<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://rubenlapuente.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>El cuaderno de poemas de Rub&#xE9;n Lapuente</title><description>MI CUADERNO DE POEMAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA VIDA ES VER CRECER LO QUE AMAMOS</description><link>https://rubenlapuente.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Mon, 07 Apr 2025 17:02:18 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>EL R&#xCD;O</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/101401-el-rio.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/101401-el-rio.php</guid><description><![CDATA[<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp;ahora publicar&eacute; en https://rubenlapuente.blogspot.com/</p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Subiendo hoy a las cascadas de puente Ra, por un momento me he tendido a la orilla del r&iacute;o, dejando mi mano como un lento remo abrevando en el agua. Agua pura &eacute;sta del Iregua, que no s&eacute; yo qu&eacute; tiene, que as&iacute;, y a escondidas del mundo, te mece la nostalgia, la tristeza, tambi&eacute;n cualquier peque&ntilde;a derrota. S&iacute;, sabe atemperarte el coraz&oacute;n, y te lo muda por ese otro mon&oacute;tono e incansable murmullo suyo. A m&iacute;, esta ni&ntilde;a agua pura, me hace desaparecer, olvidarme de m&iacute;, como cuando me pierdo en los versos de un poema, o cierro los ojos para ser la falda de terciopelo de una rosa, y espero, ah&iacute;, a o&iacute;r y sentir, ese rodar tembloroso de una gota de roc&iacute;o. Y en vez de un rumor de sangre, por mis venas oigo el de esa m&uacute;sica tan fresca y pura del agua, esa corta y eterna tonadilla, que enseguida parece callarse, porque de repente, ya eres el r&iacute;o, ya soy el r&iacute;o. &nbsp;</span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;Por el camino alto, bajando, oigo el ritmo de un cayado, el roce preciso de un chubasquero a cada instante, la firme cadencia de una zancada acerc&aacute;ndoseme. Los tres sonidos atados en un mismo susurro&hellip;</span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">El saber que se acerca alguien,&nbsp;hace que mi coraz&oacute;n despierte de su letargo, que mi mano sienta el fr&iacute;o de la corriente, que el r&iacute;o renazca por entre mis dedos&hellip;</span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>&iexcl;Buenos d&iacute;as!</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Y hermosos, le digo.</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;Mientras voy oyendo c&oacute;mo se aleja la voz de su cayado, el chirrido el&eacute;ctrico del roce preciso de su anorak, el hollar de su zancada firme, siempre medida, c&oacute;mo los tres sonidos atados en un mismo acorde bajan hacia el valle, mi mano, sin querer, como esa rama que ahora cae del cielo al espejo del r&iacute;o, emerge del agua. Y&nbsp;entonces, comprendo,&nbsp;que todo este sonoro silencio puro del agua, es una paz falsa. Que el r&iacute;o no sabe de derrotas ni de nostalgias. S&iacute;, hay otro eterno rumor, pero no de esta pureza sin memoria, tan acompa&ntilde;ada por esta orquesta del bosque en la que nada ni nadie desafina. Que aqu&iacute;, mimetiz&aacute;ndote con este sublime paisaje, no se mece ninguna bofetada de la vida. Que esa l&aacute;grima de roc&iacute;o temblando en la cadera de una rosa, solo dibuja la corriente de un diamante falso. Aqu&iacute;, solo se viene a beber a morro de esta sublime belleza. Que no soy, que nunca ser&eacute; el r&iacute;o.</span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Y voy tras la estela de los tres sonidos atados en un mismo murmullo: El de su cayado, el de su pisada, y el del el&eacute;ctrico roce preciso de su verde trinchera. Voy con la vieja melod&iacute;a del coraz&oacute;n que, a cierta edad, empieza a correr, a existir para uno. Voy, tras los pasos de esa otra corriente, de ese otro gemelo latido, de ese otro r&iacute;o de carne y hueso, que seguro bajar&iacute;a a enfangarse contigo en el rodar del bullicio de los d&iacute;as, mientras vuelven los dioses de comprar tabaco.</span></p><p>Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</p><p><em><span style="font-size: small;">publicado en el diario La Rioja el 12/10/2023</span></em></p>]]></description><pubDate>Sat, 14 Oct 2023 17:52:00 +0000</pubDate></item><item><title>VAMOS CAYENDO</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/093001-vamos-cayendo.