CABALLO

Antes de que conquistaran tu grupa
la vida era un papel de seda calcando los días
La tierra tenía el radio de una zancada
La imaginación viajaba a pie
Ahora debajo de una huella de hombre
está la tuya
está nuestra historia
que antes de tiempo nos has traído
al galope caballo al galope
Subo a mi sierra
Al maretazo del mar de pie
de tu talle
Al carámbano de enero en tus crines
Caireles de tu frente imito en la mía
Subo a ver porque así mira sólo el caballo
dulces ojos tristes y salvaje
te querría del viento siempre
Oh hermosura sin altivez
Oh garra sin saña
Toda la pureza del hombre
sin su vileza me mira
Pero aunque ya no eres nadie
Aunque de otra montura ya nos bajemos
Qué suerte
Vives como si todo fuera a ser eterno
Oh joven vela temblando
rumbo matarife!
©Rubén Lapuente
Foto: manada de caballos en Sierra Cebollera. La Rioja
MASCARÓN DE PROA

La muchacha de madera
La de la roseta de golpes
de agua en las mejillas
La de flores de algas en los cabellos
La que suena en su caracola
voces lejanas de lirio
Hecha para morirse de mar
A un marinero de arboledas
le ha embriagado el corazón
Por la roda de su casa la sube
hasta un sombrío cielo de lucera
Arrancada
de su viejo bauprés de goleta
la sirena varada
tallada con gubia de viento
de lluvia de olas
de albas de océano
llama con su honda caracola
a lejanos mares perdidos
Cada día sube a mirarla
Cada día por los ciegos
ojos ahogados
se le sueltan a la muchacha
de madera
dos gotas de agua salada
Y ella no sabía llorar
©Rubén Lapuente
A Jorge Escobar Calderón artesano chileno de hermosos mascarones
ALAS ARRIBA

Sobrevuelo mi ciudad
Alados brazos de avioneta visto
Sobrevuelo miles de historias parecidas
Sabía que navegando los cielos
mágicamente te vas vaciando de ti
Que la pesadumbre no escala nubes
y se queda ovillada en su nido
de bruma esperándote abajo
Sobrevuelo pedazos del puzzle de vida
que de pronto descorre los tejados
a la carrerilla de ir a abrazar y registrar
los bolsillos de padre
al bajar de las escaleras
tentando la baranda a trompicones
hacia el dulce sol de la niñez
Mi piel mojada hombrea aún junto
a la plata del río corriente abajo
Me sube el perfume de los parques
de muchachas en flor
Sobrevuelo aquel corazón mío roto llagado
eterno menhir enquistado en la memoria
a mi madre asomada a la ventana
bajándose en silencio su crepúsculo
los días de otra vida de ahora
con el silbido de hoz de un intruso
barriéndome el estómago
desde la miranda del aire
como si yo fuera otro
como si la carne mía pulpa de luz
El piloto vira el aeroplano
y el horizonte se desequilibra se curva:
asoma el perfil del trompo de tierra en el vértigo
de su viaje oscuro que revuelve belleza
con la nausea del por qué hay algo y no nada
Regreso como antes de encaramarme
Recojo el morral del pesar
Un viento rezagado intenta levantarme los brazos…
Zigzagueando voy buscando unas alas…
©Rubén Lapuente
Foto de José I.Toyas
Real Aeroclub de Logroño y Rioja
BESOS EN BICICLETA

Eres joven mientras vuelas
mientras pedaleas
Sentado en el sillín
de la alada bicicleta
suena por detrás
el timbre del manillar
de su corazón
y lírico
vuelves la cabeza
a los besos que te siguen
al parpadeo del sol
en el mareo de oro de sus piernas
desnudas
Dos tumbadas
bicicletas
en la orilla de la alberca
junto
al rebujo de la ropa
caída
acuciada
de empellones de vida
Vuelves la cabeza
a su lámina
en el frio de la ciudad
bajo los primeros copos de nieve
entre radios
de ruedas de luz
de tardes de besos en bicicleta
sobre la vida
que sonríe
joven
mientras pedaleas
mientras vuelas
©Rubén Lapuente
REGAZO

