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Se muestran los artículos pertenecientes al tema ALGO MÁS QUE NATURALEZA ( 22 ).

UN GATO MEDIO MONTÉS

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Últimamente

mi terraza

parece un degolladero

Un gato

medio montés

de esos que

renacen

de una bolsa cerrada de plástico

que tiran al río

aprovechando

que el murete de piedra

es del mismo color gris

que el de la piel

de su tabardo

cada amanecer

se calza  ahí 

las alforjas de bandolero

desenvaina 

el relámpago de su navaja

Este sábado

limpiando

un reguero de sangre

barriendo negras

plumas de pájaros  

me decía yo

que como le cogiera 

le iba a arrancar sus

veinticuatro

vibrisas

de cuajo

y de una en una

 

Yo estaba por dejarle

el balcón entreabierto

con una lata

de Whiscas

de señuelo

que se me había pasado

por la cabeza el tener

por entre mis piernas

de mascota

ese largo ocho de su alma salvaje

con esa tersura

de su lomo

tejido

uniendo mechones

de lana de oveja

de los que se enredan

en las púas

de las alambradas de la montaña

Dejarle mi edredón

a cambio

de oír

su ronroneo virgen

Sacarlo a pasear por mi tejado

para verlo entrar  luego

por la claraboya del desván

borracho de licor de besos de plata

que destila la luna

 

Pero ayer

muy temprano

sobre el alféizar del murete

al verlo

por primera vez

al mantenerme

unos largos segundos la mirada:

ese arrogante uno azabache

de sus ojos

Yo tras el cristal

Me reveló cómo debería uno

ganarse  la vida:

que no le fuese nada fácil

a nadie

Y pensé en mi hijo

y en tantos otros

que han tenido que irse

obligados

tan demasiado lejos…

Pero mira por donde

ahora están aprendiendo a Ser  

Y al final  seguro

que orgullosos de conocerse

pero hasta

la punta misma

de la raíz

de sus pestañas

Volverán sin miedo

Como este gato medio montés

que por mí

va a seguir toda la vida

desplumando pájaros

                  ©Rubén Lapuente

                     (El Rasillo de Cameros)

                       La habitación del hijo

 

INTELIGENCIA VERDE

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Desde la calle

quizás te parezca

un telón de fondo

verde

como una pincelada

en la piedra

Quizás un rimero

de huesos de ramas

dormidas

de pie

en invierno

Y nada más

Claro

Tú no la puedes sentir

Tú no la has visto de niña

trepar el muro

llena de muletas de alambre

invitada

al baile anual de Mayo

sin llegarle

su vestido malva

de faralaes

Tú no la has visto sobrevivir

a la soledad de la nieve helada…

Delicada y sensible

sabe medir el tiempo

Sabe elegir con presteza

de su ropero

lo mejor

para cada ambiente

Sabe de ardides

de huir del peligro

sin moverse del sitio

Tiene celos de luz de la otra

y como una loca

 enamorada del sol

lucha por su trocito de claridad

Y cocina su propio alimento

Ahora 

ya luce galones de capitana

Su riada verde

ya corona el muro

Ya es parte de la casa:

Blusa verde de la piedra

Marco del zaguán

Paisaje desde mi cama…

 

Un día del tiempo

memorizará un alarde vacío

lanzará una señal

química

volátil

al pasar quien le roza siempre

o a quien con la uña

como yo

le apriete un tallito cada día

como una zalema…

Quizás ya no te parezca

un telón de fondo verde

Quizás sientas tú lo mismo

por algo pequeño

¿sin importancia?

