendiera un crece pelo o una cartera o un bálsamo cura todo, se fue formando un corro a mi alrededor que luego, cuando acabé la perorata, en tropel se me acercaron todos…Y algunos me cogían de las manos, otros me abrazaban o me pedían un beso, “dame tu teléfono, que te llamaré, pelo violeta”- me dijo uno que parecía, como yo, de los últimos de Filipinas… Y en medio de todos, me pudo la emoción, me cubrí el rostro con las manos…

 Ahora, aún no tengo una mano para mí sola, pero todo se andará. En el mercado, o por la calle, me conocen, me paran, y ya no soy tan invisible. Y lo bueno es que me regalan, me ofrecen sus manos, o buscan las mías. Y aunque sólo sea por un leve roce, en casa, en mi nueva soledad, a esa hora de la tarde que declina cuando se desata  la desolada tormenta, su calor, su rescoldo, me protege, me dura toda la noche.

©Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el digital nuevecuatrouno de la Rioja 09/11/2019

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08/10/2019 15:18 rubenlapuente #. POEMAS ESCÉNICOS( 20 ) No hay comentarios. Comentar.

RISAS

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Le digo

que me enseñe la sonrisa,

que quiero

verle la alegría.

Que me la rescate

del mar de su saliva

y adormecida,

que así,

le lleva a los ojos

un cielo

de noche de barracas

con bengalas

y bombetas… 

 

Y que no se le acabe

nunca esa veta

de marfil de la boca.

 

Lo que daría yo

por subirme con ella

a lo alto

de su volantín

de gajo de luna.

Ay!

Pero como delante

de un milagro…

acalla,

emboba la mía.

 

Risa sin que yo la espere.

Mitad de la risa

por entre la rendija de la puerta

de su alcoba

y desnuda.

Risa enredada en su pelo,

o escondida en el ala de sus manos.

Risa entre los visos de la noche

con chiribitas

de topacio

bailando

en sus ojos.

 

 Y todo antes de hundirme en su boca.

  

¡Ay!  

Pero sé  

que la va perdiendo.

Que del mismo brocal,

otra le nace,

mecánica,

disciplinada,

tamizada ya por los golpes bajos

que le da la vida,

o por el tiempo  

que una tarde de otoño

nos alcanza…

 

Me doy cuenta,

al vérsela

de soslayo

reflejada en el barniz

de ciertas cosas…

 

…Y no es la misma,

no es la misma.

        © Rubén Lapuente Berriatúa

 

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17/09/2019 10:30 rubenlapuente #. AMOR MÍO ( 22 ) No hay comentarios. Comentar.

EL BIG BANG

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A un simple globo lo hemos llamado Universo. Lo avienta el soplo limpio de mi hijo que le pinta una narizota y dos bizcos ojos de pánico, y que al inflarlo más y más, los ves cómo se van separando, huyendo contrarios por la fina curva de goma como perdidos soles errantes…

Y mientras sopla que te sopla, me descubre que, quizá, este incomprensible viaje espacial nuestro dentro de un globo azul, no sería muy distinto al de esos dos pintados ocelos con rotulador; me da por pensar, lo vislumbro, que se encontrarían a sus espaldas si la piel de este cosmos de goma se estirase inagotable al aliento perpetuo de mi niño dios. El simple hecho de inflar un globo pintado, me da más respuestas que cualquier oscuro tratado de mecánica cuántica o compleja teoría del Universo.

Y lo lanzamos al aire. ¡Cuidado que vamos ahí dentro! -le digo.

Ni el mejor arquero llega como nosotros: con la coronilla, con las yemas de los dedos, con el trasero, con la punta del dedo gordo del pie izquierdo…

Y siempre rompemos algo en el juego, pero qué casualidad, siempre de lo que yo reniego: hoy, de ese odioso cobarde suicida gato de escayola, siempre al borde del anaquel, siempre asomándose obligado al precipicio, y por fin, colateralmente dañado: hecho papilla por nuestro fuego amigo…

 Pero… ¡ay!, en este infantil juego, quien la pifia, quien deja que el globo toque el suelo, lo paga muy malamente: se le explota sin miramientos frente al paredón de sus mismas narices: se le da matarile, rile, rile.

Y el Universo, en un despiste, bota y rebota en el suelo.

