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Se muestran los artículos pertenecientes al tema DE CORAZONES ( 20 ).

BLANCA MEMORIA

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Qué aguja invisible blande el frio

Qué cálida fogata helada trae

Qué bello martirio de aterido cristal  

Oh esta nieve que te esconde la memoria

que disfraza de blanco olvido

Todo este resplandor

floreciendo

en la luz nevada

cómo te salva un momento de la vida

¡Ven! ¡Corre! ¡Corre! ¡Ven!

 ¡Todo es blancura!

me dices

Y dulcemente asediados

salimos a ese maretazo

de frio en las mejillas

como si a nuestra edad

otra vez naciéramos

como si nuestras huellas

de dioses en la nieve

fueran las primeras de la vida

en la tierra

Y caminando

tú misma te invitas

a buscarme

en el bolsillo

de entre las manos entrelazadas

 el nido de la caricia

de la ternura

del alivio en el dolor

 

Mañana ese joven

sol de marzo

qué nos devolverá ?

                  ©Rubén Lapuente

                  (El Rasillo de Cameros)

  Foto :El Rasillo

PARADA Y FONDA

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La que te mira

desde donde siempre

dispuesta

en cualquier lecho

alegre

La que

alguna vez

algún golpe

del decoro

o alguna voz

o algún silencio

de la envidia

le entra

por las paredes

Y ni se tapa la boca

ni rasguña tu hombro

ni muerde la almohada…

La que no se azora

 

La que sabe

que si grita

si gime

sin pudor

regala una montaña

de hombría

La que por el blanco cielo

de los ojos

le ves dos lunas

húmedas

ebrias

perdiéndose

imborrables

por entre

los juncos

entre bambalinas

 

La del badajo

del corazón

que te golpea

en el miedo

de lo que sabes:

nunca será

para siempre

 

La que le pasa

tan dulce

la mano del sueño

de la noche…

Ésa  

La de parada y fonda!

             ©Rubén Lapuente

PIEL DE RONDALLA

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Oh secreta voz

Vergonzosa

Explícita

De aprendíz de rufián

o de dulce diablilla

Bajera

Presta

al tempo ardiente

del cuerpo

Cosida

En una noche

se entrega toda

Sale con su jácara

Con su jerga

de lupanar

de mirlo

de inocencia

Susurra al oído

rubores

Su arrobo

rasga

el sonrojo

más vivo

y sus tropelías

de mentira

abren los pliegues

del goce

a esa íntima

llaga secreta

o mudan en ariete

de piedra

lo que parecía

un tallo

de primavera

 

¡Oh rondalla bajo la piel!

¡Oh procaz voz secreta!

 

 ¡Oh noche de amor

entregada toda!

                   ©Rubén Lapuente

BESOS EN BICICLETA

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Eres joven mientras vuelas

mientras pedaleas

Sentado en el sillín

de la alada bicicleta

suena por detrás

el timbre del manillar

de su corazón

y  lírico

vuelves la cabeza

a los besos que te siguen

al parpadeo del sol

en el mareo de oro de sus piernas

desnudas

Dos tumbadas

bicicletas

en la orilla de la alberca

junto

al rebujo de la ropa

caída

acuciada

de empellones de vida

Vuelves la cabeza

a su lámina

en el frio de la ciudad

bajo los primeros copos de nieve

entre radios

de ruedas de luz

de tardes de besos en bicicleta

sobre la vida

que sonríe

joven

mientras pedaleas

mientras vuelas

                 ©Rubén Lapuente

DULZURA

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Me viene

con pasos

de pantera cautiva

Titubeante

Como una bandada de bruma

Me dice que cree que ya no la deseo

Que la miento

Que sospecha de mí

Que me busca

huellas

de otra

hasta en la raíz de la mirada

Que mis palabras

déjame ahora no

le sientan

como pequeñas y breves

punzadas

de aguja

Que ahora se alimenta

de cuando

subía a la azotea

a que yo viera

los ocasos

en los botones

de su blusa

y del eco

del chasquido

de la estrella

fugaz

de mi

cremallera

Que nunca

salvo conmigo

tuvo ella en la mar

sábanas de olas de espuma

bordadas

por un hombre

Que eso no se olvida

Que añora

ese suelo

de jergón

de los caminos

 que el placer luego

acolchaba

 con lana

de esmeralda

de

las

mismas

piedras

Que grita de ira de abandono

De vacío de espera

Que qué quiero de ella

 

Si yo sólo quiero

le digo

que me viertas

aquella dulzura

de tu cuerpo

si era de higuera

Que gires despierta

en este carrusel de dos boletos

hasta que

suene

la sirena

Si yo sólo quería

que

vinieras

así

                        ©Rubén Lapuente

PUREZA

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La nieve

dibuja un corazón

sobre el agua,

bordea los labios

de una hoja verde

y oculta.