Quizás creas como yo que

vivir es ver crecer lo que amas

     ©Rubén Lapuente

   (El Rasillo de Cameros)

BOUAZIZI O EL ÁRBOL DE JÚPITER

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Esta  cobriza melena

del  árbol de Júpiter

es una llamarada

íntima

sólo para mi

Yo quería otoño

Ver otoño

Un poco de carmín

en este perpetuo verde bosque

de pinos que me rodea

Y estos días se acelera

Se enciende

Se prende fuego

Luego serán sus hojas

como goterones

de sangre de vida

cayendo sobre la yerba:

Su esplendor en la muerte

antes de volver

a la soledad del viento

al olvido

 

Para ti será sólo

en un parque

o en el jardín de mi casa

si te acercas ahora

una pincelada carmesí

Lo compré en aquellos días

en los que

un joven tunecino

tirando de un carro

de fruta y verdura

no quiso nunca más

vivir de rodillas

que no sabrá nunca

que en su llamarada

quemaba también

el miedo de todos

encendiendo la mecha

de una eterna

primavera nueva

 

Y a este

joven árbol de Júpiter

como los chopos de mi ribera

llevan todos

nombres escritos

dentro de un corazón

en el  mármol de su corteza

no hubiera hecho falta

que le grabara

con la punta de mi navaja

las ocho letras de Bouazizi

que cada otoño

de mi vida

él sabe cómo recordármelo

                           ©Rubén Lapuente

CABALLO

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Antes de que conquistaran tu grupa

la vida era un papel de seda calcando  los días

La tierra tenía el radio de una zancada

La imaginación viajaba a pie

Ahora debajo de una huella de hombre

está la tuya

está nuestra  historia

que antes de tiempo nos has traído

al galope caballo al galope

 

Subo a mi sierra

Al maretazo del mar de pie

de tu talle

Al carámbano de enero en tus crines

Caireles de tu frente imito en la mía

Subo a ver   porque así mira sólo el caballo  

dulces ojos tristes y salvaje

te querría del viento siempre

Oh hermosura sin altivez

Oh garra sin saña

Toda la pureza del hombre

sin su vileza me mira

Pero aunque ya no eres nadie

Aunque de otra montura  ya nos bajemos

Qué suerte

Vives como si todo fuera a ser eterno

Oh joven vela temblando

rumbo matarife!

                      ©Rubén Lapuente

Foto: manada de caballos en Sierra Cebollera. La Rioja

De como el Martín Pescador mejoró el tren bala

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Este arpón azul turquesa de los ríos

es el asombroso Martin

el humilde Pescador

¿Qué o quién hizo de su primitivo

temblor una efigie en la rama?

¿De su penacho una escafandra?

¿De su pico un puñal en el agua?

¿Qué escuela es esta

que tiene de maestros

al sol  al viento  a la lluvia

que te gradúa en indigencia?

¿Qué o quién se obstina en bruñirle

si nada es necesario  si esto

sin nadie continuaría igual?

¿Qué fuerza late en el fondo

de todos que te empuja a seguir

a seguir a ningún sitio?

 

Desde la otra orilla

le veo en la rama escudriñando

en las aguas del Iregua

rizos de plata sucia

Y aunque arrinconado por el progreso

me alegro de que la ciencia

se acerque al manual de su vida

Que hayan copiado

la mudez de su zambullido

La llave del aire de su pico

Que sea mimesis suya la carlinga

del tren que ahora entra

en el viento: meteoro silencioso

como su flecha azul turquesa

en el río

                                   ©Rubén Lapuente

                                   (El Rasillo de Cameros)

Martin Pescador

Biomimesis o Biomimétrica (Naturaleza+tecnología) : El tren bala Shinkasen de la Compañía de Ferrocarriles de Japón es uno de los más rápidos del mundo, con sus 200 millas por hora. ¿El problema? El ruido. Cada vez que el tren salía de un túnel retumbaba sin piedad por los cambios de presión del aire. ¿La solución? Imitar el pico del Martín Pescador en la parte frontal del tren. Este pájaro captura peces desde el aire buceando con su pico sin apenas salpicaduras. ¿El resultado? Un tren con menos turbulencias, un 10 por ciento más de velocidad y un 15 por ciento menos de consumo eléctrico

LOS PAISAJES DEL RIOJA

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¿Te gustó el vino que labré grano a grano de mi viñedo?