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/093001-vamos-cayendo.php</guid><description><![CDATA[<p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Fue hace pocos a&ntilde;os, baj&eacute; a la ciudad, y al pasar por la calle once de junio, otra vez estaba la verja bajada, la tienda de las l&aacute;mparas de mi amigo Fernando en penumbra. El barrio como sin su lucero. Frente a la luna sucia del escaparate, le llamo al m&oacute;vil. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; tal Fernando?, no te quiero molestar, &iquest;c&oacute;mo vas?&rdquo; &nbsp;Me dice que esa alima&ntilde;a ciega tiene memoria. Sabe el camino de regreso. Que otra vez tiene que fajarse con su sicario, ponerse a lavar y planchar cada semana en el box del desasosiego, su cuerpo hecho ya un trapo viejo. Mientras me habla de que lo suyo no tira para adelante, la mariposa de mi cabeza vuela de un pupitre (me acuerdo de cuando el Sotanas se quit&oacute; las gafas, y por lo bajines le dije a Fernando que ya se pod&iacute;a copiar: levant&aacute;bamos la tapa del pupitre, y ten&iacute;amos ah&iacute; el libro abierto, pero el mat&oacute;n y cegato marista recobrar&iacute;a la visi&oacute;n, porque Fernando se llev&oacute; &nbsp;tal somanta de palos, que a&uacute;n hoy me duele a m&iacute;, salvado por llevar gafas y poner ojillos de cordero degollado), a una estela de muchachas en flor entrando en nuestro chamizo, los topos, que nos daba un boleto a la libertad aunque solo fuera una semana de viaje en el tiovivo de San Mateo(un d&iacute;a, al venir los inspectores, y ver aquello tan l&uacute;gubre, tan pecaminoso, al no verse lo que hab&iacute;a detr&aacute;s de la pared de ca&ntilde;izo, nos dijeron que volver&iacute;an al d&iacute;a siguiente a cerrarlo si no quit&aacute;bamos las candilejas, y de una patada de rabia, delante de ellos, tiramos la inmoral penumbra al suelo. &ldquo;As&iacute; est&aacute; bien, &iquest;no?&rdquo;, luego, al irse, levantamos el pecado, y a&uacute;n hoy(buenos chicos), los estamos esperando.) Le doy &aacute;nimos, y al colgar, de pronto, inesperadamente, dentro de la tienda cerrada, en penumbra, veo su silueta subiendo al altillo: estaba ah&iacute; dentro, a oscuras, a unos metros de m&iacute;&hellip;Y como si me fuera a hacer da&ntilde;o el abrazo, como si tuviera &eacute;l ya bastante, como si el dolor tuviera que verse desde la barrera, o no s&eacute; yo por qu&eacute;, retroced&iacute; cobardemente, y no repiquete&eacute; en la luna del escaparate para que supiera que estaba ah&iacute;, para abrazarle&hellip;</em></span></p> <p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>&nbsp;&nbsp; De pronto, a uno se le caen las cosas, las de dentro, las que cre&iacute;a irrompibles, las que pensaba no mudan nunca: Unos ojos, un gesto, una voz, un abrazo, un asiento a su orilla, un aire hermano. Y tienes que beber dolor de muchacho que por el bordillo de la acera hac&iacute;a equilibrios contigo camino a casa. Detenerte frente al v&eacute;rtigo del dolor de un hueco de madera, hasta derramar esas l&aacute;grimas redondas, a solas, esas que mojan el suelo. </em></span></p> <p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Ahora, para que Fernando no se me muera, paso a menudo por la calle once de junio, y me paro frente a la luna del escaparate de su tienda de l&aacute;mparas, y aunque ya hay otro r&oacute;tulo, otro negocio, algo milagroso pasa, como si Fernando viviera, y solo se hubiera escondido, porque sin llamarlo de la memoria, se asoma, sale de su escondite feliz a ver su lucero&hellip;</em></span></p> <p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>&ldquo;&iquest;Quiere entrar, le ha echado el ojo a algo?&rdquo; me dice la dependienta en la puerta, fum&aacute;ndose un cigarrillo.</em></span></p> <p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>&nbsp;La vida no se detiene. Nosotros vamos cayendo.</em><em></em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Publicado en el diario La Rioja&nbsp; 28/9/2023</span></p>]]></description><pubDate>Sat, 30 Sep 2023 10:46:00 +0000</pubDate></item><item><title>ISA Y JOS&#xC9;</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/091501-isa-y-jose.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/091501-isa-y-jose.