Tengo miedo siempre a ese cuenco a solas del regazo
Y me cargo con un hatillo vivo de silencios
Pero cómo fondeo en la caleta de su pecho
Cómo le enseño lo débil si he sido adusto
A la sombra de su corazón de mujer
cómo me abandono y me pierdo y me olvido
del batallar inútil conmigo solo
Miedo a que la ternura me haga vulnerable
Vergüenza a que me encuentre frágil
Cómo me siento sobre el halda de sus claras rodillas
De sediciosa la piel a dulce gemido en sus brazos cómo
Cómo decirle que las lágrimas más amargas
son las que aún no he derramado
©Rubén Lapuente
CUCURUCHO DE CASTAÑAS

Nunca había sentido que el tiempo no corriera
Que holgazán hozara lento en el barro de la tristeza
Salgo del tercio de cada día de mi vida en una silla
al mar de las luces de diciembre
al olor que me evoca lo bello mío dormido
el de estas asadas castañas
pequeños cálidos corazones de caoba rotos
que llevo a casa
en un cucurucho de papel
que atravesarían hasta un turbio vidrio
empañado de melancolía :
Son flechas de luz de vivo aroma nuestro
Sobre la mesa de la cocina
esparzo doce fábulas de niñez
o la forja de futuros recuerdos
Y al olor mágico ya no viene primero lo zampón tierno
sino ese devaneo de mano de muchacha
que hurgaba en el hogar del bolsillo de mi abrigo
enamorada
que entorna ahora los ojos con mueca de placer
Y me extraño de no verle ni una estela
de vida herida
©Rubén Lapuente
¡NOS VAMOS AL RÍO!

Son escenas olvidadas
momentos que regresan
de una pequeñez
como cuando doy un par
de palmadas y digo
¡Nos vamos al río!
Y la brisa de mi voz
ya lleva las mismas
palabras de mi padre
solapando las mías
e igual que entonces conmigo
estalla ahora clara
la garganta de mi hijo
que viene corriendo
hacia mi
con esa gota de luz
de sol de espiga tierna
de la infancia
y a través de su abrazo
abraza a mi padre
que despierta
¡Nos vamos al río!
Y sobre la piel del agua
dulce del Iregua
desmedido
vuelve mi padre en mí
ante la zozobra
del barco de carne
de papel mojado
aprendiz de pez
a la deriva
echo maraña de alharacas
jaleando a mi hijo
que es ya el suyo
mientras les miro
desde la orilla
como miran los juncos
©Rubén Lapuente
al enseñar a nadar a mi hijo en el río despertó en mí mi padre
foto Pablo Vicens
CAMELIA SUMERGIDA

No basta que tu mano sea su amarre
Que tus brazos sus remos
Que tu espalda su barca
O que tu cuerpo su dique
No basta con el amor
En el océano de este sueño
hay un turbión que de noche la despierta
Porque cuando todo se rehace
otra vez todo se deshace
Otra vez la dentera del box del miércoles:
El sumidero de la frescura
El pesado cielo gris de la boca
Otra vez la lluvia de metal de saliva
Un cansancio eterno de hombros de ameba
Hasta la bata al pie de la cama
parece tejida con vellones de plomo
No basta el nido de albatros de mi pecho
Otra vez la camelia sumergida
Coser y planchar los mismos pétalos
Otra vez falsos sueños de grajea
Estaciones del cuerpo
como el tornadizo verdor
del pozo de su carne
que hoy se rehace
y tacha y remacha
con una cruz
en el calendario
otra fecha
menos
©Rubén Lapuente
APUNTES DEL UNIVERSO

