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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

EL RASILLO DE CAMEROS

EL RASILLO DE CAMEROS

 

De lejos parece de juguete. De postal de mentira, de tan bello. Como tallado en el claro de una esmeralda: un oasis de encaje de hilos de piedra rosa, si achicas los ojos. Alguien debió despertarse en esa dulce ladera de trinos, y, al alba, apresurarse en colocar la primera piedra, raudo en talar los durmientes de su techumbre, veloz en apilar la sumisa leña al oír la rondalla fría del viento envolviéndole el corazón.

Quería vivir con el ruiseñor en la rama. Con el aire puro del miedo de una corza. Como un marinero subido a la cesta de la gavia del mástil mayor,  mirando la caricia de un océano de agujas verdes que le acolchara la dureza  de la vida.

Luego el tiempo, puso la guinda: el espejo del cuenco del agua del valle del río Iregua, para que le viésemos el velamen rizado de su torso de piedra, para que asomados en cada ventana, pudiéramos, dormidos, soñar bajo sus niñas aguas, sumergiéndonos en esa melancolía de la belleza, la que nos hace ser más serenos, tan íntimos como en la penumbra bajo un sol de mimbre …Y para hacernos  románticos, bajándonos en esa luna de noche sobre el embalse, a esa otra gemela sirena reflejada sobre el agua: navío redondo de plata que nos junta las sienes, que nos flecha de besos, que nos presta la luz de su alcoba … 

Hoy he subido, peldaño a peldaño sus calles de piedra, hasta el balcón de mi casa que abre la vida, y allí me tropecé también con la muerte, pero que, perezosa, miraba, hechizada, tras los cristales…

©Rubén Lapuente

El Rasillo de Cameros

EL COMETA HALEY

EL COMETA HALEY

Fue en el 86,  en aquel cielo limpio de la sierra de Cameros en Villoslada y a simple vista. Varios meses siguiéndolo.  Quienes mirábamos  el cielo estrellado con frecuencia. Los que buscábamos planetas en la clara oscuridad o carros o lebreles o arqueros en las constelaciones,  lo ansiábamos. Cada 75 años vuelve y se ve como esa estampa de los reyes magos con el cometa  sobre sus cabezas. El anterior en 1910, la poca contaminación de las ciudades,lo enseñaba tan claro,  que ese escalofrió de plata endemoniado no cupo en la cabeza de aquella mentalidad como si el fin del mundo llegara. Y las crónicas de la época en todo el mundo hablan de suicidios, de miedo, también de belleza, de admiración .Lo más, son dos veces  verlo en una vida: si de niño los viste,  de anciano quizás repitas. Yo al de 2062 ya no llego. Sí,  un día volverá el cometa Halley y ya no estaremos aquí, es cierto, pero nuestros descendientes,  mis hijos,  sí estarán, y ojalá  los hijos de mis hijos, y darán gracias por haber hecho que puedan experimentar lo mismo que nosotros, muchos años atrás.  La vida en sí misma es el cuento de hadas más maravilloso que se pueda contar. Por eso he dejado escrito este poema.

 

Era de noche

En mi pequeño balcón

colgado

de esa dulce ladera

de trinos

En aquel abril

tan limpio de oscuridad

Magullado de números

de papeles  

de oficina

con mi luna redonda de cristal

de espía del cielo…

iba de rama en rama

de cada estrella…

 

De pronto

sobre el alto

granero del agua

como una alada herida luminosa

como una cana melena

rota de viento

apareció el cometa

 

Ese trazo de tiza

atado a su radio

a su vida

Viajero de plata solo

que por primera vez veía

y por última

también

cuando regresara

a mojar su larga cola de lumbre

pero ya

sobre el seco río

del tuétano de mis huesos

me señalaba

lo que en realidad yo era:

tan sólo una breve

mirada en el tiempo…

 

Desde el zaguán

me subiste ese alboroto

de nido de gorriones

en la garganta

de asombro de chiquilla

al llamarme

al verlo…

 

Cada atardecer

de aquellos mágicos días

jóvenes y enamorados

salíamos a robarlo del cielo

a bañarnos

en su indeleble fulgor

 

A tu vuelta

oh cometa viejo amigo

por entre los párpados

de otros ojos

nacidos de nuestro amor

nos asomaremos

                       ©Rubén Lapuente

             Villoslada de Cameros (La Rioja)

             En el 2062 regresará su cola plateada

 

 

SU ESPALDA

SU ESPALDA

 

Hoy se ha dormido

del otro lado

Madrugada de su espalda desnuda

De cada noche

que tuve su cuerpo

recuerdo uno distinto

pero no de su espalda

que detrás suyo oculta

que no la conozco

Su relieve me lo daban mis manos

que la leve luz

me desnuda ahora:

El atlas de su espalda

que sobrevuelo

siguiendo esa larga veta

como de labor de costura ciega

que por un momento

me la devuelve

muñeca de trapo hilvanada

frágil    mortal por primera vez…

E hilando cuatro lunares

ya tengo esa carreta de la aurora

atada a su rucio alegre

que cubro de zagales  de verano

de dehesa  de…

Hay ocelos de topacio naciendo

Tiene rezagadas pecas fugaces

de algún coletazo

de aquel cometa perdido

en la memoria de la noche

de su sangre…

Hasta que rubia de  luz

del trigal de mi infancia

la tengo     Y mía

Su pizarra rosada

en la que escribo estos versos

que se me borrarán

si se da la vuelta…

 

(¡Quieta…!)