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Fue cuando la habitaba el dolor que Isa y Jos&eacute; ven&iacute;an a casa un d&iacute;a a la semana a verla, creo que era los jueves. Enamorado de la madera, Jos&eacute;, la vest&iacute;a de s&oacute;lida mesa, de bella alacena, de amorosa cama. Le ve&iacute;as en las manos ese hilo de savia que llegaba hasta su casa natal en Matute, que se la restaur&oacute; &eacute;l solo con piedras y talados pinos negros de su amada Soria. Un d&iacute;a me cont&oacute; la verdad de su callado calvario: &ldquo;Imag&iacute;nate, Rub&eacute;n, en la carpinter&iacute;a, busc&aacute;ndonos todos con la misma mirada inquieta, asustada. La madera, apilada como un mueble, se nos hizo hasta familiar: no cambiaba ni de sitio ni de nudo. Que, en un encadenado domin&oacute; de ladrillos, un soplo baste para que el andamiaje de un pa&iacute;s se desplome tan r&aacute;pido, cuesta cre&eacute;rselo, digerirlo. Nadie vio la carcoma. Y c&oacute;mo aguantas de centinela en la carpinter&iacute;a el apretado ahogo de olor a silenciosa madera de cada d&iacute;a, de cada sue&ntilde;o de noche, esperando y sin cobrar, el inminente cierre. Y con el miedo al porvenir, con esas paredes de la casa que parecen mirarte, a&uacute;n no son tuyas, como si fueras un extra&ntilde;o hu&eacute;sped. Oh, y ahora malviviendo en el paro, c&oacute;mo me cuesta soportar el peso diario del punzante rumor de la incertidumbre. Tiene gracia que lo acalle con el aspirador, que paso y paso por la casa, seguro que aspirando lo aspirado, confundi&eacute;ndolo adrede con el a&ntilde;orado revuelo del serr&iacute;n. Y al acabar las tareas dom&eacute;sticas, creo verme en el espejo esas hermosas y doradas sortijas de la madera enredadas en el pelo. Y as&iacute; salgo a la calle, buscando ese escondido runr&uacute;n de aserradero por toda la ciudad ense&ntilde;ando a todos mis manos de madera. Tendr&eacute; que irme de aqu&iacute; con mi zurr&oacute;n de gubias, o dedicarme a otra cosa, pero, Rub&eacute;n, &iquest;a qu&eacute;?&rdquo;&nbsp;</span></em></strong></p><p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Creo que ven&iacute;an los jueves. Y, ahora, sabiendo de su miedo, de su futuro temblando, de su paro que se agotaba, ni se lamentaban ni les ve&iacute;as un rictus de incertidumbre en la cara. S&oacute;lo hac&iacute;an que por entre los labios de ella asomara un destello en sus dientes cansados de moler los d&iacute;as sin vida. Y que, al irse, se levantara con m&aacute;s fuerza para tachar en el calendario el postrero d&iacute;a: uno menos para seguir moj&aacute;ndose bajo la ponzo&ntilde;osa lluvia redentora de una nube de pl&aacute;stico.</span></em></strong></p><p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;</span></em></strong><strong style="font-size: 1em;"><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Despu&eacute;s de un tiempo, ahora con la enfermedad de mi mujer sin noticias de su paradero, han cogido en arriendo una tienda de frutas y verduras de su barrio, alejado del nuestro.&nbsp;Y ayer, tirando del carro de la compra, nos presentamos all&iacute;. Y pusieron el grito en el cielo: Que c&oacute;mo ven&iacute;amos. Que no est&aacute;bamos obligados. Que no era nuestra barriada. Que por qu&eacute; lo hac&iacute;amos.</span></em></strong></p><p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Quiz&aacute; ya no se acuerdan de cuando a mi mujer la habitaba el dolor, e iban cada semana a casa como a asomarse a un patio interior a tender la ropa, y se encontraran en el chirrido del tendedero con ella, y as&iacute;, de ch&aacute;chara, lograran que no se bebiera todo el dolor a solas. &nbsp;</span></em></strong></p><p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&ldquo;Este perfume de huerta no es el m&iacute;o&rdquo;, nos dice Jos&eacute; al irnos.</span></em></strong></p><p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Nosotros, s&iacute; que sabemos, que los jueves de cada semana, en la vega de la mesa de nuestra cocina, ser&aacute; el aroma nuestro.</span></em></strong></p><p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</span></em></strong></p><p><strong><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">publicado el 11/09/23 en el diario La Rioja</span></em></strong></p>]]></description><pubDate>Fri, 15 Sep 2023 11:05:00 +0000</pubDate></item><item><title>VIEJO BA&#xDA;L DE VIAJES</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/083001-viejo-baul-de-viajes.