¿Lo saboreaste como yo te dije recordando su paisaje?

Pero no sólo de aquel que viste desde el altozano al final del estío

cuando las vides desfilaban colmadas de racimos de uva

en sus pámpanos como pequeños soles de negra lumbre

el que tenía la sangre cansada de belleza

sino también del otro

el del frío invierno

cuando las desnudas cepas se retorcían

centinelas de vacíos odres que la nieve lavaba

con esa soledad y angustia  

de la que sólo pueden salir

curvados sueños de náufragas duelas de vino:

granadas añadas de rojo terciopelo

 

¿Y si lo retuviste un momento en el cuenco  de tu boca

le sumergiste este paisaje de viñedos del Rioja

como un coral rojo de vino?

¿Te acordaste?

                                               ©Rubén Lapuente

                                                  (Logroño. La Rioja)

Foto :Carlos Marín

COLIBRÍ MAYA

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Se acabó el barro

¡Y faltaba tanto por hacer!

como esa forma

que parecería

la que llevara nuestros deseos

o la que se confundiría

con la fugaz llama

que si saliera de la muerte

de a quienes hemos amado

no la entreveríamos nunca

 

Del tamaño de un pulgar

Que al sol

se le viera como

de retazos de arco iris

Con raíces en el viento

De boca en pico de lezna de zapatero

Que besara los clarines de guerra

de las enredaderas

Que bebiera de las fuentes

de licor dulce de sus cálices

 

Como una esmeralda viva

sosteniéndose

al redoble

de frenéticos abanicos en cada ala

del trapecio del sol

 

Y que pareciera  de mentira

 

Puro como un nacimiento

Bello como un mar de luces en ascuas

Que aunque vuele para libar

y libe para poder volver a volar

no sospeche

de su vasallaje a la naturaleza

en su alforja

de migajas de oro:

tejedor de vida

 

Se acabó el barro de los dioses

Y de piedra de jade perlada

le tallaron

como una flecha menuda

 

Y al soplar sobre ella

¡Oh!  Salió volando

colibrí

            ©Rubén Lapuente

 Libando en la mano

Libando en clarines de guerra

PARRA VIRGEN

20101022211324-parra-virgen-enredadera.jpg

Con las hojas ardiendo

virgen ebria de vino

sube mi enredadera

 

Por el muro de piedra

teje

una colcha

de soles

cansados

de su melancolía

 

Y ni se detiene

ni tiembla

en noches

de siluetas de lobos

que atraviesan la luna

 

Mientras aguardo

que tome mi ventana

sueño

que se me arrolla

que se me planta

en la boca

con el primer mosto

de su racimo de carne

de hembra

Ya lejos del vértigo

De lo eterno que la empuja

¡Ay si me bastaran

las sobras

de tanto abrazo

para quererla!

 

¡Corre granada colcha de guedejas!

Aunque no tengas más  fuego

en las mejillas

¡Corre!

¡Trenza brandales de viento

hasta mi alfeizar!

Antes que el acero del otoño

te enfríe los muslos

Antes que haces de rocío

te rompan las manos

¡Corre!

¡Yo sé cómo desnudarte la belleza!

Aquí entre las sábanas

te espero

Virgen parra

¡Mi amante enredadera!

                             ©Rubén Lapuente

        Foto :Parra Virgen

       ¿Alguien sabe de hechizos para volverla mujer?

