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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

LÁGRIMAS DEL CIELO

LÁGRIMAS DEL CIELO

 

Desde el portón entreabierto

el niño

a ratos

asoma la cabeza

Mira el cielo con miedo

Y si extiende

su manecita abierta

no es para pedir

monedas de lluvia

de limosna

 

"¿Cuándo es la hora?

¿Cuándo nos toca?"

 

Estrena  cofrade niño

en su primera semana santa

Antes- sólo un niño

en su sueño sigue viviendo –

ya lo ha sentido

cuatrocientas veces

en cuatrocientos años

en boca del fervor

de sus mayores

que punzan en su espalda

memorias de azahar  

de música  

de mágica luna de parasceve…

Ansía oír:

“Señores, todos por igual,

valientes

Al cielo con él”

Hoy no estrenará lágrimas

su vela encendida

No habrá tachuelas de cera

por las oreadas callejas

Ni mecida de Nazareno

en alas de saeta rota

Hoy no soltará el trono amarras

que en el charco

del cuenco de su mano

redobla el tambor

de la lluvia…

 

Oh demudado capirote

Oh pequeño cofrade del llanto

que no quiere consuelo

que no quiere acabar de llorar…

 

"¿Cuándo es la hora?

¿Cuándo nos toca?"

            ©Rubén Lapuente

TIC TAC

TIC TAC

A cierta edad

el tiempo

comienza a existir

Te cita un día en la sombra

de un perfil sorprendido en la pared

o de improviso

en un pliegue no visto de tu piel

o en la primera herida del aliento 

que amas y  respiras…

Y ya es del barrio       

de tu bar        

de tus besos  

de tu espejo

Ya tiene la copia de la llave

que abre todo tu mundo:

Un huésped que contrata tu derribo

Menos mal que es

como un zumbido de abeja

que no se queda  contigo a charlar

del bello ocaso en la blanca pared

que dará la última

sombra vencida

de tu cabeza

Menos mal que quien nos hizo

puso la melodía del tic tac

en su tono justo

que sería insoportable

oírnos el corazón en el silencio…

Y sentado en tu antesala

espera paciente

que en tu camerino

esa pequeña llama de dolor

lentamente o voraz

florezca terrible una noche…

A cierta edad

el tiempo comienza a existir

Y de puertas adentro

ya nunca seremos los mismos 

©Rubén Lapuente

LA CAFETERA

LA CAFETERA

 

                                  Si tocas tu sueño morirá (Pessoa)

Cada mañana

antes de entrar en el agua

le pongo al fuego la vieja cafetera

de aluminio

Y yo no sé

de dónde saca tanto olor

que me coge siempre

al otro lado del espejo

silbando alegre

al son de su bufido…

 

¿Pero de dónde vienes

tan íntimo como un beso aroma?

¿De pisar en el lagar de la noche

 racimos de luna negra?

¿De orear las sábanas mojadas

 de pubis trigueños vienes?

¿Del bronce del otoño

en los hayedos de Cameros?

¿De los ojos azabache de Teresa?

 

Me hueles

a aquella barca en el embalse

con la bancada rota

A madre en el balcón

soplándose los besos

o en la cocina

colando con una media de seda

el café de puchero

Me hueles

a una tarde de lluvia

en un bar

girando lenta del asa de una taza

esperando el desamor…

 

Cualquier día

en cualquier terraza

la vida

se sentará a mi lado

coincidirá conmigo

¿Y quedará algo más en el recuerdo

que un embriagador aroma

de tostada brisa de café?

     

Cuando me siento

a la mesa

disfruto cada mañana

viéndola beberse ese negro cuerpo

que le pongo al fuego

mientras

este lírico tonto de quimeras

como si creyera romperse

ese aroma del sueño de una taza

al bebérsela

como si lo mejor del placer

fuera  sólo su preludio eterno

se desayuna

una dulce y triste manzana

costumbres

Ah pero con aroma de café

                           ©Rubén Lapuente

 

EL VESTIDO DE NOVIA

EL VESTIDO DE NOVIA

                                        a Carmen Sevillano

“Oh más de treinta años

siendo una bagatela en la memoria

Olvidado

Sólo fue para un día de mayo

Para  una promesa

Para un altar

sobre tulipanes blancos

Para un baile

en la glorieta con luna

de mis sueños

Tiene campanadas

Lluvia de azahar

Mi juventud perdida

Me caí en la cama con él

borracha de luces

de burbujas

de viento enamorado

en unos brazos

con labios de versos…

Y lo guardé en una caja

en el altillo

hasta ahora

que al ver Rubén un maniquí

desnudo en un escaparate

de promesas blancas

me dijo:

¿Y si le damos aire a ese escondido

vestido de novia?

Lo saqué de su encierro

De su cárcel de cartón

Desperté a la bella durmiente de adentro

Ni se me ocurrió enfundármelo

que una cuenta también

con sorna el cumpleaños

de cada nueva talla

Y tenía esa humedad amarilla

de la ropa encerrada

Salpicaba   

encaje y organza

y enaguas plisadas de seda 

y una lágrima del tiempo

en la pechera

como una gangrena

bajaba…

Lo puse a remojo en un cuenco con agua

con un puñado de sal

jabón suave

y el jugo de unos limones

Y lo tendí al patio con sol

de este nuevo enero azul tan limpio…

Ahora está donde merece

donde me deslumbra

Y a mi sola

Y al verlo

no siento ninguna herida del tiempo  no

Que basta con un poeta en casa

Que yo con mis cicatrices

cuando le rozo

aún me invita 

muy adentro

a bailar

mi alegría de vivir”

          ©Rubén Lapuente

MUERTE DE UN TERNERO

MUERTE DE UN TERNERO

 

