VECINOS

Si corro las sillas.
Si rechinan.
(si supiera tocarlas)
El lunático vecino de debajo de mis pies
nombra a toda mi familia.
Pero cuando a una hora del día
se desahoga el clarinete en mi casa
me queda la satisfacción
de que su profundo silencio denota
un buen oído musical.
Le di permiso a mi vecina de al lado
para que su glicinia colonizara
también mi terraza.
Y ahora la tengo volando
sobre mi cabeza
bajándome en oleadas su intenso aroma.
Pero no puedo entregarme del todo a su olor.
Tengo la sensación de que no es mío.
¡Vecina! le digo, ¿me dejas oler
tus colgantes racimos violetas?
Mis vecinos del primero
han adoptado dos párvulos del África negra.
Llegaron con la afectada mueca del desarraigo,
inquietos como corderos.
Y al ver la jarra del agua sobre la mesa,
se la bebieron de un trago los dos :
Temían que mañana ya sólo manara aire del grifo.
Justo frente a mi balcón
al otro lado de la calle
mi vecino de hola y adiós, poco más,
ya no se asoma.
Le hacía últimamente un gesto
con la mano cerrada.
Ahora su mujer
no falta a la cita de adornar
la barandilla de su balconada
con plantas de moradas, blancas y rojas flores.
La percepción mía ahora es distinta.
La suya desde su azotea
debe ser la misma de siempre:
ninguno de los dos ha cruzado el umbral del otro,
nunca hemos quebrado las formas.
¿Y por qué no ahora?
¿Por qué no romper la imagen de siempre?
Que todo de un giro inesperado.
¡Vecina! le digo, entre tanto vergel,
no se te ve lo guapa que eres.
Y se levanta.
Y se acoda frente a mí
en la baranda…
©Rubén Lapuente
LA VIDA INTERMITENTE

Ese continuo rodar lento
de los días
esta armella de sol de fondo
que nunca duda
este minutero
de la rueda del mundo
equilibrado
por legiones de horas
robadas
sin hondura
sin calado
como si vigiláramos
a una multitud
que somos nosotros mismos
vivimos
impregnando de tiempo
las cosas
al rozarlas
alejándolas
como si algo las fuera retirando
despacio
de nosotros :
la vida en un radio de uno mismo
interrumpida
falsa como una grisalla
útil
en la desventura
para no desaparecer:
y así una mañana
tropezamos
con ese largo olor a pan
con los versos de estravagario
en las traseras
de una repisa olvidada
con aquel brillo en los ojos del otro
que hemos despertado
otra vez
y la vida que no es profunda
sale a la superficie
intermitente
y extrañamente renacemos
©Rubén Lapuente
ODA AL JEEP WRANGLER

Como un negro
caballo percherón
relinchaba
en el escaparate.
Su montaraz mirada traspasaba
los cristales:
llegaba hasta el lugar
donde la vida coincide con uno.
Y me subí
a su montura.
Tomé su redondo y montés ronzal.
Así mis nervios
a la tralla
de los suyos.
Ahora me deja
en las cumbres
junto al dios de la niebla
y al pie de la pureza
del agua helada
del arroyo.
Me acerca
al candente bramido
del encelado ciervo.
Me traza estelas de nieve sin miedo
por todos los eneros.
Y en medio de los truenos
bajo la tormenta
amo su silueta
de guerrero altivo
que se calla la muerte.
Algún día
me acercará
al único crepúsculo que me haga
saltar las lágrimas.
Me quedo con este
planeta de hierro
que me deja en la belleza abstraído
sin cabida
al fin sin pensamiento!
©Rubén Lapuente
foto en mojón alto con mi jeep wrangler
LOS NIÑOS DE LA BASURA