 

 ¿No notas

que nace eterno

lo que perdura

un instante?

 

Estar ahí.

Darse cuenta.

 

Sobre el aluvión

de la pureza

poner toda la tuya.

 

¿La esquivas?

¿Te enzarzas?

 

El brillo

de aquellos ojos

era sólo para ti.

 

El jadeo que oías

a oscuras,

era codicia

de tu piel.

 

Aquel tembloroso

cuerpo entregado,

era el amor

que buscabas.

 

La nieve

dibuja un corazón

sobre tu olvido…

 

¿Te enzarzas

para siempre?

                    ©Rubén Lapuente

LA ESPALDA DE CINTIA

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Me llama chalado

plúmbeo

Y es porque le pido

que me deje un rato

presagiando

leyendo

su  espalda

preñadita de lunares

 

¡Acaba pronto zíngaro!

 

Es el atlas de su dorso

¡Qué enjambre de ocelos!

¡Qué baldío esfuerzo parece

por llegar a ser ala!

¡Qué igual reflejo

que el de esas noches

de tizones

encendidos!

 

Si tuviera memoria

de su rastro

le borraría

toda su pizarra rosa

y desde su yerma piel

comenzaría dibujando

su primera sombra

e iría uniéndolas

una tras otra

hasta la última

casi nacida

¿de ayer?

 

¡Y qué jeroglíficos para hacer cábalas!

¡Qué maraña para solazarse!

¡Qué maleza para sentirse tibio!

¡Qué codicioso mapa con mil cruces!

¡Qué sencillo tropezarse con un tesoro!

 

¿Acabas ya zíngaro?

 

Sólo le he pedido la espalda un rato

para hacerle un poema

Cintia amor de otro

que no sé si le pedirá

ver las madrugadas

en su espalda desnuda

                            ©Rubén Lapuente

Foto: la espalda de Cintia

LOS CABELLOS DE MARÍA

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                               a María Bernal

¿De quién es esta fotografía?

Me la han tenido que sacar otros

o enviármela por error.

¿De quién son esos cabellos?       

Una melena para adivinar un rostro.

Para empezar a volverse.

¿Y si me la ha enviado ella adrede?

Querrá jugar al requiebro conmigo.

Quizá sepa que en mi sueño

hay una mujer de espaldas

desenredándose el pelo.

Querrá que me embeba

de cada hebra.

Que me haga menudo

para trepar por cada mecha.

Que le tire de cada bucle en llamas

para medirme el deseo.

Yo le llevaría la mano de la brisa,

su taller de orfebre

tejiéndole fugaces arabescos.

Y todo antes de volverse.

 

¿Pero de quién son esos cabellos?

“Son de  María, la que duerme en la dehesa”

        ¿María?  ¡María!

 ¡La que ha tomado el amarillo ardiente de la era!

 ¡La que campea por los pastizales del amor!

 ¡La que se baña desnuda bajo el sonrojo de las charcas!

 ¡La que en sombra de encina agita su melena de oro!

 

 ¡Son los de María!

 

¡Y antes de volverse!

 

                                      ©Rubén Lapuente

                                           (Vitigudino)

 

DESPERTAR

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el azar quiso que fuera en San Valentín

Hoy me he despertado de la vida.

Sin ninguna llama sobre la cabeza.

Como debería sentirse un árbol

si escuchara su madera.

He sembrado de cereales

la mesa de la cocina.

He dibujado un corazón

como una vez uno en la arena.

Y me lo he desayunado con mimo

que luego vendrá el bostezo

atónito de mi princesa,

que la silueta que le he dejado,

es para ella.