Oh  Si se mueve ahora

se romperá la magia

(¡Oh  quieta  quieta…!)

Y me acerco así

casi sobre ella

cerrándole la espalda…

que no se me vuelva…

                      ©Rubén Lapuente

LA FIEBRE

LA FIEBRE

Un día cae enferma,  la primera vez.  Y sólo es  la fiebre. Ese incendio en la sangre. Y te da otra dimensión de la vida con ella, de la convivencia que has empezado a compartir. Tan joven, acostada, afiebrada,  llamándote, pidiéndote pequeñas cosas.  Acercándole por primera vez  tu desconocida ternura…

 

Hoy ha caído enferma:

La fiebre:

Ese incendio

nuestro en la sangre

que se apaga a ciegas

Le he puesto

el viejo mercurio

en la axila

y al leérselo

mientras lo agitaba

acurrucada

se ha dado

la media vuelta

 

En brazos la he llevado

a la bañera

y por primera vez

me doy cuenta

que no la desnudo

para el amor

Por vez primera

aunque

sólo sea

por una mano

posándose

en la hoguera de su frente…

soy su muleta

 

Me mira

-oh mujer que aún me idealiza-

creyendo

que no me ofrece nada

y no sabe que también

me gusta verla así

abandonada a mí

débil  y joven

trapo hermoso…

 

Y la abrigo

para el temblor del sueño

entre las sábanas

que ahora el vaivén

de la fiebre

como el mar

empapa de tibieza

abandonando

pequeños tesoros:

labios de ternura nueva…

                        © Rubén Lapuente

de mi libro "todo el amor"

BESOS EN BICICLETA

BESOS EN BICICLETA

Eres joven

mientras vuelas

mientras pedaleas

 

Sentado en el sillín

de la alada bicicleta

suena por detrás

el timbre del manillar

de su corazón

y lírico

vuelves la cabeza

a los besos que te siguen 

al parpadeo del sol

en el mareo de oro de sus piernas

desnudas

 

Dos tumbadas

bicicletas

en la orilla de la alberca

junto

al rebujo de la ropa

caída

acuciada

de empellones de vida

 

Vuelves la cabeza

a los besos que te siguen

entre radios

de ruedas de luz

de tardes de besos en bicicleta

sobre la vida

que sonríe

joven

mientras pedaleas

mientras vuelas

       ©Rubén Lapuente

CALCETINES ROJOS

CALCETINES ROJOS

Subían a la última planta  

En el ascensor

se conjuraron

no esbozar

ni una leve amarga mueca

Estaban allí

por la ventura aquella

de coincidir un día

en un patio con sol de recreo

Avasallando

la habitación blanca

invitaron a su mujer

a deambular un rato

por el largo pasillo

Un cartel de no molesten

lo dejó bailando

el último en cegar la puerta

Dicharacheros

le descubrieron los pies

por si llevaba aún

aquellos pioneros

calcetines rojos

que asomando rebeldes

en la última fila

les señalaron el camino

al descontento 

a su pequeña revolución

Ocupando un trozo de su cama

se rieron de los sueños

que no habían alcanzado

Que tarda uno en aprender

que la felicidad

no hay que ir a buscarla

Que consiste en no tener  

casi deseos     

ni miedos

Manos en su hombro

en su tobillo

manos en sus manos…

Destellos de un trozo de espejo

de la manecita de un niño al sol

hablaban por el nidal

oscuro de sus ojos

Salieron haciendo planes de verse

De no esperar  

a ese trámite de la muerte

para clavar la mirada

en la lluvia del recuerdo

De arrebatarle al tiempo

nuevas horas de oro

                                ©Rubén Lapuente

CELESTINAS ROSAS

CELESTINAS ROSAS

Las rosas hacen bien su trabajo

A pesar de que ya no nacen

del corazón de la tierra

De que ya no sufren

para reinar en el rocío

Bajo la toilette de plásticos

ataviadas de rojo terciopelo helado

vienen sajadas de aséptico olor:

Aún no les han cosido

ese misterioso secreto de almizcle

de mujer al desnudarse

que te llegaba al mover tú el aire…

Pero da igual

Para alguna mujer  

cada una guarda una fecha grabada

Un rostro diferente

Vientos de rosa en el calendario

bebe alguna muchacha que conozco

En cambio  para uno

son la mejor herramienta

Sobre todo cuando

hay que pegar un trocito roto

dentro del pecho

Ahí están

Y siempre rojo ramo de rosaleda

si el regazo anda herido

Sacando melindres de luz

de niña madura

Ciegos besos eternos de fin de película…

Son tu alcahueta

La manera de decirla esa palabra

que no sabes por qué no te sale

Como si a estas alturas de la vida

el largo olvido de un te quiero en los labios

sonara a mentira…

Sí    hacen muy bien su trabajo

Ahora que el amor

ya no es aquel incendio

                                © Rubén Lapuente

SIEMPRE HOY

SIEMPRE HOY

 

Soñaba

que la tierra

cansada

de dar vueltas

y vueltas

se detuvo

Conmigo

en la media

mitad

de luz

ahora siempre

Intranquilo

corrí y corrí

a ese otro

medio infinito

de sombra

de noche estrellada

Pero en ese

perpetuo

medio miedo oscuro

angustiado

de tinieblas

busqué al otro

medio infinito  

de añorada luz

del otro lado…

Y sin el cuándo

fue ayer  

sin el cuándo

será mañana

eternamente

iba

y venía solo…

Yo

que ahora era

el tiempo

en el siempre hoy!

             ©Rubén Lapuente