EL AZOR O EL PIRATA DEL BOSQUE

20100620093549-azor-pirata-del-bosque.jpg

En su pinaza de plumas

navega este pirata

del bosque

sin amo

sin ley

 

Sobre la rama del haya

o la del roble

apostado junto al tronco

su discreta librea

le embosca

oculta

su sañuda mira

 

Artesano depredador

aguza la gumía de la boca

Se aprieta a sus dos zarpas

de náufrago

Engrana el raudo timón de la cola

 

Tiene la escuela de esgrima del viento

El requiebro de un viso

El volteo

de un acróbata

 

Sólo quien perfila las alas

lleva dentro la muerte

Y a ras del suelo

como una saeta por la espesura

aborda el recreo

de un feliz balandro :

le desgarra el velamen

 y le arranca

el  cálido tesoro

de la entraña

 

A la mañana siguiente

el  azor

-como nosotros-

eternamente esclavo

del estómago

izará su bandera

negra

            ©Rubén Lapuente

 

       Foto de Juan Sagardía

 

El azor o pirata del bosque, habita esta sierra  de Cameros

Caza en la espesura como un águila a cielo abierto

Tiene la estampa de un ave poeta (carnicero)

JARDINERO

20100502203049-jardin-abejas-belleza.jpg

Es como una  mujer

que se adorna

para su cita:

Inmóvil

en ese escaparate del destino

o el que mis manos

de aprendiz de jardinero

le dieron

la acicalaron

buscando su belleza

y la mía

 

Y así he podado los ramos

de las enredaderas

por el rayar del alba

en sus yemas

de flor

Así he vestido a las calas

con su blusa abierta

enseñándome

por el escote

su vela de amor encendida

Las prímulas  las violetas  las clavelinas…

Todo está preparado

El olor

que para defenderse

se hizo fragancia

ya ha sacado billete

en el largo tren del viento

Y el color

que para sobrevivir

se hizo salvaje

ya lanza guiños

al hervidero ansioso de abejas

que caen al fondo

del cáliz

de las flores

ebrias de farolas de estambre

trayendo

llevándose

el  fecundo tesoro del polen de oro

¡Todo para perpetuarse

se ha hecho bello!

 

Al atardecer

sale ella

rociando

garabatos de agua

en cada hebra

Su rojo pantalón ceñido

Su blusa gastada

abierta

anudada bajo el pecho        

Los cabellos rubios recogidos

sobre la nuca desnuda…

Por detrás de ella me acerco

enredada aún

en hilachas

de agua

y al tomarla por la cintura

me ladea su cabeza

y pruebo

en su cuello

lo que no se explica

                    ©Rubén Lapuente

                    (El Rasillo de Cameros)

CROTOREO

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Por la ruta

tendida

por la memoria

del viento 

o por las estrellas

sobre

la copa de los árboles

de los tejados

de la última hermosa noche en la torre:

son las cigüeñas

que vienen del cinturón del hambre:

del largo sahel

africano:

de la escasez

 

Y como aviones

en escuadrilla

cruzan la embocadura

del mar

hacia otro planeta

 

 Muchas vienen

aquí

a buscarse la vida

Tienen

los sotos del Ebro

El río Alhama

Un vertedero cerca

Y una  tierra

a la que siguen

y limpian

tras la labor

de los aperos

Y sobre la techumbre

de la Colegiata

de San Miguel

de Alfaro

han levantado

una enorme colonia

Y la gente

esta orgullosa

de acogerlas

De soportar el ruido

del entrechocar

de sus picos:

el crotoreo

o como dicen

aquí

de oírlas majar los ajos

Y hasta la misma campana de bronce

 se ha herido la voz

 

Desde el mirador de las cigüeñas

las contemplo

sordas a la llamada

de los tambores de África

Ya no migran

Su alado cayuco  

vara feliz

entre las olas

de las tejas

                       ©Rubén Lapuente

                                                                  

Foto : colonia de cigüeñas en la Iglesia San Miguel de Alfaro

Más de cien nidos hace que al caer la tarde

aparezcan desde todas las direcciones

y sobre el cúmulo de ramas descienden

con  precisión de acróbata: Inolvidable.

 

Crotorar de la cigüeña en Alfaro(La Rioja)

LA VENDIMIA

20091010085046-vendimia-la-rioja.jpg

¿De dónde mana esta dulzura?

Y esta acuarela

de otoño en las vides

que me arrodilla

cómo se apresa?       

¿De qué puerto zarpa

este galeón de mosto

varado bajo las cepas?

