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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

SÁBANAS DE LUZ

SÁBANAS DE LUZ

Cada noche, en la cama, mis rodillas levantan una tienda de campaña de algodón: bóveda de otro planeta. Bajo ese cielo de sábanas de luz, mi hijo va trenzando su estrenada niñez entre mis piernas cansadas de hollar el día…

Le pone en guardia un lejano zumbido de aviones en mi boca, mientras, desde fuera, mi kamikaze mano enemiga vira hacia su soleada madriguera: una loca algarabía de aspavientos artilleros con ametralladora de risas.

 Luego, ya en su reino, en su guarida, cada uno menguado en la estatura de la zancada de su índice y corazón, sin zapatillas, a un terrorífico grito mío, huimos despavoridos por la empinada ladera de mi pierna, que en realidad, se lo digo aterrado, es la encrestada espalda de un terrible dragón que refunfuñando despierta.

 Al hundir sus dedos en la ratonera de mi ombligo, de pronto, todo mi vientre tirita“Pero, ¡corre, que es el cráter de un volcán, corre, que estalla, que nos coge la corriente, que como un huevo nos fríe su río de lava!”

 Y cruzamos, sin un rasguño, el bosque oscuro de mi pecho con dibujos de ojos de fieras que parpadean, con siniestras miradas de serpientes con unos de tiza en las pupilas, silbando, siseantes, ocultas entre la maraña de mi negra jungla rizada…

 Antes de alcanzar la combada ribera de luz de la sábana, paramos en el refugio del bolsillo alto de mi pijama, índice y corazón ya con ojos de gallo en las yemas, y me parlotea tranquilo en esa lengua virgen: gorjeo de luz del paladar niño, que me deslumbra…

 Y todo hasta que una voz cálida y firme de mujer, cada noche repetida, echa abajo nuestra cúpula celeste, hiriendo a mi hijo de sueño, despertándome a mí del reloj parado que es la niñez, y… ¡ay!  retornándome a este monótono planeta de siempre…

pero sólo hasta mañana.

                         Rubén Lapuente Berriatúa

publicado el 01/12/19 en el diario La Rioja. 

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OTOÑO EN CAMEROS

OTOÑO EN CAMEROS

“¿El otoño? Es algo más arriba. Sí. Sí. Por este mismo camino. Pare el coche antes de llegar a la ermita de Lomos de Orio. Por ahí, cerca de un acebo, tiene él su aldaba dorada. Ah, pero hoy no se moleste en llamar, que ha dejado la puerta entreabierta. Anda estos días tan atareado rociando todo de ámbar, subiendo tanta savia de topacio a las hojas, que de tanta ida y venida seguro que sólo sale a recibirle el vaivén de su mecedora. 

Pero no tenga vergüenza, entre y vístase con su ropaTome de su taquilla su buzo de tímido camaleón. Su pala y su escoba de abanico écheselas al hombro, que disfrazado así de jardinero del otoño, le será más fácil desaparecer en esta lenta y dulce y bella agonía amarilla ¿No ha venido a eso? 

Ahí dentro todo está muriéndose. Todo cae tan milagrosamente en su lugar exacto que ni necesita mover un dedo, tan sólo, por si acaso se cruza con él, disimule haciendo como que arrastra unas hojas que se han salido del camino, o haga como que llora por un ojo, que este cascarrabias de otoño vea que también arrima el hombro, que se implica en adecentar el ocaso de tanta belleza…

Y no se pierda el lento viaje de ninguna hoja. Todas, hágalas suyas. Caen sobredoradas sobre sus deseos o sobre sus sueños rotosDecore el cielo de los párpados de su alma con esa dorada estampa, más hermosa si  mañana la rescata su soledad o su melancolía o en esa tarde en una terraza donde la vida, extrañamente, coincide por fin con uno…

Ah, pero no se demore mucho en salir. No quiera anclar del todo el corazón a ese noray del muelle del otoño,que aquí, en la sierra de Cameros, la belleza en carne viva acelera ese pequeño temblor de estar vivo, enfermo de vida, en este rodar silencioso de los días con dioses que aún no han vuelto de comprar tabaco… ¿me entiende?

