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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

JARDINERO

JARDINERO

Son como una mujer

que se adorna para su cita:

Inmóviles

en ese escaparate del destino

o el que mis manos

de aprendiz de jardinero

les dieron

acicalaron

buscando la belleza

de mi jardín

dentro de la mía

también

 

Y así he podado las ramas

de las enredaderas

por el rayar del alba

en sus yemas de flor

Así he vestido a las calas

con su blusa abierta

enseñando por el escote

su vela dorada de amor encendida

Las prímulas  las violetas  las clavelinas

los racimos de las glicinias

como calcetines malvas

tendidos al sol de mayo…

Todo está preparado:

El olor

que para defenderse

se hizo fragancia

ya ha sacado billete

en el largo tren del viento…

Y el color

que para sobrevivir

se hizo salvaje

ya lanza guiños

al hervidero ansioso de abejas

que caen al fondo

del cáliz de las flores

ebrias de farolas de estambre

trayendo     llevándose

el fecundo tesoro del polen de oro íntimo…

¡Oh que todo para perpetuarse

se haya tenido que hacer bello!

 

Al atardecer

sale ella

rociando garabatos de agua

en cada hoja

Su rojo pantalón ceñido

Su blusa gastada abierta

anudada bajo el pecho…       

Los cabellos rubios recogidos

sobre la nuca desnuda…

Me acerco por detrás

enredada ella aún

en caligrafías del agua

y al tomarla por la cintura

al ladearme dulcemente su cabeza

pruebo en la corola del cuello de su piel

como si fuera yo el paladar

de un enjambre de abejas

eso inexplicable

misterioso

esa marea que sube

de la misma raíz de la vida

     ©Rubén Lapuente Berriatúa

               El Rasillo de Cameros (La Rioja)

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MARIAMOR

MARIAMOR

                                   Quien da amor pierde amor (Pessoa)

 Hoy no se detiene

mi corazón en la piel

Va muy por delante de mí

con esta blanca

y rubia luz trasparente

con esta Naturaleza

que necesita

bien poco que la mire

para ser una parte mía

¡Qué poco he tardado en habitarla!

 

Hoy no se detiene

mi corazón en la piel

Y con ella voy

a mi claro del bosque

a amarla

en ese duro jergón del placer

de la maleza…

Y bajo ese techo

de cielo enramado

con las sombras de las hojas

bailándome  en la cara

ya con la cabeza sobre su vientre

por primera vez siento

el vértigo de la urdimbre

de la vida

bajo mi mejilla

Ese maderaje

que cobija el empuje

de memoria tras memoria:

Sazonada vasija

de vida y muerte irrepetible…

Pero… ¿Y cuánto tiempo más

voy a tardar en habitarla?

¿Cuánto

si todavía me paro en su puerta

con los nudillos en el aire?

¿Por qué no recalar en cada

herida que trae a casa?

¿Por qué no asfixiarme con ella

si nos hemos elegido?

 ¿Cuánto tiempo más

voy a tardar en vivirla?

 ¿Y si empezara

por cambiar las formas?

Y ahora mismo

Que todo diera un giro inesperado

Empezar añadiendo

como un guiño suave mío

una hermosa palabra a su nombre:

 

Eh Mariamor

Aún no sé de qué va del todo

esto de la vida

pero debe ser algo así como

estar sobre este camastro de hojas

tendido junto a un corazón

que confundo con el mío…”

 

Y al mirarme

Mi cabeza ladeada sobre su vientre

Sonriéndola

En el fulgor de mis ojos

le enseño

lo más oculto que guardo…

 

Lo que no se arropa

Lo que no muda nunca

 

Y empiezo ya a sentir mi vacío

 

©Rubén Lapuente Berriatúa

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PIEL DE RONDALLA

PIEL DE RONDALLA

Oh secreta voz

Vergonzosa

Explícita

De aprendiz de rufián

o de dulce diablillo

Bajera

Presta

al tempo ardiente

del cuerpo

cosida

En una noche entregada toda

 

Sale con su jácara

Con su jerga

de lupanar de mirlo

de inocencia

Susurra al oído

rubores

Su arrobo

rasga el sonrojo más vivo

y sus tropelías

de mentira

abren los pliegues

del goce

a esa íntima llaga secreta

o mudan en ariete

de piedra

o de cabeza de carnero

lo que parecía

un tallo de primavera…

 

¡Oh rondalla bajo la piel!

¡Oh procaz voz secreta!

 

 ¡Oh noche entera de amor

entregada toda!

