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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

ODA AL PARTO NATURAL

ODA AL PARTO NATURAL

La mujer entró en la blanca

habitación

Anochecía

Por las ingles

le resbalaba

un agua rosa rota

Le seguía el hombre

con el corazón

orgulloso

agitado

delicado con ella

 

Una mujer de uniforme

la sonreía

la animaba

y al cerrar la puerta

se quedó por detrás

esperando

entre bambalinas

una voz

desde la entraña

 

Todo estaba en penumbra

en silencio

Todo era íntimo

como una suave

caricia

 

Para empujar

y abrir una  luz

la vida

a ratos

tironeaba de la mujer

que primeriza

entremedias

jadeaba

como el fuelle de una lumbre

casi dormida

 

El hombre

entretanto

la acariciaba con las manos

por todo el cuerpo

la dilataba

e iba haciendo de su carne

lo que el panadero

con harina de trigo

y agua al alba

 

Y en el rostro de ella

saboreaba

la solitaria belleza

del dolor
sin sufrimiento

 

Y la cama se iba haciendo pequeña…

 

El grito desde la entraña

abrió la puerta

Y sin tocarla

ni un temblor del vientre

viajaron juntos

en el mismo tiempo

del hijo

que empujaba

que retrocedía

que coronaba la cabeza

en el espejo

que guiaba

el hombre

hacia los ojos de ella

       

Sobre el vientre de la mujer

pegajoso y sucio

de sudor de amor

latiendo aún del cordón

sin pinzar

flujos de sangre de vida

piel con piel

le dejaron

respirando claridades

 

Y al olor

del calostro del pecho

comenzó a reptar

hasta la ubre

de nieve

 

Y sin separarlos

se quedaron

los dos

al mismo tiempo

dormidos

             ©Rubén Lapuente

 

Para Ana Larroya y sus compañeras del hospital de Barbastro

¡Que no os separen!

ZGZ Pro Parto Natural

“Para cambiar el mundo cambiemos la manera de nacer”

¿TE ACUERDAS DE MÍ?

¿TE ACUERDAS DE MÍ?

Cómo imaginarme

que el pasado

pudiera regresar

tan veloz

tan inesperado

tan limpio

hasta la pantalla de mi ordenador

frente a mis ojos:

 

“¿Eres Rubén?

Tecleaba tu nombre

y de no aparecerme nada

a sumergirme  ahora

en  el torrente

de un río de versos

 

¿Eres el mismo?

 

¿El que el azar

puso a mi costado

en aquella hilera

de soldados sin valor

acompasándonos

las zancadas

tañendo

inútiles sones de piedra ?

 

¿El que

a la vez mía

tachaba los días del calendario

desde la más alta litera

del sueño

tembloroso

del porvenir?

 

¿El que abría la taquilla

y  luminosa

se asomaba

la sonrisa de papel

de una muchacha

como si allí amaneciera?

 

¿El que como yo

no tenía

nada más que regalar

que la juventud?

 

¿Eres el mismo?

 

Ya sé que la edad

camina con paso firme

y devastador

Que nos hace creer

que ya nunca

podremos ser aquellos

¿Pero sabe

de qué lejano y largo sueño

despertamos?

¿Si venimos o no

de un abrazo interrumpido?

 

Ahora que

le hemos dado la vuelta

a la duna de arena

del tiempo

¿No retornamos al principio?

 

Soy Javier

de un pueblo de Huesca

Sólo han pasado treinta años

 

 ¿Te acuerdas de mí?”

                                ©Rubén Lapuente

 

Foto: Yo y Javier en Jerez

Para Javier Alquézar que hace unos días me reencontró

CUBA

CUBA

Es cada día

de mi vida

frente a la vieja puerta

de mi casa

atrancada

esperando la abra

la cordura

o el hedor  

Y aunque me digan

que qué suerte tengo

de estar fuera

de no ser uno más

de la mitad

que sobrevive

vigilada por la otra

media

arrogante

necesito volver

a entrar

un momento

a oler esa húmeda tierra rojiza

tras un aguacero

Volver a oír

guajiras

boleros

una habanera

con mi guayabera blanca

sin que se me salten

las lágrimas

Que me atraviesen las voces

de los vecinos

de balcón a balcón

Hace tanto tiempo

que me traje

en la maleta

la estela de recuerdos

de los aromas:

el olor a café

recién colado

el de la fritura

de dorados plátanos

maduros

el perfume del tabaco

como un requiebro

el dulce río de melaza

por los alambiques

de ron

de mis venas…

¡Oh sazón de sudor y piel!