 

Y al trabajo voy

con  unos versos en la cabeza:

“Creo en mí porque algún día seré

todas las cosas que amo”.

Y como hay tan poco lirismo en los libros

de contabilidad que encuaderno,

le he agregado una hoja

con el preámbulo de Cernuda.

Y con mucho engrudo de aroma.

 

Luego me vuelve a llamar

la operadora de Orange:

Que navegue con ellos,

que me embarque en su veloz crucero.

Yo le digo que sí, que me cambio,

pero sólo,

(la chantajeo un poco),

si me deja diez mensajes

en mi cuaderno de versos.

 

He entrado en el bar como todos los días.

Pero hoy con parsimonia.

No me interesa cómo está el mundo.

Y eso que el periódico me saluda.

Me he sentado en el taburete de la barra.

Le he dado cien vueltas al café

con la cucharilla.

Y al verme en el espejo, frente a mí,

(creo que era yo),

me he sonreído como nunca.

 

Y a la tarde,

me ha enviado un mensaje la princesa:

“No he desecho todavía la silueta del corazón,                   

le faltan dos nombres

atravesados por una flecha.

No tardes.”

 

Hoy me he despertado de la vida.

 

                                  ©Rubén Lapuente

 

HERIDA DE AMOR

20090105223450-herida-de-amor.jpg

Espera.

No me cierres

del todo el corazón

que no ha salido aquel  beso.

Ni aquella mirada de lumbre

que se me hizo dentro

luciérnaga.

Todavía hay un último

te quiero guardado

que se agarra a un sueño.

 

Espera.

Que con otra puntada

se hará más de noche.

Y el miedo siempre

se ceba con lo frágil,

con lo niño.

Espera …

¡Mira!

Si ese roce de la ropa

que fue una tormenta

en mi cuerpo…

¡Lanza relámpagos!

Si esa mano lenta

de marea

que trepidaba en su piel…

¡Empuña un arma!

Y aquella boca abierta

entregada de túnel

sombrío de placer…

¡Si enseña los dientes!

 

¡Espera!

¡Están asomándose!

¡Qué miradas de soldados

cercados por el miedo!

 

Zurce despacio.

Ciega con ellos dentro

la costura.

Que fuera del corazón

no son nada.

 

¡Que me duela siempre

esta herida de amor 

que no se cierra!

 

                             ©Rubén Lapuente

POEMA PARA TU CUERPO

20080924001523-poema-para-su-cuerpo.jpg

Me gustaría hacerte un poema

mientras recorro tu cuerpo desnudo.

Empezaría por tu boca.

Bebería de ella

como los labios del caballo

entran ávidos en los abrevaderos

a espuertas, a saciarse.

 

Por el barranco de tu cuello,

rama de alerce,

pondría mis manos

de leñador curtidas

que oyen el torrente de sabia

que enamora tu corazón.

 

En tu pecho me quedaría

un largo rato:

uniendo montañas,

desentrañando enigmas

en las aréolas del sueño

de mi embriaguez.

En los timbres gemelos del amor.

 

En tu cintura

¡Que copie aquí el alfarero

la suavidad del tiempo!

Descansaría  mi mano

en esa curva imposible:

Dulce tobogán del mar.

 

Y al llegar a la encrucijada

de tus muslos:

Herida del placer.

Olla del amor.

Imán del hombre.

De dónde huye la muerte.

Te miraría a los ojos

para entrar en tu cuerpo

como lo hace la voz,

el olor, el aire,

como lo hace el  amor.

                     

                          Rubén Lapuente

UNA ROSA, UN POEMA...

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                                              La casa está encendida (Luis Rosales)

No me ha visto nadie.

Soy un ladrón de una rosa

de las que nacen de la sombra

de una tierra enamorada.

Que su olor te detiene

y te obliga a cerrar los ojos.

 

Una rosa, un poema…

Para su cansancio

de tantas idas y venidas.

Para la angustia  de contemplar

una  lenta y larga agonía

de su misma sangre

que le ha prendido

en la mirada, la tristeza.

 

Una rosa, un poema…

Que le he dejado sobre la mesa

como un temblor de luz

en su oscuridad:

    

    "Esta rosa ha nacido   

     de un abismo.

     Ha rasgado una sombra

     enamorada.