                      ©Rubén Lapuente Berriatúa

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EL VIAJE

EL VIAJE

Eh amor  Tú

déjate llevar

Tú 

mientras viajan mis versos

por tu cuerpo desnudo...

Quieta  

Tú  quieta

Sólo es un poema

Tal vez para cuando no me encuentres

o para cuando no te encuentre yo

Empieza en tu boca

De ella bebería

como los labios del caballo

entran ávidos

en los abrevaderos

a espuertas a saciarse

Luego

por el barranco de tu cuello

Por esa rama de alerce

pondría mis manos

grandes

curtidas de bosque

ahí quietas

hasta que oyeran el murmullo

del único sueño

que vuelve a tu corazón

 

En tu pecho

me quedaría un largo rato

uniendo colinas

Desentrañando el enigma

de esas dos aréolas

como rosetas de niña

como turmalinas

de ajuar del tiempo

que se me agigantan

si cierro los ojos…

En esos timbres

gemelos del amor

llamaría sin descanso

con mis labios

con el rodar de mis mejillas

con los besos

me abrirías…

 Así 

Déjate llevar

Tú quieta

Que en tu cintura…

¡Que copie aquí el alfarero

la suavidad del tiempo!

resbalaría mi mano

por esa curva imposible

de dulce tobogán…

hacia la encrucijada de tus muslos:

mi ensenada

tu herida de placer

mi olla del amor

tu espejuelo hambriento de alondra…

 De dónde huye la muerte

Y después te miraría a los ojos

para entrar en tu cuerpo

como lo hace la voz

el olor  el aire  el miedo

como lo hace el amor!

        Rubén Lapuente Berriatúa

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ODA A SU CUELLO

ODA A SU CUELLO

Como a su boca

como a sus ojos

como a su pecho

Verlo así también

como retazo solo:

Como leño de madera preciosa

o como veleta

de apretado ramo

de juncos de río

Verlo largo e inquieto

como el de esa gacela

cuando le trae el viento

olor a pólvora

Y siempre

a punto de crecer

Siempre de puntillas

Levando su luz de álamo

o el desaire

de diadema a sus cabellos…

Y en esa pasarela

camino del magín

o de vuelta

arrollados

en niebla de sueños

pongo la palma de mi mano

de ajorca

un segundo 

ahí la paro

como si mis dedos

tocaran el rumor virgen de un río

 

Verlo como vira

en el sigilo

o en algún murmullo

o levísimo en el presagio

Verlo con sus ojos en la nuca

dándome su mejor perfil

o llevándome besos en escorzo

rezagado yo

amante

a su espalda asomado…

 

Y  al ladeármelo

se lo ofrece

al rayo de luna

de mi boca:

Ese relámpago

que chapotea en el fondo

del pozo de su piel…

Que le deja un reguero

de saliva de plata:

una herida de placer

abierta en su cuello

 

Rubén lapuente Berriatúa

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LA ERMITA

LA ERMITA

No le bastaba a mi mujer con cerrar los ojos. Tenía que ir a ese claro del bosque donde se levanta la ermita de Lomos de Orio. Sentarse en uno de sus fríos bancos de madera. Mirar de frente a su inquilina. Hablarla bajito. Tenía que decirle en persona lo de la sombra en el pecho. Y subió rauda a la ermita.

Yo sabía que en la corriente de su sangre, navega la carreta de sus días de cielos azules y el tambaleo bellísimo del paso en andas de todo un pueblo.

Y cómo no nombrarla, cómo no recurrir a ella, cómo, si aquí te empuja, si aquí punza en tu espalda el respeto a la memoria de tantos siglos: si es la fe de nuestros mayores.

Y le pidió lo imposible, que está ahí, para que, egoísta, eches mano de su hechizo. Para que te abra su regazo, quedo y silencioso, de cálida carne de preciosa madera.

Y le regaló tarros de ungüento de madre para la congoja, brazos en jarras para los embates de esa alimaña ciega que es el cáncer y ganas de vivir envenenada.

Y si vas tú, incrédulo progreso, déjate llevar, que la sencillez es el espejo de la belleza. Y por qué no subes a pedirle a esa hermosa boticaria de fábula de letanías, o a ese algo eterno que nos empuja-no hace falta arrodillarse-que no te oigas nunca decirte: “Oh no puedo más y aquí me quedo”. Dile, o a ti mismo, dite: “Que aún estás en el camino…”

Y no le basta ahora con cerrar los ojos, ya deshojada la flor del miedo, la sombra del pecho quemada, la fuente de su sangre otra vez transparente. Hoy vuelve a subir hasta ese claro del bosque donde se levanta la ermita, a mirar de frente a su inquilina, a hablarla bajito, a darle las gracias.