“Papito, tienes menos reflejos que el gato de yeso -me dice mi cancerbero enano…

Mientras frente a mí, cara a cara, suspendo el Universo por el rabillo de su ombligo, mi joven verdugo, desternillándose de la risa, se me acerca con el brillo de un alfiler entre los dedos, demorándose encima el muy vacilón en su ya enésimo parricidio…

Yo aprieto los ojos, los dientes, pliego las orejas, encojo los hombros... (¿Mi niñez no es la de mi hijo? ¿La eternidad no es una tarde con él?), mientras otro Universo, ya con eco de fondo cósmico, se eleva feliz entre sus labios.

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el diario La Rioja 7/9/2019

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08/09/2019 06:10 rubenlapuente #. NIÑEZ ( 21 ) No hay comentarios. Comentar.

HUMO DE MALABARES O COMO DEJÉ DE FUMAR

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Me invitó mi padre, ofreciéndome un  cigarrillo,  a  empezar a ser un hombre. Si, el primer cigarrillo: ese gusano disfrazado de camarada que enseguida se calzó mis pantuflas y que se me subió, como un niño travieso, a caballito, pero que con el tiempo se me fue haciendo  tan pegajoso como una taza de infusión diaria de super glue .

 “Con otra y rubia americana” me decía mi eterna novia. Un día, a las puertas de mi boca,  senté a mi rubia Penélope, sobre su maleta de otoñales hebras. Fue en aquel mes de vacaciones de verano en la sierra de Cameros. Yo venía de embelecos con sobadas cartas, en timbas de noches de estudio, y para dejarlo, hasta ahora hoy me sonrío, los tirabuzones de humo del cigarrillo, los cambié, para tener las manos ocupadas, por un sucedáneo continuo de humo de  malabares con mis viejos naipes: barajaba, cortaba, hacía el acordeón, movía a la vez las cartas por distintos rumbos… Y  las lanzaba, una y otra vez, sobrevolando el fogón de leña de la cocina, y con una hélice distinta en cada vuelo, hasta que aprendieron como oscuras golondrinas, a volver de rehenes, de mí mismo, a los aleros de mi regazo .

Y me hice sin querer perito en malabares.

 Corta carrera la mía, que ejercí,  tan sólo, en una velada de gloria entre mozalbetes. Que fue después de tapar la boca al que soplaba antes que mi hijo, las diez velas de su cumpleaños, que me acordé de la baraja.

El ojo es torpe para la premura de unos dedos, y más, frente a  la inocencia, que ya es un buen trozo de alarde añadido. Arrojaba las cartas, una a una, y como un bumerán, volvían a mi regazo.

Y como deslumbre, como remache, tan sólo una,  la que escogieron y volvieron a meter ( la hice una muesca con la uña)  la posé, después de un largo viaje, en la mesa de la cocina, ¡ y vuelta de cara!.

 Desde entonces, soy para ellos el prestidigitador, el gran mago (mejor no lean esto). Y aún hoy, ya hombrecitos, si me tropiezo con algunos de aquella tarde,  siempre me dicen lo mismo: que cómo hice aquello, que cuál fue el truco…echándome, a la cara, sus primeras bocanadas de humo rubio americano.

                              ©Rubén Lapuente Berriatúa   

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05/08/2019 19:13 rubenlapuente #. LO MÁS MÍO ( 23 ) No hay comentarios. Comentar.

LA FLOR SOLITARIA

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Mira esa flor solitaria. La que nace del sufrimiento. Parece una mano insurrecta. La ves como la flor del fusil de un partisano. Como triunfal bandera entre las piedras. Valiente. Acosada. Sola. Mártir de un sueño cumplido. Y sabes que te dice que la vida no es fácil.

 Oh, dilo siempre, y más a quien nazca en cuna de oro. Dilo siempre: La vida no es fácil. Y, quizá, fascinado, la cortes delicadamente y  con tus ojos cerrados la viertas por todos los arroyos de tu sangre, o puede que la envidies por florecer en el miedo, por enseñarte tu cobardía, y bajo la suela del zapato le apagues la luz, para pisarte a ti mismo.

© Rubén Lapuente Berriatúa

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30/07/2019 15:48 rubenlapuente #. BREVES MOMENTOS ETERNOS( 23 ) No hay comentarios. Comentar.