¿Qué artesano en sombra talla

estos racimos de uva?

      

Envidio a esta naturaleza

que se asoma tan bella

tan minuciosa

sin error

¿Por qué nadie de nosotros

es dueño de la suya?

Si tiro del hilo

de mis sentimientos

de mi belleza

¿Por qué se me revela distinta

cada día?

¿Por qué me enseña

inevitable

ese fondo de mi ser

que yo no quiero?

 

Hoy es la vendimia

Llevo el milagro de mi viñedo

al pequeño lagar

Piso la uva

Hundo mis pies en cada perla negra

que estalla

Y gasto toda su belleza

como la mía

que sube ahora a mis ojos

ebria de vino de vida

 

                   ©Rubén Lapuente

                   Alberite(La Rioja)

a Marian Olarte bella como un racimo de uva

LA FLOR DE LA HIGUERA

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Lo que me duele lo hago rápido

Lo miro todo de soslayo

Y doy la temida última vuelta

de cerradura a la casa de mis padres

Yo quería salir de prisa

de ese silencio insoportable

pero sobre la tapia del patio

al volverme

se asomaba la dulzura de mi infancia

     ¡Ay!  ¡Mi higuera!

Aquella noche de San Juan

subida yo a sus ramas

Quien arrancara su flor

que nacía y moría

eterna en un instante

sería por siempre feliz

Leyenda que me creía

a pies juntillas

¡Ay!  Esa noche

en la espesura

bajo ese olor grave

asfixiante

me moría de inquietud

Y al encenderse las hogueras

se prendió la higuera

de fugaces luciérnagas

Aparecía y desaparecía

en cada brote

la oculta flor efímera

Pero no me dio tiempo

a atraparla en mi puñito de luz

¡Ay!  ¡Mi higuera!

 

Entré otra vez en la casa

Ahora si oía respirar a alguien

Y como aquella noche de San Juan

me subí a su enramada

a su profunda dulzura

Le arranqué una rama

joven y luminosa

de la copa

La vida es un simple esqueje- pensé-

como yo soy el trozo

que tanto buscaba de mis padres

      

Y me fui alejando

empuñando otra vez

los sueños.

                ©Rubén Lapuente

 

a mi mujer y a su dulce higuera centinela de su casa cerrada

en comentarios hay otro final del poema

LA SOMBRA DEL HAYA

20090730065542-el-tiempo-el-haya-la-sombra.jpg

mi pino enfermo mi haya ganando cielo

Tiré de la raíz

como de un hilo de agua

como si desvistiera

a mi hijo dormido

El haya

Lo veré desde el albor

Frente a mi casa

Junto a mi pobre pino descarnado

que ya se rinde de la vida

(¿Cómo puede pesarme tanto

 una sombra enferma?)

 

Un haya niña

Y al sur

Hoyuelo de mis diez uñas de tierra

Y frente a mi ventana

Hojitas hambrientas de luz

soñando darme penumbras

Haya que atravesarán

dulces rayos de sol de inviernos

Ruina

y naciente esplendor

mirándose

Relevo cruel en la altura

(¿Cuándo sabré que ha muerto?)

 

Pero el vano de su tiempo

no se cruzará con el mío

Mi hijo riega ahora

la sombra del haya

Moviéndose  

De perfil

Le reconozco memorias

cercanas

otras ya idas

¿Quién duda que mi perfume

no se baña en el estanque

de su sangre?

 

El haya

El tiempo

No llegaré a su cielo

Mi hijo ahora se asoma

tras los cristales…

 

¡mi recuerdo

en dulce sombra

de mañana!

 

©Rubén Lapuente

(El Rasillo de Cameros)

ODA A LOS PINOS

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Si la luz tomara otra altura,

estos avizores de vanos,

de claridades,

escalarían reflejos,

su nuevo espigado cielo.

 

Bajo estos hijos

de aquellos mástiles velados

que surcaron los mares:

camino, grito, me escondo,

me hallo a mí mismo.