¡Oh estrépito de tersa carne de mulata!

¡Oh caliente lecho de cañaveral!

¡Oh amanecer de Cuba

por las ensenadas del cuerpo

que amé!

 

Y es que todo 

se me va yendo del corazón

Necesito volver a entrar

Sentir otra vez

que todo el aire que respiro

me viene del mar!

                                    ©Rubén Lapuente

 

Foto de Andrés Suarez Outeda

 Santiago de Cuba. Diciembre 2009

un español en La Habana

MIS HUESOS

MIS HUESOS

Son mis huesos

los que suenan

No sé si su voz traspasa mi cuerpo

si se oye fuera

Me han dejado

sin silencio:

¿Rumorean  o claman?

Será la humedad

o la pálida lenta herida

de los años

 

Por dentro de los dedos

de mis manos

siento como  

si un intruso

me los fuera

lentamente astillando:

será el continuo

y alado

tamborileo

sobre el ciego alfabeto

de las teclas

 

Ahora

cuando de madrugada

cruje la madera

del armario

rumia

la melliza mía

como si se consolaran

mutuamente

 

Y sueño

que me levanto de la cama

sólo con mi pulpa

y le veo a él

tumbado

sin ternura

como una barroca

imaginería

de tabas

como una coraza en mi vida

como un tamiz en mi muerte

 

Son mis huesos

los que suenan

Me han dejado

sin silencio

con un otro más

dentro

recordándome

que estoy vivo

                 ©Rubén Lapuente

JARDINERO

JARDINERO

Es como una  mujer

que se adorna

para su cita:

Inmóvil

en ese escaparate del destino

o el que mis manos

de aprendiz de jardinero

le dieron

la acicalaron

buscando su belleza

y la mía

 

Y así he podado los ramos

de las enredaderas

por el rayar del alba

en sus yemas

de flor

Así he vestido a las calas

con su blusa abierta

enseñándome

por el escote

su vela de amor encendida

Las prímulas  las violetas  las clavelinas…

Todo está preparado

El olor

que para defenderse

se hizo fragancia

ya ha sacado billete

en el largo tren del viento

Y el color

que para sobrevivir

se hizo salvaje

ya lanza guiños

al hervidero ansioso de abejas

que caen al fondo

del cáliz

de las flores

ebrias de farolas de estambre

trayendo

llevándose

el  fecundo tesoro del polen de oro

¡Todo para perpetuarse

se ha hecho bello!

 

Al atardecer

sale ella

rociando

garabatos de agua

en cada hebra

Su rojo pantalón ceñido

Su blusa gastada

abierta

anudada bajo el pecho        

Los cabellos rubios recogidos

sobre la nuca desnuda…

Por detrás de ella me acerco

enredada aún

en hilachas

de agua

y al tomarla por la cintura

me ladea su cabeza

y pruebo

en su cuello

lo que no se explica

                    ©Rubén Lapuente

                    (El Rasillo de Cameros)

EL FUTBOLÍN O EL HIJO DE LA GUERRA

EL FUTBOLÍN O EL HIJO DE LA GUERRA

Bajo los tejados

de Madrid

de poco servía

estrujarse los ojos

resguardarse en los mismos brazos

si el azar

era un silbido

de racimos de muerte

 

Del vientre

de los escombros

salió

aquel muchacho

hacia un hospital

de sangre

donde le hicieron

un sitio

en el corro

de niños y jóvenes

tullidos

 

La guerra

la hicieron sin juguetes

y en esas navidades

los Reyes Magos

se fueron

camino del frente

cargados

de municiones

y espoletas

 

Les dejaron algún  

recortable:

dioramas de batallas

Muñecos

republicanos

que levantaban

el puño en alto

Juguetes bélicos

para quienes

no hacían fuego

ni en los sueños

 