“Da igual mi nombre
llámame niño buzo o niño gris.
La primera vez que me trajo mi padre
me impresionó muchísimo:
La basura estaba como en cerros,
todo entreverado.
Tenía que hurgar entre los despojos,
sin guantes,
mientras la tierra bajo mis pies se hundía
desprendiendo una pulpa viscosa,
hedionda.
Aquí estamos decenas de infantes
en cada montaña de humo.
Un saco de arpillera a la espalda,
un garfio y mi estomago
son mis útiles ahora.
Ya me codeo con esa marabunta
que se abalanza sobre el alud
de deshechos recién nacidos
que voltean los camiones.
Agachado, rescato latas vacías,
cobre, botellas, un trozo de hierro…
Así hasta que la niebla de metano ciega mis ojos,
hasta que mi cara gris hoza la mugre.
Y luego hago el trasiego allí mismo
por unas pocas monedas.
Ahora soy más serio, más triste.
Mi padre me dice que más hombre
al entregarle los cuatro pesos
que ayudan al sustento de todos.
Y aunque me dice
que la basura es la vida
me gustaría que clausuraran el vertedero
(se piensa que no me entero
de que con argucias me obliga)
así podría ir más a la escuela
y no me envenenaría
tanto la sangre.”
©Rubén Lapuente
Cometas de esperanza y los niños buzo de Rafey
La ONG Cometas de esperanza de León(España) ha creado en el POBLADO DE LA MOSCA de Rafey.Santiago (República Dominicana )así llamado el lugar donde viven las niñas y niños en el basurero, una escuela -comedor y asistencia médica. En total han rescatado 175 niñas/niños que oscilan entre los 4 y 16 años de edad. Cometas de la esperanza necesita colaboración para paliar la esclavitud infantil y el abandono absoluto.
EL CUBIL DEL SUEÑO

En el cubil de mi sueño
pulsan una luz a medianoche
Despierto adentro
temeroso de la verdad
diurna mía
a esta claridad más auténtica
Tres horas más de vida
atado al lecho del desvelo
viendo la sombría
fragilidad de la vida
el poso tiznado
que me aflora ahora
de los hombres
esa postura
esa silueta al trasluz
de mi mujer
desconocida
que me engulle
en su remolino de vértigo
mi mañana desmañado
en mi peor desnudo :
el del deterioro:
el anticipo que le doy de algazara
a la muerte
Tres horas más de vida
esperando a que el ojillo
de la persiana se abra
con la algarabía del día
que todo lo posterga
©Rubén Lapuente
FIDELIDAD

Por la avenida me cruzo con ella
camino del trabajo
Voy con el cuerpo
que finge despertarse cada mañana
Y no es la mejor manera
de atender la dulzura de unos ojos
Al principio sólo era un perfume intenso
Luego la brisa que movía
se me fue acercando
como la de aquel temblor
adolescente
Y caminábamos despacio
para que durara algo más
nuestra diaria coincidencia
Las miradas se hicieron cada vez
más cercanas más cómplices
más sostenidas
Me ladeaba para no rozarla
para ser sutil y amable
Hasta luego -me dijo ayer
Adiós -a media voz y a destiempo le dije
Y nos volvimos a la vez
para darnos la mejor sonrisa
Hoy sabía que era la mañana
del encuentro de las preguntas
de la cita en un bar
de las mentiras quizá
Ahora está ella bajando por el bulevar
Adelantándose al tiempo
Buscando mi silueta en la lejanía
Oyéndose el timbal enajenado del pecho
Pero hoy he cambiado de trayecto
He tomado una calle paralela a la avenida
Mientras la veo fugaz
rebasarme por una esquina
me imagino
camino del trabajo
que hay ahora alguien
que descorre unas cortinas
que abre un balcón de par en par
y que recogiendo mi ropa sobre la cama
tal vez por un momento
aspire su olor
©Rubén Lapuente
LA VENDIMIA

¿De dónde mana esta dulzura?
Y esta acuarela
de otoño en las vides
que me arrodilla
cómo se apresa?
¿De qué puerto zarpa
este galeón de mosto
varado bajo las cepas?
¿Qué artesano en sombra talla
estos racimos de uva?
Envidio a esta naturaleza
que se asoma tan bella
tan minuciosa
sin error
¿Por qué nadie de nosotros
es dueño de la suya?
Si tiro del hilo
de mis sentimientos
de mi belleza
¿Por qué se me revela distinta
cada día?
¿Por qué me enseña
inevitable
ese fondo de mi ser
que yo no quiero?
Hoy es la vendimia
Llevo el milagro de mi viñedo
al pequeño lagar
Piso la uva
Hundo mis pies en cada perla negra
que estalla
Y gasto toda su belleza
como la mía
que sube ahora a mis ojos
ebria de vino de vida
©Rubén Lapuente
Alberite(La Rioja)
a Marian Olarte bella como un racimo de uva
LA SILLA

