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El cuaderno de poemas de Rubén Lapuente

DARÍO Y LAS TORMENTAS

DARÍO Y LAS TORMENTAS

 

Bravucón nos ha salido

este cielo de julio

que todas las tardes

como una celestial fallera mayor

comienza su velada

de fuegos tracas y centellas

 

En este nidal

entre montañas

su gigantesco

estruendo

me sobrevuela tan cerca

de la cabeza

que el corazón

se me estremece

Darío mi vecino

de casi tres años

ya conoce el miedo

él no tiene el valle de esa falda

de cuando la luz

 la cortaba un simple chasquido

y corrías hasta su cálido y dulce

cuenco de aroma oscuro

a enterrarlo:

mi primer recuerdo

Darío que le veo

que le oigo crecer cada día

en el jardín rayano al mío

me trae aquel valle estampado

de flores entre las rodillas de …

“¡Eh Darío

no te escondas

Sal miedica

Mira cómo relampaguea

Mira como truena

Mira que flechas nos lanza la tormenta!”

No sé si Darío recordará algo

si necesitaría de esa…

“¡Rubén  Mira  Mira

cómo “relampampuncia”!

Me dice a la enésima tormenta

Gracioso y ya valiente hombrecito solo

       ©Rubén Lapuente

        (El Rasillo de Cameros)

SUICIDIO

SUICIDIO

 

dos voces en la cocina…

 

Cuantos años han pasado hermano

¿Tantos?

Oh

Y sigue ahí  ahí …

Es como una mala costura en el corazón ¿verdad?

A veces toma un billete de vuelta

hacía mi sol de noche…

El horror que conoce el camino

de regreso hermano

y no sabe acunarlo el tiempo ¿verdad?

No hay lanceta

que no vuele temblando

sobre esa astilla enquistada…

¿Y a ti?

¿Te pasa a ti también?

El silbido del vértigo en el entresueño ¿no?

La silueta en el patio entre

los alambres de la ropa tendida

no se borra ¿no hermano?

Y la recuerdas como a través de un rayado cristal

Y ni abres las hojas del álbum por si el azar

te juega una mala pasada

Es el mismo deje en el corazón hermano

El mismo

Cuantos años han pasado

¿Tantos?

¡Ay!  ¡Ay de nosotros!

                    ©Rubén Lapuente

HIJOS DE LA ARENA

HIJOS DE LA ARENA

Bienvenidos los hijos de la arena

Los hijos de las nubes

Bienvenidos

Los que nacisteis en patrias de lona

Los que ya sabéis de memoria

el camino de las estrellas

Bienvenidos

Sólo erais un puñado de fosfatos

Un cesto de peces

Y os dejamos tirados

Treinta y ocho años

lleváis tirados!

Bienvenidos los futuros guerrilleros

a estas dunas de piel de toro

a estas cegadoras luces de neón

Bienvenida vuestra memoria de pizarra  

De fuego en las frías noches del desierto

Que no podéis olvidar nunca

nada jamás

Que cuando se os muere un anciano

se os muere también un libro

una canción  una leyenda…

Bienvenidos

los que soñáis regresar

adonde nunca habéis estado

Pequeños héroes descalzos

bienvenidos

a nuestra nevera 

a nuestro grifo eterno

a nuestro emparrado sol

a nuestros corazones

Bienvenidos niños saharauis

de Vacaciones en Paz

 

Ojalá no os bebáis todo

el veneno que os daremos

                 ©Rubén Lapuente

 4.500  niños saharauis  de los campamentos de refugiados 

pasarán el  verano con familias solidarias españolas

40 en La Rioja

LA TRISTEZA

LA TRISTEZA

 

A veces

llega la tristeza

tan sola

que la dejo

un momento

pasarme su mano de bruma

sobre mi vida:

Ésa que aún uno

no sabe del todo

de qué va

Llega

de improviso

y notas que

va devanando

en la rueca del corazón

un hilo triste

de vieja

lluvia gris

Es la tristeza

La que te hace creer

que el mar ya no te mira

o que el ocaso

te cierra su abanico

de rojo rocío

A veces te hace creer

que la piel ajada

ya nunca sabrá

a terciopelo ardiente

o te murmura:

oh qué hubieras hecho

sin el miedo

 

Es así

Yo la he visto llenar

los bolsillos

de mi madre

de piedras

y sumergida

en sus aguas grises…

verla dormida

soñar llorando!