Cuando salga del bosque, que sea al atardecer, bajando hacia Villoslada, bajo ese vals de las hojas cayendo como pájaros amarillos, hile de soslayo los mil guiños de sol entre las hayas, por el estrecho camino, su berlina irá dejando, -usted no lo verá- , una larga estela fatigada de oro”

 Rubén Lapuente Berriatúa

Publicado en el diario La Rioja 23/10/2019 y en el digital nuevecuatrouno el 9/11/2019    mi nuevo blog http://rubenlapuente.blogspot.com/


MALA COMPAÑÍA

MALA COMPAÑÍA

Todo empezó cuando comencé a quedarme sola, a sentirme sola, a notar que la soledad no se llevaba muy bien conmigo: como si yo estuviera en mala compañía. Y siempre era a esa hora de la tarde que declina cuando me alcanzaba el vértigo de su desolada tempestad: “Si ya nadie me recuerda, ¿no es como estar muerta?

Y me hacía caer en el pozo sin fondo de su sueño tembloroso… Y, o daba un volantazo a mi vida o esa terrible desazón diaria se me iría adueñando del timón de mi vieja barca.

¿Y qué podía hacer si a cierta edad una ya es invisible para los demás? ¿Cómo se fuga una de esa cárcel sin cerrojos? ¿Cómo se vuelve a las amigas si ya se habían quedado todas por el camino, o vivían sin ilusiones, sin fuerzas para enrolarse conmigo en el rodar de los días azules que aún nos quedaran? ¿Adoptar un animal? Lo pensé, pero eso sería como poner una venda a mi soledad. Que yo no quería acabar siendo un monólogo entre paredes, ni un reproche cariñoso en la calle. Que no conozco a ningún animal que te diga “te quiero”. Y además, no sabes si en realidad te miran desde el fondo de la nada…

Y yo que me conformaba con tan poco… Si lo que realmente necesitaba sólo era una mano con su palma y su dorso. Esa que me diera las caricias, los abrazos. ¿Eso era mucho pedir? Bueno, sí, demasiado, creo. ¿Quién iba a querer a este saco de sonoros huesos? ¿Quién a esta anciana de pelo violeta más arrugada que un rebujo de periódico?

 Y eso que sólo me bastaba con una sola mano. Pero bien sabía que no había nadie que te las prestara un ratito. Y entonces, me miré las mías, que parecen en sus pliegues, por el dorso, nudos de árboles, viejas rodillas, y con esos ramajes de tallados arroyos de nervios y venas a punto de estallar. Ya sé que en las manos parece que empieza mucho antes a medrar la muerte, que duele un poco posar los ojos en ellas, pero, aún, yo las tenía afiladas, sensibles, aún no me temblaban…

Y como esa bandada de dedos no vendría ni por asomo a hacer nido en mi cuenco vacío, pues, como hizo el mismísimo profeta Mahoma, me fui yo misma a abrazar la montaña, perdí la vergüenza. En realidad, perdón por decirlo, le eché muchos, muchos ovarios. Y me fui una mañana, al mediodía, al mercado de San Blas con un taburete, un cartel con un dibujo de dos manos entrelazadas y un megáfono, y como una vendedora, mejor diría yo como una charlatana o mercachifle de esas de antaño, me subí a la cima del escabel, tambaleándome, y empecé a pregonar mi mercancía:

 “Eh. Amigos. Acercaros. Venga. Venid. Que tengo para todos. Venga. Que no vengo mañana. Más barato que los frutos caídos de los árboles. Que los periódicos de ayer. Venga. Que regalo mis mágicas manos con su palma y su dorso. Las de las caricias que no tienes. Las que mañana serán el sostén de tu torpeza o la gasa limpia de tu llaga. Son manos de esas de andén o de puerto de las que se quedan siempre a lo lejos como una bandera al viento, esperándote… Sí, manos que se apresuran a cubrirte los hombros como una toquilla o a posarse en tu espalda sobre tu vieja tristeza. Manos que no te abandonan y que una noche correrán dulcemente la sábana blanca de tu último sueño… Venga. Que tengo para todos. Que no vengo mañana. Para el primero, y también para el último, que diga para mí”.

Y mientras hablaba, como si vendiera un crece pelo o una cartera o un bálsamo cura todo, se fue formando un corro a mi alrededor que luego, cuando acabé la perorata, en tropel se me acercaron todos…Y algunos me cogían de las manos, otros me abrazaban o me pedían un beso, “dame tu teléfono, que te llamaré, pelo violeta”- me dijo uno que parecía, como yo, de los últimos de Filipinas… Y en medio de todos, me pudo la emoción, me cubrí el rostro con las manos…

 Ahora, aún no tengo una mano para mí sola, pero todo se andará. En el mercado, o por la calle, me conocen, me paran, y ya no soy tan invisible. Y lo bueno es que me regalan, me ofrecen sus manos, o buscan las mías. Y aunque sólo sea por un leve roce, en casa, en mi nueva soledad, a esa hora de la tarde que declina cuando se desata  la desolada tormenta, su calor, su rescoldo, me protege, me dura toda la noche.

©Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el digital nuevecuatrouno de la Rioja 09/11/2019

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RISAS

RISAS

Le digo

que me enseñe la sonrisa,

que quiero

verle la alegría.

Que me la rescate

del mar de su saliva

y adormecida,

que así,

le lleva a los ojos

un cielo

de noche de barracas

con bengalas

y bombetas… 

 

Y que no se le acabe

nunca esa veta

de marfil de la boca.

 

Lo que daría yo

por subirme con ella

a lo alto

de su volantín

de gajo de luna.

Ay!

Pero como delante

de un milagro…

acalla,

emboba la mía.

 

Risa sin que yo la espere.

Mitad de la risa

por entre la rendija de la puerta

de su alcoba

y desnuda.

Risa enredada en su pelo,

o escondida en el ala de sus manos.

Risa entre los visos de la noche

con chiribitas

de topacio

bailando

en sus ojos.

 

 Y todo antes de hundirme en su boca.

  

¡Ay!  

Pero sé  

que la va perdiendo.

Que del mismo brocal,

otra le nace,

mecánica,

disciplinada,

tamizada ya por los golpes bajos

que le da la vida,

o por el tiempo  

que una tarde de otoño

nos alcanza…

 

Me doy cuenta,

al vérsela

de soslayo

reflejada en el barniz

de ciertas cosas…

 

…Y no es la misma,

no es la misma.

        © Rubén Lapuente Berriatúa

 

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EL BIG BANG

EL BIG BANG

A un simple globo lo hemos llamado Universo. Lo avienta el soplo limpio de mi hijo que le pinta una narizota y dos bizcos ojos de pánico, y que al inflarlo más y más, los ves cómo se van separando, huyendo contrarios por la fina curva de goma como perdidos soles errantes…

Y mientras sopla que te sopla, me descubre que, quizá, este incomprensible viaje espacial nuestro dentro de un globo azul, no sería muy distinto al de esos dos pintados ocelos con rotulador; me da por pensar, lo vislumbro, que se encontrarían a sus espaldas si la piel de este cosmos de goma se estirase inagotable al aliento perpetuo de mi niño dios. El simple hecho de inflar un globo pintado, me da más respuestas que cualquier oscuro tratado de mecánica cuántica o compleja teoría del Universo.

Y lo lanzamos al aire. ¡Cuidado que vamos ahí dentro! -le digo.

Ni el mejor arquero llega como nosotros: con la coronilla, con las yemas de los dedos, con el trasero, con la punta del dedo gordo del pie izquierdo…

Y siempre rompemos algo en el juego, pero qué casualidad, siempre de lo que yo reniego: hoy, de ese odioso cobarde suicida gato de escayola, siempre al borde del anaquel, siempre asomándose obligado al precipicio, y por fin, colateralmente dañado: hecho papilla por nuestro fuego amigo…

 Pero… ¡ay!, en este infantil juego, quien la pifia, quien deja que el globo toque el suelo, lo paga muy malamente: se le explota sin miramientos frente al paredón de sus mismas narices: se le da matarile, rile, rile.

Y el Universo, en un despiste, bota y rebota en el suelo.

“Papito, tienes menos reflejos que el gato de yeso -me dice mi cancerbero enano…

Mientras frente a mí, cara a cara, suspendo el Universo por el rabillo de su ombligo, mi joven verdugo, desternillándose de la risa, se me acerca con el brillo de un alfiler entre los dedos, demorándose encima el muy vacilón en su ya enésimo parricidio…

Yo aprieto los ojos, los dientes, pliego las orejas, encojo los hombros... (¿Mi niñez no es la de mi hijo? ¿La eternidad no es una tarde con él?), mientras otro Universo, ya con eco de fondo cósmico, se eleva feliz entre sus labios.

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el diario La Rioja 7/9/2019

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HUMO DE MALABARES O COMO DEJÉ DE FUMAR

HUMO DE MALABARES O COMO DEJÉ DE FUMAR

Me invitó mi padre, ofreciéndome un  cigarrillo,  a  empezar a ser un hombre. Si, el primer cigarrillo: ese gusano disfrazado de camarada que enseguida se calzó mis pantuflas y que se me subió, como un niño travieso, a caballito, pero que con el tiempo se me fue haciendo  tan pegajoso como una taza de infusión diaria de super glue .