Y reconcomidos de no poder

patear ni un rebujo

de periódico

a nuestro

muchacho renco

se le encendió la luz

 

Cuando en el bar

de mi barrio

empuño las últimas

barras que aún quedan

llenas de juventud

de frustración

de alegría

de mi rabia también

y salgo

con ese olor a césped de madera

a taco de tiza azul de los viejos

billares

como en mi adolescencia

me llevo el roce

de ese hijo de la guerra

del sufrimiento

del  primer hijo del olvido

que fue en aquella sala

de mutilados

un futbolín

                   ©Rubén Lapuente

Alejandro Finisterre (La Coruña 1919-2007) inventor del futbolín. Republicano. Poeta. Fundador de la famosa revista Ecuador. Albacea y editor de León Felipe.            Foto: pepe alfonso

DESTELLOS

DESTELLOS

Hoy me he llevado al hijo al río

Aquí bordea el viejo arrabal

donde casi nadie quiere venir a vivir

¿Y quién se va a acercar a sus aguas

quién va a cruzar este puente de hierro

si al otro lado vigilantes cipreses

custodian la ciudad?

 

Nunca  se hará este río cicatriz

de agua en la memoria

 

Cuando estallaban los fuegos en otoño

yo me acercaba a sus ribazos

y por entre las estampas

de un cielo de noche

de bengalas

en el agua

buscaba  erráticos destellos

otros reflejos

escondidos

Y bajo el bullicio de las barracas

de madrugada

cuando mi brazo rodeaba su cuello

adelgazaba el oído

hasta  llevarla rumores ocultos

de sueños

que aprehendí

de muchacho

en su lecho

 

Hoy me he llevado al hijo al río

Por las calles

de la mano

desde sus tres primaveras

me habla con esa voz de pluma

con esa lengua de revoltijo

de su abecedario

que aprendo rápido

Si se aleja un poco de mí

me doy cuenta

de que es como un estandarte

enarbolado al viento

como si llevara de un hilo

una cometa de luz

siempre

viva

Como buen hozador

a cada paso

encuentra naderías

por las aceras:

un botón dorado ahora

que como un tesoro esconde veloz

 

Como dos náufragos

colgados del cielo

desde la mitad del puente de hierro

la espalda tan ancha del río

me golpea en la frente

y me recorre todo el cuerpo

Yo he venido

a las aguas de mi río

a arrojar

mi deseo

mi destello

que sólo yo lo veré

escarpado

eterno

mientras viva

 

Mi hijo mientras

mira el río como un gigante

Y empieza a darse cuenta

de su propia pequeñez

de su fragilidad

Imitándome

lanza su botón dorado

a las aguas

tan escondido ahora

tan inaccesible

que  ya por siempre

será un tesoro

su destello

solitario

y eterno

mientras viva

                       ©Rubén Lapuente

a mi hijo Rubén que  se acordará de este viaje

 

Foto: Puente de hierro sobre el río Ebro en Logroño

PROHIBIDO

PROHIBIDO

¿Qué mueve a este incansable

fuelle de carne viva?

¿Qué viento seco empuja

esta sangre

que  baja desfiladeros

sube declives

zigzaguea angosturas

que rueda sin sueño

por la dormida llanura

de mi cansancio?

 

En el dorso de mi mano

o cruzándome el cuello

resalta

como los rápidos lomos de un río

Y  por detrás

de las muñecas de mis brazos

cabecea en mi piel

 sus puras campanadas

que cuento

con mi tiempo

que ahora sé que irá

adelantado

siempre

 

Se equivocó la naturaleza

en tomar un color violento

Un olor tan áspero

Un sabor de fuego en la garganta

De darle forma de tigre rayado

que como la mujer de Lot

se revuelve

abrasada

de memoria  

sucia

Si hubiera elegido

sangre de savia

de rosales

o de juncos de ribera de río

o  de zarzal esperando un amor agazapado

Si no tuviera esta mala sangre

la sangre

que proclama guerras

que labra trincheras

que deja en la comisura de los labios

su rúbrica

de horror de sierpe roja

Que confina Patrias

 

¡Si no hubiera que derramarla

para tener dignidad!

¡Imposible volver al principio!

 

¡Prohibido lavarse las manos!

                                       ©Rubén Lapuente