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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

ARRUGAS

ARRUGAS

Voy a romper los espejos

Los que te enmiendan

Los que perturban esa piel

que dices cansada

de sostener la luz 

Ya sin tersura

 

No me digas que quieres

limpiarte de penumbras

¿Cómo vas a deshebrar

lo que ha tejido la entraña?

¡Si son tus banderas!

¿Y si te cambia ese gesto

ese esplendor único

que permanece en uno

que se nos adelanta siempre

como un perfume?

¿A quién mirarían?

Si al final sólo te amarán

por una manera de ser

 ¡Oh!

¿Quieres amargo consuelo?

¡Si esa piel de naranja

se me hace tan tersa

como la de una dulce manzana!

¡Si a ese leve velamen del cuello

le bastaría con un pañuelo

de seda encendido!

¿Que ahora se desmaya  tu pecho?

¿No lo toman mis manos

orgulloso?

¡Cuántas de tus arrugas

las he labrado yo!

 

Voy a romper los espejos

Los que te enmiendan

Los que te perturban

Los que te hacen soñar

con turgencias de oropel

con frías lancetas sin memoria…

 

Ven amor mío

Asómate

Mira el sol en su declive

En su viejo ocaso tan limpio

¿Por qué no puede ser el nuestro

igual de bello?

                 ©Rubén Lapuente

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LA MUCHACHA DE LA DEHESA

LA MUCHACHA  DE LA DEHESA

 

La muchacha de la dehesa:

Pastizal del alma

La que nace

vive y muere

en la misma casa

Joven

como una larga trenza

de luz del alba

Tiraba

de una maleta vieja

carretera arriba...

 

Al partir el autobús

se atrevió

a volver la cabeza

y asomada al balcón

toda su niñez

con lágrimas en la cara 

la despedía

 

Llevaba en el tapiz

malva de la piel

rocío de luna en la yerba  

De su pelo

colgaban

amentos de encina

por sus dieciocho

primaveras

Un vestido estampado

de marujas

de regatos de agua 

le adivinaba

la cintura

de vasija en llamas

 

Y al llegar a la ciudad

extraviada la mirada

fijó en las pared

de la pensión

con chinchetas

una foto

de su atardecer

cuando la sin fin lejanía

empieza a soltarse

la cabellera de estrellas…

 

La muchacha de la dehesa

en el redil de la oficina

entre el graznido de las teclas…

 

¡Oh parecía una dulce

garza blanca!

    ©Rubén Lapuente

foto:atardecer en Vitigudino(Salamanca)

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EL PERIÓDICO DEL BAR

EL PERIÓDICO DEL BAR

 

Este redomado viejo

Caduco listillo

Secuestra el periódico

del bar

de mi bar

cada día

Y toda la mañana!

Oh  Es que no lo suelta el muy pájaro:

Las esquelas   El crucigrama

Los siete errores…

Lo desmenuza  todo

Hasta debe buscar

esas palabras ocultas

las que se leen  entre líneas

el muy jeta

Estuve por decirle

que el periódico no es suyo

Que debería de tener

un poquito más de educación

Que al bar

se viene también

a leer  la prensa  claro que sí

pero

joder  no a raptarla!

Me contuve por respeto

a sus arrugas

a su pila de años  

a su senectud

Pero ayer     vengativo

me adelanté

a su cita con la tinta impresa

Arrebatándosela

Quise darle un escarmiento

Demorándome  

en cada página

un pequeño siglo…

El viejo me vino

con su paso torpe

con el baluarte

de su adelantado bastón

Lentísimo  

como si cruzara el mismo Amazonas

me reía yo  de él   así   cruel

por lo bajinis…

 “Cuando termine

llévemelo  allí  al fondo  

por favor” -me dijo

No le quitaba ojo

De soslayo

notaba yo sobrevolándome

su impaciente espera …

Un gesto de dolor o de recuerdo

de su mano buscando el lado

izquierdo del pecho

me hizo abandonar

mi pequeña ruindad

Comprender

su lejana mirada

en cada hoja que yo vencía

Su desazón

por ese retraso

en su encuentro diario

con el rocío del papel

con su perfume a aserradero

con las noticias

como nuevos planetas girando

en torno al sol de su cabeza …

Que un periódico

puede ser tu único hombro amigo:

centinela

de esa sicaria soledad

que contrata tu derribo…

Y lo cerré de una tacada

No sé si media vida o la vida entera

-Aquí lo tiene-

le estaba quitando

                              ©Rubén Lapuente

recital  en Madrid 

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MARIAMOR O EL SOL DEL MEMBRILLO