Andrómeda
La bella Andrómeda me clava en los ojos su arpón de luz. El cabo de su jarcia que me baña ahora, partió de su navío en llamas, antes de que Adán naciera.
Asimetría
Ella recuerda que la amé bajo la infinita noche estrellada. Yo recuerdo que la quise sobre un cuerpo inabarcable.
Farola
¿Quién de vosotros es el hondero? ¿Quién es el infalible con la piedra? ¿Tú? Mira. Me ha plantado el ayuntamiento en mi calleja oscura sin número, un Goliat con chistera negra, me han borrado el cielo de mis noches de verano. Ahora mi pequeño balcón, es la única rutilante estrella del firmamento. Detrás de este velo de luz para otro nuevo ciego, estará mi brillante Vega, Cisne volando por la Vía Láctea, mis lágrimas de agosto, Hércules, El Escorpión, El Sagitario Arquero, los lebreles de Orión cazador… Y cómo voy a ir al relente con mis años. Cómo volverme a tender sobre el embarcadero del embalse, si ya no sería tan hermoso que como cuando era yo un niño ¿Tú eres el hondero? ¿El David de la piedra infalible? Mira. Hazlo durante el estruendo de los fuegos en el puente, o en el revuelo de la verbena. Que tu piedra en el aire, de golpe, encienda todas mis estrellas.
Rueca
Su rueca hilaba el oro viejo de las gavillas de heno, el destello de plata de vellones de nieve, la tierra de siena quemada de rimeros de hojas muertas.
Sol
El sol vive en una noche de San Juan perpetua. Tiene siempre la delicadeza de taparse la boca con la mano si bosteza. ¡Que no titubee que se apagaría!
Tímido
Al mirarle, baja en seguida la cabeza. Sólo en las noches de cielo limpio y sin luna, sale a su balcón con estrellas .Y ya no parpadea.
Universo
Qué locura es esta de universo, de huir de nadie, en andas de la nada, sin saber adónde.
Para qué tanta grandeza, tanta infinitud, tanta negra casa solariega, si una sola tarde sobre mi madre lo eclipsa todo.
El niño levantó un tinglado de balancines de sillas en equilibrio para alcanzar en el altillo de la alacena el confitero de oscura luz de melaza. Lo destapó y en esa pulpa metió el dedito dulcero que luego se llevó a la boca, entrecerrándose a la vez los ojos del placer. En la tapa, aún no sabía leer, venía una leyenda escrita por su padre: Peligro. No abrir. En este Universo se me olvidó incorporar la ley de las travesuras de los dioses niños.
©Rubén Lapuente
A SUS PIES CANSADOS

Vino de la calle
cansada
muy cansada
renunciando casi a moverse
Despacio
muy despacio
la descalcé
como si le quitara
la venda
de una herida
aún
abierta
Sus pies breves
racimos de uva rubia
eran dos alas
vencidas
Dos panecillos
de sudor
de su frente
Dos peces
aleteando
en un charco
de la acera
Juntos
los tensaba
Me los ofrecía
como la última
manzana
de la rama
Como una quemadura
de la vida
Pies
de mujer Nazareno
que tomé
como si yo fuera
aquella María
la de la libra del perfume
de nardo puro
y toalla
de guedejas
Mientras
su mano
sobre mi cabeza inclinada
me revolvía
el pelo
en las plantas de sus pies
la yema
de mis pulgares
le encontraba
en cada
curvada
friega
la sombra
de la tarde
sobre su higuera
Los acaricié tanto
que temí
se me quebraran
o que no quisieran
o no pudieran
ya dormidos
despertarse
con ella
©Rubén Lapuente
KAMIKAZE

Me brindan una muerte hermosa
Vendrá a recibirme la gloria
Aquel filo de acero en las palabras
Aquella arenga que macera la carne
en orgullo en dignidad en pureza
trasciende la vida y la muerte
El emperador os sueña me decían
Cómo negarme si el valor de la vida
ante el deber tiene el peso de una pluma
Cómo no dar un paso al frente
si nos están humillando
A la cabeza me he anudado la cinta
de mi patrio sol rojo violento
Felicítame madre como una tierna
flor de cerezo caeré le he dejado escrito
Sobre el mar de aguas de jade
tembloroso como un Ícaro plateado vuelo
en el último cielo azul puro que veré
Abajo avisto el gigante acorazado
Y en picado mortal desciendo empuñando
esta curvada hoja de acero de viento divino
Mil veces mil trepidante gira la hélice
Todo viene hacía mí como en ancas del vértigo
En la carlinga no cierres los ojos me dijeron
Que viene a recibirte la gloria
Que todas las flores de cerezo del templo
brillarán para tí
©Rubén Lapuente
Foto : Un grupo de pilotos Kamikazes: Jóvenes desbordados por las desgraciadas circunstancias de la guerra(4.615 jóvenes japoneses se inmolaron)
CLARO DE LUNA