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/083001-viejo-baul-de-viajes.php</guid><description><![CDATA[<p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><strong>Uno busca en chamarileros de la ciudad, o en p&aacute;ginas de internet, cosas lejanas en el tiempo. Cosas que lleven a su espalda la estela de un largo viaje. Cosas que, al mirarte desde el fondo del rumor de su ajetreo vivido, dejen correr tu fantas&iacute;a. Como este viejo ba&uacute;l de viajes de mundo, hu&eacute;rfano ya de traqueteos de ferrocarril, de vaivenes de oc&eacute;anos, de v&eacute;rtigos de p&aacute;jaros de acero que compr&eacute; a una asturiana. La foto que acompa&ntilde;aba a su reclamo era desoladora, sin filtros, como si quisiera espantar a los posibles compradores. Tan herido estaba el ba&uacute;l con ese roc&iacute;o de filo dentado tomando casi asiento sobre sus ya desvalidos huesos como mugriento el desv&aacute;n donde penaba.</strong></span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><strong>Un atlas de etiquetas en su periplo por el mundo debi&oacute; cubrirle todo el cuerpo, por esos retales de memorias de papel que como medallones a&uacute;n condecoran su aventura, y que, al tirar yo de sus alas de hoteles, de consignas, de correos a&eacute;reos, de l&iacute;neas de barcos de vapor, al querer levantarlas el vuelo, todas se me fueron deshaciendo por entre los dedos como si manoseara alas de mariposa.</strong></span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><strong>Y mientras lo limpio de tiempo y moraduras, me imagino que le hago creer que reanuda, otra vez, desde el and&eacute;n de su &uacute;ltimo viaje, aquel mismo lejano y olvidado traqueteo.</strong></span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><strong>Bajo las estrellas, su espalda sostendr&iacute;a a esos j&oacute;venes sue&ntilde;os que forja el huir de una guerra, de un porvenir de pan negro y duro. Todav&iacute;a su lomo azul de cart&oacute;n piedra suena fuerte en la aldaba de mis nudillos. Todav&iacute;a, firme, me aguantar&iacute;a esa dulce melancol&iacute;a que te coge desprevenido una tarde al sentarte en su borde, como si fueras uno de aquellos j&oacute;venes que con el coraz&oacute;n temblando de futuro y los ojos perdidos en un camino de ra&iacute;les, esperaban en una estaci&oacute;n el jadeo de un tren luminoso en la noche.</strong></span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><strong>Renacido, lo he puesto al pie de mi cama de lat&oacute;n, y ser&aacute; el vientre donde guarde las cuatro cosas &iacute;ntimas m&iacute;as, sobre todo esos poemas que le escrib&iacute; a mi madre para que no se me muera, que ahora s&eacute; que soy el trozo de dulzura y de amargura que me faltaba de ella. Y si una tarde los leo y tengo que correr al fondo de una almohada, que a uno le exprime lo sensible, lo har&eacute; orgulloso, sin verg&uuml;enza, sin acordarme antes de entornar la ventana, que soy, que somos tambi&eacute;n lo que lloramos</strong>.<strong></strong></span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><strong>&nbsp;Y ser&aacute; el ba&uacute;l esperando en el muelle del mar de mi cama, a que yo, una noche, le embarque en mi sue&ntilde;o hacia una ciudad que le vierta sobre la espalda, en sus murmullos de luz, el trepidante ajetreo de la vida.</strong></span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><strong>Y es que uno busca cosas lejanas, cosas que te miren desde el fondo del rumor de su revuelo vivido. S&iacute;, cosas de otros, pero tan aut&eacute;nticas, que desde el barranco oscuro de su sue&ntilde;o las o&iacute;mos pedir socorro, y al pasar ahora delante de ellas, al moverlas el aire, agradecidas, dejan escapar de su entra&ntilde;a ese n&oacute;mada y a&ntilde;ejo perfume suyo: ese intr&eacute;pido olor a lucha por la vida.</strong></span></em></p><p><em><span style="font-size: medium;">Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</span></em></p><p>publicado en el diario La Rioja el 28/8/23</p>]]></description><pubDate>Wed, 30 Aug 2023 04:59:00 +0000</pubDate></item><item><title>LA FAROLA</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/081801-la-farola.