LA BATALLA DEL VINO

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Al amanecer del día de San Pedro,

por los riscos de Bilibio,

camino Haro,

allí donde el río Ebro se revuelve bravío,

hay una batalla

que en lugar de sangre,

se derrama vino. 

Para esta liza

todos se alistan de soldado:

Primero los de aquí,

los Jarreros, los riojanos;

luego vienen legiones de milicianos

de todos los pueblos

de esta nuestra piel de toro;

también los hay mercenarios

con mono de metralleta  

pero con balas

de salva de vino,

y  hasta viene alguno

de la Conchinchina

a calarse

en esta mágica niebla

de morapio.

Y tú mismo si te acercas

con la alegría en tu zurrón,

tienes reservado

el mejor sitio.

 

De guerrera basta

con una vieja camisa blanca

y pañuelo rojo de tocado al cuello.

De aljaba:

un caldero o una bota

o una botella

o una pistola de plástico.

De munición

reparten el fruto de la vid.

De música de guerra

ya hay una charanga

que ameniza el tiroteo.

 

Y en son de paz,

camino Haro,

a quemarropa, 

o tendiéndose celadas,

pelean todos contra todos,

pero nadie contra nadie,

en un fuego cruzado,

tiñéndose las ropas,

la piel, los cabellos…

de la acuarela morada del vino.

Todo un pueblo volviéndose niño,

frente a este paisaje

de viñedos infinitos de La Rioja

que nos da tanto,

que nos ha forjado.

Empaparse de vino, 

como tú de luna llena

o del olor de tu hombre

o el de tu hembra enamorada…

Y sentirlo. Y guardarlo. Y velarlo

como oro puro en paño. 

 

El día de San Pedro, 

si pasas por los riscos de Bilibio,

camino Haro,

deja que te hieran alegremente

¡Y muda en los rubores del vino! 

 ©Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el periódico digital nuevecuatrouno de la Rioja 26/06/2019

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24/06/2019 11:26 rubenlapuente #. RITOS(12) No hay comentarios. Comentar.

LA FLAGELACIÓN DE JESÚS

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Para la cofradía de la flagelación de Jesús de Logroño que me pidió un escrito sobre su paso para su revista

 El primer dolor. El que más duele. El que por nuevo más sientes. El que si sabes que desde la primera rozadura irá llevándote lentamente hacia morir, deja en tu entraña un temblor insoportable, un pavor infinito. Sí, el primer dolor de Jesús. Y con el flagelo: esas correas cuyas puntas tienen rabiosos dientes de plomo. Sí, su primer dolor con el grito que estrena la garganta. Luego una miríada de pequeños volcanes reventarán y anegarán su espalda de ese rojo terciopelo escondido: su primera inocente sangre derramada…

 Y ahí, de pie entre la muchedumbre, mira el bellísimo paso, es el de la Cofradía de la Flagelación de Jesús tallado por la gubia mágica del riojano Vicente Ochoa. Sale al anochecer del Martes Santo desde la Iglesia de Santa Teresita. Lo acompaña la banda de timbales, tambores y cornetas de la cofradía, que orea las calles de Logroño de sones que son como jirones de dolor: retumbos mojados con la sangre de un inocente que deja la piel del aire, arrugada, temblorosa, como si alguien desde el cielo arrojara una piedra al estanque de la espesa noche herida de Logroño…

 Míralo, está ahí para que te dejes envolver en el doloroso perfume de la memoria de su entrega. Te invita a buscarte muy adentro ese lugar donde uno no se engaña, a que levantes allí en este monótono rodar de los días tu cabaña de estrellas, que quien se asome por su puerta, siempre entornada, se extrañe de ver lo que no tengas y en los alambres de tus ojos vea la ropa de tu alma tendida con los bolsillos del revés: todo lo que atesoras, y comprenda que la felicidad consiste en no tener casi deseos, ni miedos, como Jesús que empieza su renuncia golpeado por el primer alarido del dolor…

Acompaña el paso por las calles hasta la parroquia, o si pasa por debajo de tu casa, asómate al oír los redobles de los tambores golpeando en el cristal de la ventana su escalofrío. Ese hombre flagelado morirá al caer la tarde en la encrucijada de sus dos maderos. Al verle en ese instante, detenido, azotado, envuelto en las esquirlas de los sones de la música,  por qué no le susurras algo, no sé, bastaría con un requiebro tímido, nadie te verá ni te oirá desde la altura, o simplemente cierra un momento los ojos y deja que se te cuele como un sueño por una rendija de tu cielo, y, seguro que quizá le recuerdes o nazca ahí, para ti, ese hombre inocente, que está empezando a morir para que tú no mueras.