Antes de que amaneciera
se ha levantado
de la cama
Con un pañuelo
de tocado en la cabeza
ha vuelto
para despertarme
Oh Ya ha sucedido
Y aún no quiere
que la mire así
Me enseña
lo que nos anunciaron
Lo que duele
Lo que derrumba:
Mechones
entre los dedos
arrancados
tan sólo
con mesarse los cabellos
Oh no le digas nunca ya lo sabías
Oh dios
Le pasa sólo a ella
Y a nadie más
Y a nadie más
Frente al espejo
Sentada
Por la acrisolada redondez
de su luna nueva
viajan mis ojos
que siguen la corriente
de sus lágrimas
hasta el abra de sus labios
en donde beso
el “Yo no soy así”
el “Yo no soy así”
que susurra
y susurra
Me pide que aderece
bajo la nuca
el remedo de ondas
que incómoda se ciñe
Y a la calle le digo
En la luna de los escaparates
la veo cómo se busca
cómo se atusa
la bella mentira
cómo ensaya una sonrisa
en cada reflejo…
Oh siempre coqueta!
©Rubén Lapuente
GLOSARIO DE LA TARDE

Amnesia
Mi hijo ya no recuerda su infancia, sin embargo la mía la he recuperado viviendo la suya.
Dignidad
Ese gesto de rechazo de Jesús el Galileo al acercarle a los labios en una rama de hisopo una esponja embebida en vinagre te debería siempre doler de (impía) sed de horror.
Envés
Bajo la almohada corre un fresco río en el que sólo navega muy suave el dorso de las manos.
Haití después del terremoto: más de lo mismo de antes
Cómo contártelo para que lo sientas. Aquí en Cité Soleil (Puerto Príncipe, Haití) te daría vergüenza recordar tu infancia. Sería un insulto. Mira, sólo tienen para dormir el estómago unas galletas de adobe: Arcilla, sal y manteca. “No me saben feo, me quitan el hambre” Te dicen esos niños, vivaces como lagartijas, tramposos, de vuelta de casi todo. Y te sacan la lengua tiznada de tierra. Aquí se tienen muchos hijos porque la mitad se les mueren. Los colonos les dejaron un inmenso claro de luna. Una tierra enferma que no se queda entre los dedos. Pero eso sí, comestible. Y un mar doliente de deuda. Un país que se liberó de su esclavitud y que ahora comercia con sus hijos. Los llaman los “restavec” que significa “quédate con” Por 50 dólares, con sólo siete, ocho, nueve años, los venden como criados a otras familias sin escrúpulos. Son los nuevos esclavos: Los nadie, los hijos de nadie, los dueños de nada. Que ahora mismo están odiando en su infierno negro.
Heroína
¡Intrépida mariposa cruzando el mar de flor en flor de cada ola!
Juguetes
Pasó una niñez maravillosa: no dejó ni un juguete en pie.
Mar
Cuando llevé a mi hijo por primera vez a que viera el mar nunca pensé que fuera él el que me lo enseñara tan hermoso en el perfil de su rostro niño.
Pie
Cuantas veces de noche entramos en los brazos frescos del sueño de la mano del pie asomado fuera de la cama.
Solitario
Cuando voy solo por el bosque de hayedos y robledales de Cameros me gustaría que alguien me acompañara para compartir la sensación de algo único que se pierde en uno mismo.Pero cuando voy acompañado preferiría ir solo que esa sensación se me queda a medio camino entre las ramas y mi solitario corazón.
©Rubén Lapuente
BOLÍGRAFO SOLIDARIO

He comprado un bolígrafo
solidario
por cinco euros
Lo llevo encima
y algo nuevo vivo
me roza
Lo dejo asomarse
por el embozo del bolsillo
de mi guerrera
y es un faro
que barre con su luz
de pobreza
nuestra ceguera
En el espejo de su tinta veo
la intocable sagrada
niñez rota
A ese niño
que patea una lata
o la niña negra
con pelo de oveja
que caza de la brisa
vagidos
que dulcemente
acuna
Y que soy yo
quién pone ruedas
de tren
o de bólido
o cuero a esas barreduras
o muñeca
de carne de trapo
al vacío regazo ahumado
de la niña
Y es que la infancia
es una rueda
loca
girando
de un coche patas arriba
Un balón cosido a patadas
La muñeca
enseñando agotada
el corazón
de borra
En el espejo de su tinta
veo la ilusión
de quien enseña
el blanquísimo
sinfín
de los dientes
en la sonrisa de una boca
ay
¿hasta cuándo desahuciada
de mañanas?
Por cinco euro
¿No he hecho una buena compra?
©Rubén Lapuente
APUNTES DE OTOÑO