 “Con otra y rubia americana” me decía mi eterna novia. Un día, a las puertas de mi boca,  senté a mi rubia Penélope, sobre su maleta de otoñales hebras. Fue en aquel mes de vacaciones de verano en la sierra de Cameros. Yo venía de embelecos con sobadas cartas, en timbas de noches de estudio, y para dejarlo, hasta ahora hoy me sonrío, los tirabuzones de humo del cigarrillo, los cambié, para tener las manos ocupadas, por un sucedáneo continuo de humo de  malabares con mis viejos naipes: barajaba, cortaba, hacía el acordeón, movía a la vez las cartas por distintos rumbos… Y  las lanzaba, una y otra vez, sobrevolando el fogón de leña de la cocina, y con una hélice distinta en cada vuelo, hasta que aprendieron como oscuras golondrinas, a volver de rehenes, de mí mismo, a los aleros de mi regazo .

Y me hice sin querer perito en malabares.

 Corta carrera la mía, que ejercí,  tan sólo, en una velada de gloria entre mozalbetes. Que fue después de tapar la boca al que soplaba antes que mi hijo, las diez velas de su cumpleaños, que me acordé de la baraja.

El ojo es torpe para la premura de unos dedos, y más, frente a  la inocencia, que ya es un buen trozo de alarde añadido. Arrojaba las cartas, una a una, y como un bumerán, volvían a mi regazo.

Y como deslumbre, como remache, tan sólo una,  la que escogieron y volvieron a meter ( la hice una muesca con la uña)  la posé, después de un largo viaje, en la mesa de la cocina, ¡ y vuelta de cara!.

 Desde entonces, soy para ellos el prestidigitador, el gran mago (mejor no lean esto). Y aún hoy, ya hombrecitos, si me tropiezo con algunos de aquella tarde,  siempre me dicen lo mismo: que cómo hice aquello, que cuál fue el truco…echándome, a la cara, sus primeras bocanadas de humo rubio americano.

                              ©Rubén Lapuente Berriatúa   

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LA FLOR SOLITARIA

LA FLOR SOLITARIA

Mira esa flor solitaria. La que nace del sufrimiento. Parece una mano insurrecta. La ves como la flor del fusil de un partisano. Como triunfal bandera entre las piedras. Valiente. Acosada. Sola. Mártir de un sueño cumplido. Y sabes que te dice que la vida no es fácil.

 Oh, dilo siempre, y más a quien nazca en cuna de oro. Dilo siempre: La vida no es fácil. Y, quizá, fascinado, la cortes delicadamente y  con tus ojos cerrados la viertas por todos los arroyos de tu sangre, o puede que la envidies por florecer en el miedo, por enseñarte tu cobardía, y bajo la suela del zapato le apagues la luz, para pisarte a ti mismo.

© Rubén Lapuente Berriatúa

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LA BATALLA DEL VINO

LA BATALLA DEL VINO

Al amanecer del día de San Pedro,

por los riscos de Bilibio,

camino Haro,

allí donde el río Ebro se revuelve bravío,

hay una batalla

que en lugar de sangre,

se derrama vino. 

Para esta liza

todos se alistan de soldado:

Primero los de aquí,

los Jarreros, los riojanos;

luego vienen legiones de milicianos

de todos los pueblos

de esta nuestra piel de toro;

también los hay mercenarios

con mono de metralleta  

pero con balas

de salva de vino,

y  hasta viene alguno

de la Conchinchina

a calarse

en esta mágica niebla

de morapio.

Y tú mismo si te acercas

con la alegría en tu zurrón,

tienes reservado

el mejor sitio.

 

De guerrera basta

con una vieja camisa blanca

y pañuelo rojo de tocado al cuello.

De aljaba:

un caldero o una bota

o una botella

o una pistola de plástico.

De munición

reparten el fruto de la vid.

De música de guerra

ya hay una charanga

que ameniza el tiroteo.

 

Y en son de paz,

camino Haro,

a quemarropa, 

o tendiéndose celadas,

pelean todos contra todos,

pero nadie contra nadie,

en un fuego cruzado,

tiñéndose las ropas,

la piel, los cabellos…

de la acuarela morada del vino.

Todo un pueblo volviéndose niño,

frente a este paisaje

de viñedos infinitos de La Rioja

que nos da tanto,

que nos ha forjado.

Empaparse de vino, 

como tú de luna llena

o del olor de tu hombre

o el de tu hembra enamorada…

Y sentirlo. Y guardarlo. Y velarlo

como oro puro en paño. 

 

El día de San Pedro, 

si pasas por los riscos de Bilibio,

camino Haro,

deja que te hieran alegremente

¡Y muda en los rubores del vino! 

 ©Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el periódico digital nuevecuatrouno de la Rioja 26/06/2019

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