Se rezagaba el animal

Buscaba un aparte

un recodo

un remanso

a su pudor

de hembra preñada

Y muy débil se tendió en el pasto

Una bandada de buitres

lo adivinó enseguida

y sobre su grávido vientre

empezaron a tejer

en su lenta

y fingida danza   

un rosario de sangrienta corona

El ternero salió

como un niño

por la gatera

culebreando

con la cabeza entre los brazos

y tan mojado

de cálida oscuridad

que así

arrojado sobre el pasto

parecía el rebujo

del papel

de celofán

de envolver a una estrella

Pero la vaca

acostada

no podía lamerlo

No lo alcanzaba

Erguía la cabeza

La volvía

Empujaba con el cuello

Tiraba de sí

Pero su débil ramalazo

no llegaba a la raíz

de sus pezuñas

Y de ver

cómo su morral de calostros 

se quedaba  

tan solo a un palmo

infinito

del hocico de su cría

oh se le curvaba toda el alma

Alrededor

Apiñados

En comuna

El corro de buitres

enfatizaba con las alas:

Que deberían

acortar los tiempos

Que para no pasar

tanta hambre

deberían dejar

de ser carroñeros

Hacerse antes verdugos

Como esos matarifes

que desde las claraboyas

veían buscarles la yugular

con un cuchillo

que así no se angustia la carne

que así se fragua más despacio…

Y valientes

se lanzaron  primero

a por las mullidas

cuencas de los ojos

del ternero

que desde las tinieblas

miraba el horror

de haber nacido…

                               ©Rubén Lapuente

                                 Llanes (Asturias)

TODO EL AMOR

TODO EL AMOR

El 23de Noviembre a la 19:30 presento en el espacio Santos Ochoa C/Doctores Castroviejo 19 Logroño mi nuevo libro de poemas Todo el amor. Si lo quieres ponme un correo rubenlapuente@gmail.com.Os espero.

 

tú la cumbre

yo el rebeco

tú el rayar del día

yo el rocío

tú la rosa

yo el rapaz del patio

tú el botín del corazón

yo el bandolero

tú adiós de azahares

yo trampero del viento

tú la dehesa sin fin

yo encina en tus ojos

tú quien entorna las sábanas

yo quien se cuela dentro

tú pequeña lumbre de dolor

yo ungüento de besos

yo la ira de algún día

tú la mano en mis labios

 

yo soldado caído

tú la lluvia en mi rostro

 

yo hueco en el lecho

tú la mano dentro 

                                       ©Rubén Lapuente


LA FLOR DE LA HIGUERA

LA FLOR DE LA HIGUERA

 

Lo que me duele lo hago rápido

Lo miro todo de soslayo

Y doy la temida última vuelta

de cerradura a la casa de mis padres

cerrada por la muerte

Yo quería salir deprisa

de ese silencio insoportable

pero sobre la tapia del patio

de la casa al volverme

se asomaba la dulzura de mi infancia

 ¡Ay! ¡Mi higuera!

Aquella noche de San Juan

subida yo a sus ramas

Quien arrancara su flor

que nacía y moría

eterna en un instante

sería por siempre feliz

Leyenda que me creía

a pies juntillas

¡Ay!  Esa noche

en la espesura

bajo ese olor grave

asfixiante

me moría de inquietud

Y al encenderse las hogueras

se prendió la higuera

(o era en mis ojos)

de fugaces luciérnagas

Aparecía y desaparecía

en cada brote

la oculta flor efímera

Pero no me dio tiempo

a atraparla en mi puñito de luz

¡Ay! ¡Mi higuera!

 

Entré otra vez en la casa

Ahora sí oía respirar a alguien

Y como aquella noche de San Juan

me subí a su enramada

a su profunda dulzura

Y bajo ese olor grave

comencé a aspirarla  

a jadearla

a asfixiarme dentro…

La bocina del coche llamándome

me hizo despertar

dudar  bajar deprisa…

 

De vuelta

al verme llegar Rubén

le evitaba la mirada…

 

ni me venía la voz”

             ©Rubén Lapuente                            

        Foto: Higuera. Vitigudino (Salamanca)

DOCE CUERDAS

DOCE CUERDAS

 

Ahora ya no lo veo sórdido

Barriobajero:

De camorra a la puerta

de una discoteca

Los vi al atardecer  

En los arrabales

Dos jóvenes

en un improvisado ring

Sin cuatro esquinas

Ni doce cuerdas

Sólo con la ley

del ala del cuchillo en las manos

de unos brazos

entremetiéndose

que los separaba…

Y me parecieron

como dos juncos de río

cabeceándose

Como el baile de las sombras

en la pared de dos llamas

de una hoguera

Como si pugnaran dos vientos

por aventar una goleta…

Y los dos con las manos vendadas

Tallados con buril de renuncias

Sin nombres conocidos

Y no     No era una pelea

No había odio

Ni cuentas pendientes

Ni corona de laurel

Ni cinturón dorado

No había rubia platino en la silla de la arena

Nadie jaleaba

Y me arranqué de los ojos los prejuicios

Dirimían arte en el baile

Eran príncipes de la finta

Uno con la plasticidad de una mariposa

A veces danzaba en círculos

como un ave de rapiña  altanero

bajadas del todo las defensas…

Fajador el otro encerrado en su guardia

Y como con metro amarillo

median distancias

Maestros en la estrategia

de esquivar el dolor

de cazar el flanco desnudo

de esperar el momento

de un gancho  de un crochet de un directo…

Volteada quijada besando  la lona de tierra…

Para levantarse

Para ponerse otra vez en guardia

Otra oportunidad

Como en la vida

 Vetas de belleza inexplicable

 se teñían de atardecer

               ©Rubén Lapuente