Acebo
Miraba el amanecer en las hojas del acebo.
Amante
Cuando él le dijo que parecía que siempre estaba con otro, ella dejó de fumar.
Amor furtivo
Oyeron una arcana llamada de otoño. Dejaron la piel falsa en el coche. Ya como dos venados al vaqueo de cazadores, a la andanada de furtivos. Enamorados pandearon los cuellos para el cortejo mutuo. Pisaron los brezos con sus propias manos. De la cordillera del dorso de ella bajaba un reguero de baba. Un disparo segó la llama, les reconoció desnudos. Y corrieron hacia el coche perseguidos por una jauría de perros que les miraban como venados.
Descanso
Cada noche, al despertarle la próstata, el teatro del sueño también le daba una tregua,bajando el telón del entreacto.
Dulce
Demoraba tanto la dulzura en la cama que embotaba sábanas en almíbar.
El hombre que acariciaba a los ciervos
Me encontré en el bosque a un hombre llenando sacos de maleza. Hago jergones de hojarasca para la noche de los ciervos, me dijo. A cambio, me dejan acercarme tanto a ellos, que la caricia de mi mano temblorosa vuela ya sobre sus lomos de bronce.
Estrías
Después de dar a luz, la sirena que tenía tatuada en el vientre se quedó encinta.
Jardineros del otoño
Ayer los vi saliendo del bosque. Bajaban por la ribera del río hacia la niebla dorada de los álamos. Los reconocí porque tenían la melancolía presa en la mirada y al sacudirse la polvorienta ropa de trabajo, dejaron tras de sí una estela fatigada de oro.
Peluche
Del altillo he salvado la vida a mi viejo ciego peluche. Tiene la misma edad que yo. Y aún esconde mi miedo niño de oscuridad.
Sal de la vida
A los pájaros que rondan mi casa les veo picotear el muro de piedra de la fachada. Creía que afilaban sus picos en el cemento. Pero es el salitre que rezuma la pared lo que buscan y saborean. Y todas las mañanas se dan un ágape de granos de sal de la vida. Disfruto viéndoles suspendidos en su escalada libre. Y no haré nada para espantarlos. Y eso que debería velar por su salud, que ahora el colesterol lo tienen por las nubes.
Tronar
En la orquesta sinfónica del bosque nada ni nadie desafinan.
©Rubén Lapuente
DÍAS DE OTRA VIDA

Hoy empieza ella
sus días de otra vida
En el calendario
emborronado de notas
de citas
de cruces
ha abierto antes
un paréntesis
Tan zarandeada parece tan fuerte
¿Pero quién no tendría miedo?
Tengo un nudo enorme
en el estomago
me dice
al rondarle
la hora
Por el bulevar
del hospital de día
entramos en el box
del desasosiego
Para distraer
a la angustia
que no conoce lo nuevo
ella habla
y habla
frente a mis ojos
siempre
así ofrecidos
así
sin párpados
Sobre su cabeza
una nube
color carmesí
Otras transparentes
Y al primer tintineo
de lluvia
de mixtura
en las sondas
ella
fuerte
sopla
una sola vez …
(Oh mujer
Ya te bañan en lo que tú
sonriendo
llamas veneno redentor
En aguas
de dulce cristal mellado
lo llamo yo
que te veo
como a una niña
a quien
le arrancaran
su única muñeca
su inocencia
y le dieran de golpe todo el peso
de tu vida
Le digo que sólo
es un rasguño en el mar
pero ya no me oye
se duerme…)
Al salir a la calle ebria
de mi brazo
El otoño ni nos mira
©Rubén Lapuente
SIN PÁRPADOS