Hay cosas que crecen
todos los días
que se hacen
de la medida de un gigante
que se apropiaron de alguien
que tomaron su forma
y que al quedar
huérfanas de su hueco
aciagas
se desfiguran
como esta silla
sostén de cansancios
de vida anclada
en torno a un velador
Le veo ahora
ese alabeado
en la celosía de tallos
del asiento
que le da zozobra
y me rasguña el estómago
me desasosiega
La cambié de sitio
a una habitación vacía
pero su oscuro fardel
de inquieta ausencia
lo llenaba todo
Una noche en secreto
la bajé a la calle
la abandoné cubierta
junto al contenedor
de la basura
Creía irme ya libre
cuando tras mi espalda
un silencio a desamparo
clamando
me atravesó
©Rubén Lapuente
MEMORIAS DE ÁFRICA

del diario de un soldado de la edad dorada
a la memoria de Santiago
Sedado pero lúcido
puedo imaginarme estar
bajo su piel macilenta
oyéndole el trote lejano
que se acerca sin ritmo.
Me lo balbucea
a la cabecera de la cama
adonde acudo al oír
el grito de soledad
que me lanza su campanilla:
No he sido nunca una persona llana.
No he sabido fingir.
He menospreciado a quien
no compartía mis emociones:
El álgebra, la música, el cine.
Nunca he hablado por hablar.
Y ahora que llega
ese afilado runrún sin melodía
voy a ser el mismo
que ha vivido siempre solo
pero fiel conmigo.
No me arrepiento de nada.
-Santiago…
¿Y si le ponemos música
a ese zumbido?
¿Y si viniera mi pequeño Mozart
con su clarinete y tu adagio
el de Memorias de África?
Medio vestido para el concierto
puedo imaginarme estar
bajo ese traje con babuchas
sedado pero lúcido
mientras la caña busca
su frescura y el aire
su vericueto en el ébano.
Y Mozart suena
con ojos de cielo sobre
la sabana de su memoria
como presagio
volando sobre el estampido
de un enjambre voraz
que de pronto…
(lo noto en su rostro)
enmudece e interrumpe
por un momento su viaje.
©Rubén Lapuente
UNA HISTORIA DE NUBES

Esta inquietud mía
Esta ráfaga de pureza
que me tiende sobre ella
desde la glorieta de su frente
a los ocho breves valles de sus pies
Debajo de mí
no sabe lo que busco
Somos sólo una historia de nubes
Sólo una memoria de sábanas
Con los brazos en cruz
le arrebato las manos
entrelazándolas con fuerza
a las mías
Y lentamente
ruedo mi rostro
de un lado al otro del suyo
La hablo se azara:
Cuéntame tu vida como sé la mía
como si fuera la niebla
y yo la orilla del río
Se afloja el ramal que le puso el tiempo
Me abre la ventana
que da a la ensenada de su patio oscuro
y me lleva a las lágrimas tras la puerta
al jirón de aquella promesa
al orgullo que le agranda el olvido
al camino en zigzag que era el bueno
Luego bajamos al barranco
donde guarda su tesoro
y me lo señala
Y escarbo allí hasta dónde
no hay nada ni nadie detrás:
su piedra desnuda intacta
de dónde nace la mirada
el deseo lo insondable
el milagro en flor
la inocencia tierna
Y al salir de su cuerpo
colmado
la veo distinta transparente
desarmada más dulce
inacabable
Ahora somos una historia de nubes
que se reflejan
Una memoria de sábanas eternas
©Rubén Lapuente
LA BATIDA

Soy el ciervo
Errante
Orgulloso
Oigo la corneta
que espolea la rabia
Que me trae el fulgor
de sus dentelladas
Me rezago
Con ceño de soldado
soy mi propia carnada
La turba de canes
hambrienta
me acorrala
Con mis astas
volteo ladridos
horado hocicos
Mis pezuñas
cocean tarascadas
En un descuido
me desgarran la piel:
Jarcias de mi carne oscura
se retuercen
en la tierra
vivas
Desde el risco
me lanzo
como un suicida
al agua
Velero del río
tras mi traza de sangre
saltan peces
que me sueñan
Soy el ciervo
desmogado
descarnado
sin belleza ya
Digno
de no ser laurel
de venablo
Esperando en mi yacija
agonizante…
¡Que sea sólo el bosque
quien devore mi muerte!
©Rubén Lapuente
LA FLOR DE LA HIGUERA