MARIAMOR O EL SOL DEL MEMBRILLO

 

Bajo un cielo

de mil frutales ramas 

de la vega del Iregua

va y viene Mariamor

Para ella serán sólo

manzanas  ciruelas

melocotones  nectarinas…

pero para otros

pequeños dulces planetas

coronándola  

rondándola

esperando caer

de la rueda de su mano

al remanso de su falda

al reclamo

de unas cajas

apiladas en la carretera

al tenderete

en el zaguán

de su casa abierta

al árbol de la sangre

de mis venas…

Pero ella está en otra cosa

Está a lo suyo:

a escoger

a pesar

a vender su cosecha

a ganarse la vida

Ella no sabe

que bañada     así

por tanto perfume

de la bodega de la tierra

la ves  más sencilla   

más clara   más bella

más Mariamor…

Al irme

me regala un membrillo

Ese que tiene

las ventanas abiertas

Que lleva dentro

un sol ardiendo

Para perfumar el coche- me dice-

Sé de su leyenda

del mordisco

en su carne amarilla

de las antiguas novias griegas

para entrar

en ese lecho  nupcial

de enredadas sábanas de luna

con la boca llena

de perfumados besos

Levanto el pie del acelerador

para cerrar los ojos

para beberme un instante

la esencia única

de ese dorado incendio…

De Lardero a Cameros

Voy tirando de un hilo

de amarilla luz de aroma

Voy  destejiendo la madeja 

de un corazón

hecho de perfume

de sol de membrillo:

El de Mariamor

La que va y viene

de la vega del Iregua

La que está en otra cosa

                       © Rubén Lapuente

FRÍO

FRÍO

Si  has tenido frío de niño

tendrás frio el resto de tu vida ( J.José Millas)

 

Es otro y es el mismo:

El helado compañero

de la infancia pobre

Ése que trae en su alforja

memoria de carámbanos

Viene intacto  Puro

Es el de la fría ala

de sábanas ajenas

rozando  

acurrucados sueños

Es el gélido huésped

de los pies

con su voz de hollada

hojarasca…

Es el del relente en el baño

sin parpadeos celestes

en el techo de yeso :

La marea de su regazo

de zarza de rocío

Y con derecho a cocina:

A ese badil atizando

los somnolientos ojos

de un sol de cobre…

Es aquel de la niebla

del paso a nivel

yo solo y de la mano

de una cartera

rozada

de no levantarla

un palmo del suelo

atando

el taconeo de mis dientes

al cálido silbido de vapor

de un veloz hocico de hierro…

Y siempre camino hacia la escuela:

Ésa de la boca

de dragón arrojando

una hoguera helada

entre sus paredes frías

Viene intacto    Puro   

Viene con la manecita

de la muerte

con su vagido de piel de escarcha

desde un capazo  de mimbre

cima de la alharaca

de una niña

con sus días azules contados …

como un destello

de  joyas  frías tiradas

entre los brazos de la nieve

viene  

y con los primeros fríos

Mi helado compañero

de la infancia pobre

Errante  desamparado

inevitable

aunque sólo sea  hoy un destello

un aldabonazo...

viene con la llave

de m tuétano

                      ©Rubén Lapuente

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RECITAL

RECITAL

El día 10 de Octubre a las 19:00 horas daré un recital de poesía en el salón de la lengua de ese edificio tan hermoso de la foto en la calle Serrano 25 de Madrid, donde se aloja el Centro Riojano. Al finalizar el acto  se servirá una copa de vino de Rioja. La entrada es gratuita. El vino también. Os espero.

                          NIÑA SOLDADO                                                                                       

                        Me llamo Jasmine y soy de Kivu.

Y sólo quiero un trozo de tela

para acarrear a mi bebé.

Me sacaron de la cama con doce años

los mayi-mayi. Me reclutaron.

¿Para quién lucháis? ¿Para qué causa?

Sólo tenía dos dunas en el pecho.