 

Pero a veces

la tristeza

al filo de una cálida voz

del fondo de la casa:

hoy de ropa tendida en peligro

se viste con mi mismo

traje de faena

Y es que no es tan mala chica

conmigo

          ©Rubén Lapuente

LA ERMITA

LA ERMITA

 

No le bastaba

con cerrar los ojos

Tenía que ir a

ese claro del bosque

Mirarla de frente

Hablarla bajito

Tenía que decirle

lo de la sombra en el pecho

Y subió a la ermita

 

Yo sabía que

en la corriente

de su sangre

de romería

navega la carreta

de sus días

de cielos azules

y el tambaleo

bellísimo

del paso

por los caminos

en andas de todo el valle

 

Y que le pida

lo imposible

que está ahí

para que egoísta

eche mano de su hechizo

para que le abra

su regazo

quedo y silencioso

de cálida carne

de madera

Y que le regale

 tarros de ungüento

de madre

para la congoja

Y ganas de vivir envenenada

Y si vas tú progreso

no hace falta que creas

déjate llevar

y sube a pedirle

a esa hermosa

boticaria

de fábula de letanías

mentiras

verdaderas

Que la sencillez

es el espejo

de la belleza

 

Y no le basta

con cerrar los ojos

ya deshojada

la flor del miedo

la sombra

del pecho quemada

Hoy vuelve a subir

hasta ese claro del bosque

a mirarla de frente

a hablarla bajito

a darle las gracias

             ©Rubén Lapuente

ODA A SU CUELLO

ODA A SU CUELLO

  

Como a su boca

como a sus ojos

como a su pecho

Verlo así también

como retazo solo:

Como leño de madera preciosa

o como veleta

de apretado ramo de tallos

de juncos

Verlo largo e inquieto

como el de esa gacela

cuando le trae el viento

olor a pólvora

Y siempre a punto de crecer

Siempre de puntillas

Levando su luz de álamo

o el desaire

de diadema a sus cabellos

Y en esa pasarela

camino del magín

o de vuelta

arrollados

en niebla de sueños

pongo la palma de mi mano

de ajorca

un segundo  ahí la paro

como si mis dedos tocaran

el rumor de un río

Verlo como vira

en el sigilo

o en algún murmullo

o levísimo en el presagio

Verlo con sus ojos en la nuca

dándome  su mejor perfil

o llevándome besos en escorzo

rezagado yo

amante

a su espalda asomado

Y ladeándolo

me lo ofrece

como una copa llena

de noche de estío

que apuro hasta el fondo

de su lecho de estrellas

Y con la tea de mi lengua

ardiendo

le dejo un largo reguero

de saliva de plata:

una herida de placer abierta

en su cuello

            ©Rubén Lapuente

LA PEONZA

LA PEONZA

 

La peonza

Lo más banal

Casi nada

La encontraste

al vaciar la casa

cerrada

por la muerte

Es la tuya

Tiznada

La tocas

y te quema la savia

de sus días azules

Tiene vida

Ocho años

más joven que tú

Aún con limaduras

de apretado color

de lapicero

de tu mano

infantil

Son tus huellas

Bajo el agua

la limpias

de sombras

primero

Le abres las ventanas

La secas

Es la tuya

Llena de tumbos

de niño

De vitola de tirones de zumbel

En la piel de loza

de tu palma

estirada

bailaba

hasta emborracharse

Es la tuya

Tiene tus huellas

Y te la llevas

a un estante

de tu casa

Y todo lo de a su lado 

se empequeñece

Tiene entraña

Y recuperas algo

que te mira

Ya a alguien

que comparte

contigo

la misma herida

del tiempo

                  ©Rubén Lapuente  

VAMOS CAYENDO

VAMOS CAYENDO

 

Era la niña que se dormía

buscándose el latido

del corazón

La de la aljaba de espigas de trigo

pellizcándote

la espalda de lana

del alma

La que se bañaba

en la misma luz

de aquellos días míos azules

La que crecía

más deprisa

que los cabellos

con ese delicado

y tenaz

guillame

que noche y día

le devastaba

la cintura

le redondeaba las caderas

En un solo verano

bajo la camiseta

el guindero de sus suaves dunas

le dio su dulce fruto

Era la que

para un grumete

de barquito de papel

de estanque

el vértigo de un guiño

desataba el rubor

de un incendio

en las mejillas

La que no sabía

que en mi cuarto

tendido en la cama  

me cubría los ojos cerrados

con el antebrazo

y que en esa espesa oscuridad

ella era

levadura de mi tierna carne

La que crecía más deprisa que los cabellos

La niña que se dormía

buscándose el latido del corazón

Oh que ya su mano nunca encontrará

                       ©Rubén Lapuente