Y tomo sus troncos

como brazos en jarras,

y voy de uno a otro,

girando, bailando

en el tronar de la verbena

de esta verde plaza

que huele ya a tristeza.

 

Antes de que el hacha se lleve

los pinos marcados,

como un enajenado capitán

formo a la compañía

y voy repartiendo consuelos:

 

Tú, serás mi libreta rayada,

la del esbozo de mis poemas

que escribiré sobre tu entraña abierta.

 

Tú, la espalda blanca encuadernada

con la caligrafía en tinta de versos

de Neruda, de Juan Ramón, de Benedetti:

el breviario eterno de mis poetas.

 

Tú, serás los largueros de mi tálamo

en el corral erizado de placer.

 

Tú, qué suerte, sin marca,

morirás enhiesto, altivo,

sin que lo sepa nadie.

 

Tú, serás el banco

junto a la puerta de mi casa.

Y pasada la revista,

como un soldado más,

me pongo al lado

del que más conozco.

De pie. Y erguido.

 

Y cierro un momento los ojos.

 

        ©Rubén Lapuente

        (El Rasillo de Cameros)

HORMIGAS

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Se topan con mi mano.

Las extravío.

(Como si la vida no les fuera dura.

Gigante que me tirara

de los cabellos)

Salen ligeras.

Entran con pinzados fardos.

Génesis gemela   

nuestra:

Cubil sin alba y

batida de migajas.

 

Retiro mi mano

y la fila se restablece.

Una, ¿traviesa?

deserta de la hilera.

Se para.

Todavía no me mira,

como yo

estrellas.

 

          ©Rubén Lapuente

         (El Rasillo de Cameros)

Vuelo en Ala Delta

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de niño soñaba que tenía unas alas para volar de casa (rubén lapuente)

Erizada la piel, lo espero.

Con mi arnés de pájaro,

mi disfraz de libélula.

Desde aquel niño

que agitaba las manitas

y se arrojaba al vacío en sueños.

Viento que me arranca

del tobogán de la ladera

y a su espalda me abandono,

y me lleva,

                 me eleva, me eleva...

sobre la estela romana que corona el azor,

por encima de las copas de los pinos,

de las torres de asalto a la inocente paloma,

del rebaño de corzos que barruntan

la venida de un nuevo enemigo.

Y al virar las alas, en un  escorzo,

veo al bosque elevarse

mucho más allá de mi cabeza.

Y me ciño a su cintura verde.

Y me aferro a las riendas

de aquel dulce miedo de infancia.

 

Se estira el viento

en los hilos de mi marioneta

y aunque pierdo altura

todavía me lleva, me deja, me lleva…

por encima de los tejados ofrecidos

a un diluvio de agujas y piñas,

sobre la nueva vía verde al embalse,

siguiendo la sombra de mi sueño

de azor en el agua.

 

Y desciendo,

tenso, vaciado.

Con la sensación de que de detrás mío

viajan aún todas las imágenes,

que me alcanzan, me rebasan,

y que es ahora, cuando,

de pie, sin salir de la crisálida,

el viento me arranca

del tobogán de la ladera

y  me lleva,

                        me eleva, me eleva...

 

                            ©Rubén Lapuente

   (El Rasillo de Cameros)

 

LA LLUVIA

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Siempre vuelve la misma lluvia.

 

¿La reconoces?

 

Cada migaja que te toca

que te despierta

que te cala

punza su memoria en tu piel.

 

¡Sal!

¡Sal a la lluvia!

Como a una derrota,

como a una alegría.

Que el hueco del corazón

lo llene el prodigio del agua.

Que te moje la gota

que rozó aquel beso,

que limpió la herida del ciervo,

que en el terraplén

alivió la muerte del soldado.

 

¡A la lluvia!

¡Sal a la lluvia!

Que se embeba de ti,

que se amalgame

con tus lágrimas.

 

Regresará un día,

y otro, y mil,

hasta que la ventura la deje

en la comisura de unos labios

e inunde una boca

de lluvia de memoria tuya.