Y en la vagina, si se cerraba,

palos y trozos de botella.

Era un golpe de autoridad

hacernos andar como patos por la aldea

así seríamos más dóciles y sumisas

en la próxima redada

Soldadito niña tienes un marido

Y una racha de viento

negro encima te vuelve

como un árbol con piernas

esperando bajo un cielo

roto de lona

cese el vaivén 

de tu cabeza …

Todas las mañanas

en el andarivel del aire

cruzaba el río

Iba conmigo el agua

para cocinar y cocer la tapioca.

Y me dieron un machete.

Y un gatillo ardiendo.

Y la regla no me venía.

Soldadito niña tienes un marido.

Parí en el monte, a destiempo,

sola, como una gacela.

Y conseguí llegar a mi aldea, a mi casa:

-Tienes un hijo del enemigo.

Tu niño es un estigma.

Has perdido la virtud.

Aquí no te puedes quedar

Vendrían a buscarte.

Ahora estoy en el centro de orientación

Me llamo Jasmine y tengo dieciséis años

Aprenderé a leer, a escribir

para poder trabajar y salir adelante.

Ahora lo único que quiero

es un trozo de tela

para poder cargar a mi bebé,

como hacen las otras mujeres.           

                       ©Rubén Lapuente

(Luvungi  octubre  2006)

 

EL OTOÑO

 

¿El otoño?

Es algo más arriba

Sí  Sí  Por este mismo camino

Pare el coche antes

de llegar a la ermita

Por ahí cerca de un acebo

tiene él su aldaba dorada

Ah pero hoy no llame

que ha dejado

la puerta entreabierta

Anda tan atareado

rociando todo de ámbar

subiendo tanta savia

de topacio a las hojas

que de tanta ida y venida

sólo saldrá a recibirle

en el zaguán

el vaivén de su mecedora

Pero no tenga vergüenza

entre y vístase con su ropa

Tome de su taquilla

su buzo de tímido camaleón

Su pala y su escoba de abanico

écheselas al hombro

Que disfrazado así

de jardinero del otoño

le será más fácil desaparecer

en esa lenta y dulce y bella

agonía amarilla

¿No ha venido a éso?

Ahí todo está muriendo

Todo cae tan milagrosamente

en su lugar exacto

que tan sólo

por si acaso se cruza con él

llore por un ojo

haciendo como que

arrastra esas hojas

que se han salido del camino

Y no se pierda

el lento viaje de ninguna

Todas hágalas suyas

Caen sobredoradas

sobre sus deseos

o sobre sus sueños rotos

Decore el cielo de sus párpados 

con esa estampa

más bella

si la rescata mañana

dibujada

su soledad

o su emoción

o su resol de muerte…

Ah  pero  no se demore mucho

No quiera anclar del todo

el corazón a ese noray

del muelle del otoño

que aquí la belleza en carne viva

acelera ese pequeño temblor

de estar vivo

enfermo de vida

en este rodar silencioso

de los días sin dioses…

¿me entiende?

Cuando salga del bosque

que sea al atardecer

Bajando  

hile de soslayo

los guiños del sol entre las hayas…

Por el camino

su berlina irá dejando

-usted no lo verá-

una estela fatigada de oro”

                          ©Rubén Lapuente

 

LOS PAISAJES DEL RIOJA

 

¿Te gustó el vino que labré

grano a grano de mi viñedo?

¿Lo saboreaste como yo te dije

recordando su paisaje?

Pero no sólo de aquel

que viste desde el altozano

al final del estío

cuando las vides

colmadas de racimos de uva

desfilaban vanidosas sus collares

de pequeños soles

de negra lumbre:

el que tenía la sangre

cansada de belleza

sino también

del otro

el del frío invierno

cuando las desnudas

cepas se retorcían

centinelas de vacíos odres

que la nieve lavaba

con esa soledad y angustia  

de la que sólo pueden salir

curvados sueños

de náufragas duelas de vino:

granadas añadas

de rojo terciopelo

 

¿Y si lo retuviste un momento

en el cuenco de tu boca

le sumergiste además

de su almazuela de coral de otoño

la infinita soledad

helada de su corazón

dormido bajo las cepas?

 

¿Te acordaste?