De lejos parecían dos llamas
pintadas en el lecho de hielo picado
de la pescadería
Dos bateles engastados en escamas de rubíes
Dos cabrachos bellísimos al acercarme
Y con los ojos abiertos
Ya no me acordaba que los peces
no tienen párpados
Que no cierran los ojos nunca
Siempre alertas
(no pueden dejar de ver
lo que no les apetece ver)
¿Despiertos duermen?
Ojos siempre circulares aún bellos muertos
Los miro y me traen la ley del mar:
Comer y ser comido
Me traen
el cebo en el sedal
o la celada red
La cita en el cantil de la muerte
Me traen la vida
que nació en el agua
El torpe salto de esbozo de anfibio
al primer embeleso de claro de luna
Me traen…
¿No vienen nuestras lágrimas
de un poquito de su mar?
Mientras la pescadera
me habla de la sopa bullabesa
del pastel de cabracho
mientras les saco una foto
a esos dos viajeros
de la noche oscura del agua
no puedo dejar de ver
lo que ya no me apetece ver
©Rubén Lapuente
DULZURA

Me viene
con pasos
de pantera cautiva
Titubeante
Como una bandada de bruma
Me dice que cree que ya no la deseo
Que la miento
Que sospecha de mí
Que me busca
huellas
de otra
hasta en la raíz de la mirada
Que mis palabras
déjame ahora no
le sientan
como pequeñas y breves
punzadas
de aguja
Que ahora se alimenta
de cuando
subía a la azotea
a que yo viera
los ocasos
en los botones
de su blusa
y del eco
del chasquido
de la estrella
fugaz
de mi
cremallera
Que nunca
salvo conmigo
tuvo ella en la mar
sábanas de olas de espuma
bordadas
por un hombre
Que eso no se olvida
Que añora
ese suelo
de jergón
de los caminos
que el placer luego
acolchaba
con lana
de esmeralda
de
las
mismas
piedras
Que grita de ira de abandono
De vacío de espera
Que qué quiero de ella
Si yo sólo quiero
le digo
que me viertas
aquella dulzura
de tu cuerpo
si era de higuera
Que gires despierta
en este carrusel de dos boletos
hasta que
suene
la sirena
Si yo sólo quería
que
vinieras
así
©Rubén Lapuente
PÁRVULAS SÁBANAS

Tendido en la cama
mis rodillas levantan
un cielo de sábanas de luz
por donde va mi hijo
trenzándome
su párvula
niñez
Con un lejano zumbido
de aviones en mi boca
se pone en guardia
con ese braceo
ciego suyo
de loca algarabía
Qué fácil sumergirme
en esa madriguera
convertirme
en la zancada de mis dedos
escoltando
a la suya
tan pequeña
A un grito mío
ya huimos de un gigante
por una empinada
ladera:
la encrestada espalda
de un dragón
que refunfuña
medio dormido
sobre
mi pierna
Al pisarme el ombligo
de pronto
todo tirita
Pero “¡corre -le digo -
que es el cráter de un volcán
corre que estalla
que nos coge la corriente
de su rio de fuego
de viva lava!”
Y cruzamos
sin un rasguño
el bosque
oscuro de mi pecho
con dibujos
de ojos de fieras
que parpadean
con serpientes con unos de tiza
en las pupilas
silbando
en cada
ensortijada
mata
de mis hebras
Antes
de alcanzar
la combada ribera
de luz
de la sábana
en el refugio del bolsillo alto
de mi pijama
me parlotea
tranquilo
en esa lengua virgen
gorjeo de luz del paladar niño
que me deslumbra
Y todo hasta que
una voz cálida y firme
cada noche repetida
echa abajo
nuestra bóveda
hiere a mi hijo de sueño
me despierta
a mí
de la niñez y…
ay
me retorna
a esta otra vida
hasta mañana
©Rubén Lapuente
SIRIO O PROBABLEMENTE ALEGRÍA

No me lleva del todo el sueño
Sobre un camastro
de soslayo miro
esa bolsa de mixtura
que gota a gota
se bebe
Hay un redón
bajo la cama
que aún no avena
sangre de seda
Velo las alas
del murmullo
de una mujer
a la que ayer
desnudaba el alba
Al solecillo en la rejilla
de la pared
inclino
“probablemente alegría”
y el azar
me lo abre
en “noche blanca”
que me olvida
un momento
de lo cercano
de que vivo
Y acerco mi sombra
a la ventana
En lo alto brilla Sirio
Y alargo mi cansancio hasta su luz
©Rubén Lapuente