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado el 9/02/2020 en el digital nueve cuatro uno de La Rioja

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GUIOMAR, LA BARRENDERA

GUIOMAR, LA BARRENDERA

Se llama Guiomar, y es la nueva barrendera de mi barrio. La que ves arrastrar en el parque Gallarza sus aperos en un carrito. La que sólo tiene ojos para el suelo.

Maldice las colillas, los chicles pegados, la piel de los plátanos. Le revienen los gargajos. Prohibiría las pipas con cáscara, los palillos de los helados, los alcorques de los árboles…

 ¡Y hasta estaría por la labor de fundar una inclusa de descarriadas bolsas huérfanas de manos!

Se agarra tal rebote al tropezarse en la calle con alguna "olvidada y delicada delicia canina", que en mañanas de asueto, temprano, anda por el parque de incógnito, disfrazada de detective, con ganas de pillar a alguno de esos chulos del barrio con perro: insolentes finolis con máster en hacerse el longuis, y con más morro que un pintor de arte abstracto.

Pero lo que le gusta de verdad es recoger las hojas del otoño, los primeros pétalos de abril en alas del viento, los aviones de papel cuadriculado bajando del cielo de los balcones del barrio.

Y en Mayo, juega a cazar al vuelo la bohemia bandada de pelusas de los chopos del Ebro, que tiene en la corteza de uno su nombre escrito dentro de un corazón atravesado por una flecha...

Le agradaría pasar por las calles, pero como las dejó ayer, refregadas, relucientes. Y hacer como que barre el polvo de oro del primer rayito de sol entrando, o recoger, de mentirijillas, bajo los bancos de madera, esos fugaces besos furtivos que el rubor de las miradas cercanas no da tiempo a saborear, y se abandonan recién nacidos, o raspar y raspar las aceras con un cepillo, hasta dar con el dorado escondite de la pátina del tiempo…

Pero la ciudad es tan fértil, que da una cosecha diaria de inmundicia, de barreduras, de hartazgo. Y a primera hora, siempre piensa en dejar el escobillón, la pala, el basurero con ruedas, y colgar su uniforme de luciérnaga. Pero basta que se levante un viento en la calle, que su rimero de hojas amarillas revolotee, que corra detrás de todas, y a la vez de ninguna, que casi las tiente en el aire, para que al pararse y darse cuenta de que no son ni mariposas, se pregunte, si no será que, a lo mejor, sólo ha nacido para barrendera.

                              Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el digiatl nueve cuatro uno de La Rioja el 24/01/2020

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LA ALMOHADA DEL CORAZÓN

LA ALMOHADA DEL CORAZÓN

Parece que es una almohada. Tiene la forma de un corazón. Coincidió que la primera que hicieron  en la Asociación del Cáncer de la Rioja se la llevaron  a mi mujer, al hospital, cuando ese arquero ciego le clavó en el pecho una flecha en curare embebida...

Yo creía que era una de esas cervicales para mitigar ese duro jergón que ponen para el acompañante en el Hospital San Pedro. Pero no, me equivocaba. No era para mí. Es mágica porque sirve para todas las mujeres, de talla única, a la medida de cualquier axila. Y es para cuando abran los ojos postradas en una cama y  empiece la herida a respirar la escarcha del miedo...

 Es como aquella tirita de madre que de niño se bebía la olita de sangre, el hervor de la rozadura.

 Ahora es la almohada suave para la cabeza de niebla del dolor. Y en la calle Lardero, en la Asociación del Cáncer, tienen el taller. Allí, son las mismas malheridas mujeres, ya  reverdecidas, las que después de todo el sufrimiento, se citan, se arropan y cosen esa joya, ese corazón de almohada, con hilos de penumbra de aquellas mismas lágrimas rotas.

Allí, hilvanándolas,  quizá van olvidando sus días de vida envenenada, y ojalá no se lean en los ojos lo mismo, destierren esa pregunta : ¿Nadie nunca nos dirá que ya estamos limpias?

Yo tengo una que se ha ganado ser la reina, la guinda sobre la colcha de mi cama porque cuando mi sueño rozaba el sueño tembloroso de mi mujer, bajo su brazo, la veía como aquel blando peluche de la niñez  que asustaba el miedo de la oscuridad: la muleta de su corazón.

 Y ahí la tienen preparada para llevarla rauda, en mano, hasta la misma cama del hospital,  cuando ese mismo invisible arquero ciego hiera en el pecho a una nueva muchacha.

Rubén Lapuente Berriatúa

publicado en el digital nueve cuatro uno de la Rioja el 08/01/2020

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