 

¡Sal!

¡Sal a la lluvia!

 

 ©Rubén Lapuente

CIERVO

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    la vida es ciervo herido que las flechas le dan alas(Góngora)

                      I

                          (Berrea)

 

Brama su sexo candente.

Lo oigo desde casa,

lo oímos.

Si el otoño soñara,

sería con este hermoso ciervo,

altivo  mascaron

voceando en los calveros

su profundo y enorme

deseo insatisfecho.

Lo oigo desde casa,

lo oímos.

Y mi mujer bromea conmigo:

¿Eres tú cariño?

 

 

        II

     (Sexo)

 

Tras los pinos,

le veo cercar su ardiente

establo.

Le basta un hilo de olor

de su tierra orinada.

Dentro,

un harén de hembras

mira el calendario

en el cambiante color

de las agujas.

No sienten

si ganará o no

enredado en otras cuernas

(no he visto grabado

ningún corazón atravesado

por una flecha)

Sólo desean,

que apremia el tiempo,

que las cubra

deprisa,

un pálpito de carne

en el crepúsculo.

 

  

 

           III

   (Premonición)

 

Desmogado, agazapado

en su yacija de sueño tembloroso,

al mirar a su alrededor,

le empezará a nacer

una terrible memoria

de ausentes.

Bastará el eco

de un lejano estampido,

para, asustado,

equivocarse de dibujo

en la pared de detrás

que mimetiza

y le esconde.

 

 

          IV

     (Muerte)

 

Con hambre de hambre,

bajó a ramonear

contenedores.

Sin la espesura.

Como un manojo de nervios.

Con todo el frío del miedo

en las venas.

Acorralado por sí mismo

en el puente,

mis aspavientos

le hicieron creer

que era yo su verdugo.

Por un momento pensé

         que iba a desplegar las alas.

 

                       ©Rubén Lapuente

               (El Rasillo de Cameros)

 

LA LAGUNA NEGRA

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    agua pura y silenciosa que copia cosas eternas (A.Machado)

¿Lo hiciste?

 

Caminaste

por las faldas del Urbión

entre altos y enhiestos

pinos?

 

¿Te subiste

al mástil

del barco que fueron

para divisar

el paraíso?

 

¿Te volviste

solitario y loco

el capitán

de ese verde océano?

 

¿Te paraste

a oír bajo los pies

la oculta y niña voz

del Duero?

 

Y al trepar

por los farallones

a lo más alto

del murallón desnudo...

¿Cosiste allí

con hilos de luz

la bella laguna

negra a los ojos?

 

¿Lo hiciste?

 

Y en la travesía

del agua que copia

cosas eternas

¿Soltaste por un momento

los brazos?

¿Te dejaste ir,

sumergido,

a merced del roce

de leyendas y secretos?

 

¿Lo hiciste?

 

    ©Rubén Lapuente

                                                                                                       

  http://soria-goig.com/Rutas/pag_0420.htm      Ruta literaria con A.Machado

OJOS DE DEHESA

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                                                a Carmen en su destierro    

Le estorban las montañas.

Son murallas

que no le dejan ver

lo que hay después.

Demasiados árboles -dice-

para fijarse en alguno.

Sin ese confín no hay sosiego

en su terco corazón.

 

¿Quién se cansa de mirar el mar?

¿Quién no se descubre

ante una noche de estrellas?

¿Quién desvía la mirada ante

un valle de cerezos en flor?

 

Ella desea la lejanía

para no acabar nunca

de abarcarla.

Si se perdiera,

lo haría bajo

esa techumbre.

Si amase, 

se volvería al sonrojo

último de aquel horizonte.

Si le hicieran daño,

buscaría el aliento

de ese dibujo en los ojos.

 

Para entenderlo

tendrías que haberlo visto

desde muy niño

o como yo

volver a nacer

dentro de su mismo sueño.

