ODA AL PARTO NATURAL
La mujer entró en la blanca
habitación
Anochecía
Por las ingles
le resbalaba
un agua rosa rota
Le seguía el hombre
con el corazón
orgulloso
agitado
delicado con ella
Una mujer de uniforme
la sonreía
la animaba
y al cerrar la puerta
se quedó por detrás
esperando
entre bambalinas
una voz
desde la entraña
Todo estaba en penumbra
en silencio
Todo era íntimo
como una suave
caricia
Para empujar
y abrir una luz
la vida
a ratos
tironeaba de la mujer
que primeriza
entremedias
jadeaba
como el fuelle de una lumbre
casi dormida
El hombre
entretanto
la acariciaba con las manos
por todo el cuerpo
la dilataba
e iba haciendo de su carne
lo que el panadero
con harina de trigo
y agua al alba
Y en el rostro de ella
saboreaba
la solitaria belleza
del dolor
sin sufrimiento
Y la cama se iba haciendo pequeña…
El grito desde la entraña
abrió la puerta
Y sin tocarla
ni un temblor del vientre
viajaron juntos
en el mismo tiempo
del hijo
que empujaba
que retrocedía
que coronaba la cabeza
en el espejo
que guiaba
el hombre
hacia los ojos de ella
Sobre el vientre de la mujer
pegajoso y sucio
de sudor de amor
latiendo aún del cordón
sin pinzar
flujos de sangre de vida
piel con piel
le dejaron
respirando claridades
Y al olor
del calostro del pecho
comenzó a reptar
hasta la ubre
de nieve
Y sin separarlos
se quedaron
los dos
al mismo tiempo
dormidos
©Rubén Lapuente
Para Ana Larroya y sus compañeras del hospital de Barbastro
“Para cambiar el mundo cambiemos la manera de nacer”