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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

BESOS EN BICICLETA

BESOS EN BICICLETA

Eres joven mientras vuelas

mientras pedaleas

Sentado en el sillín

de la alada bicicleta

suena por detrás

el timbre del manillar

de su corazón

y  lírico

vuelves la cabeza

a los besos que te siguen

al parpadeo del sol

en el mareo de oro de sus piernas

desnudas

Dos tumbadas

bicicletas

en la orilla de la alberca

junto

al rebujo de la ropa

caída

acuciada

de empellones de vida

Vuelves la cabeza

a su lámina

en el frio de la ciudad

bajo los primeros copos de nieve

entre radios

de ruedas de luz

de tardes de besos en bicicleta

sobre la vida

que sonríe

joven

mientras pedaleas

mientras vuelas

                 ©Rubén Lapuente

REGAZO

REGAZO

 

Tengo miedo siempre a ese cuenco a solas del regazo

Y me cargo con un hatillo vivo de silencios

Pero cómo fondeo en la caleta de su pecho

Cómo le enseño lo débil si he sido adusto

A la sombra de su corazón de mujer

cómo me abandono y me pierdo y me olvido

del batallar inútil conmigo solo

Miedo a que la ternura me haga vulnerable

Vergüenza a que me encuentre frágil

Cómo me siento sobre el halda de sus claras rodillas

De sediciosa la piel a dulce gemido en sus brazos cómo

Cómo decirle que las lágrimas más amargas

son las que aún no he derramado

                            ©Rubén Lapuente

CUCURUCHO DE CASTAÑAS

CUCURUCHO DE CASTAÑAS

Nunca había sentido que el tiempo no corriera

Que holgazán hozara lento en el barro de la tristeza

Salgo del tercio de cada día de mi vida en una silla

al mar de las luces de diciembre

al olor que me evoca lo bello mío dormido

 el de estas asadas castañas

pequeños cálidos corazones de caoba rotos

que llevo a casa

en un cucurucho de papel

que atravesarían hasta un turbio vidrio

empañado de melancolía :

Son flechas de luz de vivo aroma nuestro

Sobre la mesa de la cocina

esparzo doce fábulas de niñez

o la forja de futuros recuerdos

Y al olor mágico ya no viene primero lo zampón tierno

 sino ese devaneo  de mano de muchacha

que hurgaba en el hogar del bolsillo de mi abrigo

enamorada

que entorna ahora los ojos con mueca de placer

Y me extraño  de no verle ni una estela

de vida herida

                                            ©Rubén Lapuente

CAMELIA SUMERGIDA

CAMELIA SUMERGIDA

No basta que tu mano sea su amarre

Que tus brazos sus remos

Que tu espalda su barca

O que tu cuerpo su dique

No basta con el amor

En el océano de este sueño

hay un turbión que de noche la despierta

Porque cuando todo se rehace

otra vez todo se deshace

Otra vez la dentera del box del miércoles:

El sumidero de la frescura

El pesado cielo gris de la boca

Otra vez la lluvia de metal de saliva

Un cansancio eterno de hombros de ameba

Hasta la bata al pie de la cama

parece tejida con vellones de plomo

No basta el nido de albatros de mi pecho

Otra vez la camelia sumergida

Coser  y planchar los mismos pétalos

Otra vez falsos sueños de grajea

Estaciones del cuerpo

como el tornadizo verdor

del pozo de su carne

que hoy se rehace

y tacha y remacha

con una cruz

en el  calendario

otra  fecha

menos

                           ©Rubén Lapuente

APUNTES DEL UNIVERSO

APUNTES DEL UNIVERSO

 

Andrómeda

La bella Andrómeda me clava en los ojos su arpón de luz. El cabo de su jarcia que me baña ahora, partió de su navío en llamas, antes de que Adán naciera.

 Asimetría

Ella recuerda que la amé bajo la infinita noche estrellada. Yo recuerdo que la quise sobre un cuerpo inabarcable.

 Farola

¿Quién de vosotros es el hondero? ¿Quién es el infalible con la piedra? ¿Tú? Mira. Me ha plantado el ayuntamiento en mi calleja oscura sin número, un Goliat con chistera negra, me han borrado el cielo de mis noches de verano. Ahora mi pequeño balcón, es la única rutilante estrella del firmamento. Detrás de este velo de luz para otro nuevo ciego, estará mi brillante Vega, Cisne volando por la Vía Láctea, mis lágrimas de agosto, Hércules, El Escorpión, El Sagitario Arquero, los lebreles  de Orión cazador… Y cómo voy a ir al relente con mis años. Cómo volverme a tender sobre el embarcadero del embalse, si ya no sería tan hermoso que como cuando era yo un niño ¿Tú eres el hondero? ¿El David de la piedra infalible? Mira. Hazlo durante el estruendo de los fuegos en el puente, o en el revuelo de la verbena. Que tu piedra en el aire, de golpe, encienda todas mis estrellas.