 ©Rubén lapuente Berriatúa

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25/05/2019 20:14 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

LA PIEDAD

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Orgulloso de que en la asamblea de la Cofradía de la Piedad de Logroño se leyera mi escrito:

Mira qué hermoso y doliente paso de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad. Sale este Jueves Santo a las 20:00 desde la Iglesia de Ntra. Sra. de Valvanera recorriendo los aledaños de la parroquia. Ponte un momento en el lugar de María, mejor tú, mujer, que quizá tuviste una criatura en el regazo con esa calidez de un pan en las manos nacido a la vez que la luz.

Ahí, de pie, entre la muchedumbre, imagínate que después de los años, a tu hijo te lo entregan así: escupido, flagelado, crucificado,  lanceado… Y dormido ya de muerte, manándole aún tibia la sangre por sus cinco heridas, te lo llevas con ternura al cuenco a solas del regazo tiñéndote las ropas, atravesándote la piel… ¿No sentirías como si te fueras cayendo eternamente hasta el fondo de un pozo de dolor infinito?

Ahí, de pie, entre la muchedumbre, mira el rostro de María. Sus lágrimas duras hirviendo de dolor. No tiene esperanza, ni consuelo. Mírala bien. María acuna a Jesús como cuando nació en un establo de Belén o cuando de niño corría hacia ella a enterrar los miedos en el cálido valle de su túnica. Muerto y ensangrentado e inocente en su regazo de mirra, ahora ya sólo se aferra a un dulce y hermoso despojo amado mientras todo su ser va sumergiéndose en un inmenso océano de amargura.

Y parece como si, mientras le acaricia los cabellos, repasara toda la vida vivida con él, como si le fuese susurrando dulcemente al oído: “Te acuerdas hijo mío de cuando…”

Pero María aún no sabe que al tercer día su hijo abrirá los ojos. No sabe que el nidal de su pecho muerto dará lirios. Que su hijo puede borrar cualquier turbio pasado: Escribir esperanza y vida eterna en tus ojos.

 ©Rubén Lapuente Berriatúa

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26/04/2019 12:19 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

BALAS DE CORCHO

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De vez en cuando, mi hijo me invita a entrar en la guerra, a que tome las riendas de una venganza o las de una salvación. Y por detrás del arma de este pulcro héroe virtual, que toma mi nombre, a quemarropa, voy disparando. Me dicen que le regalo demasiada violencia. Que aliento su larvada fiereza. Que haga una pira con toda esa ponzoña bélica. Me lo aconseja esa hermandad bienhechora de mi familia, que al venir a casa, de visita, al verlo de pie, excitado justiciero del planeta, me miran luego a mí como culpable, como un mandria  incapaz de saber guiar sus pasos, pero les digo, gracioso y cariñosamente, que el tono de la túnica naranja se dan de bofetadas con su innegociable corte de pelo a tazón. Y les hago ver, que bastaría el simple afilado dedo de una mano desnuda para tirotear a todo lo que se asoma, a todo lo que se mueve. Le compro el guión de lo que lee, de lo que oye, de lo que ve. Y siempre será el héroe a este lado del mundo. Mi hijo juega a restaurar la paz, manipulado, claro que sí, pero como los de la otra bandería, que siempre serán o han sido, por aquí, el mal, el imperio del mal. ¿Que le compro violencia? Si no hubiera habido, ni sarracenos, ni conquistadores sanguinarios, ni piratas, ni nazis,  ni delincuentes, ni kamikazes, ni mafia, ni Bin Laden,  ni garante del planeta, ni dioses que no vuelven de comprar tabaco… mi hijo tendría una paloma blanca de mascota por la casa, o la biografía en fascículos de todos los amaneceres. Reflejo de la vida que nos toca, somos, son los juguetes o deberían de ser. Yo, cuando en aquella película, los pintarrajeados comanches raptaron a la chica, o ,en aquella otra, viendo a todo el séptimo de caballería por los suelos, al pelirrojo Custer  flechado como un San Sebastián, acabé de un plumazo con toda la tribu de la pluma, nunca mejor dicho. A Caballo Loco le colgué del palo mayor del fuerte de madera. Y de nuestra guerra civil que oía en la cocina tocada lenta en la curtida cicatriz de un brazo que me llevaba en volandas, la lidié, de niño, en la calle de arena de los pueblos de La Rioja. Alistado de soldadito en uno de los dos bandos, echado a suerte, jugábamos a dispararnos con balas de corcho… Hasta formábamos un pelotón de fusilamiento. Recuerdo que mi verdugo de pupitre, me ponía su oído frío en mi pecho cerrado al aire, y yo me demoraba eternamente en la muerte…Sólo quería recordármelo. Y aún se me escapa media sonrisa, como si, sin esos juguetes, uno no sería, ahora, la misma buena persona que creo que soy. Recordármelo, mientras en la pantalla, me dejo matar.