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/081801-la-farola.php</guid><description><![CDATA[<p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Eh, vosotros dos! Os conozco &iquest;verdad? Ah, s&iacute;, ven&iacute;s los fines de semana con los papis. Sois hermanos. &iquest;Cu&aacute;l de vosotros es el m&aacute;s bandarra? S&iacute;, el m&aacute;s golfo, el m&aacute;s sinverg&uuml;enza &iquest;Los dos? Vamos bien &iquest;Y qu&eacute; tal de punter&iacute;a and&aacute;is? &iquest;Qui&eacute;n el que donde pone el ojo pone la piedra? &iquest;Los dos tambi&eacute;n? Conoc&eacute;is a David, el de la honda, el que de una pedrada derrib&oacute; al gigante Goliat. Honda no llevo, pero por aqu&iacute; tengo un viejo tirachinas. Ese que en el bolsillo de atr&aacute;s del pantal&oacute;n cose galones de capit&aacute;n de diez a&ntilde;os, o a lo mejor prefer&iacute;s la caricia de un guijarro en la mano.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Tengo un oscuro trabajo para los dos, en periodos de veda permanente, sencillo y bien pagado&hellip;</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">(Pues s&iacute;, mira que plantarme el Ayuntamiento, en mi calleja oscura, un Goliat con fanal en la mollera.&nbsp;S&iacute;, una altiva y tosca farola. Y de un plumazo me han borrado el cielo de todas mis noches.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Si ahora mi balc&oacute;n colgado en mi dulce ladera de trinos es la &uacute;nica rutilante estrella del firmamento. Salgo al iluminado mirador como si fuera un actor de teatro a soltar un mon&oacute;logo en sesi&oacute;n de noche. Detr&aacute;s de este velo de luz nocturna estar&aacute; mi brillante Vega, Cisne volando por la V&iacute;a L&aacute;ctea, mis l&aacute;grimas de agosto, H&eacute;rcules, el Escorpi&oacute;n, el Sagitario Arquero, los lebreles de Ori&oacute;n cazador&hellip;</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Oh, no quiero cielos viol&aacute;ceos ni de leche, que yo de ni&ntilde;o ten&iacute;a esa man&iacute;a de contar estrellas en las noches de verano, de agotarme en los n&uacute;meros creyendo haber llegado al infinito. Cielos pre&ntilde;ados de luceros para hacerse preguntas, y sentirse muy peque&ntilde;o. Oh, qu&eacute; ni&ntilde;os de ahora, tan ciegos de cielo, le dir&aacute;n a su madre o ma&ntilde;ana a su amada, como el poeta, que sus ojos le recuerdan las noches de verano.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Y c&oacute;mo vuelvo otra vez al relente de esta sierra, c&oacute;mo me alejo de esta desperdiciada luz vertida al cielo. Ad&oacute;nde voy, si en el garaje de este costal m&iacute;o, montar&iacute;a el roc&iacute;o una murga con el crujido de mis huesos. Oh, me han robado mi silla de mimbre, mi mapa celeste, el rouge del tocador de Venus, y el caf&eacute; junto al gui&ntilde;o de mis estrellas.)</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&hellip; &iquest;Veis esa reluciente y altiva farola en mi calleja que acaba de encenderse? Os pago por adelantado, y si os preguntan de d&oacute;nde ha salido este hermoso papel con cinta de plata, s&oacute;lo ten&eacute;is que decir que os lo ha tra&iacute;do el azar del viento, como una hoja buscavidas. Y no os importe mentir, empezar a ser ya un buen actor, que la mentirijilla tambi&eacute;n nos salva de la vida.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Eh, y no me fall&eacute;is, que os contrato hasta que os entre la maldita sesera, o quiz&aacute; le coj&aacute;is gusto a esto, y en guerrilla con el consistorio, quer&aacute;is ser siempre, a la noche, dos partisanos de las estrellas&hellip;</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Y hacerlo ya, hoy mismo, durante el pimpampum del estruendo de los fuegos en el puente, o cuando ve&aacute;is patas arriba a ese ciempi&eacute;s de la verbena&hellip;</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Que una piedra en el aire, de golpe, &iexcl;encienda todas mis estrellas!</span></em></p><p><span style="font-family: verdana, geneva; font-size: small;"><em>Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</em></span></p><p><span style="font-family: verdana, geneva; font-size: small;"><em>Publicado en el diario la Rioja el 14/8/23</em></span></p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Fri, 18 Aug 2023 14:52:00 +0000</pubDate></item><item><title>CUPIDO EN LA LAUREL</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/080301-cupido-en-la-laurel.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/080301-cupido-en-la-laurel.php</guid><description><![CDATA[<p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Para ser lunes, Teresa, vienes radiante. Ayer pillaste cacho, &iquest;eh? Menuda crema es &eacute;sa para el cutis.