Lo que me duele lo hago rápido
Lo miro todo de soslayo
Y doy la temida última vuelta
de cerradura a la casa de mis padres
Yo quería salir de prisa
de ese silencio insoportable
pero sobre la tapia del patio
al volverme
se asomaba la dulzura de mi infancia
¡Ay! ¡Mi higuera!
Aquella noche de San Juan
subida yo a sus ramas
Quien arrancara su flor
que nacía y moría
eterna en un instante
sería por siempre feliz
Leyenda que me creía
a pies juntillas
¡Ay! Esa noche
en la espesura
bajo ese olor grave
asfixiante
me moría de inquietud
Y al encenderse las hogueras
se prendió la higuera
de fugaces luciérnagas
Aparecía y desaparecía
en cada brote
la oculta flor efímera
Pero no me dio tiempo
a atraparla en mi puñito de luz
¡Ay! ¡Mi higuera!
Entré otra vez en la casa
Ahora si oía respirar a alguien
Y como aquella noche de San Juan
me subí a su enramada
a su profunda dulzura
Le arranqué una rama
joven y luminosa
de la copa
La vida es un simple esqueje- pensé-
como yo soy el trozo
que tanto buscaba de mis padres
Y me fui alejando
empuñando otra vez
los sueños.
©Rubén Lapuente
a mi mujer y a su dulce higuera centinela de su casa cerrada
EL HUÉSPED

No me preguntéis
quién es
ni de dónde viene
Algunas veces coincide conmigo
Me aborda
como un corsario
en alta mar
Y me pinta una sonrisa
de rueda de luna
Y me hace tararear
baladas no escritas
Si me viene
su ráfaga de la calle
la aguja del reloj
apresura la sirena
Y con un brazo en mi hombro
se toma conmigo
un par de cervezas
Sé cuándo me habita
por la manera
de cómo me mira ella
de insinuárseme en una rendija
flechada
sabiendo que se le cumple
aquel sueño de niña
Algunas veces coincide conmigo
en la tristeza
Y me lleva hasta el balcón
que abre la vida
Y me enseña a vivir
allí con la muerte
asomada a los cristales
perezosa
Me gustaría
que se quedara
siempre conmigo
pero hay muchos días que no le agrado
Y recela
Y espera a que haga
una seña
cuando esté
de buenas
©Rubén Lapuente
CAPITÁN DEL AMOR

¡Que la despierte
para que la duerma la lluvia!
Desvaríos.
Rarezas de mujer.
Culpa de este verano de letargo
de estiaje de arena
que la tiene adormecida
desmadejada
flotando en la tierra.
Pero en esta mañana tórrida
que no he de vadear
la voy a perseguir
la voy a empapar ese sueño
la voy a levantar el espíritu.
He abierto la llave de la ducha.
Y en volandas
raptándola
la he llevado
bajo esa lluvia fría.
Aullaba.
Me insultaba.
Me tiraba coces de potrilla.
Primero se le erizó la piel.
Luego se le abrieron los poros
como sedientas bocas.
La lluvia fue en sus venas
salvajes arroyos de tormenta.
Y cedieron sus brazos…
“No te seques.
Rastrearé tu reguero
de agua.”
Sobre las sábanas mojadas
en el fondo de la casa
la llave aún abierta
ella oía verterse
sobre su cuerpo
la lluvia…
¡Como un aguacero!
©Rubén Lapuente
LA VOZ DEL SUEÑO

La oigo respirar…
Si no durmiera a mi lado
por esa voz del sueño
que no se aviene
a la que yo atesoro
no la reconocería.
Por momentos
alienta suspiros de niña.
En otros inspira
roces de viento
en las zarzas.
Luego imperceptible
su aliento calla
como una leve herida.
Y al no oírla
me ralla el vértigo
de cuando
cuál
antes
será un hueco.
Y la despierto
con la voz
ronca del sueño
fingido.
Desvelada
se vuelve hacía mí…
¡Y no me mueve!
©Rubén Lapuente
ZAPATILLAS EN LOS CABLES ("SCHOEFITI")

Si buscas una razón la hay
Es una metáfora de la vida
¿No es hermoso?
¿Que te parece necio?
Espera escucha:
Todavía hay gente
que bajo ese cielo
de suelas y cordones
rastrea miradas perdidas
o al nuevo trencilla del barrio
o sangre púrpura en la brea
¡Como si los bandidos
facilitaran las pesquisas
a la policía!
Los cables de la luz
del teléfono
que muerde el viento
sostendrán la noche
las palabras
el desahogo
pero si fueron cicatrices del aire
tendederos sin vida
trenzados horizontes sin paraje
fue sólo hasta que una madrugada
alguien los lazó
con sus viejas zapatillas
¿Cabe mejor ocaso
a quien abrió contigo veredas?
Luego una pareja
enganchó a los hilos
el esplendor de la primera entrega
Otra prendió su suerte
al tumbo del antojo del viento
Una pandilla llevó a la cimera
la última noche de un mancebo
Otro dejó meciéndose
el sueño de un amigo
que aún no ha abierto los ojos
Y sólo verás zapatillas
colgadas de las venas del progreso
Las quitarán
Me las quitará
un edil sin un adarme de lirismo
Pero volarán otras y otras
y otras…
Si buscas una razón la hay
Es una metáfora de la vida
¿No es hermoso?
©Rubén Lapuente
LA MANO DE NIEVE