©Rubén Lapuente Berriatúa

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29/03/2019 20:43 rubenlapuente #. NIÑEZ ( 21 ) No hay comentarios. Comentar.

LA NIÑA DEL COLUMPIO

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Que hubiera sido

esa pobre hermana mía

Tardía

La del moisés

de borda dada de si por mis dedos

Náufraga en el zafiro

azul enfermo de su sangre

o esa hija

que no nos dimos…

Me daría igual

Lo mismo

hermana en el mismo cuarto

del mismo vientre

que hija de un te quiero

Sólo que niña

Mujercita siempre

La que no he tenido

Esa que juega de otra manera

Que todo trapo suyo

tiene carne y hueso y nombre

La que en sus fogones

sería su pinche aplicado

Enfermo en su mesa de operaciones

Modelo en el desfile

de moda en el pasillo

Portero cuando pateara

ella una pelota

también

Pero niña

Mujercita siempre

Esa que me hubiera peinado el alma

Esa que sabe sacarte

el lado femenino

Que me hubiera echado agua

al humo de la rabia de los días

 

Lo que hubiera dado

por estar

esperando su espalda

detrás de esa coleta

larga como dura una vida

La niña del columpio

Esa que se enamora de uno

La que sabes

que allá cuando tu ocaso

la verás a tu lado sonriéndote

llorando

©Rubén Lapuente Berriatúa

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28/02/2019 11:05 rubenlapuente #. INTIMISMO ( 22 ) No hay comentarios. Comentar.

EL PÁRAMO

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De entre su  saliva

se levantó una ampolla en flor

Emergió un islote

un cogollo

perdido de dolor

mojado    

Un sicario peinándose

en la luna del establo

hizo sonar la música

de una avioneta

sin rumbo

surcando

el cielo del paladar

la bóveda del sueño

Le dejó un timbre atascado

dentro de la lengua

 

 Oh venga rápido  

el escalpelo  el escalpelo  

que taje ese silbo emponzoñado 

rebana   rebaña   apura  

esa loca esquila

de la ciénaga del pavor!

 

¿Hermana? ¿Oyes?  ¿Oyes el páramo?

©Rubén Lapuente Berriatúa

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16/01/2019 13:35 rubenlapuente #. DOLOR ( 21 ) No hay comentarios. Comentar.

SOLDADOS DE LA EDAD DORADA

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Hay una guerra

que la tiene siempre

conquistada el tiempo.

Aún así  Carmen

se ha alistado

como soldado de la edad dorada.

Y tan sólo

quiere creer ganar

una batalla

perdida.

 

De madrugada está

la primera

levantando heridos.

Y a los muy malheridos,

a esos que miran

a lo lejos

lo recóndito,

sólo les roza

un momento

al pasar

la mejilla.

Carmen

es una buena soldado

de la muerte.

Sabe que quien se apaga

lentamente

sólo desea

que alguien le tome de la mano.

Y se ofrece a darle

un último pequeño abrazo

si quien le vela

tan sólo son

las cuatro frías paredes.