</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Qu&eacute; va, qu&eacute; va, de eso brujillo, bien poco. Conoces siempre a alguien, pero una est&aacute; ya tan escamada, tan de vuelta de todo&hellip;</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Cu&eacute;ntame, cu&eacute;ntame, Santa Teresa&hellip;</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Oye, que no, que no es as&iacute;. Que confundes tiento con t&eacute;mpano. Que s&eacute; lo que es enamorarse, y hasta las trancas. Lo que no s&eacute; es si a esta lata m&iacute;a de coraz&oacute;n le cabe otra abolladura. Y t&uacute; me has visto en esta oficina m&aacute;s que llorar.</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Bueno, perdona, perdona&hellip;</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Deja. Si ya s&eacute; que al final eres mi confidente. Si estoy contigo media vida. Lo conoc&iacute; en La Laurel, el s&aacute;bado. Nos juntamos con una cuadrilla nueva, y ya sabes: de bar en bar, de palique, ech&aacute;ndonos unas risas&hellip; Y de pronto, una mirada como un rayo tom&oacute; mis ojos, me parti&oacute; los huesos, y ah&iacute; supe que los ojos no envejecen, que si los amas, vas a quererlos siempre&hellip; Y ni nos contamos la vida, ni nada. S&oacute;lo s&eacute; que trabaja en una farmacia&hellip;</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Eh, perdona. Pero &eacute;se es el amor de tu vida. Uf,&nbsp;ya me veo de tigre en los portones del templo en mi senectud. T&uacute;, pas&aacute;ndome el elixir de la eterna virilidad&hellip;</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Oh, calla, menuda cruz tengo contigo. Y no me hagas de esto gracietas, que por fin algo hermoso me est&aacute; sucediendo&hellip;</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">- Vale, vale, pero, entonces, tuvo que haber algo m&aacute;s, &iquest;no?</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-T&uacute; siempre al grano, &iquest;eh? Bueno, para qu&eacute; mentirte. &iquest;Sabes? Se me present&oacute; el domingo. Y solo. Y nos fuimos a comer. En la mesa, lo ve&iacute;a c&oacute;mo com&iacute;a despacio, pero muy despacio&hellip;</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">- &iquest;Y?</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Es que para m&iacute; es muy importante ese detalle.</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">- &iquest;C&oacute;mo?</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Que com&iacute;a despacio, pero muy despacio, como si no tuviera apetito. Muy tranquilo. Igual que yo. Sin prisas. Y era como si me sedara la sangre, como si el tiempo me olvidara. Si ya ni recuerdo lo que com&iacute;, y eso que fue ayer. Oh, s&iacute;, algo distinto y bueno me est&aacute; esperando. Qu&eacute; ya me toca.</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Pero, Teresa&hellip; &iquest;S&oacute;lo eso? &nbsp;&iquest;Al final no hubo mondongo?</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">- &iquest;Mondongo?</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;-S&iacute;, mujer, mover el mondongo, mover las carnes, mover la grasa, los michelines, moverlo todo.</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Oh, Dios m&iacute;o, qu&eacute; martirio contigo. Si no fueras mi jefe, ahora mismo te despedir&iacute;a.</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-Ja, ja, ja, Teresa, que s&oacute;lo quiero verte feliz. Saber que lo puedes ser, y ojal&aacute; para siempre, que eso es lo que yo y la empresa ganamos.</span></em></p> <p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">-S&iacute;, patrono morboso, hubo mondongo, mondongo del bueno, del lento, del que me encontr&oacute; lo que extravi&eacute; una tarde entre los brazos de aquel primer amor huido. Que ya era hora de que la vida coincidiera con una. Que estoy harta de darle vueltas al asa de una taza de caf&eacute; en un bar esperando otra vez al desamor. Que ya tengo unos cuantos tacos. Que esta vez el Cupido de La Laurel se ha acordado de gui&ntilde;arnos un ojo. Y s&eacute; que ha dado en el centro de esta abollada lata m&iacute;a de coraz&oacute;n, porque vuelve a curvarse, a temblar, como el de aquella muchacha que cada ma&ntilde;ana saltaba de la cama, s&oacute;lo porque por los ojillos de la persiana, se colaba el sol, el mismo sol, Rub&eacute;n, de todos los d&iacute;as.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">publicado en el diar&iacute;o La Rioja 31/7/2023</span></em></p> <div><div><p>&nbsp;</p></div></div>]]></description><pubDate>Thu, 03 Aug 2023 18:15:00 +0000</pubDate></item><item><title>CARTA DE UN KAMIKAZE</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/071701-carta-de-un-kamikaze.