 

¿Cómo no va a echar de menos

el mar de su tierra,

si allí se hizo dehesa?

                                   

                                                                     Rubén Lapuente

                                                         (Salamanca)

EL OLMO DE EL RASILLO

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Enferma como tú, como yo .Se le había abierto demasiado la herida. Pero, ¿quién oye socavar un universo de anillos? ¿Quién descubre esa pequeña hoguera de dolor dentro  de la madera? ¿Sabía alguien que los árboles mueren de pie? Su terrible hueco, ya era papelera de la chiquillería; canasta de jóvenes probando su tino; covacha de orines de borrachos de madrugada. Y quién puso su mano en la fiebre  de su  frente sabía que era el último olmo de montaña de España en una plazuela. Sabía que es el  emblema de cuatro siglos de un pueblo. Que ha sido cita, testigo fiel de los juramentos, de la palabra dada, del apretón de manos… ¡Si aún hoy, hay sombra de compromiso bajo sus viejas ramas!

Y qué orgullo que aún beba de nuestra tierra, viéndonos nacer, vivir, morir. ¿Y dónde miraríamos si una noche cierra los ojos, si le derribara el viento o la indiferencia? ¿Cómo nos lo perdonaríamos?

 Ahora el viejo guerrero vuelve al combate: con una cincha de hierro en bandolera, con su tambaleo contenido por arneses… Y en la covacha, ya con cancela,una vara suya enraizada en una verde trastienda,  ya llena de maderaje la oquedad de su perfil de malherido quijote . Un vástago suyo escondido que envejezca deprisa, joven, para que parezca que rejuvenece despacio, viejo. Un hijo que pronto se encarame a su padre moribundo, a la cumbre de su última rama vencida. Y que un día, al soltar las cinchas, los arneses, al dejar caer las muletas, ya desnudo de siglos...el corazón siga esperando, otro milagro de la primavera.

©Rubén Lapuente

 

 

      

                      

SOL

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¿Para qué soñarte

si eres sólo

una hoguera más

de cualquier noche?

 

Tú,

despiertas un desierto,

atronas un bosque,

azuleas un glacial,

desnudas una espalda.

Pero sólo eres algo

cuando yo te pienso.

 

Y sé que somos lo mismo,

que vengo de ti,

añico tuyo,

como todo lo que veo:

mi dios, sin saberlo.

 

Y en tu honda me alojas,

me giras,

como tú te cobijas

en otra mayor

que a su vez voltea

el Universo.

 

¡Si te pudiera mirar

sin cedazo,

humilde, mojado,

como emerges

del horizonte del mar!

 

Tu declive tan lento

es peor que el mío:

tú no puedes matarte,

mi dios, sin saberlo.

     

        Rubén Lapuente

DEHESA

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Había sentido el aliento caliente

de su coche en la calle.

Me recibió colgando

sus brazos de mi cuello.

Radiante la sonrisa.

Rodeándome, abarcándome

con sus ojos.

 

Demasiada vehemencia, pensé,

para no sospechar de algo.

Se quedó enseguida

dormida en el sofá.

Su mano

pendía sobre el móvil,

caído en la alfombra.

 

Ahí estaban en la pantalla:

Las imágenes,

la hora, el minuto,

de esa mañana de huida.

Todo encajaba:

Un largo viaje de ida y vuelta,

para cinco minutos de esplendor.

 

Ni una foto de su calle de juegos.

 

Ni de su casa cerrada por la muerte.

 

Se detuvo sólo cinco minutos

para llenarse de dehesa:

 

Su bosque claro, sin espesura,

reino de su mirada lenta,

lejana, perdida entre charcas,

encinas ordenadas por la belleza

y animales que pacen tranquilos

como si la vida fuera eterna.

 

Todas las imágenes eran de su dehesa!

 

Y ahí, en el sofá,

dormida, fuerte, feliz,

sabe que no necesita de los sueños

si oye

              la llamada 

                                    de su tierra.

                      

                                             Rubén Lapuente

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