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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

AMOR MÍO ( 22 )

PROFUNDA PIEL

PROFUNDA PIEL

Me gusta acercarme

abrazarte por detrás

que pierda tu cuello

la pureza

ofrecido a mi boca

que arrastra el sutil

tirante de tu vestido

rendida la cremallera

a la luz de tu espalda

y le ayudo a caer

de las caderas

al vértigo del rubor

en tus pies

 

me gusta volverte luego

por los hombros

manejada

colgada de mi cuello

entre mis brazos

como el último

tesoro de la tierra

y tenderte después

sobre lo que no se siente

bajo mi cuerpo

tenue  entregada

casi soñando

para llegar minucioso

a lo más profundo

a tu piel

creyendo

que todo es perpetuo

 

              ©Rubén Lapuente

 

lo más profundo del hombre es la piel (P.Valéry)

poema incluido en el libro De versos encendidos de la Editorial Hipalage

PALABRAS DE AMOR

PALABRAS DE AMOR

Le digo que me bese de puntillas

que gateen sus pies hasta mi boca

que si me alcanza,

le voy a dejar abrir

la caja de mis sueños,

le voy a pedir que se venga

a respirar conmigo,

con este medio paréntesis

abierto de vida y muerte

que necesita de un otro medio delante,

luminoso y creciendo.

 

Que no sólo nos hallaremos

sobre la ardiente piel dorada

del deseo.

Que nos encontraremos también

en los olvidos de la cocina;

en el sabor del errado e igual

cepillo de dientes;

enmarañados de crines

en el vértigo del lavabo;

en el agua gastada de la bañera;

en el duro perfil sorprendido

por un presagio de angustia;

en las huellas raídas de las sábanas;

en el olor quieto de las dos

mitades del armario;

en la noche que cambiemos

de lado en la cama

esperando inquietos soñar

secretos del otro;

en la ira de algún día

que su mano parará en mi boca.

 

Se lo iba diciendo todo,

mientras subía a mis labios,

y, poquito a poco, ella,

se fue atando a mi cuello…

 

                           ©Rubén Lapuente

Mariamor

Mariamor

Hoy no se detiene mi corazón en la piel,

va muy por delante mío

con esta blanca y rubia luz trasparente,

con esta naturaleza

que necesita bien poco que la mire

para ser una parte mía.

¡Qué poco he tardado en habitarla!

 

Hoy no se detiene mi corazón en la piel.

Y con ella voy a mi arboleda,

a echarme con la cabeza sobre su vientre.

Y por primera vez siento el vértigo

del entramado de la vida bajo mi mejilla.

Ese maderaje que cobija

el empuje de memoria tras memoria.

Sazonada vasija de vida y muerte irrepetible.

¿Cuánto tiempo más voy a tardar en habitarla

si todavía me paro en su puerta

con los nudillos en el aire?

 

¿Porqué no recalar en cada herida

que trae a casa?

¿Porqué no asfixiarme con ella

si nos hemos elegido?

 

¿Cuánto tiempo más voy a tardar en vivirla?

 

¿Y si empezara por cambiar las formas?

Y ahora mismo.

Que todo diera un giro inesperado.

Empezar añadiendo

como un guiño suave mío

una hermosa palabra a su nombre:

 

Mariamor,  ese paisaje interior

pide una mano de belleza,” le digo

 

Y al mirarme,

mi cabeza ladeada sobre su vientre,

sonriéndola,

le enseño lo más oculto

que guardo.

 

Lo que no se arropa.

Lo que no muda nunca.

 

Y empiezo ya a sentir mi vacío.

 

©Rubén Lapuente

pintura de Maria Ortega Estepa

RITUAL DE SUS MANOS

RITUAL DE SUS MANOS

Cuando arrecia el frio de madrugada,

yo con un pie navegando los cielos

y con el otro de vigilia,

comienza el ritual de sus manos.

 

Dice que el frío le entra

por la yema de los dedos,

que hay algunos huesos

que le parece que duermen

junto al rocío.

¿No será por la maldita costumbre

de no cerrar la ventana

por si nos quedamos sin oxígeno

o es que ese aire frío

es el que quiere colarse de rondón

y robarnos la tibieza

de nuestro lecho?

 

Bajo la brasa de mi cuerpo

desliza los primeros

cinco carámbanos.

Yo mientras tanto ato

la cola de un tardío cometa

a mi entresueño.

Y poco a poco mi fogón arriba

a cada gélido tuétano.

Es el instinto quien le lleva al bálsamo

de mi sangre caliente.

Y haría mal en taponarle

mi costado sobre la sábana:

No es bueno despertar al sonámbulo.

 

Cuando me desliza

los otros cinco témpanos,

ya de un salto me apeo

de los mapas del cielo.

Me doy la media vuelta,

le emparejo las palmas de las manos

y como lapas entre las mías,

se las cierro.

Y ahí frente a mí, está ella,

con esa fría y cálida somnolencia

que le deja todavía un pequeño

temblor en un párpado,

que nunca sabré si es un guiño

desde el  amor del sueño…

No es bueno despertar al sonámbulo.

 

                            ©Rubén Lapuente

SU ESPALDA

SU ESPALDA

Hoy se ha dormido del otro lado.

Madrugada de su espalda desnuda.

De cada noche que tuve su cuerpo,

recuerdo uno distinto,

pero no de su espalda,

que detrás suyo oculta

que no la conozco.

 

Su relieve me lo daba mis manos,

que la leve luz me desnuda ahora.

El atlas que lo tengo

constelado de lunares

que no había visto.

Y los cuento.

Y los apreso.

 

Espalda sajada por el cauce

de suaves meandros

rubio trigal de mi infancia 

con la sombra de la luz,

arriba ya de todas la dunas

abriéndole el envés de la piel.

Y ahora la tengo de luna llena.

Y mía.

Su pizarra rosada

que me escribe los versos

que olvidaré si se despierta.

 

(¡Quieta…!)

Si se mueve ahora

se romperá la magia.

(¡Quieta…!)

Y me acerco así casi sobre ella,

cerrándole la espalda…

que no se vuelva…

 

     ©Rubén Lapuente