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/071701-carta-de-un-kamikaze.php</guid><description><![CDATA[<p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Esto de abrir los ojos por primera vez a la vida cuando la guerra tomaba caf&eacute; fr&iacute;o, y en la Rioja, seguro que es una casualidad, pero menuda suerte el no haber vivido ni sentido muy de cerca una guerra cruenta. A lo m&aacute;s, o&iacute;rme en el est&oacute;mago una breve escaramuza, pero con disparos de fogueo amoroso. Lo pienso al recibir una invitaci&oacute;n para colaborar en una revista sobre esos cuatro mil pobres muchachos kamikazes: pilotos japoneses de la segunda guerra mundial que, empujados o enga&ntilde;ados o iluminados, se quitaron la vida sin haber vivido (hoy son drones, sin grito desgarrador dentro, los que hacen el trabajo sucio, los nuevos m&aacute;rtires del Todo por la Patria).</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Y yo, que he le&iacute;do la cultura japonesa en las p&aacute;ginas de Mishima, cierro los ojos, e intento encarnarme en uno de esos desgraciados muchachos. Y tan acorralado estoy por el repudio de mi gente y de mi patria si decido vivir, que elijo lo que no quiero: morir, morir como las abejas que aguijonean y caen muertas.</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Y antes de subir a ese caza samur&aacute;i, ata&uacute;d de acero de viento divino, pensando que soy la nerviosa espoleta de mi abombado maletero, ebrio mi aliento del valor que da el sake caliente, &iquest;a qui&eacute;n voy a escribir por &uacute;ltima vez, sino es a lo que m&aacute;s amo?:</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>&nbsp;</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>&ldquo;Madre, al final he dado el paso. Y bien sabes que no ha sido solo por esa arenga diaria en el patio: Que el emperador os sue&ntilde;a, que os brinda una muerte hermosa, que vendr&aacute; a recibiros la gloria&hellip;, que no, madre, que lo que ha hecho inundarme el esp&iacute;ritu de orgullo, de dignidad, de pureza, fuiste t&uacute;, que me ense&ntilde;aste que el valor</em>&nbsp;<em>de la vida</em>&nbsp;<em>ante el deber tiene el peso de una pluma. Y c&oacute;mo no voy a levantar la mano para alistarme en la muerte si nos est&aacute;n humillando, si chapotean sus sucias botas en nuestro mismo charco de sangre.</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Y hoy es el d&iacute;a, madre. Ya me he anudado a la cabeza la cinta con ese hermoso patrio sol rojo violento nuestro, y&nbsp;</em><em>ce&ntilde;ido a la cintura la faja que me mandaste como un altivo y doloroso se&ntilde;uelo. Y qu&eacute; hermosamente decorada con sus mil puntadas rojas. Da las gracias a cada una de las mil mujeres de nuestro barrio que la han cosido, y s&oacute;lo para m&iacute;.</em><em>&nbsp;</em><em>Y felic&iacute;tame, que vas a estar orgullosa de este hijo tuyo que como una tierna</em>&nbsp;<em>flor de cerezo caer&aacute;&hellip;Oh, la sirena, madre, la sirena... Ahora tiemblo como una hoja, y s&eacute; que cuando leas esto, cada d&iacute;a de tu vida ir&aacute;s a buscarme sobre la c&oacute;moda, yo, orlado de plata, vi&eacute;ndote pasar la mano sobre el fr&iacute;o cristal de mi sonrisa, por los vidriosos ojos de un muerto, de un h&eacute;roe muerto, que no ha vivido, madre, que no ha vivido&hellip;&rdquo;</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Sobre el mar de aguas de jade tembloroso, este ser&aacute; el &uacute;ltimo cielo azul puro que ver&eacute;. Abajo ya avisto al gigante acorazado americano. Y</em>&nbsp;<em>en picado mortal, como un &Iacute;caro</em>&nbsp;<em>de plata, desciendo esta curvada hoja de acero de viento divino&hellip;</em></span></p><p><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;"><em>Mil veces mil, trepidante, gira la h&eacute;lice. Oh, todo viene hac&iacute;a m&iacute; como cabalgando a lomos del v&eacute;rtigo. En la carlinga no cierres los ojos, me dijeron, que&nbsp;viene a recibirte la gloria,</em>&nbsp;<em>que todas las flores de cerezo del templo, brillar&aacute;n para ti.