Rueca

Su rueca hilaba el oro viejo de las gavillas de heno, el destello de plata de vellones de nieve, la tierra de siena quemada de rimeros de hojas muertas.

Sol

El sol vive en una noche de San Juan perpetua. Tiene siempre la delicadeza de taparse la boca con la mano si bosteza. ¡Que no titubee que se apagaría!

Tímido

Al mirarle, baja en seguida la cabeza. Sólo en las noches de cielo limpio y sin luna, sale a su balcón con estrellas .Y ya no parpadea.

Universo

Qué locura es esta de universo, de huir de nadie, en andas de la nada, sin saber adónde.

Para qué tanta grandeza, tanta infinitud, tanta negra casa solariega, si una sola tarde sobre mi madre lo eclipsa todo.

El niño levantó  un tinglado de balancines de sillas en equilibrio para alcanzar en el altillo de la alacena el confitero de oscura luz de melaza. Lo destapó  y en esa pulpa metió el dedito dulcero que luego se llevó a la boca, entrecerrándose a la vez  los ojos del placer. En la tapa, aún no sabía leer, venía una leyenda escrita por su padre: Peligro. No abrir. En este Universo se me olvidó incorporar la ley de las travesuras de los dioses niños.

                                                       ©Rubén Lapuente

A SUS PIES CANSADOS

A SUS PIES CANSADOS

Vino de la calle

cansada

muy cansada

renunciando casi a moverse

Despacio

muy despacio

la descalcé

como si le quitara

la venda

de una herida

aún

abierta

      

Sus pies breves

racimos de uva rubia

eran dos alas

vencidas

Dos panecillos

de sudor

de su frente

Dos peces

aleteando

en un charco

de la acera

 

Juntos

los tensaba

Me los ofrecía

como la última

manzana

de la rama

Como una quemadura

de la vida

Pies

de mujer Nazareno

que tomé

como si yo fuera  

aquella María

la de la libra del perfume

de nardo puro

y toalla

de guedejas

 

Mientras

su mano

sobre mi cabeza inclinada

me revolvía

el pelo

en las plantas de sus pies

la yema

de mis pulgares

le encontraba

en cada

curvada

friega

la sombra

de la tarde

sobre su higuera

 

Los acaricié tanto

que temí

se me quebraran

o que no quisieran

o no pudieran

ya dormidos

despertarse

con ella

                     ©Rubén Lapuente

KAMIKAZE

KAMIKAZE

Me brindan una muerte hermosa

Vendrá a recibirme la gloria

Fue aquel  filo de acero en las palabras

Aquella arenga que macera la carne

en orgullo en dignidad  en pureza

que trasciende la vida y la muerte

El emperador os sueña nos dijeron

Y cómo negarme si el valor de la vida

ante el deber tiene el peso de una pluma

Cómo no dar un paso al frente

si nos están humillando

A la cabeza me he anudado la cinta

de mi patrio sol rojo violento

Oh felicítame madre como una tierna

flor de cerezo caeré le he dejado escrito

Sobre el mar de aguas de jade

tembloroso éste  será el último

cielo azul puro que veré

Abajo avisto el gigante acorazado

Y en picado mortal

como un Ícaro de plata desciendo

esta curvada hoja de acero de viento divino

Mil veces mil  trepidante gira la hélice

Oh todo viene hacía mí como en ancas del vértigo

En la carlinga no cierres los ojos me dijeron

Que viene a recibirte la gloria

Que todas las flores de cerezo del templo

brillarán para tí

                                    ©Rubén Lapuente

Kamikaze

Foto : Un grupo de pilotos Kamikazes: Jóvenes desbordados por las desgraciadas circunstancias de la guerra(4.615 jóvenes japoneses se inmolaron)

CLARO DE LUNA

CLARO DE LUNA

Antes de que amaneciera

se ha levantado

de la cama

Con un pañuelo

de tocado en la cabeza

ha vuelto

para despertarme

Oh  Ya ha sucedido

Y aún no quiere

que la mire así

Me enseña

lo que nos anunciaron

Lo que duele

Lo que derrumba:

Mechones

entre  los dedos

arrancados

tan sólo

con mesarse los cabellos

Oh no le digas nunca ya lo sabías

Oh dios

Le pasa sólo a ella

Y a nadie más

Y a nadie más

 

Frente al espejo

Sentada

Por la acrisolada redondez

de su luna nueva

viajan mis ojos

que siguen la corriente

de sus lágrimas

hasta el abra de sus labios

en donde beso

el  “Yo no soy así”  

el  “Yo no soy así”

que susurra

y susurra

Me pide que aderece 

bajo la nuca

el remedo de ondas

que incómoda se ciñe

Y a la calle  le digo

 

En la luna de los escaparates

 la veo cómo se busca

cómo se atusa

la bella mentira

cómo ensaya una sonrisa

en cada reflejo…

Oh  siempre coqueta!

                            ©Rubén Lapuente