Nevaba
por una ventana
de la escuela
sin memoria
En el patio
corría perseguido
por dos breves huellas
que la nieve
me destapaba
Mirado y cegado
por aquel resplandor
metí la mano
en la blancura
y escarbé la veta
de luz
En la bicicleta
llevaba la dulce pala de la orilla
y hacía sonar
la bocina
sin cesar
para que todo saliera
a recibirme
Y junto al río fui
el hondero de la nieve
la gruta fugaz de un cuento
el feliz náufrago oculto
el parlanchín con lo dormido
Y extenuado
me tendí
sobre la gélida fragua de luz.
Sin fuerzas
me eché
sobre el tesoro puro de lo eterno
sin una pizca más de niñez
que arrancarme
Tuve que empezar a oír
lejanas y largas voces
para que todo mi cuerpo
tiritara.
©Rubén Lapuente
al amanecer los niños montaron en sus triciclos
y nunca regresaron (L.M.Panero)
DETRÁS DE ELLA

Voy detrás de ella.
De un vaivén olvidado.
La veo como la ven los otros.
Como veía adolescente
su cuerpo por los soportales.
El mismo gesto de acomodarse el pelo.
La misma transparencia que desplaza su silueta.
¿Lo que amo son sus formas?
La sigo para que no se me acabe su cuerpo.
Para volver a dibujarla
sobre el esbozo de ayer.
Ánfora que se cimbrea
cruzando esquinas, gentes, luces …
Se para en un escaparate.
Vive el hallazgo, la sorpresa:
El vestido quizá ya interrogado.
Creo que amo su manera, su aire.
Al girarse ella de pronto
casi no me da tiempo
a darme la media vuelta.
Me estará ahora viendo caminar
delante entre la gente.
Gritará mi nombre.
¿Qué haces aquí? me dirá.
Siento sus ojos a mi espalda.
Los pasos de sus tacones…
Alargo un poco la zancada.
Tenso el cuerpo
esperando su voz…
¿Pero porqué no me llama?
©Rubén Lapuente
RECUERDOS DE IDA Y VUELTA

Tengo que estar solo
muy solo
Y cerrar los párpados
con los ojos abiertos
Hay otro yo en mi interior
que sabe
que no existe el olvido
que nada se puede
despegar del álbum
y me lleva de recuerdos
con pasaje
de ida y retorno
Del halda
que mojaba de mi madre
a la rosa
que corona la piedra
que hollaron mis dedos
De mi piel
que hozaba la tierra
rodando canicas
a mi hijo
tirado en la alfombra
mercenario en el universo
de una caja de sueños
De la trinchera
donde un muchacho
que fue mi padre
disparaba sólo al azul del cielo
al instante
en el que secuestrado
por galones y cruces
me daban la voz de fuego
ante una diana
a la que yo ponía rostro
Del miedo
a no saber morirme
a pensar
que un instante antes
le estaría dando vueltas
a esos versos
Tengo que estar solo
muy solo
Y cerrar los párpados
con los ojos abiertos
©Rubén Lapuente
LA SOMBRA DEL HAYA

mi pino enfermo mi haya ganando cielo
Tiré de la raíz
como de un hilo de agua
como si desvistiera
a mi hijo dormido
El haya
Lo veré desde el albor
Frente a mi casa
Junto a mi pobre pino descarnado
que ya se rinde de la vida
(¿Cómo puede pesarme tanto
una sombra enferma?)
Un haya niña
Y al sur
Hoyuelo de mis diez uñas de tierra
Y frente a mi ventana
Hojitas hambrientas de luz
soñando darme penumbras
Haya que atravesarán
dulces rayos de sol de inviernos
Ruina
y naciente esplendor
mirándose
Relevo cruel en la altura
(¿Cuándo sabré que ha muerto?)
Pero el vano de su tiempo
no se cruzará con el mío
Mi hijo riega ahora
la sombra del haya
Moviéndose
De perfil
Le reconozco memorias
cercanas
otras ya idas
¿Quién duda que mi perfume
no se baña en el estanque
de su sangre?
El haya
El tiempo
No llegaré a su cielo
Mi hijo ahora se asoma
tras los cristales…
¡mi recuerdo
en dulce sombra
de mañana!
©Rubén Lapuente
(El Rasillo de Cameros)