    Toda su hermosura

    viene, como la tuya,

    de muy adentro.

    Rodéala, respírala,

    abrázala, agótala.

    Pero pronto,

    amor, pronto.

    Que el tiempo no respeta

    la  belleza.

    Que no te  descubra

    en un recodo

    vacía, desolada.

 

   ¿Oyes?, amor, pronto.”

 

No me ha mandado

ningún mensaje.

Al llegar a mi casa,

era de noche,

miré hacia arriba

y vi iluminadas las ventanas.

 

¡Sí, todas las ventanas!

 

¡La casa está encendida!

 

                           Rubén Lapuente

                         (El Rasillo de Cameros)     

AMOR EN LA BARCA

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La he llevado al embalse,

a esa enorme alberca en el valle.

Desde la bancada me mira

mientras  voy remando

hacia el centro del silencio.

 

Se desnuda.

Se zambulle en el agua.

Adrede  demora  su aliento

oculto  en cada burbuja.

Y emerge abrazada a la proa

como un mascarón vuelto

al embate de mi deseo.

 

En la barca su espalda mojada

se cierra sobre mi pecho.

Y  los remos de mis  brazos

bogan por su piel erizada.

 

Dentro de mí

hay un valle anegado de miedos,

de amores, de dudas,

y  ella lo cruza, lo vadea,

lo decanta con su hermoso

cuerpo de pez dorado.

 

La he llevado al embalse,

a ese aljibe de mi corazón

que ella  sólo abraza.

                                Rubén Lapuente      

AMALGAMA

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¿Amalgama?

 

Si te veo de espaldas,  

te pienso, te recreo

en un instante

todos los instantes.

Repaso en tu silueta

de lejanías,

lo que has sido,

hasta éste “ahora de hoy”

grano a grano

de amalgama conmigo.

 

De frente,

te esconde la luz:

Amuralla mi recuerdo.

Me cierra tu interior.

Tu esbozo, de frente,

es un gesto sin tiempo

para guardarlo.

 

“¡Nena!, aún te faltan de regar

los tiestos del balcón”

 

¡Amalgama, conmigo!

¡Y de espaldas a mi frente!

 

            Rubén Lapuente

               (Peñíscola)

CORRER, CORRER…

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Correr, correr…

Cansar el cuerpo.

Domarlo.

Perro que se entregue a mi voz,

a mi pensamiento.

Ir pisando

la cicatriz del bosque

entre los robles, las hayas, los pinos.

Sin tregua.

Correr, correr…

Ser la estremecida hojarasca.

El latido del ciervo.

El músculo tallado del frío.

El chasquido inesperado de la rama.

Ser el árbol del cuerpo.

 

Correr, correr…

Sentirme criatura del jadeo.  

Médula de mi pequeño universo.

Catenaria confinando lo ocioso:

Punto en el centro de la diana

que agujereo.

 

Y todo para tenderme.

Tan afilado ya para el sueño.

Cansado, muy cansado…

 

Aún sin fuerzas para llamarte.

                              

                                         Rubén Lapuente

                                         (El Rasillo de Cameros)

PATIO DE LUCES

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                                                a Yara

"Solo me queda su aroma

que aún vive                    

en esta ropa ajada.

Y la llevo puesta.

Y si la ve arriba,

tendida, lavada,

lo hago sólo

para que se vaya

mi olor de ella”

 

Debería haber caído iluminada

del cielo de la melancolía

a éste mismo patio de luces

como maná de ropa tendida:

Volatinera y huérfana

camisa en mis manos.

Con las entrañas floreciendo

por la curva del cuello,

respirando por los bordes

de los puños:

Tela ya ni manjar de polilla.

La creía sin dueño,

sin huesos,

como solitarios

e inservibles calcetines

(podrían suicidarse a pares)

que nadie me reclama.

 

Pero me llegó su voz

desde lo alto:

 

-¡Es mía! ¡Ahora bajo!

 

Le di su refregado

y casi secreto remiendo.

 

Desde entonces,

al cruzarme con ella

¡Chis…!- me dice-

Llevándose el dedo

índice a los labios.

                          Rubén Lapuente

                         de Sábanas de luz

29/03/2008 17:50 rubenlapuente #. DE CORAZONES ( 20 ) No hay comentarios. Comentar.

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