 

Cuando regresa

a la noche,

sobre la cama

cruzada por el arco

de una espalda que estampa

su diaria fatiga,

me dice siempre que no sirve

para esto

que no puede evitar

encariñarse

de esas miradas

que le duele luego tanto,

y  es tan a menudo,

tan pronto,

perderlas…

Me dice que

desde hace un tiempo

desde altos ventanales

ya les cronometran el cariño

que han puesto precio

a la brizna

diaria de ternura

que esto no debería

ser un negocio

que lo tiene decidido

que va a desertar mañana…

 

 Y yo le pongo la mano en la boca…

 

Pero de madrugada

está ya la primera

levantando heridos

Y a los muy malheridos

a esos que miran a lo lejos

lo recóndito

sólo les roza

un momento

al pasar      

la mejilla

©Rubén Lapuente Berriatúa

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El 14 de enero en el hogar de Lardero. La Rioja C/ Marqués de la Ensenada, 6, a las seis de la tarde hablaré de esas pequeñas historias del corazón que deberíamos atrapar en la cárcel de un papel antes de que el hilo de la memoria, tan frágil a partir de cierta edad, nos juegue una mala pasada…. La memoria, nuestra patria, nuestro paraíso, nuestro refugio. Sin ella no somos nada, ni nadie. 

04/01/2019 23:19 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

A UNA MARIQUITA

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De pronto, en medio de la primavera, se estrella contigo. Y como guardas aún algo del oro de cuando fuiste un chaval, ése que con un sarmiento atado al cinto se creía capitán de toda esta almazuela de viñedos, demoras el soplo o ese ademán de echarla con la mano. Dejas que su pequeña vida te corra por la piel. Y la sientes, por tu brazo, como carrerilla de niño por el pasillo de tu casa. Sus zapatitos negros, como de goma, te taconean también tu vida, ahora detenida. Esa pequeña escarlata que lleva el mismo morral de siempre, que te pasa veloz las hojas de tu álbum, tan chiquita. Y como no tienes nada verde. Ni las venas son nervios de hojas tiernas. Como tus manchas no son de su estirpe. Como atisba un desierto, sin ni un oasis de aviesos pulgones… Deprisa. Antes de que levante los élitros, como guardas aún algo del oro de cuando fuiste un chaval, la sueñas como a un diente de león o como a una herradura de siete agujeros o como a un trébol de cuatro hojas y le vuelves a pedir, medio sonriendo,  aquel mismo sueño de antaño, ya imposible, fracasado…Y la soplas…Y no sueltas el hilo de su estela…

©Rubén Lapuente Berriatúa

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14/12/2018 18:40 rubenlapuente #. MIS ODAS( 22 ) No hay comentarios. Comentar.

VECINOS

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Si corro las sillas, si rechinan (si supiera tocarlas), el lunático vecino de debajo de mis pies, nombra a toda mi familia. Pero, cuando a cualquier hora del día, se desata  el clarinete en mi casa, me queda la satisfacción de que, su profundo silencio, denota un buen oído musical.

Le di permiso a mi vecina de al lado, para que su glicinia colonizara también mi terraza. Y ahora la tengo ya volando sobre mi cabeza, bajándome en oleadas malvas su intenso y mareante aroma. Pero, tengo la sensación de que no es del todo mía, como si tuviera que pedirle permiso para hundirme en su perfume, y sonriéndola, le digo… ¡eh vecina!  Hoy voy a robarte hasta la última gota  de chanel de tu glicinia  ?

Mis vecinos del primero, han adoptado dos párvulos de la profunda África negra. Llegaron con la afectada mueca del desarraigo, inquietos como si soltaran dos cervatillos en la Gran Vía. Y me contaron, que nada más llegar, al ver la jarra del agua sobre la mesa de la cocina, se la bebieron los dos, sin miramientos, de un trago: Quizá temían que mañana ya sólo manara aire del grifo.

 Justo frente a mi balcón, al otro lado de la calle peatonal, mi vecino de hola y adiós, poco más, ya no se asoma. Últimamente le hacía yo un gesto levantando el brazo con la mano cerrada. Ahora, su mujer, no falta a la cita de adornar la barandilla de su balconada con tiestos de blancas, rosas, amarillas y rojas flores. La percepción mía ahora es distinta. La suya, desde su azotea, debe ser la misma de siempre: ninguno de los dos ha cruzado el umbral del otro, nunca hemos quebrado las formas… ¿Y por qué no ahora? ¿Por qué no romper la imagen de siempre? Que todo dé un giro inesperado… ¡Vecina!  le digo, entre tanto vergel, no se te ve bien lo guapa que eres.

Y se levanta. Y se acoda frente a mí en la baranda…

©Rubén Lapuente

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21/11/2018 20:57 rubenlapuente #. HISTORIAS NATURALES( 13 ) No hay comentarios. Comentar.

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