</em></span></p><p><span style="font-family: verdana, geneva; font-size: small;"><em>Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</em></span></p><p><span style="font-family: verdana, geneva; font-size: small;"><em>publicado en el diario La Rioja hoy&nbsp; 17/7/2023</em></span></p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Mon, 17 Jul 2023 16:20:00 +0000</pubDate></item><item><title>LINFEDEMA</title><link>https://rubenlapuente.blogia.com/2023/070601-linfedema.php</link><guid isPermaLink="true">https://rubenlapuente.blogia.com/2023/070601-linfedema.php</guid><description><![CDATA[<p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Le ha quedado el linfedema en un brazo, y una bata al pie de la cama que hay d&iacute;as que le parece tejida con vellones de plomo. &ldquo;Cuidado con una picadura, con una quemaz&oacute;n, con la traviesa punta de un alfiler. Siempre con el manguito bien prieto. Lo de coger pesos, hacer trabajos duros&hellip;&rdquo; &ldquo;Pero, doctora, tenemos jard&iacute;n y yo soy quien&hellip;&rdquo; &ldquo;Pues d&eacute;jeselo todo mejor a su marido&rdquo;. Graciosa y sensata la onc&oacute;loga galena. Ya tenemos jardinero.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;Ahora, trabajos de jardiner&iacute;a los hago todos yo. Al principio no hizo demasiado caso, que ya antes de la enfermedad se echaba la floresta a la espalda. Y c&oacute;mo iba a dejar lo que la completaba si sus manos intimaban con la tierra.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Un universo verde en su regazo me tra&iacute;a al acabar la faena. Se me acercaba cubierta de broza, de sal de la tierra, alegre, encalada del perfume del agua, y con unos guantes de cirujana vueltos aceitunados de tanto navegar por la sangre de las plantas.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;Pero, en seguida, a un continuado esfuerzo, volaba ya un brazo irreconocible, abotargado: un zepel&iacute;n sonrosado de fiebre en llamas (Rub&eacute;n, el rosa no es un color, es un marr&oacute;n).</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;Pues s&iacute;, ahora ya tenemos jardinero.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">La jardiner&iacute;a no es algo que me complete. Por m&iacute; lo dejar&iacute;a todo al albur de la naturaleza, a su milagro, y sin los consejos que me dicta mi vecina del bosque, que no deja de susurrarles al o&iacute;do su complejo vitam&iacute;nico en forma de melodiosa gragea musical. A las m&iacute;as no las encuentro las orejas ni por el env&eacute;s de las hojas. Adem&aacute;s, mi aleda&ntilde;a las estimula con esti&eacute;rcol de caballo y otras deliciosas especies olorosas, invit&aacute;ndome a ir a buscarlas a la isla de los tesoros evacuados. Yo, le digo, que primero les preguntar&eacute; a mis musas c&oacute;mo me ven en un estercolero, no sea que se les caiga el mito y me dejen para siempre con la hoja en blanco.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">Si, ya tenemos jardinero. Pero al igual que Felipe II no mand&oacute; a luchar sus naves contra los elementos, lo mismo podr&iacute;a decir yo aqu&iacute;. A m&iacute; me gustar&iacute;a que mis plantas en esta tierra arcillosa de Cameros crecieran con sufrimiento, que sintieran que la vida no es f&aacute;cil, que intentaran florecer en la cicatriz de una piedra, pero, a su alrededor, nacen demasiadas malas hierbas (ay, si fueran bellas), que se reproducen como Gremlins, secuestrando a las m&iacute;as, y es casi imposible arrancarlas de la cabeza a los pies: alguien las dot&oacute; solo de fe en s&iacute; mismas, y se agarran a la tierra como garrapatas a un perro. Y ah&iacute; ando con sal, con vinagre, con agua hirviendo, o soltando juramentos al dios que las hizo tan pendencieras.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;Luego, al acabar la floricultura, c&oacute;mo voy a llevarle un universo verde, c&oacute;mo va a ver en mi cara ese mismo beso de arcilla que yo ve&iacute;a en la suya, si soy aprendiz de todo, maestro de nada: payaso jardinero. Adem&aacute;s, ella ya no es la misma, y ahora mira el jard&iacute;n envuelto en lejan&iacute;as, como una fotograf&iacute;a rota.</span></em></p><p><em><span style="font-size: medium; font-family: verdana, geneva;">&nbsp;Y en el zagu&aacute;n de la casa, acomodo el vaiv&eacute;n de mi mecedora al de la suya, m&aacute;s de balada (cada vez son m&aacute;s de mimbre los huesos de nuestro esqueleto), haciendo juntos este viejo viaje de la vida hacia el cansancio.</span></em></p><p>Rub&eacute;n Lapuente Berriat&uacute;a</p><p><span style="font-size: 1em;">publicado en el diario la Rioja 3/7/23</span></p>]]></description><pubDate>Thu, 06 Jul 2023 15:15:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