             ©Rubén Lapuente

            recital 


EL GUIÑO

EL GUIÑO

 

De abrazarnos

tanto mar

salimos del agua

como curados

en salmuera

De tumbados

en su lecho de duna

tatuados

de su  calcomanía

de arena dorada

Y tan empapados de sol

que mirábamos

como desde dentro

de la hoguera de miel

de un topacio

Nos acercamos

al corro del paseo

A la que leía la buenaventura

A la mantera del destino

La empujé       

bromeando  

hacia la pitonisa

la que tomó rauda sus manos

la que echó una mirada

profunda

al vuelo sesgado

de una gaviota

Al adivinarle

el nombre de aquel rucio

que tiraba del  carro

de sus días azules

de sus noches de pavesas

se le pusieron los ojos

redondos

como peces

como platos

sin parpados…

Le adivinó la esquirla

de cristal de una ola

rasgando su vela

Y que si ahora era

juguete del dolor

la línea de la vida

de su mano era larga

como el tren de luz

de un cometa errante

“Oh  espera”

Miró a la gaviota sobre las jarcias

Echó una carta sobre su esperanza

“Te vendrá  de tapadillo

una brisa a envolverte

Muy pronto  

Te cogerá

desprevenida 

en una argucia de la luz

en un escorzo tuyo bellísimo

No   No    No hay milagros

Es cansancio del dolor

de pinchar en hueso

Es tu mascaron de proa en el mar

de las tormentas

de la vida que tiene

los brazos en jarras

que es una escollera 

 Si   mujer   de trenzar  tú el dolor…”

 

Al irnos   

De espaldas volví la cabeza 

de perfil

Que me viera…

                                  ©Rubén Lapuente 

 

LA CALLE LA VENTANA

LA CALLE  LA VENTANA

 

Vino el progreso

a mi calle

Vino con su burbuja

Con su curare

Con su luz

de baratija

Enjambres

de golondrinas

al fulgor del dorado

adobe de babel

vinieron

Anidaron hacinadas bajo estos

aleros de madera

Vino como una

sombra marcial

su zancada

Tomando las aceras

Desviándonos

las miradas

Deshaciéndonos

los rostros…

Vino y  

la vieja calle

deprisa

bajó del altillo la maleta

 

Yo tenía

una ventana frente

a mi balcón

Por ella se asomaba

la mitad de mi mismo

Yo tenía

el rumor del sueño

combado subiendo de una

niña muy adentro

Del portal

cuarenta y tres

ella bajaba

las escaleras

tentando la baranda

a trompicones

hacía su rayo

de luz

del sol de su infancia

cuando la calle

me decía

era un celaje

de guirnaldas

una larga almazuela

de tiza

¿Irme a otra calle?

Volvería siempre aquí

en la nostalgia

o en la tristeza

o en la espera

y tan sólo

con apagar la luz

cerrando los párpados…

Y yo  

no bajé del altillo la maleta

 

Oh pena

que no llegara a tiempo

de ver que en lo que dura

un milagro  barrieran

los coches

alfombraran la calle

plantaran bancos

de madera

y bajaran espigadas estrellas

negras…

Oh pena

que no la mojara una

lluvia de pétalos

blancos de magnolias…

Y era lo poco

que ponían

tan deslumbrante

para lo que teníamos

que parecía

como si todo

fuera de mentira

dibujado

como si todo saliera del polvo

de estrellas

de una varita mágica

Que frente a mi balcón

tenga

su ventana

ya es tener

el mejor rayar del día

Ahora en su mismo cuarto

más apretado que el suyo se asoma

una niña mulata

que siempre deja caer  la roseta

de su regadera o

una cinta amarilla

de su trenza a la calle:

su diaria coartada por

bajar por esas

escaleras

a trompicones

tentando la baranda

hacia este nuevo

sol de su infancia

Por los mismos peldaños

hacia aquel otro sol

tropezaba ella…

que no es nada

que a uno

le ate una ventana o un

rumor de comba

subiendo…

¿Pero no es esa

infancia de abajo la

de mi madre?

¿Y cómo abandonarla?

Si aquí duele

menos el pavor de esa

silueta de tiza

en el patio

cortada

por los alambres

Si aquí la veo

crecer eternamente

hasta que me nazca

                               ©Rubén Lapuente