ODA AL ALBORNOZ
Aquí está la calidez, como un lento abrazo desprevenido como si fuera el pelaje de un shar pei o el dócil león de felpa con el que me peleo sobre la cama por desaparecer un momento, ese viejo roce de algodón pequeño gran deleite que por primera vez siento que puedo retenerlo al enfundarme en su abrigo largo como un hábito arrollándomelo por su rollizo vacío de mangas como dorsos de almohada de elegante cuello de esmoquin que subo y me sella toda su caricia. Ceñido por un cinturón que si desato una larga abertura baila al paso del acertijo de mi cuerpo: cobertizo de los besos cuando el cordón lace aquella escurridiza cintura. Pequeño gran deleite que me hace sentir cada rizo como lenguas de rebaño abrevando en mi piel: esponja diaria a mi escarpado mar dulce, que en las mañanas de invierno asaetado de frío me guarda en el envés su tórrida sangre de estambre. Ahora que lo llevo puesto todos esos pequeños grandes goces los siento a flor de piel de albornoz. ©Rubén Lapuente